domingo, 8 de marzo de 2026

 VOCES entre VOCES

http://artes-libres.blogspot.com.es/      

PARA ENVIAR TEXTOS O PROPONER TEMAS:

nekovidal@gmail.com





LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.

2 poemas de Tiempos mágicos, de Mario Obrero

25 Abr 2024

Laura di Verso

 

Pocos poetas han tenido un ascenso tan meteórico como Mario Obrero. Empezó a escribir a los siete años y ahora, superados los 20, su palmarés cuenta con algunos de los galardones más prestigiosos del sector, con el Premio Nacional de Juventud y el Premio Loewe, entre otros. Ahora presenta un nuevo poemario.

En Zenda reproducimos cinco poemas de Tiempos mágicos, de Mario Obrero (La Bella Varsovia).

***

TODO TIENE TANTAS PALABRAS

tanto dice en sus arrugas

habla todo y murmulla tanto

también lo que no sabe

con tactos los labios andan su destino

el cielo y las almohadas

la raigambre meñique de los sucesos

todo parlotea en alta y baja voz

inconmensurables sus lenguas

invisibles los habitamos.

***

CRECEN LAS VERTEBRAS COMO SERRÍN EN LA DERROTA

nos dimos la mano toda sucia en cruces de caravaca

¿somos novios? si no respondes guarda el secreto

a tus seis hay otra falda pálida de encías

dios así lo quiso y tan solo de mirarnos se fundó la

dinastía obrera

luego vinimos una tras otra a depositar nuestro

pan en el sueño de los mirlos

nuestra confianza nostálgica en las izquierdas

anthós aquel que porta flores

carmina el poema y el jardín

se relevan en su canto los días como la llegada de

un diluvio

irremediable la partitura de cuantas aves auspician

volver                 volver                 volver

regresar como los lúcidos alfeizares cargados de sal

y lombrices

participio cantando en las mesas

pólvora ensimismada en sus cunas de polvo

tendederos de la inmensidad

allá donde amas de casa.

—————————————

Autor: Mario Obrero. Título: Tiempos mágicos. Editorial: La Bella Varsovia. Venta: Todostuslibros.

BIO

Mario Obrero nació en Madrid en 2003, y comenzó a escribir a los siete años. Ha publicado los libros Carpintería de armónicos (XIV Premio de Poesía Joven Félix Grande; Universidad Popular José Hierro, 2018), Ese ruido ya pájaro (Ediciones Entricíclopes, 2019), Peachtree City (XXXIII Premio Loewe a la Creación Joven; Visor, 2021), Cerezas sobre la muerte (La Bella Varsovia, 2022; Premio Nacional de Juventud 2023 en la categoría de cultura) y Tiempos mágicos (La Bella Varsovia, 2024). Cursó Bachillerato de Humanidades en el instituto público La Senda, de Getafe. Presentó las dos primeras temporadas del programa literario Un país para leerlo, emitido en La 2, y colabora habitualmente con RNE.

Mario Obrero. FOTO: Juan Manuel Serrano Arce.


https://www.zendalibros.com/2-poemas-de-tiempos-magicos-de-mario-obrero/

TEMAS TERTULIA 13-3-2026

REALIDAD

SOMBRAS

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.


TEXTOS TERTULIA 6-3-2026

CLAVELES

RUMORES

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

Colaboración gráfica: Victoria Blanco.

CLAVELES

HOY ESTÁIS SECOS

Ramiro era un “tumbao” por voluntad propia, un hombre que, ya cansado, había decidido que se tumbaba, en la cama si la había, y que de ahí no le movía nadie, un fenómeno muy curioso que se ha dado en varias culturas.

La familia, en casos como el de Ramiro, podía decidir si cuidarle o no, con todo lo que conllevaba, y casi siempre era sí.

Ramiro, harto de la vida y agotado por la misma, había decidido renunciar, después de tantas eternas jornadas de sol a sol en el campo, de sueños de cuero y mil noches de hambre. Creía tener, y sin duda tenía, derecho a tal renuncia.

En la cama sobre la que cayó, quedó, y fue su hermana Berta la que cargó sobre sí la responsabilidad de mantenerle con vida, tal vez como pago por aquellas veces, tantas, en que él le había regalado parte del pan negro de centeno con que consolaban el hambre durante la infancia.

