domingo, 1 de marzo de 2026

 VOCES entre VOCES

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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.


5 poemas de Los cantos rotos, de Juan José Vélez Otero

07 Feb 2026 Laura di Verso

Un niño enterrado en la arena de su pecho le pide auxilio entre sollozos. El caminante, colmado y solitario, lo escucha en silencio, buscando las palabras que puedan rescatar a los pájaros que hay debajo de la tierra. Los cantos rotos es un coro de voces sublimes, terrenales y divinas, que celebran bacanales y desdichas. Un libro conmovedor fraguado por un servidor de la poesía, por un poeta verdadero

En Zenda reproducimos cinco poemas de Los cantos rotos (Visor), de Juan José Vélez Otero.

***

CANTOS

Salen voces por todas las rendijas,
de entre todas las grietas salen voces
y se extienden por todo el universo,
florecen en las bocas y en los púlpitos.
Está toda la luz llena de voces,
de cantos terrenales y de cantos divinos,
también en el desierto suenan voces,
cantos, voces, clamor de bacanales
y cantos de desdichas, cantos fúnebres;
cantos llenos de sol y cantos rotos.

***

ÁNGELES

Tu ángel de la guarda fracasó
y Dios le echó una bronca y lo mandó a otro cielo
a purgar sus dislates con los ángeles tontos.
En el aljibe oscuro de este mundo
bebes el agua santa del Señor
y soplas gusarapos de ángeles caídos
y te limpias las lágrimas de espaldas a otros ojos
cuando te asaltan toda la tristeza
de la niñez y el tufo de los sueños
que nunca sucedieron.

***

CLEMENCIA

Han vuelto a renacer, cuando la tarde
transcurre, los recuerdos. Son contornos
de vida en las paredes, son sueños desechados,
ya fósiles del tiempo, ya leña en los crepúsculos.
Hay un mar de esqueletos y amonites
detrás de las montañas,
un océano antiguo donde agita la ausencia
sus olas en desorden, su galerna aterida,
el lubricán clemente
que alumbra con sus teas los caminos vacíos.

***

FUGA

Vivir en los espejos no es el mejor remedio
contra los estropicios de la melancolía.
Ensilla tu caballo y ordena que te abran
las puertas del jardín y de palacio.
Sal fuera, compra vino,
mira el sol cómo dora los hombros de los jóvenes,
no pienses nunca más en el Leteo,
pasea entre las flores, besa, olvida
el pavor que te asalta cuando cierras los ojos,
la incertidumbre atroz cuando los abres.

***

ECOS

La luz de la memoria es un relámpago
que nos ciega el cristal del desamparo, enciende
las murallas sitiadas de los años de entonces,
los mares de los atlas que congregan los ecos
silbantes en las grutas de los días cumplidos.
En la distancia, el vértigo y los nombres
que ya desaprendimos con la edad,
la noche contagiosa de los ciegos,
la momia de este pájaro que entona el canto sordo
del miedo a lo que queda por llegar.

—————————————

Autor: Juan José Vélez Otero. Título: Los cantos rotos. Editorial: Visor. Venta: Todos tus libros.

BIO

Juan José Vélez Otero (Sanlúcar de Barrameda, 1957), licenciado en Filología Inglesa, ha ido combinando su labor literaria con la docencia. Entre sus libros destacan Ese tren que nos lleva (Madrid, 1999); La soledad del nómada (Madrid, 2004); El sonido de la rueca (Córdoba, 2005); El solar (Madrid, 2007); Otro milagro de la primavera (Valencia, 2010); Dióxido de carbono (Granada, 2016); Pasmo (Granada, 2019) o Cuando todos soñábamos con Ornella Muti (Granada, 2022). Con los libros anteriores ha obtenido, entre otros, los premios Feria del Libro de Madrid, el Ciudad de Cáceres, Rosalía de Castro, Aljabibe de Poesía o el José de Espronceda. Como traductor ha vertido al español la obra de autores norteamericanos y británicos

https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-los-cantos-rotos-de-juan-jose-velez-otero/



TEMAS TERTULIA 6-3-2026

CLAVELES

RUMORES

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.



