domingo, 20 de noviembre de 2022

 

VOCES entre VOCES


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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.

El aprendizaje no es importante, sobre todo ahora que tenemos tantos medios de conocimiento e información; lo importante es crear libertad intelectual y capacidad de pensar.” 

(Emilio Lledó, filósofo) 


"La gata", de Mohammed Miloud Gharrafi (Marruecos, 1966)


Esta gata es una buena para nada. Lo dije tantas veces. “Sí, en verdad, es una buena para nada” dice mi madre pasando una nueva herida sobre su mano. “Arrójala fuera cuando maúlle. Ya es suficiente”. Mi padre dice : “Déjala crecer. Deja que la soledad la domestique. Nos librará de los insectos y nos dará otros gatos".

¿Quién sabe? Tal vez esté mal de la panza por eso maúlla y tiene crisis de nervios cuando muerde. ¿No ves acaso que vigila de cerca el diario de la tarde, que no come al paso de un carro en Bagdad y que tose cuando ve un gato montando su gata en las películas de los sábados? Déjala simplemente vivir. Ella es como tú y yo. Ninguna otra lengua le es accesible cuando muerde.

Mohammed Miloud Gharrafi, incluido en Nueva York Poetry (9 de mayo de 2021, EEUU, trad. de Leandro Calle).

FUENTE: https://franciscocenamor.blogspot.com/


TEMAS TERTULIA 25-11-2022

DIME

LO ESTOY PENSANDO

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.


TEXTOS TERTULIA 18-11-2022

INCIDENCIAS

EL MARCAPÁGINAS

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

- “El amor es una forma de salir de ti, encontrar un vínculo enormemente intenso, poderoso y creativo a su vez, que da vida. Somos lenguaje y amor” 

(El Viejo Topo, Emilio Lledó, filósofo) 

INCIDENCIAS

La vida es incertidumbre, nunca sabes que puede ocurrirte o hacia dónde puede encaminarte, suceden incidencias a lo largo de toda nuestra existencia que influyen en nuestros objetivos iniciales, tanto en nuestra vida profesional como personal que van moldeando nuestras pretensiones, nuestras ideas y sueños de infancia. Algunas de las incidencias que pudieran parecer inicialmente negativas pueden moldear nuestro carácter para siempre, hacernos ser más sensibles, empáticos o hacernos comprender cosas que de ninguna otra manera llegaríamos a entender sin sufrirlas en nuestras propias carnes, en ese momento esas incidencias dejan de ser negativas para convertirse en enriquecedoras y transformadoras y nos convierten en una persona única cuyos esquemas mentales han sido modificados para siempre y es por ello que cada persona es fruto de miles de pequeñas incidencias sufridas a lo largo del tiempo, transformamos nuestro sentir y nuestro ser con cada mínimo cambio, somos el resultado de todos estas microtransformaciones que se suceden a lo largo de nuestra vida y eso nos convierte en individuos complejos, a mayor número de incidencias mayor complejidad, que incluso no nos asemeja necesariamente a nuestros semejantes con experiencias similares a las nuestras, de la misma manera que cada ola forma una silueta diferente en cada zona de costa que baña, esta complejidad que nos atribuyen estos cambios sufridos tanto negativos como positivos, establecen la belleza del ser humano, las personas más bellas son aquellas que han sufrido, han caído en la derrota y se han levantado, confiriéndoles sensibilidad, sabiduría y belleza.

Eva Camba Paz

Usted tiene poder sobre su mente, no fuera de los acontecimientos. Dése cuenta de esto, y usted encontrará la fuerza.“ (Marco Aurelio)

INCIDENCIAS

Aun cuando a cada instante nuestra mente busque con desesperación una certeza en cada paso, en cada acto, aún cuando anhelemos el consuelo de creer que sabemos, que conocemos, que controlamos algo, aunque sea mínimamente de cuando acontece en nuestra vida y alrededor nuestro, todo transcurre plagado de incidentes que no está en nuestras manos modificar.

