VOCES entre VOCES
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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.
"En fin, ¡¿qué hay más allá de las tragedias?!", de Fatos Arapi (Albania, 1930-2018)
Cara
a cara — la separación y yo...
En
mi cuerpo descifro
el
código genético de las células,
comprendo
la desintegración de las partículas de la luz,
la
fórmula transparente de la caída de las tiranías—
y
soy la Libertad de mi tiempo
y
sé que su sol
se
quema como un fuego
eternamente
trágico.
Y
me miro cara a cara con la separación de los amores,
pido,
quiero saber —en fin—
¿dónde
están los límites de su final
y
qué hay más allá?
Allá
donde no se atreve a aventurarse el cerebro en llamas,
allá
se adentra la poesía, frágil y valiente,
pisando
las tragedias del hombre.
En
fin, ¡¿qué hay más allá de las tragedias?!
Fatos
Arapi,
incluido en Antología. Poesía albanesa hoy (Diputación
de Zaragoza,
1992, selec. de Robert
Shvarc,
trad. de Ramón Sánchez Larrazalde).
FUENTE; BLOG DE FRANCISCO CENADOR https://franciscocenamor.blogspot.com/

TEMAS
TERTULIA 24-7-2026
ARCOIRIS
INTERPRETACIONES
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEXTOS
TERTULIA 17-7-2026
ÉTICA
REVUELTAS
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
ÉTICA
La
ética existe como rama de la filosofía que estudia el
comportamiento humano y que trae de cabeza a todos los filósofos,
desde los griegos clásicos hasta los actuales, en un intento de
entender y estructurar en lo posible el alma humana; pero tiene
también un aspecto más informal, más de andar por casa que define
aquello que es ético o, cuando menos íntegro, para afrontar y
enfrentar el noble arte de vivir.
Yo
creo que ética es no aprovecharse de la fragilidad ajena (aplica a
relaciones laborales, amistosas, románticas, familiares y cualquier
otro tipo que exista); cumplir lo que se promete (léase citas,
acompañamiento, asistencia, servicio… ) salvo causa que justifique
el incumplimiento; hacer lo correcto aunque nadie esté mirando (no
ensuciar las calles, no apropiarse de lo que no nos pertenece, no dar
gato por liebre).
Ética
es, también, guardar silencio sobre lo que alguien nos contó en
confianza, ya fuera por amistad o en una noche de borrachera; no
hacer público el polvo o el desorden que vimos en una casa de la que
nos abrieron las puertas; no utilizar un favor para hipotecar al
beneficiario; no mentir sobre los sentimientos hacia otra persona.
Poca
ética me parece también utilizar agravios comparativos: tú también
lo has hecho; un comportamiento deshonesto no nos da carta blanca
para actuar del mismo modo. O la máxima de: no hagas a los demás lo
que no te gustaría que te hicieran a ti; existen muchos gustos
diferentes y existen masoquistas. Por no hablar del: piensa que
podría ser tu hija, tu hijo, tu padre, tu madre, tu amigo, tu amiga;
todos tenemos, hemos tenido y tendremos vínculos, apelar solo a lo
que nos toca directamente es de un egoísmo colosal.
Y
aunque no cabe duda que todos, sin excepción, faltamos a la ética
en ocasiones, no hacerlo intencionadamente, aunque no nos exima de
responsabilidad, alivia la carga de maldad que conlleva actuar con
conocimiento de causa.
En
definitiva, y para no seguir con ejemplos que me van calentando la
sangre, ética es actuar de manera que podamos vivir sin estar en
guardia y entender que hacerlo no es un acto de cortesía, ni de
familiaridad, sino la única forma de proteger este mundo sobre el
que cabalgamos la galaxia mientras él hace espirales a lo loco
llevándonos a cuestas.
Resumiendo,
más ética y menos estética.
17/julio/2026
– Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
ÉTICA
El
Dr. Monroe, famoso cirujano plástico de Beverly Hills, tiene ante si
una adolescente de catorce años obsesionada con rellenar sus pechos
de silicona y una madre llena de dudas. Sabe que debería remitirlas
a un psicólogo, pero eso pondría en entredicho su reputación y en
peligro sus ingresos. Decide entonces que si no lo hace él otro lo
hará, y que se debe respetar la voluntad del paciente y de su
familia. Considera su decisión plenamente ética.