 En el entorno de Ramiro sólo hubo, durante años que llegaron a ser lustros, sólo un ser vivo además de su hermana: una maceta con claveles al lado de su mesilla, a la que saludaba cada mañana y con la que hablaba en silencio más a menudo de lo que hubiera recomendado cualquier psicólogo.

Pasó el tiempo, que fue convirtiendo a Ramiro y Berta en ancianos, llenando ella su vacío con el vacío de la televisión y enclaustrado él en un mundo en el que, al fin, tenía tiempo para convertirlo en su tiempo, “tiempo para cavilar”, como le gustaba decirse a si mismo.

 Una mañana, tras esperar más de una semana la comida que ya nunca llegaría, Ramiro se incorporó en la cama para observar, al otro lado del pasillo, el cuerpo inerte de su hermana, que yacía allí desde hacía días, víctima de un infarto. Volvió lentamente la vista hacia la maceta de claveles, también agonizantes por falta de riego, y no pudo contener el llanto, un llanto amargo y prolongado, que consiguió arrancar de su cuerpo el poco agua que aún contenía. Se miró las manos, aún callosas a pesar de los años de inactividad, y vio como las lágrimas se escurrían por su rostro y se acumulaban en el cuenco de sus palmas.

 Lloró hasta secar su cuerpo, hasta purgar el último dolor, la última pena de cuantas había arrastrado en su vida, lloró por su hermana, por todas y cada una de las personas que habían compartido con él parte de sus vidas, lloró por la miseria implacable que convierte tantas vidas en miseria tan sólo.

 Sintió, al fin, un enorme alivio que hizo desaparecer hasta la sensación de hambre, volvió su vista nuevamente hacia la maceta de claveles, observó el diminuto charco que sus lágrimas habían formado en sus manos, y regó con él la reseca tierra de la maceta. “Hoy estáis secos”, dijo, y volvió a tumbarse y cerrar los ojos, esta vez para siempre.

Nekovidal – nekovidal@gmail.com

ARTES LIBRES – www.arteslibres.net

www.arteslibresdeandalucia.com


RUMORES


Pocas palabras existen cuyo plural tenga un significado absolutamente diferente a su singular; así, en mesa y mesas, espejo y espejos, boca y bocas, como en otras muchas, solo es cuestión de cantidad. Pero ¡ay, el rumor! Qué distinto el rumor del mar, amable y delicado, a los rumores que emiten las malas lenguas.

Rumores son esos chismes que sobre otra persona se cuentan sottovoce y expeliendo mal aliento. Sé, mejor dicho, mi cabeza sabe que los rumores pertenecen a los débiles, que nadie digno y capaz dedicaría parte de su tiempo a murmurar vidas ajenas; pero mi barriga no se da cuenta y a veces se rebela contra ellos como si de seres provechosos se tratara.

Ninguno de nosotros sabe las batallas que está librando la persona que tenemos cerca, nadie lleva más zapatos que los propios, ni siente como siente un otro los dolores y las alegrías; pero en ocasiones, sin saberlo, algo que hacemos, tenemos o decimos genera molestia o envidia en alguien que, en lugar de hablar y resolver, decide que la mejor manera de solucionar su propia incomodidad emocional es rumorear para desacreditarnos. Y lo consigue, vaya si lo consigue. Eso sí, solo con quienes están dispuestos a prestar atención.

También sabe mi mente -aunque mis tripas titubeen- que las habladurías no deberían afectarnos, que quien las escucha mejor cuanto más lejos, que el problema es del que critica y no del criticado, que, que, que… Pero es que los rumores dejan tantos muertos por descrédito que decididamente me decanto por la calidad y la nobleza del singular, aunque sea pegando el oído a una caracola del mar.

06/marzo/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»


RUMORES

Hoy sólo te quiero compartir una historia que quizás ya hayas oído alguna vez, pero que nunca está de más recordarla.

Cuentan que una vez llegó a una pequeña aldea un circo con un elefante.

Nadie en aquel lugar había oído hablar ni había visto jamás a un elefante, por lo que se generó una gran expectación.

El animal estaba oculto en una gran carpa, y enseguida empezaron a vender entradas para entrar a conocerlo, pero eso sí: a oscuras.

Los distintos habitantes del pueblo fueron entrando a la carpa uno tras otro. 

El primero tocó la trompa. 

El segundo, dio con el rabo. 

El tercero, con una oreja. 

El cuarto, con una pata. 