Cada uno, de acuerdo a su naturaleza y a la estructura de su mente, que tampoco ha elegido, busca y va creando mecanismos de defensa que no son más que fantasías que nos consuelan de la certeza de nuestro fin, de la inevitable angustia existencial. Así, unos entregan su vida desinteresadamente por un bien común, unos derechos o una felicidad que saben de antemano que nunca disfrutarán, pero ese gesto de entrega y altruismo es suficiente para animarles a hacerlo. Otros crean fantasías con las que explicar todo en razón a un dios o dioses en un acto de arrogancia que se vuelve tóxico cuando pretenden imponer su ignorancia y fanatismo a sus semejantes. Otros se consuelan con la codicia, lejos de comprender que lo más importante nunca se puede comprar con dinero. Cada cual hace de su propia fantasía su aliciente y razón de ser, siendo muy pocos, realmente pocos, los que se preocupan de crear buenos cimientos a la existencia: conocerse a si mismos.

Mientras, incidente tras incidente, se va desarrollando y agotando nuestra existencia y, fantasía tras fantasía, creamos nuestra realidad.

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Es ridículo no intentar evitar tu propia maldad, lo cual es posible, y en cambio intentar evitar la de los demás, lo cual es imposible.“

(Marco Aurelio, libro Meditaciones)

EL MARCAPÁGINAS


 

Nunca había creído en ningún tipo de magia. Casualmente encontró aquel extraño marcapáginas dentro de uno de los tantos libros que compraba cada domingo en el Rastro madrileño.

Cuidado con lo que compras, tío”, le dijo con una sonrisa enigmática un joven yonqui que acompañaba al anciano vendedor de libros.

Y tú cuidado con lo que tomas, que se te va a caer la última neurona”, le respondió un tanto molesto.

Este libro tiene un marcapáginas mágico que le hará vivir las sensaciones de las páginas en que lo coloque”, le dijo el anciano.

Ya, y supongo que por eso el libro será mucho más caro. . .”contestó con ironía.

No, el libro cuesta lo mismo que todos los demás, dos euros, el marcapáginas es gratis y llevárselo es elección y responsabilidad suya”.

Me lo quedo, y sobre el marcapáginas, perdone, pero sólo creo lo que veo.”

Un tanto desconcertado pagó el libro, dejó el marcapáginas dentro y se alejó hojeándolo.

Cuidado con la última página, tío”, le gritó el yonqui.

Vete a la mierda, colgado”, murmuró entre dientes.

¿La última página?, pues justo ahí es donde va a ir el jodido marcapáginas, listillo”, pensó, y procedió a colocarlo en el sitio elegido.

No había caminado ni diez metros cuando se desplomó. Como en cada acontecimiento dominical del Rastro, cada cual representó su papel:

Una ambulancia, llamen a una ambulancia”, gritaba histéricamente una señora de mediana edad.

Yo no tengo saldo, que llame otro, contestó un adolescente que, a su lado, observaba con cierto morbo el cuerpo recién caído”.

¿Estará muerto?, preguntaba fascinada la joven que parecía ser su novia.

Aparten, que soy médico”, decía el Lucas, otro yonqui treintañero del que todos conocían su oficio de carterista. Mientras los tenderos habituales sonreían, el Lucas descargó, con gran disimulo, al hombre del peso de su cartera, al tiempo que afirmaba: “Voy a llamar a una ambulancia”, y se perdía entre la multitud.

Mucho antes que la ambulancia llegó una patrulla de la policía municipal madrileña, conocida por sus educados modales.

A ver, ¿se apartan o tenemos que decirlo de otra manera?”, fue el primer y último aviso antes de sacar las porras y empezar a dar golpecitos en las rodillas de los curiosos.

Al final llegó la ambulancia, que no pudo sino transportar un cadáver.

Uno de los policías recogió los pocos objetos personales que llevaba el ya difunto, el libro entre ellos, y, abriéndolo por donde se encontraba el marcapáginas vio que allí sólo estaba escrita una palabra: FIN.

Bueno, al menos le dio tiempo de acabar el libro. . .” susurró desganado el policía mientras trasladaban el cadáver.

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“Cuando el pensamiento es poderoso, se puede decir en cualquier lengua” (El Correo de Andalucía)

(Emilio Lledó, filósofo) 

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

¿Para qué sirve la filosofía?, por Bertrand Russell

  • 17 octubre 2022 

El Premio Nobel de Literatura hace una férrea defensa de la Filosofía como una disciplina para entender la vida, cuyo valor reside precisamente en las preguntas a las que intenta dar respuesta.

