VOCES entre VOCES
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PARA ENVIAR TEXTOS O PROPONER TEMAS:
LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.
1 poema de Al 2040, de Jorie Graham
Este
poemario empieza con una pregunta puntuada como si de una
afirmación se tratara: «Estamos / acaso ya extinguidos. De quién
es / el mapa». Sus poemas son cantados por alguien que está
escribiendo esos mismos versos mientras mira por la ventana de una
sala de radioterapia.
En
Zenda reproducimos un poema de Al
2040 (La
Bella Varsovia), de Jorie
Graham.
***
ESTAMOS
acaso
ya extinguidos. De quién es
el mapa. ¿Puedo
mirarlo? Dónde
está mi
demanda. ¿Es mi historia
verificable?
¿He
incluido el recuerdo
de los animales? Los recuerdos
de
los animales. ¿Están
todavía
aquí? ¿Estamos
solos?
Mira,
los filamentos
aparecen. De recuerdos. ¿De quién?
Cómo
era
la
tierra. ¿Se movía
a través de nosotros? Algo dice sin
parar:
¿estás ahí?
¿son reales tus
ancestros, tienes
un
cuerpo, te tienes
a ti misma en
mente, puedes ver tus
manos?—¿lo
has roto,
el hilo?—trata de sentir la
tensión del otro
extremo—
dice que te asegures
de
que ambos extremos estén
vivos cuando tires para
intentar
reentrar
aquí. Un cuervo
ha
llegado mientras
escribo todo
esto. In-
corpórame,
grazna.
Se acerca
dando brincos por el muro
de piedra. ¿Recuerdas
la
desesperación, cómo
se
acerca?, dice. Lo
miro.
No tengas
prisa, digo, pero
está picoteando
la piedra en
todas
partes.
Su plumaje es
sol. Me mira con
cautela porque
estoy inmóvil
y
anhelante.
Ve mi
soledad.
Comienzan
las cigarras. ¿Es esto un encuentro
real?, pregunto.
De los de
antes. De cuando había
cuervos.
No,
dice la luz. Casi
no estás aquí. El
cuervo se fue
hace
mucho. Ahora está
viajando por su hilo, su
senda de cielo,
para siempre, él sabe
la corriente que atraviesa las
cigarras,
que no puedes oír
pero que
ya te cercan. Pero, ¿no
está
aquí?, pregunto, buscando
en
mis estrofas.
¿No llegó hasta mí
al adentrarse? ¿No
entró
aquí
en
la estrofa ocho?—y adónde
se
va ahora
que vuelve a irse, ahora
que te digo que el cuervo es
dorado,
ahora que te digo echó a volar y
se
fue, y se fue.
—————————————
Autora: Jorie
Graham. Título: Al
2024. Traducción: Rubén
Martín. Editorial: La
Bella Varsovia. Venta: Todos
tus libros.
BIO
Jorie
Graham (Nueva
York, 1950) es probablemente la poeta más importante de la poesía
norteamericana actual. Heredera de la tradición naturalista que va
de Walt Whitman a A. R. Ammons, es autora de libros tan importantes
como Rompiente o Deprisa,
y ha sido reconocida con el Premio Wallace Stevens, el Forward a la
Mejor Colección de Poesía o el Morton Dauwen Zabel, entre otros. En
1996 ganó el Pulitzer de Poesía con The
Dream of the Unified Field.
Fue presidenta de la Academia Estadounidense de poetas de 1997 a
2003, y actualmente es profesora de Retórica y Oratoria en la
Universidad de Harvard.

Jorie
Graham. Foto: Jeannette Montgomery Barron.
https://www.zendalibros.com/1-poema-de-al-2040-de-jorie-graham/
TEMAS
TERTULIA 24-4-2026
DILEMAS
QUIJOTES
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEMAS
TERTULIA 17-4-2026
NOTICIAS
COSAS
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Colaboración
gráfica: Victoria Blanco.
NOTICIAS
“Una
verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad
emocionante”. (Aldous Huxley)
Sería
la última portada del último periódico, un titular de despedida.
La orden había llegado de arriba y no había vuelta atrás: era
imposible competir con la prensa digital, sólo los diarios de
grandes tiradas, sostenidos por multinacionales de oscuros intereses,
se mantenían en la calle, los demás habrían de digitalizarse o
desaparecer.
En
veintitrés años, nadie había cuestionado su libertad para
escribir, sólo se le había exigido una ética que nunca fue
necesario recordar a nadie de la plantilla. Guardaba por ello un
hondo aprecio hacia Benítez, uno de los pocos hombres que aún creía
en la libertad de prensa, el mismo que le acogió en el periódico
cuando era un novato recién salido de la facultad, un joven entre
tantos, otro que creía saberlo todo sin haber vivido nada. Lo que
más apreció de él fue que supo confiar en que ese joven llegaría
a ser un buen periodista. Aquello que en su momento pareció lejano e
imposible se transformó en realidad y se sentía orgulloso de no
haberle defraudado.
