VOCES entre VOCES
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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.
2 poemas de Tiempos mágicos, de Mario Obrero
Pocos
poetas han tenido un ascenso tan meteórico como Mario Obrero. Empezó
a escribir a los siete años y ahora, superados los 20, su palmarés
cuenta con algunos de los galardones más prestigiosos del sector,
con el Premio Nacional de Juventud y el Premio Loewe, entre otros.
Ahora presenta un nuevo poemario.
En Zenda reproducimos
cinco poemas de Tiempos
mágicos,
de Mario
Obrero (La
Bella Varsovia).
***
TODO
TIENE TANTAS PALABRAS
tanto
dice en sus arrugas
habla
todo y murmulla tanto
también
lo que no sabe
con
tactos los labios andan su destino
el
cielo y las almohadas
la
raigambre meñique de los sucesos
todo
parlotea en alta y baja voz
inconmensurables
sus lenguas
invisibles
los habitamos.
***
CRECEN
LAS VERTEBRAS COMO SERRÍN EN LA DERROTA
nos
dimos la mano toda sucia en cruces de caravaca
¿somos
novios? si no respondes guarda el secreto
a
tus seis hay otra falda pálida de encías
dios
así lo quiso y tan solo de mirarnos se fundó la
dinastía
obrera
luego
vinimos una tras otra a depositar nuestro
pan
en el sueño de los mirlos
nuestra
confianza nostálgica en las izquierdas
anthós
aquel que porta flores
carmina
el poema y el jardín
se
relevan en su canto los días como la llegada de
un
diluvio
irremediable
la partitura de cuantas aves auspician
volver
volver
volver
regresar
como los lúcidos alfeizares cargados de sal
y
lombrices
participio
cantando en las mesas
pólvora
ensimismada en sus cunas de polvo
tendederos
de la inmensidad
allá
donde amas de casa.
—————————————
Autor: Mario
Obrero. Título: Tiempos
mágicos. Editorial: La
Bella Varsovia. Venta: Todostuslibros.
BIO
Mario
Obrero nació
en Madrid en 2003, y comenzó a escribir a los siete años. Ha
publicado los libros Carpintería
de armónicos (XIV
Premio de Poesía Joven Félix Grande; Universidad Popular José
Hierro, 2018), Ese
ruido ya pájaro (Ediciones
Entricíclopes, 2019), Peachtree
City (XXXIII
Premio Loewe a la Creación Joven; Visor, 2021), Cerezas
sobre la muerte (La
Bella Varsovia, 2022; Premio Nacional de Juventud 2023 en la
categoría de cultura) y Tiempos
mágicos (La
Bella Varsovia, 2024). Cursó Bachillerato de Humanidades en el
instituto público La Senda, de Getafe. Presentó las dos primeras
temporadas del programa literario Un
país para leerlo,
emitido en La 2, y colabora habitualmente con RNE.
https://www.zendalibros.com/2-poemas-de-tiempos-magicos-de-mario-obrero/
TEMAS
TERTULIA 13-3-2026
REALIDAD
SOMBRAS
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEXTOS
TERTULIA 6-3-2026
CLAVELES
RUMORES
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Colaboración
gráfica: Victoria Blanco.
CLAVELES
HOY
ESTÁIS SECOS
Ramiro
era un “tumbao” por voluntad propia, un hombre que, ya cansado,
había decidido que se tumbaba, en la cama si la había, y que de ahí
no le movía nadie, un fenómeno muy curioso que se ha dado en varias
culturas.
La
familia, en casos como el de Ramiro, podía decidir si cuidarle o no,
con todo lo que conllevaba, y casi siempre era sí.
Ramiro,
harto de la vida y agotado por la misma, había decidido renunciar,
después de tantas eternas jornadas de sol a sol en el campo, de
sueños de cuero y mil noches de hambre. Creía tener, y sin duda
tenía, derecho a tal renuncia.
En
la cama sobre la que cayó, quedó, y fue su hermana Berta la que
cargó sobre sí la responsabilidad de mantenerle con vida, tal vez
como pago por aquellas veces, tantas, en que él le había regalado
parte del pan negro de centeno con que consolaban el hambre durante
la infancia.