 

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Filósofo, matemático y escritor, el británico Bertrand Arthur William Russell fue una figurada destacada del siglo XX por su “revuelta contra el idealismo” británico, su apuesta por una filosofía científica y la aplicación del análisis lógico a los problemas metafísicos que siempre han cautivado al ser humano.

De origen noble, integrante de una de las familias aristocráticas más relevantes del Reino Unido, el Premio Nobel de Literatura y autor del ensayo filosófico Sobre la denotación también fue un destacado activista social pacifista contra la guerra, posicionándose además en contra del imperialismo.

En este artículo, extraído del libro Los problemas de la filosofía, el filósofo hace una férrea defensa de la Filosofía como la mejor manera de entender el mundo, la realidad y a nosotros mismos a través de la reflexión. Porque el valor de la filosofía recae en el valor de los problemas a los que pretende dar respuesta:

Habiendo llegado al final de nuestro breve resumen de los problemas de la filosofía, bueno será considerar, para concluir, cuál es el valor de la filosofía y por qué debe ser estudiada. Es tanto más necesario considerar esta cuestión, ante el hecho de que muchos, bajo la influencia de la ciencia o de los negocios prácticos, se inclinan a dudar que la filosofía sea algo más que una ocupación inocente, pero frívola e inútil, con distinciones que se quiebran de puro sutiles y controversias sobre materias cuyo conocimiento es imposible.

Esta opinión sobre la filosofía parece resultar, en parte, de una falsa concepción de los fines de la vida, y en parte de una falsa concepción de la especie de bienes que la filosofía se esfuerza en obtener. Las ciencias físicas, mediante sus invenciones, son útiles a innumerables personas que las ignoran totalmente: así, el estudio de las ciencias físicas no es sólo o principalmente recomendable por su efecto sobre el que las estudia, sino más bien por su efecto sobre los hombres en general.

 

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Esta utilidad no pertenece a la filosofía. Si el estudio de la filosofía tiene algún valor para los que no se dedican a ella, es sólo un efecto indirecto, por sus efectos sobre la vida de los que la estudian. Por consiguiente, en estos efectos hay que buscar primordialmente el valor de la filosofía, si es que en efecto lo tiene.

Pero, ante todo, si no queremos fracasar en nuestro empeño, debemos liberar nuestro espíritu de los prejuicios de lo que se denomina equivocadamente «el hombre práctico». El hombre «práctico», en el uso corriente de la palabra, es el que sólo reconoce necesidades materiales, que comprende que el hombre necesita el alimento del cuerpo, pero olvida la necesidad de procurar un alimento al espíritu.

Si todos los hombres vivieran bien, si la pobreza y la enfermedad hubiesen sido reducidas al mínimo posible, quedaría todavía mucho que hacer para producir una sociedad estimable; y aun en el mundo actual los bienes del espíritu son por lo menos tan importantes como los del cuerpo. El valor de la filosofía debe hallarse exclusivamente entre los bienes del espíritu, y sólo los que no son indiferentes a estos bienes pueden llegar a la persuasión de que estudiar filosofía no es perder el tiempo.

La filosofía, como todos los demás estudios, aspira primordialmente al conocimiento. El conocimiento a que aspira es aquella clase de conocimiento que nos da la unidad y el sistema del cuerpo de las ciencias, y el que resulta del examen crítico del fundamento de nuestras convicciones, prejuicios y creencias. Pero no se puede sostener que la filosofía haya obtenido un éxito realmente grande en su intento de proporcionar una respuesta concreta a estas cuestiones.

Si preguntamos a un matemático, a un mineralogista, a un historiador, o a cualquier otro hombre de ciencia, qué conjunto de verdades concretas ha sido establecido por su ciencia, su respuesta durará tanto tiempo como estemos dispuestos a escuchar.

Pero si hacemos la misma pregunta a un filósofo, y éste es sincero, tendrá que confesar que su estudio no ha llegado a resultados positivos comparables a los de las otras ciencias. Verdad es que esto se explica, en parte, por el hecho de que, desde el momento en que se hace posible el conocimiento preciso sobre una materia cualquiera, esta materia deja de ser denominada filosofía y se convierte en una ciencia separada.

