VOCES entre VOCES
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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.
3 poemas de Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca
Poeta en Nueva York fue el resultado de la primera visita al extranjero de Lorca: una estancia que el granadino describió como «una de las experiencias más útiles de mi vida» y que, sin lugar a dudas, se convirtió en su verdadero descubrimiento de la modernidad.
En Zenda reproducimos tres piezas de Poeta en Nueva York (Navona).
***
NORMA Y PARAÍSO DE LOS NEGROS
Odian
la sombra del pájaro
sobre el pleamar de la blanca mejilla
y
el conflicto de luz y viento
en el salón de la nieve fría.
Odian
la flecha sin cuerpo,
el pañuelo exacto de la despedida,
la
aguja que mantiene presión y rosa
en el gramíneo rubor de la
sonrisa.
Aman
el azul desierto,
las vacilantes expresiones bovinas,
la
mentirosa luna de los polos,
la danza curva del agua en la orilla.
Con
la ciencia del tronco y del rastro
llenan de nervios luminosos la
arcilla
y patinan lúbricos por aguas y arenas
gustando la
amarga frescura de su milenaria saliva.
Es
por el azul crujiente,
azul sin un gusano ni una huella
dormida,
donde los huevos de avestruz quedan eternos
y
deambulan intactas las lluvias bailarinas.
Es
por el azul sin historia,
azul de una noche sin temor de día,
azul
donde el desnudo del viento va quebrando
los camellos sonámbulos
de las nubes vacías.
Es
allí donde sueñan los torsos bajo la gula de la hierba.
Allí
los corales empapan la desesperación de la tinta,
los durmientes
borran sus perfiles bajo la madeja de los caracoles
y queda el
hueco de la danza sobre las últimas cenizas.
***
CIUDAD SIN SUEÑO
(Nocturno del Brooklyn Bridge)
No
duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las
criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las
iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye
con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble
cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No
duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay
un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres
años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño
que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de
llamar a los perros para que callase.
No
es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por
las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la
nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido ni
sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de
venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin
descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un
día
Los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas
furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los
ojos de las vacas.
Otro
día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aun
andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos
brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta!
¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y
aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención
del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y
un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes
esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la
mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un
violento escalofrío azul.
No
duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero
si alguien cierra los ojos
¡azotadlo!, hijos míos,
¡azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas
encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo
he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche
exceso de musgo en las sienes
abrid los escotillones para que vea
bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los
teatros.
***
GRITO HACIA ROMA
(Desde la torre del Chrysler Building)
Manzanas
levemente heridas
por finos espadines de plata,
nubes rasgadas
por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de
fuego,
peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas
de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
y agujas
instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores
cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran
cúpula
que untan de aceite las lenguas militares,
donde un
hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón
machacado
rodeado de miles de campanillas.
Porque
ya no hay quien reparta el pan ni el vino,
ni quien cultive
hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del
reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay
más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños
que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que
hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de
lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre
que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre
las columnas
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y
llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus
teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora
el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la
parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora
que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero
al pico idiota del faisán.
Los maestros enseñan a los niños
una
luz maravillosa que viene del monte,
pero lo que llega es una
reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del
cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas
sahumadas,
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor
bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes
desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la
inundación.
El amor está en los fosos donde luchan las sierpes
del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las
gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las
almohadas.
Pero
el viejo de las manos traslúcidas
dirá: amor, amor,
amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor,
amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz,
paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá:
amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.
Mientras
tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan
las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido
de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la
muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque
le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las
cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de
nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de
gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan
desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan
las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan
nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura
desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la
Tierra
que da sus frutos para todos.
—————————————
Autor: Federico García Lorca. Título: Poeta en Nueva York. Editorial: Navona. Venta: Todos tus libros.
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TEMAS TERTULIA 27-2-2026
JUEGOS
LUZ
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEXTOS TERTULIA 20-2-2026
ESPIRAL
SALVADOS
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Colaboración gráfica: Victoria Blanco.
ESPIRAL
Como una serpentina al viento, como la misma forma de las galaxias, como un baile con la eternidad, como la sagrada forma que a todos nos lleva, arrastra y modela.
Sin excusas, sin salida, salvo un absurdo final con prisas, sin rencor, admitiendo la agridulce condena de la mortalidad con la natural sabiduría de los seres vivos a los que llamamos animales, sin perdón . . .