En
el entorno de Ramiro sólo hubo, durante años que llegaron a ser
lustros, sólo un ser vivo además de su hermana: una maceta con
claveles al lado de su mesilla, a la que saludaba cada mañana y con
la que hablaba en silencio más a menudo de lo que hubiera
recomendado cualquier psicólogo.
Pasó
el tiempo, que fue convirtiendo a Ramiro y Berta en ancianos,
llenando ella su vacío con el vacío de la televisión y
enclaustrado él en un mundo en el que, al fin, tenía tiempo para
convertirlo en su tiempo, “tiempo para cavilar”, como le gustaba
decirse a si mismo.
Una
mañana, tras esperar más de una semana la comida que ya nunca
llegaría, Ramiro se incorporó en la cama para observar, al otro
lado del pasillo, el cuerpo inerte de su hermana, que yacía allí
desde hacía días, víctima de un infarto. Volvió lentamente la
vista hacia la maceta de claveles, también agonizantes por falta de
riego, y no pudo contener el llanto, un llanto amargo y prolongado,
que consiguió arrancar de su cuerpo el poco agua que aún contenía.
Se miró las manos, aún callosas a pesar de los años de
inactividad, y vio como las lágrimas se escurrían por su rostro y
se acumulaban en el cuenco de sus palmas.
Lloró
hasta secar su cuerpo, hasta purgar el último dolor, la última pena
de cuantas había arrastrado en su vida, lloró por su hermana, por
todas y cada una de las personas que habían compartido con él parte
de sus vidas, lloró por la miseria implacable que convierte tantas
vidas en miseria tan sólo.
Sintió,
al fin, un enorme alivio que hizo desaparecer hasta la sensación de
hambre, volvió su vista nuevamente hacia la maceta de claveles,
observó el diminuto charco que sus lágrimas habían formado en sus
manos, y regó con él la reseca tierra de la maceta. “Hoy estáis
secos”, dijo, y volvió a tumbarse y cerrar los ojos, esta vez para
siempre.
Nekovidal
– nekovidal@gmail.com
ARTES
LIBRES – www.arteslibres.net
www.arteslibresdeandalucia.com
RUMORES
Pocas
palabras existen cuyo plural tenga un significado absolutamente
diferente a su singular; así, en mesa y mesas, espejo y espejos,
boca y bocas, como en otras muchas, solo es cuestión de cantidad.
Pero ¡ay, el rumor! Qué distinto el rumor del mar, amable y
delicado, a los rumores que emiten las malas lenguas.
Rumores
son esos chismes que sobre otra persona se cuentan sottovoce y
expeliendo mal aliento. Sé, mejor dicho, mi cabeza sabe que los
rumores pertenecen a los débiles, que nadie digno y capaz dedicaría
parte de su tiempo a murmurar vidas ajenas; pero mi barriga no se da
cuenta y a veces se rebela contra ellos como si de seres provechosos
se tratara.
Ninguno
de nosotros sabe las batallas que está librando la persona que
tenemos cerca, nadie lleva más zapatos que los propios, ni siente
como siente un otro los dolores y las alegrías; pero en ocasiones,
sin saberlo, algo que hacemos, tenemos o decimos genera molestia o
envidia en alguien que, en lugar de hablar y resolver, decide que la
mejor manera de solucionar su propia incomodidad emocional es
rumorear para desacreditarnos. Y lo consigue, vaya si lo consigue.
Eso sí, solo con quienes están dispuestos a prestar atención.
También
sabe mi mente -aunque mis tripas titubeen- que las habladurías no
deberían afectarnos, que quien las escucha mejor cuanto más lejos,
que el problema es del que critica y no del criticado, que, que, que…
Pero es que los rumores dejan tantos muertos por descrédito que
decididamente me decanto por la calidad y la nobleza del singular,
aunque sea pegando el oído a una caracola del mar.
06/marzo/2026
– Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
RUMORES
Hoy
sólo te quiero compartir una historia que quizás ya hayas oído
alguna vez, pero que nunca está de más recordarla.