Y así sucesivamente.

Al día siguiente, cuando se sentaron a comentar cómo era aquel exótico animal que habían traído a la aldea, cada uno tenía una percepción distinta:

Para el que había tocado la trompa, el elefante era un ser similar a una gruesa serpiente.

Para el que había tocado el rabo, lo describía como una cuerda.

Para el que había sentido la oreja, le pareció como un gran abanico.

Para el que había topado con una pata, el elefante le parecía una gruesa columna.

[...]

Si vieras a estas personas desde fuera comenzar a discutir entre ellas tratando de defender su versión de la realidad (o sea: "tener razón"), ¿qué te parecería?

¿Tan difícil es comprender que sólo somos capaces de percibir una pequeña porción de la realidad en nuestra vida y en nuestro mundo?

Realmente, es "comprensible" que para el que había percibido al elefante como una cuerda, le resultara asbolutamente inconcebible que le dijeran que era como una gran columna.

Pero quizás ahí está el quid de la cuestión.

Que algo nos resulte inconcebible, no significa que sea imposible.

Si este texto ha resonado contigo y quieres recibir reflexiones y anécdotas similares en tu correo, y además te interesa el ebook gratuito "¿Por qué siempre me pasa lo mismo? 5 pistas para cambiar la perspectiva"...

Entra en la web de Caminando con Sara y rellena el formulario: https://caminandoconsara.com/


MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.



Las neuronas que "apagan" el miedo: el camino para tratar el trauma

? Un nuevo hallazgo en neurociencia identifica un circuito cerebral capaz de facilitar la extinción del miedo aprendido


El trauma no se mantiene porque el cerebro recuerde demasiado, sino porque no consigue actualizar la señal de peligro cuando la amenaza ya ha desaparecido. Un reciente estudio ha identificado un grupo concreto de neuronas implicadas en este proceso de “desaprender el miedo”. Comprender cómo funciona este mecanismo abre una vía prometedora para mejorar los tratamientos del estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad, y para entender por qué a veces el miedo persiste incluso cuando la razón nos dice que estamos a salvo. 

 Pol Bertran

Las neuronas que enseñan al cerebro a olvidar el miedo


Durante décadas, el tratamiento del trauma psicológico ha girado en torno a una idea aparentemente simple: ayudar al cerebro a recordar sin miedo aquello que antes era insoportable recordar. Terapias como la exposición funcionan precisamente así: reintroducen de forma segura un estímulo asociado al trauma hasta que el sistema nervioso aprende que ya no representa una amenaza.

Ahora, un nuevo estudio en neurociencia ha identificado un circuito neuronal concreto que parece desempeñar un papel clave en este proceso. No se trata exactamente de “borrar recuerdos traumáticos”, algo que la ciencia aún está lejos de conseguir, sino de algo mucho más interesante: las neuronas que permiten desaprender el miedo asociado a esos recuerdos.

Este hallazgo abre una puerta importante para comprender mejor trastornos como el estrés postraumático (PTSD), donde el problema no es que el cerebro recuerde demasiado… sino que no consigue actualizar ese recuerdo cuando el peligro ya ha desaparecido.

 El problema del miedo que no se apaga

El miedo es una herramienta evolutiva extraordinariamente eficaz. Si un ser humano primitivo sobrevivía a un ataque de un depredador cerca de un río, recordar ese lugar como peligroso aumentaba enormemente sus probabilidades de seguir con vida. El cerebro está diseñado precisamente para eso: asociar estímulos con amenazas y reaccionar rápidamente en el futuro.

El problema aparece cuando ese mecanismo se vuelve demasiado rígido. En el trastorno por estrés postraumático, por ejemplo, un estímulo neutro (un sonido, un lugar, un olor) puede activar una respuesta de alarma intensa mucho tiempo después de que el peligro haya desaparecido. La memoria del evento traumático sigue ahí, pero lo que falla es la capacidad del cerebro para recalibrar la señal de amenaza.

Desde el punto de vista neurológico, este proceso se conoce como extinción del miedo. No implica borrar el recuerdo, sino superponer una nueva información: que aquello que antes fue peligroso ya no lo es. Es un aprendizaje nuevo que compite con el anterior. Por eso las terapias basadas en exposición, utilizadas en fobias y PTSD, consisten en enfrentarse repetidamente al estímulo temido en un entorno seguro. Con el tiempo, el cerebro aprende que puede relajarse. El nuevo estudio se centra precisamente en entender qué neuronas hacen posible ese proceso.