Aquí, todos en el espiral de la vida, todos condenados a muerte, sólo nos resta aprovechar para aprender en esta escuela tantas lecciones como podamos, cuantas más sean, más valor y dignidad le daremos al mero hecho de existir.
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ESPIRAL
Ése
que se sienta a tu lado
Que mira el mundo, tranquilo,
Que a
veces se tapa con las manos los oídos
Que se encoge de hombros en
la cama
Que sonríe, o no,
Mientras observa a su alrededor
Que
siempre va caminando contigo
Indisolublemente junto pero
separado
Que apaga las velas una vez más
Por cada año que
dejaste de cumplir
Tu
muerte
Pequeña figura que se adentra en la media infancia
Que
sigue creciendo lo que dejaste a medio hacer
Tu pequeña muerte
A
la vera de tus perennes veintidós
Un soplo de aire vivo
Por
cada día y recuerdo extinto
Tu anónima muerte
Tan tabú como
poco reconocida
Inocente como la vida misma
Incluso cuando deja
de estar aquí
Sara Vi Ta
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SALVADOS
STANISLAV PETROV, EL HOMBRE QUE SALVÓ A LA HUMANIDAD
En 1983, el búnker Serpukhov-15, era el centro de mando de la inteligencia militar soviética, el lugar desde donde se coordinaba la defensa aeroespacial rusa. Su misión era, en plena Guerra Fría, alertar de cualquier ataque, con lo que se iniciaría el proceso para contraatacar con armamento nuclear a su odiado enemigo, los Estados Unidos de América, si éste se atrevía a iniciar un ataque.
El 26 de septiembre de ese año, de repente, una sinfonía de alarmas sonoras y luminosas inundó la sala de mando del búnker: “Camarada Petrov, alerta máxima”, gritó el oficial que se encontraba ante las pantallas del radar.
Petrov dio la primera orden: “Desconecten esas alarmas”. La sala se sumió entonces en un profundo silencio, y en algunos oficiales, los más jóvenes, las primeras gotas de sudor comenzaron a brotar de sus frentes”.
La
información emitida por las máquinas, en su frío lenguaje, no
dejaba lugar a dudas: un misil balístico intercontinental
americano se había lanzado desde la base de Malmstrom (Montana,
EEUU) y en veinte minutos alcanzaría la U.R.S.S.
Todas las
miradas se dirigían, alternativamente, hacia la pantalla del radar,
en la que un minúsculo punto luminoso se desplazaba lentamente hacia
el mapa de la Unión Soviética, y hacia la cara tensa del teniente
coronel Stanislav Petrov, de cuarenta y cuatro años, que ese día
era el oficial de guardia.
Todos sabían que las órdenes eran informar inmediatamente, a fin de lanzar los misiles nucleares de respuesta, y sabían también que esa orden significaría el final de todo, de sus vidas, de la de todos sus seres queridos, de la Unión Soviética, de esa revolución en la que desde niños les habían dicho que vivían, la muerte de cientos o miles de millones de personas, el Apocalipsis, la desaparición de la Humanidad.
Petrov, con la mirada clavada en el radar, pensó, sin quererlo, en voz alta, y dijo lo que habría de repetir días después ante sus encolerizados superiores militares: “No puede ser, nunca atacarían con un sólo misil, tiene que ser un error de la computadora”.
A los pocos minutos, otras cuatro señales aparecieron sobre la pantalla, la tensión subió en la sala del búnker y hasta un joven oficial se atrevió a recordarle a Petrov las órdenes recibidas: “Debemos informar, camarada coronel”.
“Las máquinas se equivocan, respondió Petrov, esperemos unos minutos más”.
Nunca sabremos qué pasó durante esos minutos por la cabeza de Petrov: tal vez simplemente creyó que se trataba de un error de los satélites o las computadoras, como siempre mantuvo, o tal vez pensó, con ese extraño humanismo tan ruso que les hace disfrutar del canto, la amistad y el alcohol, que si habría de desaparecer media Humanidad, no había razón para destruir a la otra mitad, sólo por la decisión demencial de algún político. Lo cierto es que nunca sabremos qué pensamientos surcaron su mente durante esos minutos bajo presión.
Finalmente se descubrió que era una falsa alarma, causada por una rara conjunción astronómica entre la red de satélites rusos, la Tierra y el Sol, coincidiendo con el equinocio de otoño.