TEXTOS TERTULIA 27-2-2026

JUEGOS

LUZ

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

Colaboración gráfica: Victoria Blanco.


JUEGOS

JJC - Juan Jiménez Caballero

LUZ

Herméticamente cerrado estaba su corazón
Hasta que una noche, un pájaro carpintero cualquiera
Vino a tocar, rítmico e incansable
Contra una coraza que parecía más hierro que madera

Llegó el invierno; el pájaro emigró
Pero en algún momento, alguna semilla
Caída del cielo o traída por el viento
Se coló sigilosamente en esa pequeña oquedad

Y llegó marzo, y llegó abril; llegaron las lluvias de todos los años
Pero esta vez había extraviado el paraguas
Que siempre tuvo para protegerse de lo improtegible
Se dejó mojar hasta inundar lo estéril

Y asomó lo nunca visto en treinta años
Un tierno brote, más pequeño que vulnerable
Ofreciendo su ser al mundo, sin saber
Si sería éste cegadoramente luminoso
O si por el contrario
Los ciegos
Serían
Los demás…

Sara Vi Ta

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LUZ

ATRAPANDO LA LUZ DEL INVIERNO


Al principio yo también creía en dioses.

Esperaba paciente que su luz me impregnara e hiciera de mi el espejo en que reflejar su grandeza.

Adoré, con la debilidad que crea la dependencia, a mis padres, mis profesores y esas personas tan serias a los que todos temían y respetaban.

Era aquel tiempo incierto pero dulce de la infancia, en que nada sabía, pero no sufría, porque ni sabía que no sabía, ni sospechaba siquiera que se pudiera llegar a saber o a creer que se sabe.

Siguiendo el curso de la naturaleza, en mi adolescencia rompí todos los ídolos, y con la candidez de la juventud, coloqué, sin saberlo, a otros en su lugar.

Luché con ira contra la ira, contra el dolor sembrando dolor, contra la intransigencia de la injusticia siendo intransigente ante ella. Creía, sin la menor duda, justa la ira de los justos.

Cometí cuantos errores pueda cometer un ser humano, sólo el azar hizo que mis manos no se mancharan de sangre. Conocí casi todos los placeres que esta vida puede regalar y sufrí casi todos los dolores que el destino pueda deparar, el peor, sin duda, la muerte de seres queridos.

Era torpe como todos los creyentes, obsesionado con vencer, sin sospechar siquiera donde se encontraba mi enemigo, sin sospechar que todos nuestros enemigos lo son tan sólo porque les concedemos tal puesto en nuestra vida y en nuestra mente.

Era un ciego intentando alcanzar la luz golpeándola con su bastón blanco.

El tiempo fue aclarando mis pensamientos algo más rápido que mi pelo, fue domando tanta energía, enseñándome a no desperdiciar la vida, enseñándome, poco a poco, a vivir. . .

A mis padres, hermanos y amigos pude verles, al fin, como personas en toda su magnitud y miseria, ni mejores ni peores que yo mismo.

Aprendí a mirar con un mínimo de comprensión tanto al arrogante, como al codicioso, al iracundo o al que se engaña a si mismo hablando de paz, amor y fraternidad, mientras autojustifica sus egoísmos y mezquindades. Aprendí a mirar las ideas por las que en otro tiempo hubiera dado la vida, como unas ideas más en un mar de ideas que a diario dan a luz nuestras mentes.

Aprendí, casi, a perdonar y casi, a perdonarme a mi mismo.

En todo encontré luz y sombra: En la sombra de nacer sin una tierra a la que pudiera llamar mía, la luz de sentir que mi patria era todo el planeta; en la sombra de haber padecido la soledad, la cálida luz de la amistad; en la sombra de la muerte, el aprecio constante y creciente por la vida . . .

Ya hace mucho que no creo en los dioses que son predicados y representados por mortales. Tiempo ha que escucho indiferente el murmullo de las plegarias vacías que llenan los templos. Una diminuta chispa de luz me hizo comprender un día que hay tantos dioses como seres humanos, y que ninguno es mejor o peor que otro, mientras su existencia no siembre dolor.