Cuentan
que una vez llegó a una pequeña aldea un circo con un elefante.
Nadie
en aquel lugar había oído hablar ni había visto jamás a un
elefante, por lo que se generó una gran expectación.
El
animal estaba oculto en una gran carpa, y enseguida empezaron a
vender entradas para entrar a conocerlo, pero eso sí: a oscuras.
Los
distintos habitantes del pueblo fueron entrando a la carpa uno tras
otro.
El
primero tocó la trompa.
El
segundo, dio con el rabo.
El
tercero, con una oreja.
El
cuarto, con una pata.
Y
así sucesivamente.
Al
día siguiente, cuando se sentaron a comentar cómo era aquel exótico
animal que habían traído a la aldea, cada uno tenía una percepción
distinta:
Para
el que había tocado la trompa, el elefante era un ser similar a una
gruesa serpiente.
Para
el que había tocado el rabo, lo describía como una cuerda.
Para
el que había sentido la oreja, le pareció como un gran abanico.
Para
el que había topado con una pata, el elefante le parecía una gruesa
columna.
[...]
Si
vieras a estas personas desde fuera comenzar a discutir entre ellas
tratando de defender su versión de la realidad (o sea: "tener
razón"), ¿qué te parecería?
¿Tan
difícil es comprender que sólo somos capaces de percibir una
pequeña porción de la realidad en nuestra vida y en nuestro mundo?
Realmente,
es "comprensible" que para el que había percibido al
elefante como una cuerda, le resultara asbolutamente inconcebible que
le dijeran que era como una gran columna.
Pero
quizás ahí está el quid de la cuestión.
Que
algo nos resulte inconcebible, no significa que sea imposible.
Si
este texto ha resonado contigo y quieres recibir reflexiones y
anécdotas similares en tu correo, y además te interesa el ebook
gratuito "¿Por qué siempre me pasa lo mismo? 5 pistas para
cambiar la perspectiva"...
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en la web de Caminando con Sara y rellena el
formulario: https://caminandoconsara.com/
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Pocos poetas han tenido un ascenso tan meteórico como Mario Obrero. Empezó a escribir a los siete años y ahora, superados los 20, su palmarés cuenta con algunos de los galardones más prestigiosos del sector, con el Premio Nacional de Juventud y el Premio Loewe, entre otros. Ahora presenta un nuevo poemario.
En Zenda reproducimos cinco poemas de Tiempos mágicos, de Mario Obrero (La Bella Varsovia).
***
TODO TIENE TANTAS PALABRAS
tanto dice en sus arrugas
habla todo y murmulla tanto
también lo que no sabe
con tactos los labios andan su destino
el cielo y las almohadas
la raigambre meñique de los sucesos
todo parlotea en alta y baja voz
inconmensurables sus lenguas
invisibles los habitamos.
***
CRECEN LAS VERTEBRAS COMO SERRÍN EN LA DERROTA
nos dimos la mano toda sucia en cruces de caravaca
¿somos novios? si no respondes guarda el secreto
a tus seis hay otra falda pálida de encías
dios así lo quiso y tan solo de mirarnos se fundó la
dinastía obrera
luego vinimos una tras otra a depositar nuestro
pan en el sueño de los mirlos
nuestra confianza nostálgica en las izquierdas
anthós aquel que porta flores
carmina el poema y el jardín
se relevan en su canto los días como la llegada de
un diluvio
irremediable la partitura de cuantas aves auspician
volver volver volver
regresar como los lúcidos alfeizares cargados de sal
y lombrices
participio cantando en las mesas
pólvora ensimismada en sus cunas de polvo
tendederos de la inmensidad
allá donde amas de casa.
—————————————
Autor: Mario Obrero. Título: Tiempos mágicos. Editorial: La Bella Varsovia. Venta: Todostuslibros.