La
última portada . . . sabía que tenía total libertad para hacerla,
sabía que incluso aunque escribiera: “A LA MIERDA TODO” se
publicaría.
Empezó
a hacer memoria de los miles de titulares que había tenido que
elegir, de los cientos de miles de noticias que habían pasado por
sus manos, hasta que recordó la frase de Huxley, aquella en que
afirmaba que una verdad sin interés puede ser eclipsada por una
mentira emocionante. Comprendió por un instante el triste estado
evolutivo de su especie, pero ya no caía en el error, como años
atrás, de hundirse en el desánimo, también guardaba muchos
recuerdos de la grandeza humana.
Girando
en torno a la frase pensó: ¿cuál es la verdad más diáfana, más
absoluta, más evidente y que, sin embargo, pueda resultar sin
interés?, ¿y cuál es la afirmación que la mayoría consideraría
una mentira, pero una mentira emocionante?
Echó
un vistazo a la botella de güisqui que Benítez, con lágrimas en
los ojos, le había entregado, a modo de despedida, el día anterior,
y bebió un trago corto y pausado. Entonces lo comprendió y se
asombró al descubrir la paradoja: había un titular que cumplía los
requisitos de ser al mismo tiempo una verdad sin interés y una
mentira emocionante. Lo escribió antes de que algo se lo pudiera
arrebatar de la mente, la portada, a media página, pondría:
LA
VIDA ES MARAVILLOSA
Nekovidal
– nekovidal@gmail.com
ARTES
LIBRES – www.arteslibres.net
www.arteslibresdeandalucia.com
COSAS
Hay
que ver qué cosas pasan con los pensamientos. Lo de dejar la mente
en blanco supongo que está pensado para seres superiores, a los que
tenemos que decidir qué comprar para comer, cuándo lavar el coche o
cómo llegar a tiempo a entregar un trabajo no nos resulta fácil; y
es que, además de todos esos trajines relativos a la supervivencia
existe un número infinito de ideas revoloteando por dentro, o por
fuera, porque a ciencia cierta no sé dónde se esconden las muy
ladinas.
A
mí se me aparecen en un totum
revolutum. Junto a la
imagen de mi maestra de primaria -se llamaba Sole-, se cuela la del
primer frigorífico que compraron en casa, aunque entonces se decía
nevera, marca Edesa; se monta encima la de la noche de verano que se
incendió una moto frente a casa y nos dio la madrugada esperando a
que se apagara, hora a la que llegó mi hermano de tomar unas copas
y, claro, fue la comidilla del vecindario unos días…
Me
pongo a preparar la comida, un cuchillo cae al suelo, me viene a la
mente mi abuela materna y el sabor del besugo que preparaba en
Navidad y la fiestuqui
que se organizaba en casa, aparece el rostro de mi novio de juventud
-quizás haya sido el único- y me acuerdo de la casa que compré
allá por los ochenta y la de vivencias que me regaló… Levanto el
cuchillo del suelo con las manos llenas de nostalgia, lo echo al
fregadero y sigo preparando el almuerzo; he quedado para ir al cine a
ver la nueva de Carmen Maura.
Camino
al cine me viene a la cabeza la tarde que conduciendo mi 600, al dar
la vuelta desde Velázquez a Ortega y Gasset -apunto que embelesada
con el hombre que iba de copiloto y que me gustaba a rabiar- no me di
cuenta del doble sentido de la calzada y ¡zas! golpe que te crio; me
supo mal que él presenciara ese despiste.
Aunque
algo lenta, la película me atrapa. Uno de los temas me cala y me
arrastra a pensamientos poco gratos: miradas infames, frases
lapidarias dichas con mala intención, abusos de diversos tipos,
desprecios, actitudes manipuladoras, incluso asoman besos
deshonestos, esos besos horribles que dejan estigmas en el alma.
Hace
tiempo que aprendí a desenfocar la atención de lo que me roba la
vida y algunas memorias me la robaron durante años; no las puedo
borrar, claro, pero sí bajar el volumen de sus voces. Y es que,
cuando aparecen, me lanzan a la parte menos agradable de mi hogar de
infancia, a sus escaleras, al olor de la placa de carbón, a tristes
celebraciones de cumpleaños, al turrón de fresa y los nevaditos con
sabor a lágrimas, a bodas familiares plagadas de dolor… Así que
doy un salto y me planto en el primer beso, después vuelvo a la
pantalla.
Proyectan
ahora imágenes de ternura, solidaridad y humanidad en su estado más
legítimo y me voy de viaje a los fuegos de campamento, al candor de
la juventud, al amor pasional de los treinta, a los países que he
conocido, a las noches de salsa y amoríos, a amistades queridas y
recordadas… y como ve que me gusta eso de felicidad, decide también
futurizar un posible magnífico mañana que llegará o no, pero
vivido queda en la sala. Es la número siete; no es la primera vez
que ocurre magia en ella.