Mis dioses, que nunca exigen adoración, aunque siempre solicitan compañía, son de este mundo, son los hijos de esa especie contradictoria, que con ímpetu adolescente, es incapaz de cuidar el espacio que habita, de ser responsable de sus actos, de sospechar siquiera el lugar donde se encuentra dentro su caótica juventud evolutiva . . .

Esa especie que, impregnada por igual de luz y de sombra, es capaz de los más creativos y destructivos actos, pero tan entrañable en su alocada inocencia, en sus utópicos ideales, que siempre consigue alcanzar, en su desordenado crecimiento . . .

Pasó el tiempo, y ya en el invierno, aquella chispa primigenia se transformó poco a poco en la llama de una vela, diminuta, pero suficiente para ver que no existía en lo humano ni un ápice de maldad o bondad, tan sólo miedo, amor, fantasía y necesidad.

Tras medio siglo con los ojos abiertos, sigo preguntándome:

¿Qué es la luz? Y no me inquieta la pregunta, tan sólo me sorprende ese empeño nuestro en intentar atrapar cuanto desconocemos, rindiendo homenaje, sin saberlo, a lo más humano de nuestra naturaleza humana: la curiosidad.

Todos atrapados por la duda de si habrá primavera tras el último invierno, si todo esto tiene sentido, o es sólo un absurdo cuento, por la duda de si todo no se quedará, al final, en apenas cien años de soledad.

Porque aquí estamos todos, incluso quienes no lo sospechan, reunidos bajo el anhelo común de atrapar la luz, bajo el estigma de la sombra de nuestros miedos, todos tan diminutos como todopoderosos, tan frágiles como eternos, y apenas consolados por el calor fraterno de cuanto compartimos.

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MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

La Teoría del Internet Muerto

Quizás no lo sabes, pero "Internet murió hace diez años"

Pol Bertran
13 de enero de 2026

La Teoría del Internet Muerto suena a conspiración: bots, actividad falsa y una red cada vez menos humana. Pero su éxito no se explica por la tecnología, sino por una sensación compartida: Internet ya no se siente real. Y ahí está el problema de fondo. Cuando lo auténtico y lo artificial se mezclan hasta volverse indistinguibles, la duda deja de ser saludable y pasa a erosionar la confianza, la convivencia y nuestra relación con la verdad. Esta newsletter explora ese punto de ruptura.

Pol Bertran

¿Ha muerto Internet? ?ᅡᅠ

La llamada Teoría del Internet Muerto suele presentarse como una conspiración extravagante: la idea de que Internet ya no está poblado mayoritariamente por personas, sino por bots, algoritmos y sistemas automatizados que simulan actividad humana. En su versión más extrema, incluso se habla de un plan deliberado de manipulación cultural a gran escala. Pero si dejamos a un lado el tono conspirativo, queda algo mucho más inquietante y real.

Los datos son claros: a principios de los años 2000, menos del 5 % del tráfico web era automatizado; hoy, la cifra se acerca peligrosamente al 50 % del tráfico global. Casi la mitad de lo que ocurre en Internet ya no es humano. Y aunque Internet no esté “muerto” en sentido literal, sí está cambiando de una forma que tiene consecuencias profundas para nuestra psicología colectiva.

De una red humana a un ecosistema optimizado ?

Internet no nació como un producto cultural ni como un mercado de atención. Nació como una solución técnica a un problema militar: cómo mantener la comunicación si partes de la red eran destruidas. Esa lógica distribuida (si una ruta falla, se busca otra) fue lo que permitió que creciera sin un centro de control.

Cuando la web lo volvió accesible al gran público, surgió algo nuevo: comunidades, foros, blogs, espacios imperfectos pero humanos. Había ruido, sí, pero también presencia. La sensación dominante era clara: al otro lado había alguien.

El punto de inflexión llegó cuando Internet dejó de ser un lugar que exploras para convertirse en un entorno que te administra información. Con la publicidad masiva y la economía de la atención, el objetivo ya no fue conectar personas, sino retenerlas el máximo tiempo posible. Y ahí la automatización pasó de ser una herramienta útil a convertirse en el motor del sistema.