BIO
Mario Obrero nació en Madrid en 2003, y comenzó a escribir a los siete años. Ha publicado los libros Carpintería de armónicos (XIV Premio de Poesía Joven Félix Grande; Universidad Popular José Hierro, 2018), Ese ruido ya pájaro (Ediciones Entricíclopes, 2019), Peachtree City (XXXIII Premio Loewe a la Creación Joven; Visor, 2021), Cerezas sobre la muerte (La Bella Varsovia, 2022; Premio Nacional de Juventud 2023 en la categoría de cultura) y Tiempos mágicos (La Bella Varsovia, 2024). Cursó Bachillerato de Humanidades en el instituto público La Senda, de Getafe. Presentó las dos primeras temporadas del programa literario Un país para leerlo, emitido en La 2, y colabora habitualmente con RNE.
https://www.zendalibros.com/2-poemas-de-tiempos-magicos-de-mario-obrero/
TEMAS TERTULIA 13-3-2026
REALIDAD
SOMBRAS
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEXTOS TERTULIA 6-3-2026
CLAVELES
RUMORES
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Colaboración gráfica: Victoria Blanco.
CLAVELES
HOY ESTÁIS SECOS
Ramiro era un “tumbao” por voluntad propia, un hombre que, ya cansado, había decidido que se tumbaba, en la cama si la había, y que de ahí no le movía nadie, un fenómeno muy curioso que se ha dado en varias culturas.
La familia, en casos como el de Ramiro, podía decidir si cuidarle o no, con todo lo que conllevaba, y casi siempre era sí.
Ramiro, harto de la vida y agotado por la misma, había decidido renunciar, después de tantas eternas jornadas de sol a sol en el campo, de sueños de cuero y mil noches de hambre. Creía tener, y sin duda tenía, derecho a tal renuncia.
En la cama sobre la que cayó, quedó, y fue su hermana Berta la que cargó sobre sí la responsabilidad de mantenerle con vida, tal vez como pago por aquellas veces, tantas, en que él le había regalado parte del pan negro de centeno con que consolaban el hambre durante la infancia.
En el entorno de Ramiro sólo hubo, durante años que llegaron a ser lustros, sólo un ser vivo además de su hermana: una maceta con claveles al lado de su mesilla, a la que saludaba cada mañana y con la que hablaba en silencio más a menudo de lo que hubiera recomendado cualquier psicólogo.
Pasó el tiempo, que fue convirtiendo a Ramiro y Berta en ancianos, llenando ella su vacío con el vacío de la televisión y enclaustrado él en un mundo en el que, al fin, tenía tiempo para convertirlo en su tiempo, “tiempo para cavilar”, como le gustaba decirse a si mismo.
Una mañana, tras esperar más de una semana la comida que ya nunca llegaría, Ramiro se incorporó en la cama para observar, al otro lado del pasillo, el cuerpo inerte de su hermana, que yacía allí desde hacía días, víctima de un infarto. Volvió lentamente la vista hacia la maceta de claveles, también agonizantes por falta de riego, y no pudo contener el llanto, un llanto amargo y prolongado, que consiguió arrancar de su cuerpo el poco agua que aún contenía. Se miró las manos, aún callosas a pesar de los años de inactividad, y vio como las lágrimas se escurrían por su rostro y se acumulaban en el cuenco de sus palmas.
Lloró hasta secar su cuerpo, hasta purgar el último dolor, la última pena de cuantas había arrastrado en su vida, lloró por su hermana, por todas y cada una de las personas que habían compartido con él parte de sus vidas, lloró por la miseria implacable que convierte tantas vidas en miseria tan sólo.
Sintió, al fin, un enorme alivio que hizo desaparecer hasta la sensación de hambre, volvió su vista nuevamente hacia la maceta de claveles, observó el diminuto charco que sus lágrimas habían formado en sus manos, y regó con él la reseca tierra de la maceta. “Hoy estáis secos”, dijo, y volvió a tumbarse y cerrar los ojos, esta vez para siempre.
Nekovidal – nekovidal@gmail.com
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RUMORES
Pocas palabras existen cuyo plural tenga un significado absolutamente diferente a su singular; así, en mesa y mesas, espejo y espejos, boca y bocas, como en otras muchas, solo es cuestión de cantidad. Pero ¡ay, el rumor! Qué distinto el rumor del mar, amable y delicado, a los rumores que emiten las malas lenguas.