¡Qué
cosas! ¿Verdad? Después de tantas décadas cumplidas, con más años
a la espalda que los que tengo por delante, verme aún en el trabajo
de poner coto a los recuerdos para que antiguas vivencias no alteren
mi paz y dejen espacio a la construcción de lo que la imaginación y
la pasión van teniendo a bien irme dictando.
¡Qué
cosas!
18/abril/2026
– Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
COSAS
Vuelve,
no sabemos de dónde, más individual y menos dividida que nunca.
Busca en ollas negras la bicicleta que una vez fue refugio, aunque de
eso haga ya mucho; lo suficiente como para que la herida haya dejado
ya de doler, de sangrar, de escocer; ni siquiera de recordar.
Re-cordis,
vuelta al corazón, que sigue bombeando con la misma fuerza o más,
aunque le queden menos latidos.
Como
los corales, colonias de colonias, nos miran desde fuera y… ¿y?
¿Dónde está la belleza? En el ojo que mira, por supuesto. O no: en
el ojo que ve. El ojo que sabe ver.
Hablaron
hace años de las fibras de un corazón hipotecado, cuando aún no
había empezado a pagar la primera cuota. La primera mensualidad. La
primera letra de una palabra que se convirtió en cuento, en novela,
en reflejo de las memorias de las mil vidas no vividas y a la vez…
de las únicas incrustadas en su piel.
Sara
Vi Ta
Este poemario empieza con una pregunta puntuada como si de una afirmación se tratara: «Estamos / acaso ya extinguidos. De quién es / el mapa». Sus poemas son cantados por alguien que está escribiendo esos mismos versos mientras mira por la ventana de una sala de radioterapia.
En Zenda reproducimos un poema de Al 2040 (La Bella Varsovia), de Jorie Graham.
***
ESTAMOS
acaso
ya extinguidos. De quién es
el mapa. ¿Puedo
mirarlo? Dónde
está mi
demanda. ¿Es mi historia
verificable?
¿He
incluido el recuerdo
de los animales? Los recuerdos
de
los animales. ¿Están
todavía aquí? ¿Estamos
solos?
Mira,
los filamentos
aparecen. De recuerdos. ¿De quién?
Cómo
era
la
tierra. ¿Se movía
a través de nosotros? Algo dice sin
parar:
¿estás ahí?
¿son reales tus
ancestros, tienes
un
cuerpo, te tienes
a ti misma en
mente, puedes ver tus
manos?—¿lo
has roto,
el hilo?—trata de sentir la
tensión del otro
extremo—
dice que te asegures
de
que ambos extremos estén
vivos cuando tires para
intentar
reentrar
aquí. Un cuervo
ha
llegado mientras
escribo todo
esto. In-
corpórame,
grazna.
Se acerca
dando brincos por el muro
de piedra. ¿Recuerdas
la
desesperación, cómo
se acerca?, dice. Lo
miro.
No tengas
prisa, digo, pero
está picoteando
la piedra en
todas
partes.
Su plumaje es
sol. Me mira con
cautela porque
estoy inmóvil
y
anhelante. Ve mi
soledad.
Comienzan
las cigarras. ¿Es esto un encuentro
real?, pregunto.
De los de
antes. De cuando había
cuervos.
No,
dice la luz. Casi
no estás aquí. El
cuervo se fue
hace
mucho. Ahora está
viajando por su hilo, su
senda de cielo,
para siempre, él sabe
la corriente que atraviesa las
cigarras,
que no puedes oír
pero que
ya te cercan. Pero, ¿no
está
aquí?, pregunto, buscando
en
mis estrofas.
¿No llegó hasta mí
al adentrarse? ¿No
entró
aquí
en la estrofa ocho?—y adónde
se
va ahora
que vuelve a irse, ahora
que te digo que el cuervo es
dorado,
ahora que te digo echó a volar y
se fue, y se fue.
—————————————
Autora: Jorie Graham. Título: Al 2024. Traducción: Rubén Martín. Editorial: La Bella Varsovia. Venta: Todos tus libros.
BIO
Jorie Graham (Nueva York, 1950) es probablemente la poeta más importante de la poesía norteamericana actual. Heredera de la tradición naturalista que va de Walt Whitman a A. R. Ammons, es autora de libros tan importantes como Rompiente o Deprisa, y ha sido reconocida con el Premio Wallace Stevens, el Forward a la Mejor Colección de Poesía o el Morton Dauwen Zabel, entre otros. En 1996 ganó el Pulitzer de Poesía con The Dream of the Unified Field. Fue presidenta de la Academia Estadounidense de poetas de 1997 a 2003, y actualmente es profesora de Retórica y Oratoria en la Universidad de Harvard.

Jorie Graham. Foto: Jeannette Montgomery Barron.
https://www.zendalibros.com/1-poema-de-al-2040-de-jorie-graham/
TEMAS TERTULIA 24-4-2026
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MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
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NOTICIAS
COSAS
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Colaboración gráfica: Victoria Blanco.