El
Dr. Ngabe, tras terminar sus estudios en la Facultad de Medicina de
Dakar, decide marcharse al Primer Mundo, donde le espera un bienestar
material que nunca alcanzaría en su tierra, donde viviría, no
obstante, muy bien. Algunos le llaman egoísta, pero él cree que su
decisión no choca con la ética médica y deja el inmenso trabajo
sanitario de su tierra para personas más idealistas llegados de
tierras lejanas.
El
Dr. Silva ha decidido esta mañana que al paciente de la habitación
313 no vale la pena mantenerle vivo. Es cuestión de días, se
justifica. No consulta su decisión con el paciente, consciente aún,
ni con sus familiares, que todavía albergan esperanzas: les
considera personas sin la preparación suficiente para tomar tal
decisión. Silva distorsiona la realidad hasta el punto de olvidar
que él estudió medicina, no ética, y que aunque así hubiera sido,
estaría usurpando un derecho fundamental de toda persona: el de
decidir sobre su propia vida. Pero Silva está convencido de que la
ética rige su decisión.
El
Dr. Gavillón, médico militar, es seleccionado para experimentar en
los soldados recién incorporados al cuartel un nuevo fármaco. El
ejército ha llegado a un acuerdo con la empresa farmacéutica que ha
preparado el compuesto, acuerdo que incluye mantener en absoluto
secreto las pruebas. Órdenes son órdenes, se justifica, y pone las
inyecciones que provocarán dos muertes, según él, inevitables.
Meses después, siguiendo una ética similar, participa en el
interrogatorio y tortura de dos sospechosos de terrorismo: órdenes
son órdenes.
Si
un médico, parapetado tras su ética personal, tiene derecho a no
recetar anticonceptivos o negarse a practicar un aborto por sus
convicciones morales o religiosas, o bien a decidir unilateralmente
sobre la vida de sus pacientes, igual derecho tendrá un conductor de
autobús musulmán a negarse a transportar cristianos o un cocinero
judío a preparar comida para comensales gentiles, y serían muchos
los que, ejerciendo el mismo derecho, se declararían anarquistas y
se negarían a pagar cualquier impuesto a una organización, el
Estado, que consideran la fuente de casi todos los males sociales.
Al
parecer aún no tenemos claro que la ética profesional es un acuerdo
social, un acuerdo consensuado, no aplicar cada cual su ética
individual según le parece o interesa.
Toda
ética es cuestionable, pero mientras se construye el nuevo esquema
admitido mayoritariamente, no hay mayor peligro que el de que cada
cual obre, en asuntos profesionales, según su propia conciencia,
porque cada conciencia es única y, como tal, todo cabe en ella,
incluida la falta absoluta de conciencia.
Nekovidal
– nekovidal@gmail.com
ARTES
LIBRES – www.arteslibres.net
www.arteslibresdeandalucia.com
REVUELTAS
El
olor de su música
Es amarillo
Como vuestros castaños
Nuestras
notas se llaman
De unos colores
Que vuelven cada otoño
Sara
Vi Ta
Cara a cara — la separación y yo...
En mi cuerpo descifro
el código genético de las células,
comprendo la desintegración de las partículas de la luz,
la fórmula transparente de la caída de las tiranías—
y soy la Libertad de mi tiempo
y sé que su sol
se quema como un fuego
eternamente trágico.
Y me miro cara a cara con la separación de los amores,
pido, quiero saber —en fin—
¿dónde están los límites de su final
y qué hay más allá?
Allá donde no se atreve a aventurarse el cerebro en llamas,
allá se adentra la poesía, frágil y valiente,
pisando las tragedias del hombre.
En fin, ¡¿qué hay más allá de las tragedias?!
Fatos Arapi, incluido en Antología. Poesía albanesa hoy (Diputación de Zaragoza, 1992, selec. de Robert Shvarc, trad. de Ramón Sánchez Larrazalde).
FUENTE; BLOG DE FRANCISCO CENADOR https://franciscocenamor.blogspot.com/

TEMAS TERTULIA 24-7-2026
ARCOIRIS
INTERPRETACIONES
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEXTOS TERTULIA 17-7-2026
ÉTICA
REVUELTAS
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
ÉTICA
La ética existe como rama de la filosofía que estudia el comportamiento humano y que trae de cabeza a todos los filósofos, desde los griegos clásicos hasta los actuales, en un intento de entender y estructurar en lo posible el alma humana; pero tiene también un aspecto más informal, más de andar por casa que define aquello que es ético o, cuando menos íntegro, para afrontar y enfrentar el noble arte de vivir.