Rumores son esos chismes que sobre otra persona se cuentan sottovoce y expeliendo mal aliento. Sé, mejor dicho, mi cabeza sabe que los rumores pertenecen a los débiles, que nadie digno y capaz dedicaría parte de su tiempo a murmurar vidas ajenas; pero mi barriga no se da cuenta y a veces se rebela contra ellos como si de seres provechosos se tratara.
Ninguno de nosotros sabe las batallas que está librando la persona que tenemos cerca, nadie lleva más zapatos que los propios, ni siente como siente un otro los dolores y las alegrías; pero en ocasiones, sin saberlo, algo que hacemos, tenemos o decimos genera molestia o envidia en alguien que, en lugar de hablar y resolver, decide que la mejor manera de solucionar su propia incomodidad emocional es rumorear para desacreditarnos. Y lo consigue, vaya si lo consigue. Eso sí, solo con quienes están dispuestos a prestar atención.
También sabe mi mente -aunque mis tripas titubeen- que las habladurías no deberían afectarnos, que quien las escucha mejor cuanto más lejos, que el problema es del que critica y no del criticado, que, que, que… Pero es que los rumores dejan tantos muertos por descrédito que decididamente me decanto por la calidad y la nobleza del singular, aunque sea pegando el oído a una caracola del mar.
06/marzo/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
RUMORES
Hoy sólo te quiero compartir una historia que quizás ya hayas oído alguna vez, pero que nunca está de más recordarla.
Cuentan que una vez llegó a una pequeña aldea un circo con un elefante.
Nadie en aquel lugar había oído hablar ni había visto jamás a un elefante, por lo que se generó una gran expectación.
El animal estaba oculto en una gran carpa, y enseguida empezaron a vender entradas para entrar a conocerlo, pero eso sí: a oscuras.
Los distintos habitantes del pueblo fueron entrando a la carpa uno tras otro.
El primero tocó la trompa.
El segundo, dio con el rabo.
El tercero, con una oreja.
El cuarto, con una pata.
Y así sucesivamente.
Al día siguiente, cuando se sentaron a comentar cómo era aquel exótico animal que habían traído a la aldea, cada uno tenía una percepción distinta:
Para el que había tocado la trompa, el elefante era un ser similar a una gruesa serpiente.
Para el que había tocado el rabo, lo describía como una cuerda.
Para el que había sentido la oreja, le pareció como un gran abanico.
Para el que había topado con una pata, el elefante le parecía una gruesa columna.
[...]
Si vieras a estas personas desde fuera comenzar a discutir entre ellas tratando de defender su versión de la realidad (o sea: "tener razón"), ¿qué te parecería?
¿Tan difícil es comprender que sólo somos capaces de percibir una pequeña porción de la realidad en nuestra vida y en nuestro mundo?
Realmente, es "comprensible" que para el que había percibido al elefante como una cuerda, le resultara asbolutamente inconcebible que le dijeran que era como una gran columna.
Pero quizás ahí está el quid de la cuestión.
Que algo nos resulte inconcebible, no significa que sea imposible.
Si
este texto ha resonado contigo y quieres recibir reflexiones y
anécdotas similares en tu correo, y además te interesa el ebook
gratuito "¿Por qué siempre me pasa lo mismo? 5 pistas para
cambiar la perspectiva"...
Entra
en la web de Caminando con Sara y rellena el
formulario: https://caminandoconsara.com/
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Las neuronas que "apagan" el miedo: el camino para tratar el trauma
Un
nuevo hallazgo en neurociencia identifica un circuito cerebral capaz
de facilitar la extinción del miedo aprendido
El
trauma no se mantiene porque el cerebro recuerde demasiado, sino
porque no consigue actualizar la señal de peligro cuando la amenaza
ya ha desaparecido. Un reciente estudio ha identificado un grupo
concreto de neuronas implicadas en este proceso de “desaprender el
miedo”. Comprender cómo funciona este mecanismo abre una vía
prometedora para mejorar los tratamientos del estrés postraumático
y otros trastornos de ansiedad, y para entender por qué a veces el
miedo persiste incluso cuando la razón nos dice que estamos a
salvo.