Los bots, inicialmente diseñados para indexar y ordenar la red, empezaron a competir por visibilidad, clics y relevancia. No porque tuvieran intención, sino porque el sistema recompensaba volumen, repetición y persistencia. El resultado fue un Internet cada vez más ruidoso y, paradójicamente, cada vez menos humano.

La conspiración como síntoma emocional ?

En 2021, un usuario anónimo puso nombre a una sensación compartida: la mayoría de Internet es falsa. La Teoría del Internet Muerto se viralizó no porque fuera científicamente sólida, sino porque expresaba algo que mucha gente ya sentía.

La psicología social conoce bien este mecanismo. Las teorías conspirativas no prosperan porque expliquen bien la realidad, sino porque organizan emocionalmente la incertidumbre. Ofrecen tres cosas poderosas: un relato, un culpable y un momento fundacional. En este caso, el “año cero” fue 2016, coincidiendo con informes que mostraban que el tráfico automatizado se acercaba al humano.

La conspiración no es el núcleo del problema; es la narrativa que intenta dar sentido a una experiencia difusa: la sensación de hablar en el vacío, de que muchas conversaciones suenan iguales, de que hay más actividad pero menos presencia real.

Cuando la verdad deja de ser estable ⚖️

Aquí es donde la cuestión deja de ser tecnológica y se vuelve profundamente psicológica. Durante años, aunque Internet estuviera lleno de ruido, existía un pacto implícito: una foto, un vídeo o un audio podían ser manipulados, pero partían de algo real. Ese pacto se está rompiendo.

Hoy no solo hay bots que inflan métricas o escriben comentarios. Hay sistemas capaces de fabricar realidad: imágenes, voces, textos y vídeos indistinguibles de los reales. Y esto introduce un problema radicalmente nuevo para la mente humana.

El mayor riesgo no es la mentira. La mentira ha existido siempre. El verdadero peligro es la indistinción entre verdad y falsedad. Cuando todo puede ser falso, la consecuencia psicológica no es que creamos cualquier cosa, sino que dejamos de creer en nada.

Desde la psicología cognitiva sabemos que el cerebro necesita certezas mínimas para orientarse. Cuando la fiabilidad de la información colapsa, aumenta la ansiedad, la desconfianza y el pensamiento tribal. En ese contexto, las personas no buscan verdad, sino confirmación emocional: aquello que encaja con sus creencias previas.

El impacto social de un Internet sin anclajes ?

Este fenómeno tiene efectos colectivos claros:

  • Erosión de la confianza social: si no podemos fiarnos de lo que vemos, tampoco de quienes lo comparten.

  • Refuerzo de burbujas cognitivas: la gente se repliega en comunidades donde la verdad se define internamente.

  • Fatiga epistémica: demasiada duda lleva a la apatía informativa.

Paradójicamente, cuanto más sofisticada es la tecnología, más primitivos se vuelven algunos de nuestros mecanismos psicológicos. Volvemos al pensamiento de “nosotros contra ellos”, no porque sea racional, sino porque reduce la incertidumbre.

La Teoría del Internet Muerto funciona aquí como metáfora. No describe un apagón digital, sino la muerte de la ventaja de lo real sobre lo falso. Internet no colapsará cuando esté lleno de bots; colapsará cuando la realidad ya no tenga más peso psicológico que la ficción.

No es el Internet lo que muere ?

Culpar a los bots es tentador, pero insuficiente. El problema no es que existan sistemas automatizados, sino el tipo de incentivos que gobiernan el ecosistema digital. Un sistema que premia volumen, velocidad y viralidad acabará expulsando lo humano, porque lo humano es lento, ambiguo y contradictorio.

Desde la psicología, el desafío es enorme: aprender a convivir con un entorno donde la percepción ya no garantiza verdad y donde la duda constante puede volverse patológica. La alfabetización digital del futuro no será solo técnica, sino emocional y cognitiva.