NOTICIAS
“Una
verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad
emocionante”. (Aldous Huxley)
Sería la última portada del último periódico, un titular de despedida. La orden había llegado de arriba y no había vuelta atrás: era imposible competir con la prensa digital, sólo los diarios de grandes tiradas, sostenidos por multinacionales de oscuros intereses, se mantenían en la calle, los demás habrían de digitalizarse o desaparecer.
En veintitrés años, nadie había cuestionado su libertad para escribir, sólo se le había exigido una ética que nunca fue necesario recordar a nadie de la plantilla. Guardaba por ello un hondo aprecio hacia Benítez, uno de los pocos hombres que aún creía en la libertad de prensa, el mismo que le acogió en el periódico cuando era un novato recién salido de la facultad, un joven entre tantos, otro que creía saberlo todo sin haber vivido nada. Lo que más apreció de él fue que supo confiar en que ese joven llegaría a ser un buen periodista. Aquello que en su momento pareció lejano e imposible se transformó en realidad y se sentía orgulloso de no haberle defraudado.
La última portada . . . sabía que tenía total libertad para hacerla, sabía que incluso aunque escribiera: “A LA MIERDA TODO” se publicaría.
Empezó a hacer memoria de los miles de titulares que había tenido que elegir, de los cientos de miles de noticias que habían pasado por sus manos, hasta que recordó la frase de Huxley, aquella en que afirmaba que una verdad sin interés puede ser eclipsada por una mentira emocionante. Comprendió por un instante el triste estado evolutivo de su especie, pero ya no caía en el error, como años atrás, de hundirse en el desánimo, también guardaba muchos recuerdos de la grandeza humana.
Girando en torno a la frase pensó: ¿cuál es la verdad más diáfana, más absoluta, más evidente y que, sin embargo, pueda resultar sin interés?, ¿y cuál es la afirmación que la mayoría consideraría una mentira, pero una mentira emocionante?
Echó un vistazo a la botella de güisqui que Benítez, con lágrimas en los ojos, le había entregado, a modo de despedida, el día anterior, y bebió un trago corto y pausado. Entonces lo comprendió y se asombró al descubrir la paradoja: había un titular que cumplía los requisitos de ser al mismo tiempo una verdad sin interés y una mentira emocionante. Lo escribió antes de que algo se lo pudiera arrebatar de la mente, la portada, a media página, pondría:
LA VIDA ES MARAVILLOSA
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COSAS
Hay que ver qué cosas pasan con los pensamientos. Lo de dejar la mente en blanco supongo que está pensado para seres superiores, a los que tenemos que decidir qué comprar para comer, cuándo lavar el coche o cómo llegar a tiempo a entregar un trabajo no nos resulta fácil; y es que, además de todos esos trajines relativos a la supervivencia existe un número infinito de ideas revoloteando por dentro, o por fuera, porque a ciencia cierta no sé dónde se esconden las muy ladinas.
A mí se me aparecen en un totum revolutum. Junto a la imagen de mi maestra de primaria -se llamaba Sole-, se cuela la del primer frigorífico que compraron en casa, aunque entonces se decía nevera, marca Edesa; se monta encima la de la noche de verano que se incendió una moto frente a casa y nos dio la madrugada esperando a que se apagara, hora a la que llegó mi hermano de tomar unas copas y, claro, fue la comidilla del vecindario unos días…
Me pongo a preparar la comida, un cuchillo cae al suelo, me viene a la mente mi abuela materna y el sabor del besugo que preparaba en Navidad y la fiestuqui que se organizaba en casa, aparece el rostro de mi novio de juventud -quizás haya sido el único- y me acuerdo de la casa que compré allá por los ochenta y la de vivencias que me regaló… Levanto el cuchillo del suelo con las manos llenas de nostalgia, lo echo al fregadero y sigo preparando el almuerzo; he quedado para ir al cine a ver la nueva de Carmen Maura.
Camino al cine me viene a la cabeza la tarde que conduciendo mi 600, al dar la vuelta desde Velázquez a Ortega y Gasset -apunto que embelesada con el hombre que iba de copiloto y que me gustaba a rabiar- no me di cuenta del doble sentido de la calzada y ¡zas! golpe que te crio; me supo mal que él presenciara ese despiste.
Aunque algo lenta, la película me atrapa. Uno de los temas me cala y me arrastra a pensamientos poco gratos: miradas infames, frases lapidarias dichas con mala intención, abusos de diversos tipos, desprecios, actitudes manipuladoras, incluso asoman besos deshonestos, esos besos horribles que dejan estigmas en el alma.
Hace tiempo que aprendí a desenfocar la atención de lo que me roba la vida y algunas memorias me la robaron durante años; no las puedo borrar, claro, pero sí bajar el volumen de sus voces. Y es que, cuando aparecen, me lanzan a la parte menos agradable de mi hogar de infancia, a sus escaleras, al olor de la placa de carbón, a tristes celebraciones de cumpleaños, al turrón de fresa y los nevaditos con sabor a lágrimas, a bodas familiares plagadas de dolor… Así que doy un salto y me planto en el primer beso, después vuelvo a la pantalla.