Este incidente, llamado precisamente así, el Incidente del Equinocio de Otoño, avergonzó a los altos cargos soviéticos, que vieron poner en entredicho la base misma de la llamada Guerra Fría, el miedo mutuo a una mutua destrucción total. Consideraron que el teniente coronel Petrov se equivocó en su decisión, a pesar de haberles salvado la vida a ellos y al resto de la Humanidad, por lo que le castigaron y ocultaron el incidente, hasta ese punto puede llegar la estupidez de la muy mal llamada inteligencia militar.
Cuando le preguntaron porqué no había dado la alarma y la orden de contraataque, Petrov, simplemente contestó: “La gente no empieza una guerra nuclear con sólo cinco misiles“.
Hoy Stanislav Petrov, de 71 años, sobrevive solo, con una pequeña pensión, en un diminuto apartamento en Friasino, a 40 km de Moscú, y no ha habido en toda la Humanidad una sola persona o asociación que haya sabido agradecer y recompensar su actitud lógica y humanista a la vez, su sangre fría, gracias a la cual nuestra especie, y tantas otras formas de vida, siguen habitando este planeta.
El premio Nobel de la Paz, que nunca hubiera sido más justamente adjudicado de habérsele concedido al ciudadano Petrov, sigue reservados para otros.
Ese 26 de septiembre de 1983, como tantas veces había sucedido antes, y como tantas otras volverá a suceder, un ser humano salvó a otro ser humano, en este caso, a todos ellos, y para hacerlo comprendió que, a veces, sólo hay un camino posible: desobedecer.
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MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Qué son las emociones y por qué son clave para tu bienestar emocional
Entender tus emociones te ayuda a regularlas y vivir con más equilibrio.
Las emociones son como radares internos que nos ofrecen información sobre las experiencias que vivimos, para que podamos responder de la manera más adaptativa posible.
La palabra emoción proviene del latín emovere, que significa “mover hacia afuera”. Y ahí está la clave: las emociones nos mueven. No están hechas para quedarse atrapadas dentro de nosotros, sino para orientarnos.
Toda emoción tiene un componente cognitivo —cómo interpretamos lo que ocurre—, pero también un componente corporal: cambios en la respiración, en el ritmo cardíaco o en la tensión muscular. El cuerpo y la mente reaccionan de forma simultánea, preparándonos a actuar.
Incluso aquellas emociones que solemos etiquetar como “negativas” nos ofrecen una oportunidad: la de elegir cómo actuar en sintonía con lo que estamos viviendo. Por eso, comprenderlas y aprender a relacionarnos con ellas es tan importante.
Por qué a veces son tan difíciles de gestionar las emociones
¿Qué pasa cuando, durante la infancia, tuvimos que aprender a reprimir ciertas emociones? ¿Qué pasa cuando nuestros cuidadores no supieron ayudarnos a regular lo que sentíamos —quizá porque tampoco aprendieron a hacerlo—? ¿Qué sucede cuando evitar sentir fue una estrategia de supervivencia que ahora se ha convertido en una coraza?
Estamos biológicamente programados para buscar sintonía emocional. Necesitamos que nuestras emociones sean vistas, nombradas y acompañadas. Cuando esto no sucede, el cuerpo aprende a adaptarse. A veces eso significa desconectarse, minimizar lo que se siente o priorizar las emociones de los demás para no perder el vínculo.
Con el paso del tiempo, todas esas emociones bloqueadas se convierten en una mochila pesada, con consecuencias acumulativas en la vida adulta. En algún momento pueden desbordarnos y expresarse en forma de ansiedad, depresión o incluso a través del cuerpo, somatizando un malestar que no tiene una causa orgánica clara.
Cómo gestionar mejor las emociones
Estamos sintiendo emociones continuamente, más o menos agradables, más o menos intensas. ¿Te has parado a reflexionar sobre ¿Cuáles son tus emociones más frecuentes?, ¿Qué tipo de situaciones suelen activarlas?, ¿Cómo te hace sentir cada persona con la que te relacionas?, o ¿Qué interpretaciones sueles darle a esas emociones?
Aprender a reflexionar sobre lo que sentimos es fundamental. Cuando la emoción está muy activa, puede resultar difícil hacerlo, porque nos sentimos desbordados o bloqueados. Por eso es importante practicar la reflexión desde la calma. Hay muchas formas de mejorar la gestión emocional. Aquí te propongo un ejercicio sencillo:
Piensa en una emoción significativa que hayas sentido recientemente y trata de nombrarla.