La pregunta de fondo no es si Internet está muerto. La pregunta es si seremos capaces de reconstruir confianza en un entorno donde lo real ya no se distingue automáticamente de lo artificial. Porque cuando eso ocurre, no muere Internet. Lo que empieza a desmoronarse es algo mucho más frágil: nuestra relación con la realidad compartida.


https://psicologiaymente.beehiiv.com/p/la-teor-a-del-internet-muerto



domingo, 22 de febrero de 2026

 VOCES entre VOCES

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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.

3 poemas de Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca

12 Feb 2026 Laura di Verso

Poeta en Nueva York fue el resultado de la primera visita al extranjero de Lorca: una estancia que el granadino describió como «una de las experiencias más útiles de mi vida» y que, sin lugar a dudas, se convirtió en su verdadero descubrimiento de la modernidad.

En Zenda reproducimos tres piezas de Poeta en Nueva York (Navona).

***

NORMA Y PARAÍSO DE LOS NEGROS

Odian la sombra del pájaro
sobre el pleamar de la blanca mejilla
y el conflicto de luz y viento
en el salón de la nieve fría.

Odian la flecha sin cuerpo,
el pañuelo exacto de la despedida,
la aguja que mantiene presión y rosa
en el gramíneo rubor de la sonrisa.

Aman el azul desierto,
las vacilantes expresiones bovinas,
la mentirosa luna de los polos,
la danza curva del agua en la orilla.

Con la ciencia del tronco y del rastro
llenan de nervios luminosos la arcilla
y patinan lúbricos por aguas y arenas
gustando la amarga frescura de su milenaria saliva.

Es por el azul crujiente,
azul sin un gusano ni una huella dormida,
donde los huevos de avestruz quedan eternos
y deambulan intactas las lluvias bailarinas.

Es por el azul sin historia,
azul de una noche sin temor de día,
azul donde el desnudo del viento va quebrando
los camellos sonámbulos de las nubes vacías.

Es allí donde sueñan los torsos bajo la gula de la hierba.
Allí los corales empapan la desesperación de la tinta,
los durmientes borran sus perfiles bajo la madeja de los caracoles
y queda el hueco de la danza sobre las últimas cenizas.

*** 

CIUDAD SIN SUEÑO

(Nocturno del Brooklyn Bridge)

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
Los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aun andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos
¡azotadlo!, hijos míos, ¡azotadlo!
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

***

GRITO HACIA ROMA

(Desde la torre del Chrysler Building)

Manzanas levemente heridas
por finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares,
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.
Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte,
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas,
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación.
El amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslúcidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.

—————————————

Autor: Federico García Lorca. Título: Poeta en Nueva York. Editorial: Navona. Venta: Todos tus libros.


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TEMAS TERTULIA 27-2-2026

JUEGOS

LUZ

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.



TEXTOS TERTULIA 20-2-2026

ESPIRAL

SALVADOS

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

Colaboración gráfica: Victoria Blanco.

ESPIRAL

Como una serpentina al viento, como la misma forma de las galaxias, como un baile con la eternidad, como la sagrada forma que a todos nos lleva, arrastra y modela.

Sin excusas, sin salida, salvo un absurdo final con prisas, sin rencor, admitiendo la agridulce condena de la mortalidad con la natural sabiduría de los seres vivos a los que llamamos animales, sin perdón . . .

Aquí, todos en el espiral de la vida, todos condenados a muerte, sólo nos resta aprovechar para aprender en esta escuela tantas lecciones como podamos, cuantas más sean, más valor y dignidad le daremos al mero hecho de existir.

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ESPIRAL

Ése que se sienta a tu lado
Que mira el mundo, tranquilo,
Que a veces se tapa con las manos los oídos
Que se encoge de hombros en la cama
Que sonríe, o no,
Mientras observa a su alrededor
Que siempre va caminando contigo
Indisolublemente junto pero separado
Que apaga las velas una vez más
Por cada año que dejaste de cumplir

Tu muerte
Pequeña figura que se adentra en la media infancia
Que sigue creciendo lo que dejaste a medio hacer
Tu pequeña muerte
A la vera de tus perennes veintidós
Un soplo de aire vivo
Por cada día y recuerdo extinto
Tu anónima muerte
Tan tabú como poco reconocida
Inocente como la vida misma
Incluso cuando deja de estar aquí


Sara Vi Ta

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SALVADOS

STANISLAV PETROV, EL HOMBRE QUE SALVÓ A LA HUMANIDAD

En 1983, el búnker Serpukhov-15, era el centro de mando de la inteligencia militar soviética, el lugar desde donde se coordinaba la defensa aeroespacial rusa. Su misión era, en plena Guerra Fría, alertar de cualquier ataque, con lo que se iniciaría el proceso para contraatacar con armamento nuclear a su odiado enemigo, los Estados Unidos de América, si éste se atrevía a iniciar un ataque.