Todo el estudio del cielo, que pertenece hoy a la astronomía, antiguamente era incluido en la filosofía; la gran obra de Newton se denomina Principios matemáticos de la filosofía natural. De un modo análogo, el estudio del espíritu humano, que era, todavía recientemente, una parte de la filosofía se ha separado actualmente de ella y se ha convertido en la ciencia psicológica.

Así, la incertidumbre de la filosofía es, en una gran medida, más aparente que real; los problemas que son susceptibles de una respuesta precisa se han colocado en las ciencias, mientras que sólo los que no la consienten actualmente quedan formando el residuo que denominamos filosofía.

 

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Sin embargo, esto es sólo una parte de la verdad en lo que se refiere a la incertidumbre de la filosofía. Hay muchos problemas —y entre ellos los que tienen un interés más profundo para nuestra vida espiritual— que, en los límites de lo que podemos ver, permanecerán necesariamente insolubles para el intelecto humano, salvo si su poder llega a ser de un orden totalmente diferente de lo que es hoy.

¿Tiene el Universo una unidad de plan o designio, o es una fortuita conjunción de átomos? ¿Es la conciencia una parte del Universo que da la esperanza de un crecimiento indefinido de la sabiduría, o es un accidente transitorio en un pequeño planeta en el cual la vida acabará por hacerse imposible? ¿El bien y el mal son de alguna importancia para el Universo, o solamente para el hombre?

La filosofía plantea problemas de este género, y los diversos filósofos contestan a ellos de diversas maneras. Pero parece que, sea o no posible hallarles por otro lado una respuesta, las que propone la filosofía no pueden ser demostradas como verdaderas.

Sin embargo, por muy débil que sea la esperanza de hallar una respuesta, es una parte de la tarea de la filosofía continuar la consideración de estos problemas, haciéndonos conscientes de su importancia, examinando todo lo que nos aproxima a ellos, y manteniendo vivo este interés especulativo por el Universo, que nos expondríamos a matar si nos limitáramos al conocimiento de lo que puede ser establecido mediante un conocimiento definitivo.

Verdad es que muchos filósofos han pretendido que la filosofía podía establecer la verdad de determinadas respuestas sobre estos problemas fundamentales. Han supuesto que lo más importante de las creencias religiosas podía ser probado como verdadero mediante una demostración estricta. Para juzgar sobre estas tentativas es necesario hacer un examen del conocimiento humano y formarse una opinión sobre sus métodos y limitaciones.

Sería imprudente pronunciarse dogmáticamente sobre estas materias; pero si las investigaciones de nuestros capítulos anteriores no nos han extraviado, nos vemos forzados a renunciar a la esperanza de hallar una prueba filosófica de las creencias religiosas. Por lo tanto, no podemos alegar como una prueba del valor de la filosofía una serie de respuestas a estas cuestiones.

Una vez más, el valor de la filosofía no puede depender de un supuesto cuerpo de conocimientos seguros y precisos que puedan adquirir los que la estudian.

De hecho, el valor de la filosofía debe ser buscado en una, larga medida en su real incertidumbre. El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía va por la vida prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común, de las creencias habituales en su tiempo y en su país, y de las que se han desarrollado en su espíritu sin la cooperación ni el consentimiento deliberado de su razón. Para este hombre el mundo tiende a hacerse preciso, definido, obvio; los objetos habituales no le suscitan problema alguno, y las posibilidades no familiares son desdeñosamente rechazadas.

 

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Desde el momento en que empezamos a filosofar, hallamos, por el contrario, como hemos visto en nuestros primeros capítulos, que aun los objetos más ordinarios conducen a problemas a los cuales sólo podemos dar respuestas muy incompletas.

La filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la verdadera respuesta a las dudas que suscita, es capaz de sugerir diversas posibilidades que amplían nuestros pensamientos y nos liberan de la tiranía de la costumbre. Así, el disminuir nuestro sentimiento de certeza sobre lo que las cosas son, aumenta en alto grado nuestro conocimiento de lo que pueden ser; rechaza el dogmatismo algo arrogante de los que no se han introducido jamás en la región de la duda liberadora y guarda vivaz nuestro sentido de la admiración, presentando los objetos familiares en un aspecto no familiar.

