domingo, 19 de abril de 2026

 VOCES entre VOCES

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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.

1 poema de Al 2040, de Jorie Graham

09 Feb 2026 Laura di Verso

 

Este poemario empieza con una pregunta puntuada como si de una afirmación se tratara: «Estamos / acaso ya extinguidos. De quién es / el mapa». Sus poemas son cantados por alguien que está escribiendo esos mismos versos mientras mira por la ventana de una sala de radioterapia.

En Zenda reproducimos un poema de Al 2040 (La Bella Varsovia), de Jorie Graham.

***

ESTAMOS

acaso ya extinguidos. De quién es
el mapa. ¿Puedo
mirarlo? Dónde está mi
demanda. ¿Es mi historia

verificable? ¿He
incluido el recuerdo
de los animales? Los recuerdos
de los animales.  ¿Están

todavía aquí? ¿Estamos

solos? Mira,
los filamentos
aparecen. De recuerdos. ¿De quién? Cómo
era

la tierra. ¿Se movía
a través de nosotros? Algo dice sin parar:
¿estás ahí?
¿son reales tus
ancestros, tienes un
cuerpo, te tienes
a ti misma en
mente, puedes ver tus

manos?—¿lo has roto,
el hilo?—trata de sentir la
tensión del otro extremo—
dice que te asegures

de que ambos extremos estén
vivos cuando tires para
intentar reentrar
aquí. Un cuervo

ha llegado mientras
escribo todo
esto. In-
corpórame,

grazna. Se acerca
dando brincos por el muro
de piedra. ¿Recuerdas
la desesperación, cómo

se acerca?, dice. Lo

miro. No tengas
prisa, digo, pero
está picoteando
la piedra en todas

partes. Su plumaje es
sol. Me mira con
cautela porque
estoy inmóvil y

anhelante. Ve mi

soledad. Comienzan
las cigarras. ¿Es esto un encuentro
real?, pregunto. De los de
antes. De cuando había

cuervos. No,
dice la luz. Casi
no estás aquí. El
cuervo se fue

hace mucho. Ahora está
viajando por su hilo, su
senda de cielo, para siempre, él sabe
la corriente que atraviesa las

cigarras, que no puedes oír
pero que
ya te cercan. Pero, ¿no está
aquí?, pregunto, buscando

en mis estrofas.
¿No llegó hasta mí
al adentrarse? ¿No
entró aquí

en la estrofa ocho?—y adónde

se va ahora
que vuelve a irse, ahora
que te digo que el cuervo es dorado,
ahora que te digo echó a volar y

se fue, y se fue.

—————————————

Autora: Jorie Graham. Título: Al 2024. Traducción: Rubén Martín. Editorial: La Bella Varsovia. Venta: Todos tus libros.

BIO

Jorie Graham (Nueva York, 1950) es probablemente la poeta más importante de la poesía norteamericana actual. Heredera de la tradición naturalista que va de Walt Whitman a A. R. Ammons, es autora de libros tan importantes como Rompiente o Deprisa, y ha sido reconocida con el Premio Wallace Stevens, el Forward a la Mejor Colección de Poesía o el Morton Dauwen Zabel, entre otros. En 1996 ganó el Pulitzer de Poesía con The Dream of the Unified Field. Fue presidenta de la Academia Estadounidense de poetas de 1997 a 2003, y actualmente es profesora de Retórica y Oratoria en la Universidad de Harvard.

Jorie Graham. Foto: Jeannette Montgomery Barron.

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TEMAS TERTULIA 24-4-2026

DILEMAS

QUIJOTES

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.



TEMAS TERTULIA 17-4-2026

NOTICIAS

COSAS

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

Colaboración gráfica: Victoria Blanco.


NOTICIAS

“Una verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad emocionante”. (Aldous Huxley)

Sería la última portada del último periódico, un titular de despedida. La orden había llegado de arriba y no había vuelta atrás: era imposible competir con la prensa digital, sólo los diarios de grandes tiradas, sostenidos por multinacionales de oscuros intereses, se mantenían en la calle, los demás habrían de digitalizarse o desaparecer.