El 26 de septiembre de ese año, de repente, una sinfonía de alarmas sonoras y luminosas inundó la sala de mando del búnker: “Camarada Petrov, alerta máxima”, gritó el oficial que se encontraba ante las pantallas del radar.

Petrov dio la primera orden: “Desconecten esas alarmas”. La sala se sumió entonces en un profundo silencio, y en algunos oficiales, los más jóvenes, las primeras gotas de sudor comenzaron a brotar de sus frentes”.

La información emitida por las máquinas, en su frío lenguaje, no dejaba lugar a dudas: un misil balístico intercontinental americano se había lanzado desde la base de Malmstrom (Montana, EEUU) y en veinte minutos alcanzaría la U.R.S.S.
Todas las miradas se dirigían, alternativamente, hacia la pantalla del radar, en la que un minúsculo punto luminoso se desplazaba lentamente hacia el mapa de la Unión Soviética, y hacia la cara tensa del teniente coronel Stanislav Petrov, de cuarenta y cuatro años, que ese día era el oficial de guardia.

Todos sabían que las órdenes eran informar inmediatamente, a fin de lanzar los misiles nucleares de respuesta, y sabían también que esa orden significaría el final de todo, de sus vidas, de la de todos sus seres queridos, de la Unión Soviética, de esa revolución en la que desde niños les habían dicho que vivían, la muerte de cientos o miles de millones de personas, el Apocalipsis, la desaparición de la Humanidad.

Petrov, con la mirada clavada en el radar, pensó, sin quererlo, en voz alta, y dijo lo que habría de repetir días después ante sus encolerizados superiores militares: “No puede ser, nunca atacarían con un sólo misil, tiene que ser un error de la computadora”.

A los pocos minutos, otras cuatro señales aparecieron sobre la pantalla, la tensión subió en la sala del búnker y hasta un joven oficial se atrevió a recordarle a Petrov las órdenes recibidas: “Debemos informar, camarada coronel”.

Las máquinas se equivocan, respondió Petrov, esperemos unos minutos más”.

Nunca sabremos qué pasó durante esos minutos por la cabeza de Petrov: tal vez simplemente creyó que se trataba de un error de los satélites o las computadoras, como siempre mantuvo, o tal vez pensó, con ese extraño humanismo tan ruso que les hace disfrutar del canto, la amistad y el alcohol, que si habría de desaparecer media Humanidad, no había razón para destruir a la otra mitad, sólo por la decisión demencial de algún político. Lo cierto es que nunca sabremos qué pensamientos surcaron su mente durante esos minutos bajo presión.

Finalmente se descubrió que era una falsa alarma, causada por una rara conjunción astronómica entre la red de satélites rusos, la Tierra y el Sol, coincidiendo con el equinocio de otoño.

Este incidente, llamado precisamente así, el Incidente del Equinocio de Otoño, avergonzó a los altos cargos soviéticos, que vieron poner en entredicho la base misma de la llamada Guerra Fría, el miedo mutuo a una mutua destrucción total. Consideraron que el teniente coronel Petrov se equivocó en su decisión, a pesar de haberles salvado la vida a ellos y al resto de la Humanidad, por lo que le castigaron y ocultaron el incidente, hasta ese punto puede llegar la estupidez de la muy mal llamada inteligencia militar.

Cuando le preguntaron porqué no había dado la alarma y la orden de contraataque, Petrov, simplemente contestó: “La gente no empieza una guerra nuclear con sólo cinco misiles“.