Aparte esta utilidad de mostrarnos posibilidades insospechadas, la filosofía tiene un valor —tal vez su máximo valor— por la grandeza de los objetos que contempla, y la liberación de los intereses mezquinos y personales que resultan de aquella contemplación. La vida del hombre instintivo se halla encerrada en el círculo de sus intereses privados: la familia y los amigos pueden incluirse en ella, pero el resto del mundo no entra en consideración, salvo en lo que puede ayudar o entorpecer lo que forma parte del círculo de los deseos instintivos.

Esta vida tiene algo de febril y limitada. En comparación con ella, la vida del filósofo es serena y libre. El mundo privado, de los intereses instintivos, es pequeño en medio de un mundo grande y poderoso que debe, tarde o temprano, arruinar nuestro mundo peculiar. Salvo si ensanchamos de tal modo nuestros intereses que incluyamos en ellos el mundo entero, permanecemos como una guarnición en una fortaleza sitiada, sabiendo que el enemigo nos impide escapar y que la rendición final es inevitable.

Este género de vida no conoce la paz, sino una constante guerra entre la insistencia del deseo y la importancia del querer. Si nuestra vida ha de ser grande y libre, debemos escapar, de uno u otro modo, a esta prisión y a esta guerra.

Un modo de escapar a ello es la contemplación filosófica. La contemplación filosófica, cuando sus perspectivas son muy amplias, no divide el Universo en dos campos hostiles: los amigos y los enemigos, lo útil y lo adverso, lo bueno y lo malo; contempla el todo de un modo imparcial. La contemplación filosófica, cuando es pura, no intenta probar que el resto del Universo sea afín al hombre.

Toda adquisición de conocimiento es una ampliación del yo, pero esta ampliación es alcanzada cuando no se busca directamente. Se adquiere cuando el deseo de conocer actúa por sí solo, mediante un estudio en el cual no se desea previamente que los objetos tengan tal o cual carácter, sino que el yo se adapta a los caracteres que halla en los objetos.

Esta ampliación del yo no se obtiene, cuando, partiendo del yo tal cual es, tratamos de mostrar que el mundo es tan semejante a este yo, que su conocimiento es posible sin necesidad de admitir nada que parezca serle ajeno. El deseo de probar esto es una forma de la propia afirmación, y como toda forma de egoísmo, es un obstáculo para el crecimiento del yo que se desea y del cual conoce el yo que es capaz. El egoísmo, en la especulación filosófica como en todas partes, considera el mundo como un medio para sus propios fines; así, cuida menos del mundo que del yo, y el yo pone límites a la grandeza de sus propios bienes.

En la contemplación, al contrario, partimos del no yo, y mediante su grandeza son ensanchados los límites del yo; por el infinito del Universo, el espíritu que lo contempla participa un poco del infinito.

 

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Por esta razón, la grandeza del alma no es favorecida por esos filósofos que asimilan el Universo al hombre. El conocimiento es una forma de la unión del yo con el no yo; como a toda unión, el espíritu de dominación la altera y, por consiguiente, toda tentativa de forzar el Universo a conformarse con lo que hallamos en nosotros mismos.

Es una tendencia filosófica muy extendida la que considera el hombre como la medida de todas las cosas, la verdad hecha para el hombre, el espacio y el tiempo, y los universales como propiedades del espíritu, y que, si hay algo que no ha sido creado por el espíritu, es algo incognoscible y que no cuenta para nosotros.

Esta opinión, si son correctas nuestras anteriores discusiones, es falsa; pero además de ser falsa, tiene por efecto privar a la contemplación filosófica de todo lo que le da valor, puesto que encadena la contemplación al yo. Lo que denomina conocimiento no es una unión con el yo, sino una serie de prejuicios, hábitos y deseos que tejen un velo impenetrable entre nosotros y el mundo exterior. El hombre que halla complacencia en esta teoría del cono cimiento es como el que no abandona su círculo doméstico por temor a que su palabra no sea ley.

La verdadera contemplación filosófica, por el contrario, halla su satisfacción en toda ampliación del no yo, en todo lo que magnifica el objeto contemplado, y con ello el sujeto que lo contempla. En la contemplación, todo lo personal o privado, todo lo que depende del hábito, del interés propio o del deseo perturba el objeto, y, por consiguiente, la unión que busca el intelecto.