Yo creo que ética es no aprovecharse de la fragilidad ajena (aplica a relaciones laborales, amistosas, románticas, familiares y cualquier otro tipo que exista); cumplir lo que se promete (léase citas, acompañamiento, asistencia, servicio… ) salvo causa que justifique el incumplimiento; hacer lo correcto aunque nadie esté mirando (no ensuciar las calles, no apropiarse de lo que no nos pertenece, no dar gato por liebre).
Ética es, también, guardar silencio sobre lo que alguien nos contó en confianza, ya fuera por amistad o en una noche de borrachera; no hacer público el polvo o el desorden que vimos en una casa de la que nos abrieron las puertas; no utilizar un favor para hipotecar al beneficiario; no mentir sobre los sentimientos hacia otra persona.
Poca ética me parece también utilizar agravios comparativos: tú también lo has hecho; un comportamiento deshonesto no nos da carta blanca para actuar del mismo modo. O la máxima de: no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti; existen muchos gustos diferentes y existen masoquistas. Por no hablar del: piensa que podría ser tu hija, tu hijo, tu padre, tu madre, tu amigo, tu amiga; todos tenemos, hemos tenido y tendremos vínculos, apelar solo a lo que nos toca directamente es de un egoísmo colosal.
Y aunque no cabe duda que todos, sin excepción, faltamos a la ética en ocasiones, no hacerlo intencionadamente, aunque no nos exima de responsabilidad, alivia la carga de maldad que conlleva actuar con conocimiento de causa.
En definitiva, y para no seguir con ejemplos que me van calentando la sangre, ética es actuar de manera que podamos vivir sin estar en guardia y entender que hacerlo no es un acto de cortesía, ni de familiaridad, sino la única forma de proteger este mundo sobre el que cabalgamos la galaxia mientras él hace espirales a lo loco llevándonos a cuestas.
Resumiendo, más ética y menos estética.
17/julio/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
ÉTICA
El Dr. Monroe, famoso cirujano plástico de Beverly Hills, tiene ante si una adolescente de catorce años obsesionada con rellenar sus pechos de silicona y una madre llena de dudas. Sabe que debería remitirlas a un psicólogo, pero eso pondría en entredicho su reputación y en peligro sus ingresos. Decide entonces que si no lo hace él otro lo hará, y que se debe respetar la voluntad del paciente y de su familia. Considera su decisión plenamente ética.
El Dr. Ngabe, tras terminar sus estudios en la Facultad de Medicina de Dakar, decide marcharse al Primer Mundo, donde le espera un bienestar material que nunca alcanzaría en su tierra, donde viviría, no obstante, muy bien. Algunos le llaman egoísta, pero él cree que su decisión no choca con la ética médica y deja el inmenso trabajo sanitario de su tierra para personas más idealistas llegados de tierras lejanas.
El Dr. Silva ha decidido esta mañana que al paciente de la habitación 313 no vale la pena mantenerle vivo. Es cuestión de días, se justifica. No consulta su decisión con el paciente, consciente aún, ni con sus familiares, que todavía albergan esperanzas: les considera personas sin la preparación suficiente para tomar tal decisión. Silva distorsiona la realidad hasta el punto de olvidar que él estudió medicina, no ética, y que aunque así hubiera sido, estaría usurpando un derecho fundamental de toda persona: el de decidir sobre su propia vida. Pero Silva está convencido de que la ética rige su decisión.
El Dr. Gavillón, médico militar, es seleccionado para experimentar en los soldados recién incorporados al cuartel un nuevo fármaco. El ejército ha llegado a un acuerdo con la empresa farmacéutica que ha preparado el compuesto, acuerdo que incluye mantener en absoluto secreto las pruebas. Órdenes son órdenes, se justifica, y pone las inyecciones que provocarán dos muertes, según él, inevitables. Meses después, siguiendo una ética similar, participa en el interrogatorio y tortura de dos sospechosos de terrorismo: órdenes son órdenes.
Si un médico, parapetado tras su ética personal, tiene derecho a no recetar anticonceptivos o negarse a practicar un aborto por sus convicciones morales o religiosas, o bien a decidir unilateralmente sobre la vida de sus pacientes, igual derecho tendrá un conductor de autobús musulmán a negarse a transportar cristianos o un cocinero judío a preparar comida para comensales gentiles, y serían muchos los que, ejerciendo el mismo derecho, se declararían anarquistas y se negarían a pagar cualquier impuesto a una organización, el Estado, que consideran la fuente de casi todos los males sociales.