Pol
Bertran
Un
nuevo hallazgo en neurociencia identifica un circuito cerebral capaz
de facilitar la extinción del miedo aprendido
El trauma no se mantiene porque el cerebro recuerde demasiado, sino porque no consigue actualizar la señal de peligro cuando la amenaza ya ha desaparecido. Un reciente estudio ha identificado un grupo concreto de neuronas implicadas en este proceso de “desaprender el miedo”. Comprender cómo funciona este mecanismo abre una vía prometedora para mejorar los tratamientos del estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad, y para entender por qué a veces el miedo persiste incluso cuando la razón nos dice que estamos a salvo.
Pol Bertran
Las neuronas que enseñan al cerebro a olvidar el miedo
Durante
décadas, el tratamiento del trauma psicológico ha girado
en torno a una idea aparentemente simple: ayudar al cerebro
a recordar sin miedo aquello que antes era insoportable
recordar. Terapias como la exposición funcionan
precisamente así: reintroducen de forma segura un estímulo
asociado al trauma hasta que el sistema nervioso aprende
que ya no representa una amenaza.
Ahora,
un nuevo estudio en
neurociencia ha identificado un circuito neuronal concreto
que parece desempeñar un papel clave en este proceso. No
se trata exactamente de “borrar recuerdos traumáticos”,
algo que la ciencia aún está lejos de conseguir, sino de
algo mucho más interesante: las neuronas que permiten
desaprender el miedo asociado a esos recuerdos.
Este
hallazgo abre una puerta importante para comprender mejor
trastornos como el estrés postraumático (PTSD), donde el
problema no es que el cerebro recuerde demasiado… sino
que no consigue actualizar ese recuerdo cuando el peligro
ya ha desaparecido.
|
El
problema del miedo que no se apaga
El
miedo es una herramienta evolutiva extraordinariamente
eficaz. Si un ser humano primitivo sobrevivía a un ataque
de un depredador cerca de un río, recordar ese lugar como
peligroso aumentaba enormemente sus probabilidades de
seguir con vida. El cerebro está diseñado precisamente
para eso: asociar estímulos con amenazas y reaccionar
rápidamente en el futuro.
El
problema aparece cuando ese mecanismo se vuelve demasiado
rígido. En el trastorno por estrés postraumático, por
ejemplo, un estímulo neutro (un sonido, un lugar, un olor)
puede activar una respuesta de alarma intensa mucho tiempo
después de que el peligro haya desaparecido. La
memoria del evento traumático sigue ahí, pero lo que
falla es la capacidad del cerebro para recalibrar la señal
de amenaza.
Desde
el punto de vista neurológico, este proceso se conoce como
extinción del miedo. No implica borrar el recuerdo, sino
superponer una nueva información: que aquello que antes
fue peligroso ya no lo es. Es un aprendizaje nuevo que
compite con el anterior. Por eso las terapias basadas en
exposición, utilizadas en fobias y PTSD, consisten en
enfrentarse repetidamente al estímulo temido en un entorno
seguro. Con el tiempo, el cerebro aprende que puede
relajarse. El nuevo estudio se centra precisamente en
entender qué neuronas hacen posible ese proceso.
|
Un
circuito cerebral clave para desaprender el miedo
Los
investigadores se fijaron en una región del cerebro
llamada bed nucleus of the stria terminalis (BNST), una
estructura profundamente implicada en la regulación de la
ansiedad sostenida. Dentro de esta zona, observaron un
grupo específico de neuronas que producen una molécula
conocida como CRF (corticotropin-releasing factor),
relacionada con la respuesta al estrés.
Lo
interesante es cómo estas neuronas interactúan con el
sistema de serotonina, uno de los principales sistemas
neuroquímicos implicados en la regulación
emocional. Muchos tratamientos farmacológicos
para la ansiedad y el PTSD, como los conocidos inhibidores
selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), actúan
precisamente sobre este sistema.
Sin
embargo, estos fármacos tienen un efecto curioso: durante
las primeras semanas de tratamiento, muchas personas
experimentan un aumento temporal de la ansiedad. Durante
años se ha intentado entender por qué ocurre esto.