 Un circuito cerebral clave para desaprender el miedo

Los investigadores se fijaron en una región del cerebro llamada bed nucleus of the stria terminalis (BNST), una estructura profundamente implicada en la regulación de la ansiedad sostenida. Dentro de esta zona, observaron un grupo específico de neuronas que producen una molécula conocida como CRF (corticotropin-releasing factor), relacionada con la respuesta al estrés.

Lo interesante es cómo estas neuronas interactúan con el sistema de serotonina, uno de los principales sistemas neuroquímicos implicados en la regulación emocional. Muchos tratamientos farmacológicos para la ansiedad y el PTSD, como los conocidos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), actúan precisamente sobre este sistema.

Sin embargo, estos fármacos tienen un efecto curioso: durante las primeras semanas de tratamiento, muchas personas experimentan un aumento temporal de la ansiedad. Durante años se ha intentado entender por qué ocurre esto.

La investigación sugiere que uno de los responsables podría ser un tipo concreto de receptor serotoninérgico llamado 5-HT2C. Estos receptores, presentes en la región BNST, parecen influir directamente en cómo el cerebro procesa y extingue el miedo aprendido.

Para estudiar el fenómeno, los científicos utilizaron ratones modificados genéticamente que carecían de este receptor. Los resultados fueron llamativos: estos animales mostraban una mayor facilidad para extinguir el miedo, aunque aprendían el miedo inicial de forma normal. Es decir, el problema no estaba en aprender que algo era peligroso, sino en lo fácil que era desaprenderlo.

 Encender y apagar neuronas para borrar el miedo

Para profundizar más en el mecanismo, los investigadores utilizaron una técnica llamada quimiogenética, que permite activar o desactivar grupos específicos de neuronas mediante moléculas diseñadas para ese propósito.

Cuando activaban las neuronas CRF del BNST en ratones normales, el proceso de extinción del miedo se volvía más eficaz. Por el contrario, cuando desactivaban esas neuronas en los ratones modificados genéticamente, la capacidad para desaprender el miedo se deterioraba.

En otras palabras, los científicos consiguieron modular el proceso de extinción del miedo en ambas direccionessimplemente controlando la actividad de este pequeño grupo de neuronas. Esto es importante porque demuestra algo fundamental: la extinción del miedo no es un proceso difuso en el cerebro, sino que depende de circuitos específicos que pueden ser identificados y potencialmente modulados.

 Qué significa esto para el tratamiento del trauma

Aunque estos experimentos se han realizado en modelos animales, el hallazgo ofrece pistas prometedoras para el futuro del tratamiento del PTSD y otros trastornos relacionados con la ansiedad.

Hoy en día, el tratamiento suele combinar dos herramientas principales: psicoterapia (especialmente terapias basadas en exposición) y farmacoterapia, en particular fármacos que modulan la serotonina. Sin embargo, estos tratamientos no siempre funcionan igual para todos los pacientes, y muchas personas continúan experimentando síntomas incluso después de años de intervención.

Comprender qué circuitos neuronales permiten que el cerebro actualice la señal de peligro podría ayudar a diseñar terapias más precisas. En el futuro, por ejemplo, podrían desarrollarse fármacos que modulen específicamente estos receptores serotoninérgicos o la actividad de estas neuronas durante el proceso terapéutico.

También abre la puerta a estrategias combinadas. Si sabemos qué circuitos facilitan la extinción del miedo, podríamos intentar potenciar su actividad justo cuando una persona está realizando terapia de exposición, aumentando así la eficacia del tratamiento. Este enfoque encaja con una tendencia creciente en neurociencia clínica: pasar de tratamientos generales a intervenciones más dirigidas a circuitos concretos del cerebro.

 El cerebro no borra el trauma, pero puede reescribir el miedo

Uno de los aspectos más interesantes de esta investigación es que refuerza una idea que los psicólogos llevan años defendiendo: el cerebro humano es profundamente plástico. Los recuerdos traumáticos no desaparecen. Pero el significado emocional que el cerebro les atribuye puede cambiar. El miedo no es un interruptor permanente, sino un aprendizaje que puede ser modificado.