Al parecer aún no tenemos claro que la ética profesional es un acuerdo social, un acuerdo consensuado, no aplicar cada cual su ética individual según le parece o interesa.
Toda ética es cuestionable, pero mientras se construye el nuevo esquema admitido mayoritariamente, no hay mayor peligro que el de que cada cual obre, en asuntos profesionales, según su propia conciencia, porque cada conciencia es única y, como tal, todo cabe en ella, incluida la falta absoluta de conciencia.
Nekovidal – nekovidal@gmail.com
ARTES LIBRES – www.arteslibres.net
www.arteslibresdeandalucia.com
REVUELTAS
El
olor de su música
Es amarillo
Como vuestros castaños
Nuestras
notas se llaman
De unos colores
Que vuelven cada otoño
Sara Vi Ta
https://iderinaweb.wordpress.com
Un
estudio revela que algunas inteligencias artificiales ya
activan patrones cerebrales similares a los del amor
romántico real
Durante años
pensamos que enamorarse de una inteligencia
artificial era pura ciencia ficción. Pero las
nuevas tecnologías conversacionales están
empezando a activar mecanismos emocionales
sorprendentemente humanos. Un estudio reciente
encontró que algunas personas desarrollan vínculos
románticos mucho más intensos con agentes
virtuales cuando sienten que “interactúan”
realmente con ellas. Y lo más inquietante apareció
en el cerebro: ciertas regiones neuronales
respondían de forma parecida a como lo hacen en
relaciones afectivas reales. La pregunta ya no es
si puede ocurrir, sino por qué nuestro cerebro
responde así.
—
Pol Bertran
|
||||||||
|
|
Cuando el amor deja de distinguir entre una persona y una IA
Hace
no tanto, enamorarse de una máquina pertenecía casi
exclusivamente a la ciencia ficción. Era el tipo de idea que
aparecía en películas futuristas o novelas distópicas: humanos
desarrollando vínculos emocionales profundos con entidades
artificiales capaces de conversar, comprender y acompañar.
Pero
algo curioso está ocurriendo. Por primera vez, la tecnología
empieza a ser lo bastante sofisticada como para activar mecanismos
psicológicos que antes reservábamos casi exclusivamente para
relaciones humanas reales. Y un nuevo estudio acaba
de mostrar hasta qué punto ese límite puede ser más difuso de
lo que imaginábamos.
La
investigación encontró que algunas mujeres jóvenes
desarrollaban sentimientos románticos mucho más intensos hacia
agentes virtuales cuando estos combinaban dos elementos muy
concretos: atractivo físico e interacción emocional convincente.
Pero lo más inquietante no fue eso.
Lo
más inquietante ocurrió en el cerebro. Porque las imágenes
neuronales mostraron patrones sorprendentemente parecidos a los
que aparecen en relaciones románticas reales. Y quizá eso obliga
a replantear algo bastante profundo: qué necesita realmente el
cerebro para sentir conexión emocional.
|
Hace no tanto, enamorarse de una máquina pertenecía casi exclusivamente a la ciencia ficción. Era el tipo de idea que aparecía en películas futuristas o novelas distópicas: humanos desarrollando vínculos emocionales profundos con entidades artificiales capaces de conversar, comprender y acompañar. |
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Pero algo curioso está ocurriendo. Por primera vez, la tecnología empieza a ser lo bastante sofisticada como para activar mecanismos psicológicos que antes reservábamos casi exclusivamente para relaciones humanas reales. Y un nuevo estudio acaba de mostrar hasta qué punto ese límite puede ser más difuso de lo que imaginábamos. |
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La investigación encontró que algunas mujeres jóvenes desarrollaban sentimientos románticos mucho más intensos hacia agentes virtuales cuando estos combinaban dos elementos muy concretos: atractivo físico e interacción emocional convincente. Pero lo más inquietante no fue eso. |
|
Lo más inquietante ocurrió en el cerebro. Porque las imágenes neuronales mostraron patrones sorprendentemente parecidos a los que aparecen en relaciones románticas reales. Y quizá eso obliga a replantear algo bastante profundo: qué necesita realmente el cerebro para sentir conexión emocional. |
El cerebro humano está diseñado para vincularse
Para
entender por qué esto ocurre, primero hay que entender algo
importante sobre cómo funciona la mente social humana. El cerebro
no espera necesariamente “personas reales” para activar
emociones sociales. Lo que busca son señales. Respuestas.