En veintitrés años, nadie había cuestionado su libertad para escribir, sólo se le había exigido una ética que nunca fue necesario recordar a nadie de la plantilla. Guardaba por ello un hondo aprecio hacia Benítez, uno de los pocos hombres que aún creía en la libertad de prensa, el mismo que le acogió en el periódico cuando era un novato recién salido de la facultad, un joven entre tantos, otro que creía saberlo todo sin haber vivido nada. Lo que más apreció de él fue que supo confiar en que ese joven llegaría a ser un buen periodista. Aquello que en su momento pareció lejano e imposible se transformó en realidad y se sentía orgulloso de no haberle defraudado.

La última portada . . . sabía que tenía total libertad para hacerla, sabía que incluso aunque escribiera: “A LA MIERDA TODO” se publicaría.

Empezó a hacer memoria de los miles de titulares que había tenido que elegir, de los cientos de miles de noticias que habían pasado por sus manos, hasta que recordó la frase de Huxley, aquella en que afirmaba que una verdad sin interés puede ser eclipsada por una mentira emocionante. Comprendió por un instante el triste estado evolutivo de su especie, pero ya no caía en el error, como años atrás, de hundirse en el desánimo, también guardaba muchos recuerdos de la grandeza humana.

Girando en torno a la frase pensó: ¿cuál es la verdad más diáfana, más absoluta, más evidente y que, sin embargo, pueda resultar sin interés?, ¿y cuál es la afirmación que la mayoría consideraría una mentira, pero una mentira emocionante?

Echó un vistazo a la botella de güisqui que Benítez, con lágrimas en los ojos, le había entregado, a modo de despedida, el día anterior, y bebió un trago corto y pausado. Entonces lo comprendió y se asombró al descubrir la paradoja: había un titular que cumplía los requisitos de ser al mismo tiempo una verdad sin interés y una mentira emocionante. Lo escribió antes de que algo se lo pudiera arrebatar de la mente, la portada, a media página, pondría:

LA VIDA ES MARAVILLOSA

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COSAS


Hay que ver qué cosas pasan con los pensamientos. Lo de dejar la mente en blanco supongo que está pensado para seres superiores, a los que tenemos que decidir qué comprar para comer, cuándo lavar el coche o cómo llegar a tiempo a entregar un trabajo no nos resulta fácil; y es que, además de todos esos trajines relativos a la supervivencia existe un número infinito de ideas revoloteando por dentro, o por fuera, porque a ciencia cierta no sé dónde se esconden las muy ladinas.

A mí se me aparecen en un totum revolutum. Junto a la imagen de mi maestra de primaria -se llamaba Sole-, se cuela la del primer frigorífico que compraron en casa, aunque entonces se decía nevera, marca Edesa; se monta encima la de la noche de verano que se incendió una moto frente a casa y nos dio la madrugada esperando a que se apagara, hora a la que llegó mi hermano de tomar unas copas y, claro, fue la comidilla del vecindario unos días…

Me pongo a preparar la comida, un cuchillo cae al suelo, me viene a la mente mi abuela materna y el sabor del besugo que preparaba en Navidad y la fiestuqui que se organizaba en casa, aparece el rostro de mi novio de juventud -quizás haya sido el único- y me acuerdo de la casa que compré allá por los ochenta y la de vivencias que me regaló… Levanto el cuchillo del suelo con las manos llenas de nostalgia, lo echo al fregadero y sigo preparando el almuerzo; he quedado para ir al cine a ver la nueva de Carmen Maura.

Camino al cine me viene a la cabeza la tarde que conduciendo mi 600, al dar la vuelta desde Velázquez a Ortega y Gasset -apunto que embelesada con el hombre que iba de copiloto y que me gustaba a rabiar- no me di cuenta del doble sentido de la calzada y ¡zas! golpe que te crio; me supo mal que él presenciara ese despiste.