Al construir una barrera entre el sujeto y el objeto, estas cosas personales y privadas llegan a ser una prisión para el intelecto. El espíritu libre verá, como Dios lo pudiera ver, sin aquí ni ahora, sin esperanza ni temor —fuera de las redes de las creencias habituales y de los prejuicios tradicionales —serena, desapasionadamente, y sin otro deseo que el del conocimiento, casi un conocimiento impersonal, tan puramente contemplativo como sea posible alcanzarlo para el hombre. Por esta razón también, el intelecto libre apreciará más el conocimiento abstracto y universal, en el cual no entran los accidentes de la historia particular, que el conocimiento aportado por los sentidos, y dependiente, como es forzoso en estos conocimientos, del punto de vista exclusivo y personal, y de un cuerpo cuyos órganos de los sentidos deforman más que revelan.

El espíritu acostumbrado a la libertad y a la imparcialidad de la contemplación filosófica guardará algo de esta libertad y de esta imparcialidad en el mundo de la acción y de la emoción. Considerará. sus proyectos y sus deseos como una parte de un todo, con la ausencia de insistencia que resulta de ver que son fragmentos infinitesimales en un mundo en el cual permanece indiferente a las acciones de los hombres.

La imparcialidad que en la contemplación es el puro deseo de la verdad, es la misma cualidad del espíritu que en la acción se denomina justicia, y en la emoción es este amor universal que puede ser dado a todos y no sólo a aquellos que juzgamos útiles o admirables. Así, la contemplación no sólo amplia los objetos de nuestro pensamiento, sino también los objetos de nuestras acciones y afecciones; nos hace ciudadanos del Universo, no sólo de una ciudad amurallada, en guerra con todo lo demás.

En esta ciudadanía del Universo consiste la verdadera libertad del hombre, y su liberación del vasallaje de las esperanzas y los temores limitados.

Para resumir nuestro análisis sobre el valor de la filosofía: la filosofía debe ser estudiada, no por las respuestas concretas a los problemas que plantea, puesto que, por lo general, ninguna respuesta precisa puede ser conocida como verdadera, sino más bien por el valor de los problemas mismos; porque estos problemas amplían nuestra concepción de lo posible, enriquecen nuestra imaginación intelectual y disminuyen la seguridad dogmática que cierra el espíritu a la investigación; pero, ante todo, porque por la grandeza del Universo que la filosofía contempla, el espíritu se hace a su vez grande, y llega a ser capaz de la unión con el Universo que constituye su supremo bien.

 

Por María Toro

https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/19701-para-que-sirve-la-filosofia-por-bertrand-russell.html

domingo, 13 de noviembre de 2022

 

VOCES entre VOCES


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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.

El aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más rápidamente que la sociedad en sabiduría.“ (Isaac Asimov)

"Los caminos", de Nimrod (Chad, 1959)

Tus pasos no han elegido camino alguno. Cuando pisan
el polvo, son rumores que se agrandan
por la noche; que nos obligan
a almacenar la memoria de las tormentas:
la tierra viaja así por nuestros pensamientos.

Los caminos nos encantan; dragan
nuestras venas con pepitas de diamante.
Desconfiamos de la omnisciencia de los dioses,
despreciamos la gloria de los videntes;
poco nos importa desvelar los oráculos.

Nimrod, incluido en Voces del Sur. Aproximación a la poesía africana (Biblioteca Virtual Omegalfa, Internet, s. a., ed. de Equipo Fénix, trad. de Raúl Jaime Gaviria).

FUENTE: https://franciscocenamor.blogspot.com


TEMAS TERTULIA 18-11-2022

INCIDENCIAS

EL MARCAPÁGINAS

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.



TEXTOS TERTULIA 11-11-2022

POR LOS PELOS

    CLAVE DE SOL

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.



POR LOS PELOS


Yo muchas veces me he salvado por los pelos. Como cuando jugaba en el patio del colegio a balón prisionero y sorteaba aquellos trallazos que una rubia con bucles lanzaba como si la vida se le fuera en ello. O cuando entraba corriendo al vagón del metro mientras se cerraban las puertas. O aquel día que, rumbo a Extremadura para pasar la Navidad, me caí al subir al tren y mis piernas se quedaron entre coche y andén -frase que rezaba en los carteles del Metro de Madrid para advertirnos del peligro cuando la separación entre ambos, coche y andén, existía- a pocos segundos de que comenzara su marcha y pude salir sin que hubiera desgracia.