Hoy Stanislav Petrov, de 71 años, sobrevive solo, con una pequeña pensión, en un diminuto apartamento en Friasino, a 40 km de Moscú, y no ha habido en toda la Humanidad una sola persona o asociación que haya sabido agradecer y recompensar su actitud lógica y humanista a la vez, su sangre fría, gracias a la cual nuestra especie, y tantas otras formas de vida, siguen habitando este planeta.

El premio Nobel de la Paz, que nunca hubiera sido más justamente adjudicado de habérsele concedido al ciudadano Petrov, sigue reservados para otros.

Ese 26 de septiembre de 1983, como tantas veces había sucedido antes, y como tantas otras volverá a suceder, un ser humano salvó a otro ser humano, en este caso, a todos ellos, y para hacerlo comprendió que, a veces, sólo hay un camino posible: desobedecer.

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MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

Qué son las emociones y por qué son clave para tu bienestar emocional

Entender tus emociones te ayuda a regularlas y vivir con más equilibrio.

Las emociones son como radares internos que nos ofrecen información sobre las experiencias que vivimos, para que podamos responder de la manera más adaptativa posible.

La palabra emoción proviene del latín emovere, que significa “mover hacia afuera”. Y ahí está la clave: las emociones nos mueven. No están hechas para quedarse atrapadas dentro de nosotros, sino para orientarnos.

Toda emoción tiene un componente cognitivo —cómo interpretamos lo que ocurre—, pero también un componente corporal: cambios en la respiración, en el ritmo cardíaco o en la tensión muscular. El cuerpo y la mente reaccionan de forma simultánea, preparándonos a actuar.

Incluso aquellas emociones que solemos etiquetar como “negativas” nos ofrecen una oportunidad: la de elegir cómo actuar en sintonía con lo que estamos viviendo. Por eso, comprenderlas y aprender a relacionarnos con ellas es tan importante.

Por qué a veces son tan difíciles de gestionar las emociones

¿Qué pasa cuando, durante la infancia, tuvimos que aprender a reprimir ciertas emociones? ¿Qué pasa cuando nuestros cuidadores no supieron ayudarnos a regular lo que sentíamos —quizá porque tampoco aprendieron a hacerlo—? ¿Qué sucede cuando evitar sentir fue una estrategia de supervivencia que ahora se ha convertido en una coraza?

Estamos biológicamente programados para buscar sintonía emocional. Necesitamos que nuestras emociones sean vistas, nombradas y acompañadas. Cuando esto no sucede, el cuerpo aprende a adaptarse. A veces eso significa desconectarse, minimizar lo que se siente o priorizar las emociones de los demás para no perder el vínculo.

Con el paso del tiempo, todas esas emociones bloqueadas se convierten en una mochila pesada, con consecuencias acumulativas en la vida adulta. En algún momento pueden desbordarnos y expresarse en forma de ansiedad, depresión o incluso a través del cuerpo, somatizando un malestar que no tiene una causa orgánica clara.

Cómo gestionar mejor las emociones

Estamos sintiendo emociones continuamente, más o menos agradables, más o menos intensas. ¿Te has parado a reflexionar sobre ¿Cuáles son tus emociones más frecuentes?, ¿Qué tipo de situaciones suelen activarlas?, ¿Cómo te hace sentir cada persona con la que te relacionas?, o ¿Qué interpretaciones sueles darle a esas emociones?

Aprender a reflexionar sobre lo que sentimos es fundamental. Cuando la emoción está muy activa, puede resultar difícil hacerlo, porque nos sentimos desbordados o bloqueados. Por eso es importante practicar la reflexión desde la calma. Hay muchas formas de mejorar la gestión emocional. Aquí te propongo un ejercicio sencillo:

  • Piensa en una emoción significativa que hayas sentido recientemente y trata de nombrarla.

  • Cierra los ojos y trata de conectar con las sensaciones físicas que te genera (calor, frío, palpitaciones, cansancio…).

  • Ubica esas sensaciones en tu cuerpo: ¿dónde las sientes? ¿En el pecho, en el estómago, en las manos, en la cabeza…?

  • Valora la intensidad de la emoción del 1 al 10.

  • Si esa emoción tuviera una forma, ¿cómo sería? Permítete simbolizarla.