Cuando una persona supera una fobia o consigue convivir con un recuerdo traumático sin que este domine su vida, no ha borrado el pasado. Lo que ha hecho es construir una nueva red de asociaciones neuronales que compiten con la memoria original.

El descubrimiento de estos circuitos cerebrales implicados en la extinción del miedo nos recuerda algo importante: incluso en los trastornos más devastadores, el cerebro conserva una capacidad sorprendente para adaptarse. Y quizá el futuro de la psicología clínica pase precisamente por eso: aprender a ayudar al cerebro a recordar sin volver a sentir el mismo miedo.


 

 






domingo, 1 de marzo de 2026

 VOCES entre VOCES

http://artes-libres.blogspot.com.es/      

PARA ENVIAR TEXTOS O PROPONER TEMAS:

nekovidal@gmail.com











LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.


5 poemas de Los cantos rotos, de Juan José Vélez Otero

07 Feb 2026 Laura di Verso

Un niño enterrado en la arena de su pecho le pide auxilio entre sollozos. El caminante, colmado y solitario, lo escucha en silencio, buscando las palabras que puedan rescatar a los pájaros que hay debajo de la tierra. Los cantos rotos es un coro de voces sublimes, terrenales y divinas, que celebran bacanales y desdichas. Un libro conmovedor fraguado por un servidor de la poesía, por un poeta verdadero

En Zenda reproducimos cinco poemas de Los cantos rotos (Visor), de Juan José Vélez Otero.

***

CANTOS

Salen voces por todas las rendijas,
de entre todas las grietas salen voces
y se extienden por todo el universo,
florecen en las bocas y en los púlpitos.
Está toda la luz llena de voces,
de cantos terrenales y de cantos divinos,
también en el desierto suenan voces,
cantos, voces, clamor de bacanales
y cantos de desdichas, cantos fúnebres;
cantos llenos de sol y cantos rotos.

***

ÁNGELES

Tu ángel de la guarda fracasó
y Dios le echó una bronca y lo mandó a otro cielo
a purgar sus dislates con los ángeles tontos.
En el aljibe oscuro de este mundo
bebes el agua santa del Señor
y soplas gusarapos de ángeles caídos
y te limpias las lágrimas de espaldas a otros ojos
cuando te asaltan toda la tristeza
de la niñez y el tufo de los sueños
que nunca sucedieron.

***

CLEMENCIA

Han vuelto a renacer, cuando la tarde
transcurre, los recuerdos. Son contornos
de vida en las paredes, son sueños desechados,
ya fósiles del tiempo, ya leña en los crepúsculos.
Hay un mar de esqueletos y amonites
detrás de las montañas,
un océano antiguo donde agita la ausencia
sus olas en desorden, su galerna aterida,
el lubricán clemente
que alumbra con sus teas los caminos vacíos.

***

FUGA

Vivir en los espejos no es el mejor remedio
contra los estropicios de la melancolía.
Ensilla tu caballo y ordena que te abran
las puertas del jardín y de palacio.
Sal fuera, compra vino,
mira el sol cómo dora los hombros de los jóvenes,
no pienses nunca más en el Leteo,
pasea entre las flores, besa, olvida
el pavor que te asalta cuando cierras los ojos,
la incertidumbre atroz cuando los abres.

***

ECOS

La luz de la memoria es un relámpago
que nos ciega el cristal del desamparo, enciende
las murallas sitiadas de los años de entonces,
los mares de los atlas que congregan los ecos
silbantes en las grutas de los días cumplidos.
En la distancia, el vértigo y los nombres
que ya desaprendimos con la edad,
la noche contagiosa de los ciegos,
la momia de este pájaro que entona el canto sordo
del miedo a lo que queda por llegar.

—————————————

Autor: Juan José Vélez Otero. Título: Los cantos rotos. Editorial: Visor. Venta: Todos tus libros.

BIO

Juan José Vélez Otero (Sanlúcar de Barrameda, 1957), licenciado en Filología Inglesa, ha ido combinando su labor literaria con la docencia. Entre sus libros destacan Ese tren que nos lleva (Madrid, 1999); La soledad del nómada (Madrid, 2004); El sonido de la rueca (Córdoba, 2005); El solar (Madrid, 2007); Otro milagro de la primavera (Valencia, 2010); Dióxido de carbono (Granada, 2016); Pasmo (Granada, 2019) o Cuando todos soñábamos con Ornella Muti (Granada, 2022). Con los libros anteriores ha obtenido, entre otros, los premios Feria del Libro de Madrid, el Ciudad de Cáceres, Rosalía de Castro, Aljabibe de Poesía o el José de Espronceda. Como traductor ha vertido al español la obra de autores norteamericanos y británicos

https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-los-cantos-rotos-de-juan-jose-velez-otero/



TEMAS TERTULIA 6-3-2026

CLAVELES

RUMORES

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.