Cierra los ojos y trata de conectar con las sensaciones físicas que te genera (calor, frío, palpitaciones, cansancio…).
Ubica esas sensaciones en tu cuerpo: ¿dónde las sientes? ¿En el pecho, en el estómago, en las manos, en la cabeza…?
Valora la intensidad de la emoción del 1 al 10.
Si esa emoción tuviera una forma, ¿cómo sería? Permítete simbolizarla.
Pregúntale a esa figura por qué se siente así. Escúchala sin juzgar. ¿Qué te está queriendo decir? ¿De qué intenta protegerte?¿Qué necesitaría para bajar un poco el volumen?
Este ejercicio no busca eliminar la emoción, sino comprenderla e integrarla para generar un aprendizaje.
Las emociones más difíciles de gestionar
Regular las emociones no se trata de reprimir, de esconderlas debajo de la alfombra como si no pasara nada. Tampoco se trata de controlarlas, porque eso solo puede intensificarlas. Y mucho menos identificarnos completamente con ellas (“soy nervioso” en lugar de “estoy sintiendo angustia en este momento”).
A veces incluso nos sentimos culpables por experimentar determinadas emociones, lo que nos lleva a evitarlas o distraernos para no sentirlas. Sin embargo, cuanto más luchamos contra una emoción, más tiende a intensificarse y cronificarse.
Hay emociones que tienen “mala prensa” y de alguna forma tratamos de evitarlas o minimizarlas, muchas veces con la mejor de las intenciones. Sin embargo, todas las emociones cumplen una función protectora.
Tristeza
La tristeza suele aparecer ante las pérdidas —de seres queridos, tras una ruptura o al cerrar etapas vitales—, así como ante experiencias de soledad. También puede surgir cuando sentimos que nuestra vida no nos gusta, cuando lo que vivimos no está en coherencia con lo que necesitamos o deseamos. Si la escuchamos, la tristeza puede hablarnos de la necesidad de consuelo, de compañía y apoyo, o invitarnos a detenernos y mirarnos por dentro para comprender qué necesitamos cambiar o cuidar.
Ansiedad
La ansiedad suele estar relacionada con una preocupación excesiva. A veces sentimos que preocuparnos nos protege, como si eso no preparase mejor ante posibles amenazas. En realidad, esa hiperactivación mantiene la ansiedad y puede llevarnos al bloqueo, la irritabilidad o el agotamiento. Buscar calma —a través de la respiración, música agradable, el movimiento suave o el contacto con la naturaleza— es clave para desactivar esa alarma interna. También puede ser útil cuestionarnos las ideas catastrofistas, sabiendo que eso no equivale a protegernos.
Rabia
La rabia nos impulsa a defender límites y a luchar por lo que consideramos justo. Es una emoción muy importante, que puede empoderarnos. Pero si sube mucho de volumen, se genera una sensación de ira que puede llevarnos a conductas impulsivas, que luego nos harán sentir culpables. Por eso es importante detectarla a tiempo y parar, antes de actuar. Puede canalizarse de forma saludable a través del movimiento, la escritura o la expresión verbal consciente, desde la tranquilidad.
Culpa y vergüenza
La culpa y la vergüenza son emociones sociales que facilitan la convivencia y la adaptación a los grupos. Pero cuando son excesivas pueden volverse muy dañinas. En estos casos conviene preguntarse si realmente existe una responsabilidad objetiva o si estamos intentando ser lo que otros esperan para obtener aceptación y validación.
Conclusiones
Lo importante que quiero que sepas es esto: las emociones no son tus enemigas, ni siquiera las más dolorosas. Al contrario, siempre intentan ayudarte. Quieren que las identifiques, las atiendas, las valides y hagas algo con toda la información que te aportan. Las emociones pueden aprender a gestionarse, y existen enfoques terapéuticos que ayudan en este proceso. Dejarte ayudar no es un signo de debilidad, sino un acto de autocuidado y valentía.
Referencias bibliográficas
González Vázquez, A. B. (2019).EMDR y Procesamiento emocional: trabajando con pacientes con desregulación grave. Autor-edit.
Hernández Pacheco, M. (2020). Apego, disociación y trauma. Desclée de Brouwer.
van der Kolk, B. A. (2015). El cuerpo nunca miente: el cerebro, la mente y el cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria.
Marisa Grueso López. (2026, febrero 16). Qué son las emociones y por qué son clave para tu bienestar emocional. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/psicologia/que-son-emociones-y-por-que-son-clave-para-bienestar-emocional

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