  • Pregúntale a esa figura por qué se siente así. Escúchala sin juzgar. ¿Qué te está queriendo decir? ¿De qué intenta protegerte?¿Qué necesitaría para bajar un poco el volumen?

Este ejercicio no busca eliminar la emoción, sino comprenderla e integrarla para generar un aprendizaje.

Las emociones más difíciles de gestionar

Regular las emociones no se trata de reprimir, de esconderlas debajo de la alfombra como si no pasara nada. Tampoco se trata de controlarlas, porque eso solo puede intensificarlas. Y mucho menos identificarnos completamente con ellas (“soy nervioso” en lugar de “estoy sintiendo angustia en este momento”).

A veces incluso nos sentimos culpables por experimentar determinadas emociones, lo que nos lleva a evitarlas o distraernos para no sentirlas. Sin embargo, cuanto más luchamos contra una emoción, más tiende a intensificarse y cronificarse.

Hay emociones que tienen “mala prensa” y de alguna forma tratamos de evitarlas o minimizarlas, muchas veces con la mejor de las intenciones. Sin embargo, todas las emociones cumplen una función protectora.

Tristeza

La tristeza suele aparecer ante las pérdidas —de seres queridos, tras una ruptura o al cerrar etapas vitales—, así como ante experiencias de soledad. También puede surgir cuando sentimos que nuestra vida no nos gusta, cuando lo que vivimos no está en coherencia con lo que necesitamos o deseamos. Si la escuchamos, la tristeza puede hablarnos de la necesidad de consuelo, de compañía y apoyo, o invitarnos a detenernos y mirarnos por dentro para comprender qué necesitamos cambiar o cuidar.

Ansiedad

La ansiedad suele estar relacionada con una preocupación excesiva. A veces sentimos que preocuparnos nos protege, como si eso no preparase mejor ante posibles amenazas. En realidad, esa hiperactivación mantiene la ansiedad y puede llevarnos al bloqueo, la irritabilidad o el agotamiento. Buscar calma —a través de la respiración, música agradable, el movimiento suave o el contacto con la naturaleza— es clave para desactivar esa alarma interna. También puede ser útil cuestionarnos las ideas catastrofistas, sabiendo que eso no equivale a protegernos.

Rabia

La rabia nos impulsa a defender límites y a luchar por lo que consideramos justo. Es una emoción muy importante, que puede empoderarnos. Pero si sube mucho de volumen, se genera una sensación de ira que puede llevarnos a conductas impulsivas, que luego nos harán sentir culpables. Por eso es importante detectarla a tiempo y parar, antes de actuar. Puede canalizarse de forma saludable a través del movimiento, la escritura o la expresión verbal consciente, desde la tranquilidad.

Culpa y vergüenza

La culpa y la vergüenza son emociones sociales que facilitan la convivencia y la adaptación a los grupos. Pero cuando son excesivas pueden volverse muy dañinas. En estos casos conviene preguntarse si realmente existe una responsabilidad objetiva o si estamos intentando ser lo que otros esperan para obtener aceptación y validación.

Conclusiones

Lo importante que quiero que sepas es esto: las emociones no son tus enemigas, ni siquiera las más dolorosas. Al contrario, siempre intentan ayudarte. Quieren que las identifiques, las atiendas, las valides y hagas algo con toda la información que te aportan. Las emociones pueden aprender a gestionarse, y existen enfoques terapéuticos que ayudan en este proceso. Dejarte ayudar no es un signo de debilidad, sino un acto de autocuidado y valentía.



Referencias bibliográficas

  • González Vázquez, A. B. (2019).EMDR y Procesamiento emocional: trabajando con pacientes con desregulación grave. Autor-edit.

  • Hernández Pacheco, M. (2020). Apego, disociación y trauma. Desclée de Brouwer.

  • van der Kolk, B. A. (2015). El cuerpo nunca miente: el cerebro, la mente y el cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria.

Marisa Grueso López. (2026, febrero 16). Qué son las emociones y por qué son clave para tu bienestar emocional. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/psicologia/que-son-emociones-y-por-que-son-clave-para-bienestar-emocional