Aunque algo lenta, la película me atrapa. Uno de los temas me cala y me arrastra a pensamientos poco gratos: miradas infames, frases lapidarias dichas con mala intención, abusos de diversos tipos, desprecios, actitudes manipuladoras, incluso asoman besos deshonestos, esos besos horribles que dejan estigmas en el alma.

Hace tiempo que aprendí a desenfocar la atención de lo que me roba la vida y algunas memorias me la robaron durante años; no las puedo borrar, claro, pero sí bajar el volumen de sus voces. Y es que, cuando aparecen, me lanzan a la parte menos agradable de mi hogar de infancia, a sus escaleras, al olor de la placa de carbón, a tristes celebraciones de cumpleaños, al turrón de fresa y los nevaditos con sabor a lágrimas, a bodas familiares plagadas de dolor… Así que doy un salto y me planto en el primer beso, después vuelvo a la pantalla.

Proyectan ahora imágenes de ternura, solidaridad y humanidad en su estado más legítimo y me voy de viaje a los fuegos de campamento, al candor de la juventud, al amor pasional de los treinta, a los países que he conocido, a las noches de salsa y amoríos, a amistades queridas y recordadas… y como ve que me gusta eso de felicidad, decide también futurizar un posible magnífico mañana que llegará o no, pero vivido queda en la sala. Es la número siete; no es la primera vez que ocurre magia en ella.

¡Qué cosas! ¿Verdad? Después de tantas décadas cumplidas, con más años a la espalda que los que tengo por delante, verme aún en el trabajo de poner coto a los recuerdos para que antiguas vivencias no alteren mi paz y dejen espacio a la construcción de lo que la imaginación y la pasión van teniendo a bien irme dictando.

¡Qué cosas!

18/abril/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»

                                                       


 
COSAS


Vuelve, no sabemos de dónde, más individual y menos dividida que nunca. Busca en ollas negras la bicicleta que una vez fue refugio, aunque de eso haga ya mucho; lo suficiente como para que la herida haya dejado ya de doler, de sangrar, de escocer; ni siquiera de recordar.

Re-cordis, vuelta al corazón, que sigue bombeando con la misma fuerza o más, aunque le queden menos latidos.

Como los corales, colonias de colonias, nos miran desde fuera y… ¿y? ¿Dónde está la belleza? En el ojo que mira, por supuesto. O no: en el ojo que ve. El ojo que sabe ver.

Hablaron hace años de las fibras de un corazón hipotecado, cuando aún no había empezado a pagar la primera cuota. La primera mensualidad. La primera letra de una palabra que se convirtió en cuento, en novela, en reflejo de las memorias de las mil vidas no vividas y a la vez… de las únicas incrustadas en su piel.

Sara Vi Ta

https://iderinaweb.wordpress.com


MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

La Teoría de la Objetificación: qué es y qué explica sobre la autoestima

La Teoría de la Objetificación habla sobre la percepción del físico como la identidad de la persona.

En los últimos tiempos cada vez se pone más énfasis en evitar objetificar el cuerpo de las mujeres y se visualiza este fenómeno.

Sin embargo, no todos tienen claro a qué se debe esta conducta, cuál es el origen de esta teoría y por qué es importante de cara a las repercusiones que dicho comportamiento puede acarrear. Con este artículo trataremos de arrojar luz acerca de todas estas cuestiones relativas a este fenómeno. Para ello, veremos en qué consiste la teoría de la objetificación.

¿En qué consiste la teoría de la objetificación?

La teoría de la objetificación se refiere a una percepción aprendida por las mujeres en mayor medida que los hombres, en determinadas sociedades y épocas, destinada a internalizar que, generalmente, los observadores posarán su atención sobre su físico antes que en ninguna otra faceta.

Este fenómeno conduce a la llamada auto-objetificación en las mujeres, que consiste en prestar una atención constante a su propio aspecto, a sabiendas de ese efecto. Esta conducta puede acarrear malestar en estas personas, que estarían sintiendo una presión mantenida en el tiempo para mostrar siempre una imagen aceptable socialmente.