Proyectan ahora imágenes de ternura, solidaridad y humanidad en su estado más legítimo y me voy de viaje a los fuegos de campamento, al candor de la juventud, al amor pasional de los treinta, a los países que he conocido, a las noches de salsa y amoríos, a amistades queridas y recordadas… y como ve que me gusta eso de felicidad, decide también futurizar un posible magnífico mañana que llegará o no, pero vivido queda en la sala. Es la número siete; no es la primera vez que ocurre magia en ella.
¡Qué cosas! ¿Verdad? Después de tantas décadas cumplidas, con más años a la espalda que los que tengo por delante, verme aún en el trabajo de poner coto a los recuerdos para que antiguas vivencias no alteren mi paz y dejen espacio a la construcción de lo que la imaginación y la pasión van teniendo a bien irme dictando.
¡Qué cosas!
18/abril/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
COSAS
Vuelve,
no sabemos de dónde, más individual y menos dividida que nunca.
Busca en ollas negras la bicicleta que una vez fue refugio, aunque de
eso haga ya mucho; lo suficiente como para que la herida haya dejado
ya de doler, de sangrar, de escocer; ni siquiera de recordar.
Re-cordis, vuelta al corazón, que sigue bombeando con la misma fuerza o más, aunque le queden menos latidos.
Como los corales, colonias de colonias, nos miran desde fuera y… ¿y? ¿Dónde está la belleza? En el ojo que mira, por supuesto. O no: en el ojo que ve. El ojo que sabe ver.
Hablaron hace años de las fibras de un corazón hipotecado, cuando aún no había empezado a pagar la primera cuota. La primera mensualidad. La primera letra de una palabra que se convirtió en cuento, en novela, en reflejo de las memorias de las mil vidas no vividas y a la vez… de las únicas incrustadas en su piel.
Sara Vi Ta
https://iderinaweb.wordpress.com
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
La Teoría de la Objetificación: qué es y qué explica sobre la autoestima
La Teoría de la Objetificación habla sobre la percepción del físico como la identidad de la persona.
En
los últimos tiempos cada vez se pone más énfasis en evitar
objetificar el cuerpo de las mujeres y
se visualiza este fenómeno.
Sin
embargo, no todos tienen claro a qué se debe esta conducta, cuál es
el origen de esta teoría y por qué es importante de cara a las
repercusiones que dicho comportamiento puede acarrear. Con este
artículo trataremos de arrojar luz acerca de todas estas cuestiones
relativas a este fenómeno. Para ello, veremos
en qué consiste la teoría de la objetificación.
En los últimos tiempos cada vez se pone más énfasis en evitar objetificar el cuerpo de las mujeres y se visualiza este fenómeno.
Sin embargo, no todos tienen claro a qué se debe esta conducta, cuál es el origen de esta teoría y por qué es importante de cara a las repercusiones que dicho comportamiento puede acarrear. Con este artículo trataremos de arrojar luz acerca de todas estas cuestiones relativas a este fenómeno. Para ello, veremos en qué consiste la teoría de la objetificación.
¿En qué consiste la teoría de la objetificación?
La
teoría de la objetificación se refiere a una
percepción aprendida por las mujeres en mayor medida que los
hombres, en determinadas sociedades y épocas, destinada a
internalizar que, generalmente, los observadores posarán su atención
sobre su físico antes que en
ninguna otra faceta.
Este
fenómeno conduce a la llamada auto-objetificación en las mujeres,
que consiste en prestar una atención constante a su propio aspecto,
a sabiendas de ese efecto. Esta conducta puede acarrear malestar en
estas personas, que estarían sintiendo una presión mantenida en el
tiempo para mostrar siempre una imagen aceptable socialmente.
La
teoría de la objetificación nos habla de que esa
auto-observación continuada, con el consecuente malestar, puede
tener repercusiones como síntomas compatibles con la ansiedad,
sentimientos de vergüenza al saberse expuesta, observada y evaluada
por otros, y una disminución de la autoestima.
Algunos autores apuntan a que estas diferencias entre la
percepción de sí mismos entre las mujeres y los hombres, según los
criterios de la teoría de la objetificación, podrían explicar
algunas de las diferencias entre la prevalencia de algunas
psicopatologías, como son los trastornos
de la conducta alimentaria, la depresión o alteraciones de tipo
sexual.
Una
de las causas que podría estar generando dicha conexión podría
ser el situar toda o la mayor parte
de la auto-percepción en el estado corporal externo, y poco o nada
sobre el estado corporal interno, lo que
establecería un tipo de disociación sobre esa esfera de la propia
salud, pudiendo provocar una falta de consciencia sobre algunos
problemas que potencialmente podrían surgir.
La teoría de la objetificación se refiere a una percepción aprendida por las mujeres en mayor medida que los hombres, en determinadas sociedades y épocas, destinada a internalizar que, generalmente, los observadores posarán su atención sobre su físico antes que en ninguna otra faceta.