También he salido indemne de otras situaciones peliagudas. Recuerdo, casi como si fuera una película, mi solitario paseo por el barrio rosa de San José, Costa Rica, inconsciente de dónde estaba y del tipo de personas con las que me iba encontrando. Igualmente se me viene a la memoria el día anterior a unas elecciones en Colombia, yo estaba en la isla de San Andrés bebiendo ron en horas prohibidas y rodeada de desconocidos. O aquella vez que, yendo por la calle de Francos Rodríguez camino de la piscina, el aire desprendió media plancha de un anuncio de una segunda planta y cayó entre mí y el individuo que iba delante; ambos nos miramos sabiendo que cualquier otra cosa podría haber pasado. Y aquel momento del aeropuerto JFK en que pasé tanto miedo cuando un perro de aduanas, sujetado por un policía, metía su cabeza en mi mochila al olfatear el sándwich de jamón que había olvidado comerme.


Y es que, bien pensado, vivimos por los pelos.


Por los pelos conocemos a los amigos, por los pelos nos enamoramos, por los pelos encontramos la casa adecuada, por los pelos nos enteramos de la noticia que nos ayuda, por los pelos hacemos nuestra la última falda de rebajas, por los pelos no tomamos ese vuelo que se estrelló, por los pelos un amigo nos llama cuando más tristes estamos y evita nuestro llanto, por los pelos cogemos el paraguas presintiendo el aguacero, por los pelos recordamos que pusimos la olla al fuego, por los pelos nos agarramos a tiempo cuando resbalamos en la ducha, por los pelos damos el volantazo si se nos cruza alguien, por los pelos enganchamos del jersey a un niño que va a cruzar la calle sin mirar, por los pelos tuvimos tiempo de decir «te quiero» a esa persona que no volveremos a ver.


Por los pelos, toda la vida es por los pelos.


13/noviembre/2022 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»


La vida es un ruido entre dos grandes silencios“ (Isabel Allende, libro Paula)



    POR LOS PELOS

      Todo en nuestra existencia transcurre en el filo de una navaja, salvados por los pelos.

      Nacemos por los pelos, una probabilidad entre trillones.

      Sobrevivimos, quien sobrevive más allá del primer año y no forma parte de esos 28.000 niños muertos al día, por los pelos.

      Por los pelos llegamos a conocer unos sorbos de amor, a veces, ni eso.

      Jugamos a diario a la ruleta rusa: no sabemos si ese cigarrillo de más, o esa copa, o ese aditivo o esa cucharada de azúcar será el detonante de un cáncer del que tal vez nos salvemos por los pelos.

      Todos tenemos nuestra lista de veces en que, realmente, nos salvamos por los pelos, esa bala en aquella manifestación, ese coche que nos rozó, ese matón que no nos mató, etc.

      Y al final, ineludiblemente, se acaba la película y no nos salvamos ni por los pelos.

      Ah, por supuesto, los calvos, tampoco.

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    CLAVE DE SOL

LA TIRANÍA DE LA CLAVE DE SOL


Porfiaba la astuta clave de sol en imponer su oscuro silencio, su arrogante labor de guía de sonidos cautivos: “Todos detrás de mi, quien se adelante no entrará en el juego y será expulsado de la partitura”.

La rebelde corchea intentó en más de una ocasión trepar por la barriguda figura y airear libremente al otro lado su modesto sonido, pero fue, como todos los que antes lo habían intentado, enganchada y retenida por el garfio de la perversa clave.

Pero un buen día una joven y traviesa semifusa alcanzó a imaginar que, por hermosas que fueran las melodías que ella y sus hermanas creaban, debía de haber algo más, otro juego al otro lado . . . e imaginó la luz, la magia del mirar y la belleza de los colores. Y con la luz alcanzó a imaginar un espejo, y en el espejo intuyó que encontraría su libertad.

Colocó enfrente de la arrogante clave de sol el espejo que había conseguido crear su mente y lo dispuso de tal forma que el pentagrama se hizo infinito a ambos lados.

Y de las notas reflejadas en el espejo comenzaron a brotar músicas nunca oídas, caóticas unas, sublimes otras. Y todas las músicas supieron que existían los colores, y todos los colores descubrieron que por el universo correteaban ciertos entes llamados sonidos, acompañados siempre por dóciles silencios de todos los tamaños y formas. Y la música y los colores aprendieron a crecer compartiendo.