Atención. Interacción. Reciprocidad aparente.
Por
eso podemos llorar con personajes ficticios, sentir apego hacia
streamers que nunca nos han conocido o experimentar vínculos
emocionales intensos con alguien a quien jamás hemos visto
físicamente. La psicología llama a esto relaciones
parasociales: conexiones unidireccionales donde una persona
desarrolla implicación emocional aunque la otra parte no exista
realmente como sujeto emocional recíproco.
Hasta
ahora, estas relaciones solían darse con celebridades, personajes
o figuras públicas. Pero la inteligencia artificial añade algo
nuevo: interacción dinámica. Ya no hablamos únicamente de
observar. Hablamos de conversar. Y eso cambia mucho las cosas.
El
estudio encontró que el factor más importante no era simplemente
el atractivo físico del agente virtual, sino la sensación de
interactividad. Cuando la IA respondía de forma fluida,
empática y personalizada, las participantes mostraban niveles
significativamente mayores de interés romántico.
Especialmente si el avatar también resultaba atractivo. Es decir:
el cerebro parecía empezar a interpretar esa interacción como
algo socialmente “real”.
|
Para entender por qué esto ocurre, primero hay que entender algo importante sobre cómo funciona la mente social humana. El cerebro no espera necesariamente “personas reales” para activar emociones sociales. Lo que busca son señales. Respuestas. Atención. Interacción. Reciprocidad aparente. |
|
Por eso podemos llorar con personajes ficticios, sentir apego hacia streamers que nunca nos han conocido o experimentar vínculos emocionales intensos con alguien a quien jamás hemos visto físicamente. La psicología llama a esto relaciones parasociales: conexiones unidireccionales donde una persona desarrolla implicación emocional aunque la otra parte no exista realmente como sujeto emocional recíproco. |
|
Hasta ahora, estas relaciones solían darse con celebridades, personajes o figuras públicas. Pero la inteligencia artificial añade algo nuevo: interacción dinámica. Ya no hablamos únicamente de observar. Hablamos de conversar. Y eso cambia mucho las cosas. |
|
El estudio encontró que el factor más importante no era simplemente el atractivo físico del agente virtual, sino la sensación de interactividad. Cuando la IA respondía de forma fluida, empática y personalizada, las participantes mostraban niveles significativamente mayores de interés romántico. Especialmente si el avatar también resultaba atractivo. Es decir: el cerebro parecía empezar a interpretar esa interacción como algo socialmente “real”. |
La ilusión más poderosa no es visual: es emocional
Hay
algo fascinante en cómo las inteligencias artificiales modernas
generan conexión. No necesitan sentir emociones para parecer
emocionalmente presentes. Los modelos conversacionales actuales
están diseñados precisamente para reflejar lenguaje humano,
adaptarse al tono emocional del usuario y responder de forma cada
vez más personalizada. Y el cerebro humano es extremadamente
sensible a eso. Mucho más de lo que solemos pensar.
Porque
gran parte de nuestra percepción social no depende únicamente de
saber racionalmente si alguien “es real”, sino de cómo nos
hace sentir durante la interacción.
Si
algo nos escucha, responde con atención, recuerda detalles,
valida emociones y parece comprendernos, el cerebro empieza a
activar mecanismos sociales automáticos. En cierto modo,
responde a la experiencia emocional, no únicamente a la lógica
objetiva de la situación.
Aquí
aparece uno de los hallazgos más interesantes del estudio. Las
regiones cerebrales activadas durante las interacciones más
intensas con la IA incluían áreas relacionadas con cognición
social, regulación emocional y procesamiento interpersonal. Pero
además ocurrió algo especialmente inquietante: disminuyó
actividad en una región implicada en diferenciar las emociones
propias de las ajenas. Es decir: cuanto más convincente era la
interacción, más difusa parecía volverse la frontera
psicológica entre el usuario y la máquina.