Este fenómeno conduce a la llamada auto-objetificación en las mujeres, que consiste en prestar una atención constante a su propio aspecto, a sabiendas de ese efecto. Esta conducta puede acarrear malestar en estas personas, que estarían sintiendo una presión mantenida en el tiempo para mostrar siempre una imagen aceptable socialmente.
La teoría de la objetificación nos habla de que esa auto-observación continuada, con el consecuente malestar, puede tener repercusiones como síntomas compatibles con la ansiedad, sentimientos de vergüenza al saberse expuesta, observada y evaluada por otros, y una disminución de la autoestima.
Algunos autores apuntan a que estas diferencias entre la percepción de sí mismos entre las mujeres y los hombres, según los criterios de la teoría de la objetificación, podrían explicar algunas de las diferencias entre la prevalencia de algunas psicopatologías, como son los trastornos de la conducta alimentaria, la depresión o alteraciones de tipo sexual.
Una de las causas que podría estar generando dicha conexión podría ser el situar toda o la mayor parte de la auto-percepción en el estado corporal externo, y poco o nada sobre el estado corporal interno, lo que establecería un tipo de disociación sobre esa esfera de la propia salud, pudiendo provocar una falta de consciencia sobre algunos problemas que potencialmente podrían surgir.
Historia de la teoría de la objetificación
Los
primeros estudios relacionados con lo que hoy conocemos como la
teoría de la objetificación, se realizaron en la primera mitad del
siglo pasado, cuando psicólogos y sociólogos de EEUU, como William
James o Charles Cooley, investigaron
acerca del concepto del yo del espejo.
Lo
que esta teoría afirma, en resumen, es que lo que los demás ven en
nosotros mismos, tiene un efecto directo sobre nuestra propia
auto-percepción. Este mecanismo se daría a través de tres vías.
En primer lugar, mediante la percepción que el sujeto tiene de la
forma en que las demás personas le ven.
Después,
según la forma en que esta persona considera que los otros le están
juzgando, en función de lo que han percibido. Y finalmente, por la
reacción emocional que la dirección de dicho hipotético juicio le
provoca al individuo, pudiendo ser en un sentido positivo (sintiendo
alegría, felicidad u orgullo) o bien negativo (sintiéndose
culpable, avergonzado o triste).
En
ese sentido, se observó una mayor
proporción de mujeres respecto a hombres, cuya autoestima mostraba
una dependencia de los juicios percibidos por su apariencia física,
en cuanto a su atractivo. Por el
contrario, a los hombres parecía preocuparles más su eficacia a
nivel físico. Esta supone una de las raíces de la teoría de la
objetificación.
Pero
no es la única. La psicoanalista, Karen Horney, exponente del
feminismo en una época en la que no estaba tan extendido (primera
mitad del siglo XX), ya afirmaba que la sexualización de la mujer
por parte del hombre era una especie de derecho o costumbre recogido
y aprobado por la sociedad.
Sandra
Bartky, filósofa e investigadora del feminismo, también habló en
sus estudios acerca de lo que suponía la teoría de la
objetificación. Para ella, el
objetificar o cosificar a una mujer, se refería a tomar su cuerpo o
alguna parte del mismo como un ente independiente e
instrumentalizarlo, e incluso utilizarlo como representación del
total de esa persona, de su identidad y de su valor.
Estas
aportaciones no han sido las únicas, pero sí algunas de las más
importantes que poco a poco han ido conformando lo que actualmente
conocemos como la teoría de la objetificación.
Los primeros estudios relacionados con lo que hoy conocemos como la teoría de la objetificación, se realizaron en la primera mitad del siglo pasado, cuando psicólogos y sociólogos de EEUU, como William James o Charles Cooley, investigaron acerca del concepto del yo del espejo.
Lo que esta teoría afirma, en resumen, es que lo que los demás ven en nosotros mismos, tiene un efecto directo sobre nuestra propia auto-percepción. Este mecanismo se daría a través de tres vías. En primer lugar, mediante la percepción que el sujeto tiene de la forma en que las demás personas le ven.
Después, según la forma en que esta persona considera que los otros le están juzgando, en función de lo que han percibido. Y finalmente, por la reacción emocional que la dirección de dicho hipotético juicio le provoca al individuo, pudiendo ser en un sentido positivo (sintiendo alegría, felicidad u orgullo) o bien negativo (sintiéndose culpable, avergonzado o triste).
En ese sentido, se observó una mayor proporción de mujeres respecto a hombres, cuya autoestima mostraba una dependencia de los juicios percibidos por su apariencia física, en cuanto a su atractivo. Por el contrario, a los hombres parecía preocuparles más su eficacia a nivel físico. Esta supone una de las raíces de la teoría de la objetificación.
Pero no es la única. La psicoanalista, Karen Horney, exponente del feminismo en una época en la que no estaba tan extendido (primera mitad del siglo XX), ya afirmaba que la sexualización de la mujer por parte del hombre era una especie de derecho o costumbre recogido y aprobado por la sociedad.