TEXTOS TERTULIA 27-2-2026

JUEGOS

LUZ

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

Colaboración gráfica: Victoria Blanco.


JUEGOS

JJC - Juan Jiménez Caballero

LUZ

Herméticamente cerrado estaba su corazón
Hasta que una noche, un pájaro carpintero cualquiera
Vino a tocar, rítmico e incansable
Contra una coraza que parecía más hierro que madera

Llegó el invierno; el pájaro emigró
Pero en algún momento, alguna semilla
Caída del cielo o traída por el viento
Se coló sigilosamente en esa pequeña oquedad

Y llegó marzo, y llegó abril; llegaron las lluvias de todos los años
Pero esta vez había extraviado el paraguas
Que siempre tuvo para protegerse de lo improtegible
Se dejó mojar hasta inundar lo estéril

…Y asomó lo nunca visto en treinta años
Un tierno brote, más pequeño que vulnerable
Ofreciendo su ser al mundo, sin saber
Si sería éste cegadoramente luminoso
O si por el contrario
Los ciegos
Serían
Los demás…

Sara Vi Ta

https://iderinaweb.wordpress.com

LUZ

ATRAPANDO LA LUZ DEL INVIERNO


Al principio yo también creía en dioses.

Esperaba paciente que su luz me impregnara e hiciera de mi el espejo en que reflejar su grandeza.

Adoré, con la debilidad que crea la dependencia, a mis padres, mis profesores y esas personas tan serias a los que todos temían y respetaban.

Era aquel tiempo incierto pero dulce de la infancia, en que nada sabía, pero no sufría, porque ni sabía que no sabía, ni sospechaba siquiera que se pudiera llegar a saber o a creer que se sabe.

Siguiendo el curso de la naturaleza, en mi adolescencia rompí todos los ídolos, y con la candidez de la juventud, coloqué, sin saberlo, a otros en su lugar.

Luché con ira contra la ira, contra el dolor sembrando dolor, contra la intransigencia de la injusticia siendo intransigente ante ella. Creía, sin la menor duda, justa la ira de los justos.

Cometí cuantos errores pueda cometer un ser humano, sólo el azar hizo que mis manos no se mancharan de sangre. Conocí casi todos los placeres que esta vida puede regalar y sufrí casi todos los dolores que el destino pueda deparar, el peor, sin duda, la muerte de seres queridos.

Era torpe como todos los creyentes, obsesionado con vencer, sin sospechar siquiera donde se encontraba mi enemigo, sin sospechar que todos nuestros enemigos lo son tan sólo porque les concedemos tal puesto en nuestra vida y en nuestra mente.

Era un ciego intentando alcanzar la luz golpeándola con su bastón blanco.

El tiempo fue aclarando mis pensamientos algo más rápido que mi pelo, fue domando tanta energía, enseñándome a no desperdiciar la vida, enseñándome, poco a poco, a vivir. . .

A mis padres, hermanos y amigos pude verles, al fin, como personas en toda su magnitud y miseria, ni mejores ni peores que yo mismo.

Aprendí a mirar con un mínimo de comprensión tanto al arrogante, como al codicioso, al iracundo o al que se engaña a si mismo hablando de paz, amor y fraternidad, mientras autojustifica sus egoísmos y mezquindades. Aprendí a mirar las ideas por las que en otro tiempo hubiera dado la vida, como unas ideas más en un mar de ideas que a diario dan a luz nuestras mentes.

Aprendí, casi, a perdonar y casi, a perdonarme a mi mismo.

En todo encontré luz y sombra: En la sombra de nacer sin una tierra a la que pudiera llamar mía, la luz de sentir que mi patria era todo el planeta; en la sombra de haber padecido la soledad, la cálida luz de la amistad; en la sombra de la muerte, el aprecio constante y creciente por la vida . . .