La teoría de la objetificación nos habla de que esa auto-observación continuada, con el consecuente malestar, puede tener repercusiones como síntomas compatibles con la ansiedad, sentimientos de vergüenza al saberse expuesta, observada y evaluada por otros, y una disminución de la autoestima.

Algunos autores apuntan a que estas diferencias entre la percepción de sí mismos entre las mujeres y los hombres, según los criterios de la teoría de la objetificación, podrían explicar algunas de las diferencias entre la prevalencia de algunas psicopatologías, como son los trastornos de la conducta alimentaria, la depresión o alteraciones de tipo sexual.

Una de las causas que podría estar generando dicha conexión podría ser el situar toda o la mayor parte de la auto-percepción en el estado corporal externo, y poco o nada sobre el estado corporal interno, lo que establecería un tipo de disociación sobre esa esfera de la propia salud, pudiendo provocar una falta de consciencia sobre algunos problemas que potencialmente podrían surgir.

Historia de la teoría de la objetificación

Los primeros estudios relacionados con lo que hoy conocemos como la teoría de la objetificación, se realizaron en la primera mitad del siglo pasado, cuando psicólogos y sociólogos de EEUU, como William James o Charles Cooley, investigaron acerca del concepto del yo del espejo.

Lo que esta teoría afirma, en resumen, es que lo que los demás ven en nosotros mismos, tiene un efecto directo sobre nuestra propia auto-percepción. Este mecanismo se daría a través de tres vías. En primer lugar, mediante la percepción que el sujeto tiene de la forma en que las demás personas le ven.

Después, según la forma en que esta persona considera que los otros le están juzgando, en función de lo que han percibido. Y finalmente, por la reacción emocional que la dirección de dicho hipotético juicio le provoca al individuo, pudiendo ser en un sentido positivo (sintiendo alegría, felicidad u orgullo) o bien negativo (sintiéndose culpable, avergonzado o triste).

En ese sentido, se observó una mayor proporción de mujeres respecto a hombres, cuya autoestima mostraba una dependencia de los juicios percibidos por su apariencia física, en cuanto a su atractivo. Por el contrario, a los hombres parecía preocuparles más su eficacia a nivel físico. Esta supone una de las raíces de la teoría de la objetificación.

Pero no es la única. La psicoanalista, Karen Horney, exponente del feminismo en una época en la que no estaba tan extendido (primera mitad del siglo XX), ya afirmaba que la sexualización de la mujer por parte del hombre era una especie de derecho o costumbre recogido y aprobado por la sociedad.

Sandra Bartky, filósofa e investigadora del feminismo, también habló en sus estudios acerca de lo que suponía la teoría de la objetificación. Para ella, el objetificar o cosificar a una mujer, se refería a tomar su cuerpo o alguna parte del mismo como un ente independiente e instrumentalizarlo, e incluso utilizarlo como representación del total de esa persona, de su identidad y de su valor.

Estas aportaciones no han sido las únicas, pero sí algunas de las más importantes que poco a poco han ido conformando lo que actualmente conocemos como la teoría de la objetificación.

Las consecuencias de la cosificación

Una vez hemos explorado las afirmaciones y el recorrido histórico que hay tras la teoría de la objetificación, es necesario ahora profundizar más en las consecuencias que estas conductas pueden acarrear. Ya hemos comentado que la auto-objetificación se da con una mayor intensidad en las mujeres que en los hombres, por lo que van a ser las mujeres las que sufran alguno de estos efectos.

Una de estas consecuencias de la auto objetificación es la fragmentación de la conciencia y por lo tanto la limitación de los recursos mentales para realizar otras tareas. En un estudio se le pidió a los participantes que, dentro de una sala en la que solo estaban ellos y por lo tanto no eran observados por nadie, se pusieran, bien un jersey o bien una prenda de baño.