Sandra Bartky, filósofa e investigadora del feminismo, también habló en sus estudios acerca de lo que suponía la teoría de la objetificación. Para ella, el objetificar o cosificar a una mujer, se refería a tomar su cuerpo o alguna parte del mismo como un ente independiente e instrumentalizarlo, e incluso utilizarlo como representación del total de esa persona, de su identidad y de su valor.
Estas aportaciones no han sido las únicas, pero sí algunas de las más importantes que poco a poco han ido conformando lo que actualmente conocemos como la teoría de la objetificación.
Las consecuencias de la cosificación
Una
vez hemos explorado las afirmaciones y el recorrido histórico que
hay tras la teoría de la objetificación, es necesario ahora
profundizar más en las consecuencias que estas conductas pueden
acarrear. Ya hemos comentado que la auto-objetificación se da con
una mayor intensidad en las mujeres que en los hombres, por lo que
van a ser las mujeres las que sufran alguno de estos efectos.
Una
de estas consecuencias de la auto objetificación es la fragmentación
de la conciencia y por lo tanto la limitación
de los recursos mentales para realizar otras tareas.
En un estudio se le pidió a los participantes que, dentro de una
sala en la que solo estaban ellos y por lo tanto no eran observados
por nadie, se pusieran, bien un jersey o bien una prenda de baño.
A
continuación, debían realizar unos ejercicios de cálculo
matemático. Se observó que no había diferencias entre los hombres
que vestían una prenda u otra, pero sí que la había en las
mujeres. Aquellas con el traje de
baño, rindieron significativamente peor en la prueba.
¿Por qué? Según la teoría de la objetificación, la respuesta
sería porque su conciencia estaba anclada en el juicio por su
aspecto físico.
Pero
no es el único efecto que este fenómeno puede provocar. Otros más
generales nos hablan, como ya mencionábamos al principio, de un
sentimiento de vergüenza acerca de la propia imagen, más intenso en
aquellas personas que caen en la auto-objetificación que en aquellas
que no lo hacen. Cabe señalar que esa auto percepción, además, va
acompañada de una comparación con los cánones de belleza que
imperen en el momento.
El
disparador podrá incluso no ser la percepción de la propia persona,
sino de otras que sí que parecen encajar en dichos cánones. Por lo
tanto, aquella persona (por lo
general, mujeres, como ya hemos visto) que se perciba de una manera
diferente a lo que dicten las normas sociales de una época y una
sociedad determinada, tendrá mayor probabilidad de sentir esa
vergüenza.
A
la vergüenza podrán seguirle también una serie de síntomas de
ansiedad, debido al malestar que la situación le provoca. De esta
manera, observamos que la teoría de la objetificación señala, no
solo consecuencias físicas en la persona, sino también de tipo
físico.
También
anticipamos al inicio de este artículo, que esa auto-percepción
negativa puede derivar no solo en ansiedad, sino en secuelas
relacionadas con un trastorno de la conducta alimentaria, cuyas
repercusiones pueden ser realmente graves si esta persona no cuenta
con los recursos y la ayuda para hacer frente a la situación y poder
superar dicha psicopatología.
Una vez hemos explorado las afirmaciones y el recorrido histórico que hay tras la teoría de la objetificación, es necesario ahora profundizar más en las consecuencias que estas conductas pueden acarrear. Ya hemos comentado que la auto-objetificación se da con una mayor intensidad en las mujeres que en los hombres, por lo que van a ser las mujeres las que sufran alguno de estos efectos.
Una de estas consecuencias de la auto objetificación es la fragmentación de la conciencia y por lo tanto la limitación de los recursos mentales para realizar otras tareas. En un estudio se le pidió a los participantes que, dentro de una sala en la que solo estaban ellos y por lo tanto no eran observados por nadie, se pusieran, bien un jersey o bien una prenda de baño.
A continuación, debían realizar unos ejercicios de cálculo matemático. Se observó que no había diferencias entre los hombres que vestían una prenda u otra, pero sí que la había en las mujeres. Aquellas con el traje de baño, rindieron significativamente peor en la prueba. ¿Por qué? Según la teoría de la objetificación, la respuesta sería porque su conciencia estaba anclada en el juicio por su aspecto físico.
Pero no es el único efecto que este fenómeno puede provocar. Otros más generales nos hablan, como ya mencionábamos al principio, de un sentimiento de vergüenza acerca de la propia imagen, más intenso en aquellas personas que caen en la auto-objetificación que en aquellas que no lo hacen. Cabe señalar que esa auto percepción, además, va acompañada de una comparación con los cánones de belleza que imperen en el momento.
El disparador podrá incluso no ser la percepción de la propia persona, sino de otras que sí que parecen encajar en dichos cánones. Por lo tanto, aquella persona (por lo general, mujeres, como ya hemos visto) que se perciba de una manera diferente a lo que dicten las normas sociales de una época y una sociedad determinada, tendrá mayor probabilidad de sentir esa vergüenza.