Ya hace mucho que no creo en los dioses que son predicados y representados por mortales. Tiempo ha que escucho indiferente el murmullo de las plegarias vacías que llenan los templos. Una diminuta chispa de luz me hizo comprender un día que hay tantos dioses como seres humanos, y que ninguno es mejor o peor que otro, mientras su existencia no siembre dolor.

Mis dioses, que nunca exigen adoración, aunque siempre solicitan compañía, son de este mundo, son los hijos de esa especie contradictoria, que con ímpetu adolescente, es incapaz de cuidar el espacio que habita, de ser responsable de sus actos, de sospechar siquiera el lugar donde se encuentra dentro su caótica juventud evolutiva . . .

Esa especie que, impregnada por igual de luz y de sombra, es capaz de los más creativos y destructivos actos, pero tan entrañable en su alocada inocencia, en sus utópicos ideales, que siempre consigue alcanzar, en su desordenado crecimiento . . .

Pasó el tiempo, y ya en el invierno, aquella chispa primigenia se transformó poco a poco en la llama de una vela, diminuta, pero suficiente para ver que no existía en lo humano ni un ápice de maldad o bondad, tan sólo miedo, amor, fantasía y necesidad.

Tras medio siglo con los ojos abiertos, sigo preguntándome:

¿Qué es la luz? Y no me inquieta la pregunta, tan sólo me sorprende ese empeño nuestro en intentar atrapar cuanto desconocemos, rindiendo homenaje, sin saberlo, a lo más humano de nuestra naturaleza humana: la curiosidad.

Todos atrapados por la duda de si habrá primavera tras el último invierno, si todo esto tiene sentido, o es sólo un absurdo cuento, por la duda de si todo no se quedará, al final, en apenas cien años de soledad.

Porque aquí estamos todos, incluso quienes no lo sospechan, reunidos bajo el anhelo común de atrapar la luz, bajo el estigma de la sombra de nuestros miedos, todos tan diminutos como todopoderosos, tan frágiles como eternos, y apenas consolados por el calor fraterno de cuanto compartimos.

Nekovidal - nekovidal@gmail.com

ARTES LIBRES www.arteslibres.net



MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

La Teoría del Internet Muerto

Quizás no lo sabes, pero "Internet murió hace diez años"

Pol Bertran
13 de enero de 2026

La Teoría del Internet Muerto suena a conspiración: bots, actividad falsa y una red cada vez menos humana. Pero su éxito no se explica por la tecnología, sino por una sensación compartida: Internet ya no se siente real. Y ahí está el problema de fondo. Cuando lo auténtico y lo artificial se mezclan hasta volverse indistinguibles, la duda deja de ser saludable y pasa a erosionar la confianza, la convivencia y nuestra relación con la verdad. Esta newsletter explora ese punto de ruptura.

— Pol Bertran

¿Ha muerto Internet? ?ᅡᅠ

La llamada Teoría del Internet Muerto suele presentarse como una conspiración extravagante: la idea de que Internet ya no está poblado mayoritariamente por personas, sino por bots, algoritmos y sistemas automatizados que simulan actividad humana. En su versión más extrema, incluso se habla de un plan deliberado de manipulación cultural a gran escala. Pero si dejamos a un lado el tono conspirativo, queda algo mucho más inquietante y real.

Los datos son claros: a principios de los años 2000, menos del 5 % del tráfico web era automatizado; hoy, la cifra se acerca peligrosamente al 50 % del tráfico global. Casi la mitad de lo que ocurre en Internet ya no es humano. Y aunque Internet no esté “muerto” en sentido literal, sí está cambiando de una forma que tiene consecuencias profundas para nuestra psicología colectiva.

De una red humana a un ecosistema optimizado ?

Internet no nació como un producto cultural ni como un mercado de atención. Nació como una solución técnica a un problema militar: cómo mantener la comunicación si partes de la red eran destruidas. Esa lógica distribuida (si una ruta falla, se busca otra) fue lo que permitió que creciera sin un centro de control.

Cuando la web lo volvió accesible al gran público, surgió algo nuevo: comunidades, foros, blogs, espacios imperfectos pero humanos. Había ruido, sí, pero también presencia. La sensación dominante era clara: al otro lado había alguien.

El punto de inflexión llegó cuando Internet dejó de ser un lugar que exploras para convertirse en un entorno que te administra información. Con la publicidad masiva y la economía de la atención, el objetivo ya no fue conectar personas, sino retenerlas el máximo tiempo posible. Y ahí la automatización pasó de ser una herramienta útil a convertirse en el motor del sistema.