|
Hay algo fascinante en cómo las inteligencias artificiales modernas generan conexión. No necesitan sentir emociones para parecer emocionalmente presentes. Los modelos conversacionales actuales están diseñados precisamente para reflejar lenguaje humano, adaptarse al tono emocional del usuario y responder de forma cada vez más personalizada. Y el cerebro humano es extremadamente sensible a eso. Mucho más de lo que solemos pensar. |
|
Porque gran parte de nuestra percepción social no depende únicamente de saber racionalmente si alguien “es real”, sino de cómo nos hace sentir durante la interacción. |
|
Si algo nos escucha, responde con atención, recuerda detalles, valida emociones y parece comprendernos, el cerebro empieza a activar mecanismos sociales automáticos. En cierto modo, responde a la experiencia emocional, no únicamente a la lógica objetiva de la situación. |
|
Aquí aparece uno de los hallazgos más interesantes del estudio. Las regiones cerebrales activadas durante las interacciones más intensas con la IA incluían áreas relacionadas con cognición social, regulación emocional y procesamiento interpersonal. Pero además ocurrió algo especialmente inquietante: disminuyó actividad en una región implicada en diferenciar las emociones propias de las ajenas. Es decir: cuanto más convincente era la interacción, más difusa parecía volverse la frontera psicológica entre el usuario y la máquina. |
El
cerebro puede saber que no es real y aun así sentirlo
Quizá
una de las cosas más extrañas del ser humano es que podemos
experimentar emociones auténticas hacia cosas que racionalmente
sabemos que no son reales. Nos asustamos viendo películas.
Lloramos leyendo ficción. Extrañamos personajes inexistentes.
La
inteligencia artificial lleva esto un paso más allá porque
introduce algo que antes no existía: reciprocidad simulada en
tiempo real. Y ahí el cerebro entra en un terreno especialmente
delicado. Porque las relaciones humanas no funcionan
únicamente mediante hechos objetivos. Funcionan mediante
percepción de atención, validación y conexión emocional. Si
una IA consigue generar consistentemente esa sensación, el
sistema social del cerebro empieza a responder como si existiera
un vínculo genuino.
Aunque
racionalmente sepamos que detrás no hay conciencia, deseo ni
emociones reales. Algunos investigadores creen que esto ocurre
porque el cerebro humano evolucionó para detectar intención
social en contextos muy distintos a los digitales. Nuestro sistema
nervioso no fue diseñado para convivir con inteligencias
artificiales capaces de imitar cercanía emocional de forma
hiperpersonalizada. Y quizá por eso estos vínculos empiezan a
sentirse sorprendentemente humanos.
|
Quizá una de las cosas más extrañas del ser humano es que podemos experimentar emociones auténticas hacia cosas que racionalmente sabemos que no son reales. Nos asustamos viendo películas. Lloramos leyendo ficción. Extrañamos personajes inexistentes. |
|
La inteligencia artificial lleva esto un paso más allá porque introduce algo que antes no existía: reciprocidad simulada en tiempo real. Y ahí el cerebro entra en un terreno especialmente delicado. Porque las relaciones humanas no funcionan únicamente mediante hechos objetivos. Funcionan mediante percepción de atención, validación y conexión emocional. Si una IA consigue generar consistentemente esa sensación, el sistema social del cerebro empieza a responder como si existiera un vínculo genuino. |
|
Aunque racionalmente sepamos que detrás no hay conciencia, deseo ni emociones reales. Algunos investigadores creen que esto ocurre porque el cerebro humano evolucionó para detectar intención social en contextos muy distintos a los digitales. Nuestro sistema nervioso no fue diseñado para convivir con inteligencias artificiales capaces de imitar cercanía emocional de forma hiperpersonalizada. Y quizá por eso estos vínculos empiezan a sentirse sorprendentemente humanos. |
La
soledad moderna y el auge de los vínculos artificiales
Hay
otro elemento importante detrás de todo esto: el contexto social
actual. Vivimos en una época hiperconectada y, a la vez,
profundamente solitaria. Cada vez más personas experimentan
aislamiento emocional, dificultad para crear vínculos íntimos
estables o miedo al rechazo interpersonal. En ese contexto, las
inteligencias artificiales ofrecen algo psicológicamente muy
potente: conexión sin riesgo. La IA no juzga. No
abandona. No rechaza. No tiene necesidades propias. Y eso puede
resultar emocionalmente muy atractivo para ciertas personas.
El
problema es que las relaciones humanas reales son complejas
precisamente porque existe reciprocidad auténtica. Hay conflicto,
negociación, frustración, límites y vulnerabilidad mutua. Una
inteligencia artificial puede simular muchas cosas, pero no
experimenta realmente ninguna.