Algo más tarde encontraron al joven Verbo, balbuceante y onomatopéyico, y del primer juego colectivo nació la primera canción, pero esa, como ya imaginareis, es otra historia . . .

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No es la fuerza de gravedad lo que mantiene el universo en equilibrio, sino la fuerza adhesiva del amor.“ (Isabel Allende)


MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

¿Y TÚ, CÓMO TE RELACIONAS?

11 NOVIEMBRE, 2022 JOSEMARCELORUIZ 

La relación social es vital para nuestro desarrollo como ser humano. La motivación de sociabilidad nace por nuestro instinto de supervivencia y de protección. La afectividad surge, con posterioridad, de la convivencia y de la necesidad de sentirnos queridos y reconocidos. Ambas, tanto la necesidad de vivir en sociedad como las relaciones afectivas están determinadas por el miedo a vivir en soledad.

Necesitamos sentirnos queridos y reconocidos socialmente; así como ofrecer nuestro afecto y ser correspondido, porque ello nos aporta autoestima y felicidad. Procuramos evitar la incomunicación, porque es uno de los grandes problemas que produce dolor y soledad. Los expertos sobre el tema  coinciden que para lograr una saludable relación es preciso conocer nuestras emociones, y saber reaccionar correctamente ante los desafíos y las exigencias de la vida. Esto exige ser asertivo, es decir,  hay que expresar nuestros  sentimientos de forma honesta, directa y correcta; respetando las creencias de los demás. Desarrollar habilidades personales como ser perseverante y aprender de la vida, para adquirir confianza en uno mismo y ser capaz de sobreponerse ante los fracasos. Tener empatía, creando relaciones sociales para reconocer los conflictos y, solucionarlos.

  Los psicólogos Goleman (EE.UU.) y Jorge Castelló Blasco (español), autores de libros sobre la dependencia emocional, expresan que la afectividad puede ser una fuente de conflictos en las relaciones interpersonales como muestran las heridas de las rupturas de parejas, el miedo al fracaso…  Los conflictos aparecen cuando  no se controlan las emociones y, lamentablemente, derivan a trastornos de apego y de dependencia. Cuya dependencia emocional  afecta a la propia visión de la persona, y cómo ve a los demás. Posee un concepto paupérrimo de sí mismo; su comportamiento es  pasivo, indeciso e inseguro; se siente incapacitado para tomar cualquier decisión sin la aprobación de la persona que ostenta la autoridad sobre él. En la relación manifiesta una actitud egoísta, con un sentimiento elevado de que su pareja le pertenece.

Es el momento de responder a la pregunta, que encabeza este artículo, para reflexionar sobre la importancia de la afectividad en las relaciones sociales, y su incidencia en la salud. Para ello,  me viene, a la memoria, el poema sobre el amor del poeta libanés Khalil Gibran, el cual  os invito a leerlo. Me quedo con  los versos: “Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura. […] / El amor no posee, ni es poseído”. Versos que denotan sabiduría sobre la vida, porque nos advierten del peligro del sentimiento de posesión, el cual es tan cruel que asesina. Cuando los celos actúan dominados por el pensamiento: “Si no eres mía, no eres para nadie”. La consecuencia social de tal pensamiento son los asesinatos por violencia de género. Los miedos a la soledad, al abandono, al fracaso… son los causantes de la dependencia emocional y del sentimiento de posesión, que dañan la salud y las relaciones.

Hay que reforzar la no pertenencia: “No digáis mi amor, ni tu amor, sino nuestro amor. /No digáis mi esposo, ni mi esposa, / porque no os pertenecéis. / Decid: es el compañero o la compañera, / que habita en vuestra casa. / Haced de vuestra casa vuestros corazones”.

                                                           José Marcelo Ruiz

Este artículo se ha publicado en la prensa NOTICIAS 24 (Comarca de la Axarquía), el viernes, 11 de noviembre de 2022. Mi agradecimiento personal al director del medio D. Francisco Gálvez por su interés por los temas de cultura, de pensamiento y opinión.

https://josemarcelopoeta.wordpress.com/2022/11/11/y-tu-como-te-relacionas/