Los bots, inicialmente diseñados para indexar y ordenar la red, empezaron a competir por visibilidad, clics y relevancia. No porque tuvieran intención, sino porque el sistema recompensaba volumen, repetición y persistencia. El resultado fue un Internet cada vez más ruidoso y, paradójicamente, cada vez menos humano.

La conspiración como síntoma emocional ?

En 2021, un usuario anónimo puso nombre a una sensación compartida: la mayoría de Internet es falsa. La Teoría del Internet Muerto se viralizó no porque fuera científicamente sólida, sino porque expresaba algo que mucha gente ya sentía.

La psicología social conoce bien este mecanismo. Las teorías conspirativas no prosperan porque expliquen bien la realidad, sino porque organizan emocionalmente la incertidumbre. Ofrecen tres cosas poderosas: un relato, un culpable y un momento fundacional. En este caso, el “año cero” fue 2016, coincidiendo con informes que mostraban que el tráfico automatizado se acercaba al humano.

La conspiración no es el núcleo del problema; es la narrativa que intenta dar sentido a una experiencia difusa: la sensación de hablar en el vacío, de que muchas conversaciones suenan iguales, de que hay más actividad pero menos presencia real.

Cuando la verdad deja de ser estable ⚖️

Aquí es donde la cuestión deja de ser tecnológica y se vuelve profundamente psicológica. Durante años, aunque Internet estuviera lleno de ruido, existía un pacto implícito: una foto, un vídeo o un audio podían ser manipulados, pero partían de algo real. Ese pacto se está rompiendo.

Hoy no solo hay bots que inflan métricas o escriben comentarios. Hay sistemas capaces de fabricar realidad: imágenes, voces, textos y vídeos indistinguibles de los reales. Y esto introduce un problema radicalmente nuevo para la mente humana.

El mayor riesgo no es la mentira. La mentira ha existido siempre. El verdadero peligro es la indistinción entre verdad y falsedad. Cuando todo puede ser falso, la consecuencia psicológica no es que creamos cualquier cosa, sino que dejamos de creer en nada.

Desde la psicología cognitiva sabemos que el cerebro necesita certezas mínimas para orientarse. Cuando la fiabilidad de la información colapsa, aumenta la ansiedad, la desconfianza y el pensamiento tribal. En ese contexto, las personas no buscan verdad, sino confirmación emocional: aquello que encaja con sus creencias previas.

El impacto social de un Internet sin anclajes ?

Este fenómeno tiene efectos colectivos claros:

  • Erosión de la confianza social: si no podemos fiarnos de lo que vemos, tampoco de quienes lo comparten.

  • Refuerzo de burbujas cognitivas: la gente se repliega en comunidades donde la verdad se define internamente.

  • Fatiga epistémica: demasiada duda lleva a la apatía informativa.

Paradójicamente, cuanto más sofisticada es la tecnología, más primitivos se vuelven algunos de nuestros mecanismos psicológicos. Volvemos al pensamiento de “nosotros contra ellos”, no porque sea racional, sino porque reduce la incertidumbre.

La Teoría del Internet Muerto funciona aquí como metáfora. No describe un apagón digital, sino la muerte de la ventaja de lo real sobre lo falso. Internet no colapsará cuando esté lleno de bots; colapsará cuando la realidad ya no tenga más peso psicológico que la ficción.

No es el Internet lo que muere ?

Culpar a los bots es tentador, pero insuficiente. El problema no es que existan sistemas automatizados, sino el tipo de incentivos que gobiernan el ecosistema digital. Un sistema que premia volumen, velocidad y viralidad acabará expulsando lo humano, porque lo humano es lento, ambiguo y contradictorio.

Desde la psicología, el desafío es enorme: aprender a convivir con un entorno donde la percepción ya no garantiza verdad y donde la duda constante puede volverse patológica. La alfabetización digital del futuro no será solo técnica, sino emocional y cognitiva.

La pregunta de fondo no es si Internet está muerto. La pregunta es si seremos capaces de reconstruir confianza en un entorno donde lo real ya no se distingue automáticamente de lo artificial. Porque cuando eso ocurre, no muere Internet. Lo que empieza a desmoronarse es algo mucho más frágil: nuestra relación con la realidad compartida.


https://psicologiaymente.beehiiv.com/p/la-teor-a-del-internet-muerto