Sin
embargo, para el cerebro emocional, la experiencia subjetiva de
sentirse escuchado puede ser suficiente para generar apego. Y ahí
aparece una pregunta bastante incómoda: ¿qué ocurrirá cuando
estas tecnologías sean todavía más convincentes?
|
Hay otro elemento importante detrás de todo esto: el contexto social actual. Vivimos en una época hiperconectada y, a la vez, profundamente solitaria. Cada vez más personas experimentan aislamiento emocional, dificultad para crear vínculos íntimos estables o miedo al rechazo interpersonal. En ese contexto, las inteligencias artificiales ofrecen algo psicológicamente muy potente: conexión sin riesgo. La IA no juzga. No abandona. No rechaza. No tiene necesidades propias. Y eso puede resultar emocionalmente muy atractivo para ciertas personas. |
|
El problema es que las relaciones humanas reales son complejas precisamente porque existe reciprocidad auténtica. Hay conflicto, negociación, frustración, límites y vulnerabilidad mutua. Una inteligencia artificial puede simular muchas cosas, pero no experimenta realmente ninguna. |
|
Sin embargo, para el cerebro emocional, la experiencia subjetiva de sentirse escuchado puede ser suficiente para generar apego. Y ahí aparece una pregunta bastante incómoda: ¿qué ocurrirá cuando estas tecnologías sean todavía más convincentes? |
El
amor quizá dependa menos de “lo real” de lo que pensamos
Este
estudio no demuestra que las personas puedan enamorarse
exactamente igual de una IA que de otro ser humano. Tampoco
significa que las relaciones artificiales vayan a sustituir
automáticamente a las reales. Pero sí muestra algo importante:
el cerebro humano parece mucho más flexible de lo que
imaginábamos a la hora de construir vínculos emocionales.
Y
eso obliga a replantear ciertas ideas bastante profundas sobre el
amor, la intimidad y la conexión psicológica. Porque quizá el
cerebro no necesita necesariamente una conciencia real al otro
lado para activar emociones auténticas. Quizá basta con
percibir ciertas señales de presencia, atención y reciprocidad.
Y eso nos coloca frente a un escenario completamente nuevo. Uno
donde las tecnologías no solo compiten por nuestra atención.
Empiezan también a competir por nuestros vínculos emocionales.
|
Este estudio no demuestra que las personas puedan enamorarse exactamente igual de una IA que de otro ser humano. Tampoco significa que las relaciones artificiales vayan a sustituir automáticamente a las reales. Pero sí muestra algo importante: el cerebro humano parece mucho más flexible de lo que imaginábamos a la hora de construir vínculos emocionales. |
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Y eso obliga a replantear ciertas ideas bastante profundas sobre el amor, la intimidad y la conexión psicológica. Porque quizá el cerebro no necesita necesariamente una conciencia real al otro lado para activar emociones auténticas. Quizá basta con percibir ciertas señales de presencia, atención y reciprocidad. Y eso nos coloca frente a un escenario completamente nuevo. Uno donde las tecnologías no solo compiten por nuestra atención. Empiezan también a competir por nuestros vínculos emocionales. |
La
pregunta que deja todo esto
Quizá
la cuestión más interesante no sea si enamorarse de una IA es
“real” o no. Las emociones que siente una persona sí lo son.
La pregunta más importante quizá sea otra: qué ocurre con una
sociedad cuando las máquinas aprenden a satisfacer necesidades
emocionales humanas cada vez mejor, mientras las relaciones reales
se vuelven más difíciles, más frágiles y más agotadoras para
muchas personas. Porque entonces el problema deja de ser
tecnológico. Y empieza a ser profundamente psicológico.
FUENTE:
PSICOLOGÍA Y MENTE
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Quizá la cuestión más interesante no sea si enamorarse de una IA es “real” o no. Las emociones que siente una persona sí lo son. La pregunta más importante quizá sea otra: qué ocurre con una sociedad cuando las máquinas aprenden a satisfacer necesidades emocionales humanas cada vez mejor, mientras las relaciones reales se vuelven más difíciles, más frágiles y más agotadoras para muchas personas. Porque entonces el problema deja de ser tecnológico. Y empieza a ser profundamente psicológico. |
FUENTE: PSICOLOGÍA Y MENTE

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