La
investigación sugiere que uno de los responsables podría
ser un tipo concreto de receptor serotoninérgico llamado
5-HT2C. Estos receptores, presentes en la región
BNST, parecen influir directamente en cómo el cerebro
procesa y extingue el miedo aprendido.
Para
estudiar el fenómeno, los científicos utilizaron ratones
modificados genéticamente que carecían de este receptor.
Los resultados fueron llamativos: estos animales mostraban
una mayor facilidad para extinguir el miedo, aunque
aprendían el miedo inicial de forma normal. Es decir, el
problema no estaba en aprender que algo era peligroso, sino
en lo fácil que era desaprenderlo.
|
Encender
y apagar neuronas para borrar el miedo
Para
profundizar más en el mecanismo, los investigadores
utilizaron una técnica llamada quimiogenética, que
permite activar o desactivar grupos específicos de
neuronas mediante moléculas diseñadas para ese propósito.
Cuando
activaban las neuronas CRF del BNST en ratones normales, el
proceso de extinción del miedo se volvía más eficaz. Por
el contrario, cuando desactivaban esas neuronas en los
ratones modificados genéticamente, la capacidad para
desaprender el miedo se deterioraba.
En
otras palabras, los científicos consiguieron modular el
proceso de extinción del miedo en ambas
direccionessimplemente controlando la actividad de este
pequeño grupo de neuronas. Esto es importante
porque demuestra algo fundamental: la extinción del miedo
no es un proceso difuso en el cerebro, sino que depende de
circuitos específicos que pueden ser identificados y
potencialmente modulados.
|
Qué
significa esto para el tratamiento del trauma
Aunque
estos experimentos se han realizado en modelos animales, el
hallazgo ofrece pistas prometedoras para el futuro del
tratamiento del PTSD y otros trastornos relacionados con la
ansiedad.
Hoy
en día, el tratamiento suele combinar dos herramientas
principales: psicoterapia (especialmente terapias basadas
en exposición) y farmacoterapia, en particular fármacos
que modulan la serotonina. Sin embargo, estos
tratamientos no siempre funcionan igual para todos los
pacientes, y muchas personas continúan experimentando
síntomas incluso después de años de intervención.
Comprender
qué circuitos neuronales permiten que el cerebro actualice
la señal de peligro podría ayudar a diseñar terapias más
precisas. En el futuro, por ejemplo, podrían desarrollarse
fármacos que modulen específicamente estos receptores
serotoninérgicos o la actividad de estas neuronas durante
el proceso terapéutico.
También
abre la puerta a estrategias combinadas. Si sabemos
qué circuitos facilitan la extinción del miedo, podríamos
intentar potenciar su actividad justo cuando una persona
está realizando terapia de exposición, aumentando así la
eficacia del tratamiento. Este enfoque encaja con
una tendencia creciente en neurociencia clínica: pasar de
tratamientos generales a intervenciones más dirigidas a
circuitos concretos del cerebro.
|
El
cerebro no borra el trauma, pero puede reescribir el miedo
Uno
de los aspectos más interesantes de esta investigación es
que refuerza una idea que los psicólogos llevan años
defendiendo: el cerebro humano es profundamente plástico.
Los recuerdos traumáticos no desaparecen. Pero el
significado emocional que el cerebro les atribuye puede
cambiar. El miedo no es un interruptor permanente,
sino un aprendizaje que puede ser modificado.
Cuando
una persona supera una fobia o consigue convivir con un
recuerdo traumático sin que este domine su vida, no ha
borrado el pasado. Lo que ha hecho es construir una nueva
red de asociaciones neuronales que compiten con la memoria
original.
El
descubrimiento de estos circuitos cerebrales implicados en
la extinción del miedo nos recuerda algo importante:
incluso en los trastornos más devastadores, el cerebro
conserva una capacidad sorprendente para adaptarse. Y
quizá el futuro de la psicología clínica pase
precisamente por eso: aprender a ayudar al cerebro a
recordar sin volver a sentir el mismo miedo.
|
|||||||

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