A la vergüenza podrán seguirle también una serie de síntomas de ansiedad, debido al malestar que la situación le provoca. De esta manera, observamos que la teoría de la objetificación señala, no solo consecuencias físicas en la persona, sino también de tipo físico.
También anticipamos al inicio de este artículo, que esa auto-percepción negativa puede derivar no solo en ansiedad, sino en secuelas relacionadas con un trastorno de la conducta alimentaria, cuyas repercusiones pueden ser realmente graves si esta persona no cuenta con los recursos y la ayuda para hacer frente a la situación y poder superar dicha psicopatología.
Diferencias entre hombres y mujeres
Muchos
sectores y estudios insisten en las diferencias significativas que se
observan entre mujeres y hombres en cuanto a la teoría de la
objetificación. Esto podría reforzar la idea de las grandes
diferencias a nivel psicológico que puede haber entre ambos géneros.
Sin embargo, autores como la profesora Janet Shibley Hyde, defienden
que estas diferencias no existen o al menos son mucho menores de lo
que se ha considerado tradicionalmente.
Para
esta psicóloga, especialista en estudios sobre género, en
realidad hombres y mujeres son mucho más semejantes de lo que
algunos estamentos afirman. Es verdad
que precisamente en el asunto de la teoría de la objetificación,
así como algunos otros fenómenos muy concretos, se observan
diferencias, bien en un sentido, bien en el otro.
Pero
la realidad es que, en términos generales, son abrumadoramente más
las semejanzas que se encuentran entre las mujeres y los hombres que
los elementos discordantes que pueden utilizarse para señalar
diferencias. Por ello es interesante
dedicar esfuerzos a investigar asuntos como la teoría de la
objetificación y así lograr datos empíricos acerca del origen de
estas escasas diferencias.
Por
supuesto, el hecho de que este fenómeno tenga repercusiones
negativas sobre muchas personas (que en su mayoría son mujeres, como
parecen indicar los estudios), también debería ser un impulso para
tratar de encontrar una metodología que permita aliviar dichos
efectos.
Muchos sectores y estudios insisten en las diferencias significativas que se observan entre mujeres y hombres en cuanto a la teoría de la objetificación. Esto podría reforzar la idea de las grandes diferencias a nivel psicológico que puede haber entre ambos géneros. Sin embargo, autores como la profesora Janet Shibley Hyde, defienden que estas diferencias no existen o al menos son mucho menores de lo que se ha considerado tradicionalmente.
Para esta psicóloga, especialista en estudios sobre género, en realidad hombres y mujeres son mucho más semejantes de lo que algunos estamentos afirman. Es verdad que precisamente en el asunto de la teoría de la objetificación, así como algunos otros fenómenos muy concretos, se observan diferencias, bien en un sentido, bien en el otro.
Pero la realidad es que, en términos generales, son abrumadoramente más las semejanzas que se encuentran entre las mujeres y los hombres que los elementos discordantes que pueden utilizarse para señalar diferencias. Por ello es interesante dedicar esfuerzos a investigar asuntos como la teoría de la objetificación y así lograr datos empíricos acerca del origen de estas escasas diferencias.
Por supuesto, el hecho de que este fenómeno tenga repercusiones negativas sobre muchas personas (que en su mayoría son mujeres, como parecen indicar los estudios), también debería ser un impulso para tratar de encontrar una metodología que permita aliviar dichos efectos.
Referencias bibliográficas:
Balraj, B. (2015). Understanding objectification
theory. International Journal on Studies in English Language and
Literature.
Calogero, R.M. (2012). Objectification theory,
self-objectification, and body image. Encyclopedia of Body Image and
Human Appearance.
Fredrickson, B.L., Roberts, T.A., Noll, S.M., Quinn,
D.M., Twenge, J.M. (1998). That swimsuit becomes you: Sex
differences in self-objectification, restrained eating, and math
performance. Journal of Personality and Social Psychology.
Moradi, B., Huang, Y.P. (2008). Objectification theory
and psychology of women: A decade of advances and future directions.
Psychology of women quarterly.
O'Brien, Jodi (2010). The production of reality: Essays
and readings on Social Interaction. SAGE Publications.
Slater,
A., Tiggemann, M. (2002). A test of objectification theory in
adolescent girls. Sex Roles. Springer.
Luis
Martínez-Casasola Hernández. (2021, abril 8). La Teoría de la
Objetificación: qué es y qué explica sobre la autoestima. Portal
Psicología y Mente.
https://psicologiaymente.com/social/teoria-objetificacion
Balraj, B. (2015). Understanding objectification theory. International Journal on Studies in English Language and Literature.
Calogero, R.M. (2012). Objectification theory, self-objectification, and body image. Encyclopedia of Body Image and Human Appearance.
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Slater, A., Tiggemann, M. (2002). A test of objectification theory in adolescent girls. Sex Roles. Springer.
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