A continuación, debían realizar unos ejercicios de cálculo matemático. Se observó que no había diferencias entre los hombres que vestían una prenda u otra, pero sí que la había en las mujeres. Aquellas con el traje de baño, rindieron significativamente peor en la prueba. ¿Por qué? Según la teoría de la objetificación, la respuesta sería porque su conciencia estaba anclada en el juicio por su aspecto físico.

Pero no es el único efecto que este fenómeno puede provocar. Otros más generales nos hablan, como ya mencionábamos al principio, de un sentimiento de vergüenza acerca de la propia imagen, más intenso en aquellas personas que caen en la auto-objetificación que en aquellas que no lo hacen. Cabe señalar que esa auto percepción, además, va acompañada de una comparación con los cánones de belleza que imperen en el momento.

El disparador podrá incluso no ser la percepción de la propia persona, sino de otras que sí que parecen encajar en dichos cánones. Por lo tanto, aquella persona (por lo general, mujeres, como ya hemos visto) que se perciba de una manera diferente a lo que dicten las normas sociales de una época y una sociedad determinada, tendrá mayor probabilidad de sentir esa vergüenza.

A la vergüenza podrán seguirle también una serie de síntomas de ansiedad, debido al malestar que la situación le provoca. De esta manera, observamos que la teoría de la objetificación señala, no solo consecuencias físicas en la persona, sino también de tipo físico.

También anticipamos al inicio de este artículo, que esa auto-percepción negativa puede derivar no solo en ansiedad, sino en secuelas relacionadas con un trastorno de la conducta alimentaria, cuyas repercusiones pueden ser realmente graves si esta persona no cuenta con los recursos y la ayuda para hacer frente a la situación y poder superar dicha psicopatología.

Diferencias entre hombres y mujeres

Muchos sectores y estudios insisten en las diferencias significativas que se observan entre mujeres y hombres en cuanto a la teoría de la objetificación. Esto podría reforzar la idea de las grandes diferencias a nivel psicológico que puede haber entre ambos géneros. Sin embargo, autores como la profesora Janet Shibley Hyde, defienden que estas diferencias no existen o al menos son mucho menores de lo que se ha considerado tradicionalmente.

Para esta psicóloga, especialista en estudios sobre género, en realidad hombres y mujeres son mucho más semejantes de lo que algunos estamentos afirman. Es verdad que precisamente en el asunto de la teoría de la objetificación, así como algunos otros fenómenos muy concretos, se observan diferencias, bien en un sentido, bien en el otro.

Pero la realidad es que, en términos generales, son abrumadoramente más las semejanzas que se encuentran entre las mujeres y los hombres que los elementos discordantes que pueden utilizarse para señalar diferencias. Por ello es interesante dedicar esfuerzos a investigar asuntos como la teoría de la objetificación y así lograr datos empíricos acerca del origen de estas escasas diferencias.

Por supuesto, el hecho de que este fenómeno tenga repercusiones negativas sobre muchas personas (que en su mayoría son mujeres, como parecen indicar los estudios), también debería ser un impulso para tratar de encontrar una metodología que permita aliviar dichos efectos.

Referencias bibliográficas:

  • Balraj, B. (2015). Understanding objectification theory. International Journal on Studies in English Language and Literature.

  • Calogero, R.M. (2012). Objectification theory, self-objectification, and body image. Encyclopedia of Body Image and Human Appearance.

  • Fredrickson, B.L., Roberts, T.A., Noll, S.M., Quinn, D.M., Twenge, J.M. (1998). That swimsuit becomes you: Sex differences in self-objectification, restrained eating, and math performance. Journal of Personality and Social Psychology.

  • Moradi, B., Huang, Y.P. (2008). Objectification theory and psychology of women: A decade of advances and future directions. Psychology of women quarterly.

  • O'Brien, Jodi (2010). The production of reality: Essays and readings on Social Interaction. SAGE Publications.

  • Slater, A., Tiggemann, M. (2002). A test of objectification theory in adolescent girls. Sex Roles. Springer.

Luis Martínez-Casasola Hernández. (2021, abril 8). La Teoría de la Objetificación: qué es y qué explica sobre la autoestima. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/social/teoria-objetificacion

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