VOCES entre VOCES
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PARA ENVIAR TEXTOS O PROPONER TEMAS:
LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.
"Lanat
Abad / El lugar de los condenados", de Solmaz Sharif (Irán,
1983)
este
terreno sórdido al que
ahora
sólo
vienen las madres
donde
sólo las madres guardan fosos sin nombre
*
y
luego, con misericordia
*
Agujeros
quemados en las puertas de metal
de
sus celdas solitarias,
*
apenas
hay espacio
para
que tres dedos atraviesen
para
que un limón se cuele
para
que un oído escuche
para
que un ojo luego el otro
observen
el pasillo
observen
a encerrado y celda
*
agujeros
sin cubierta
para
que cuando llegue el guardia a verme,
yo
lo vea.
Tócame,
él me dijo.
*
Y,
desde aquél agujero
Lo
toqué.
Solmaz
Sharif,
incluido en Círculo
de poesía (México,
15 de enero de 2017, trad. de Sergio
Eduardo Cruz).
https://franciscocenamor.blogspot.com/
TEMAS
TERTULIA 3-7-2026
GRILLOS
GRILLADOS
EXULANSIS
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEXTOS
TERTULIA 26-6-2026
LOBOS
ABISMO
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Colaboración
gráfica: Victoria Blanco.
LOBOS
Había
sido el único superviviente de una camada de lobeznos. Su madre
había sido abatida por los cazadores y para Juan, que era agricultor
y odiaba a los jabalíes, un lobo, mientras no se hiciera
vegetariano, nunca sería su enemigo.
Encontró
a sus cuatro hermanos congelados por la ventisca y aplastados por los
cascos de algún caballo salvaje. Rodeado de sus cuerpos estaba el
pequeño lobezno, que Juan cobijó bajo su zamarra al tiempo que le
daba nombre: ”Eres duro, carajo, el viento no ha podido contigo, te
llamaré Ventarrón”.
El
animal fue creciendo en la granja, huyendo ocasionalmente al bosque,
del que siempre retornaba rompiendo el pronóstico de los vecinos de
Juan: “Ese no vuelve, es lobo, y cualquier día te pegará un
bocado.” “Volverá, volverá, en la naturaleza la gratitud
siempre es correspondida, el hombre es el único que a veces lo
olvida”. Y siempre volvía. En el pueblo y los alrededores,
Ventarrón fue trazando su mapa de amigos y enemigos: quienes le
dejaban vivir y quienes le apedreaban aprovechando la ausencia de
Juan.
Sólo
al cabo de cinco años, siendo ya un lobo de aspecto temible, empezó
a ser respetado por todos cuando localizó a un niño caído en una
poza del bosque antes que el mejor sabueso de los cazadores. El padre
del niño, un cazador rudo y malhumorado advirtió entonces: “Al
que haga daño a este animal, le pego un tiro”.
Pero
había un miedo transformado en ira que Ventarrón nunca pudo
superar: los caballos, posiblemente por la muerte de sus hermanos.
Ventarrón
se lanzaba a morder las patas de cualquier equino que se acercara por
la granja, y era la única ocasión en que hacía caso omiso a la
llamada de Juan.
Más
de una coz se llevó a lo largo de su vida el valiente Ventarrón,
pero ayer, cuando con sus doce años a cuestas, pretendía expulsar
de la granja a una joven y nerviosa potranca, recibió una coz de la
que no se pudo recuperar. La yegua se llamaba Brisa.
Nekovidal
– nekovidal@gmail.com
ARTES
LIBRES – www.arteslibres.net
www.arteslibresdeandalucia.com
LOBOS
Llamar
"lobo" a un hombre cruel es el insulto más
grande que se le puede hacer a un lobo.
En
la manada, el lobo más fuerte protege al más débil.
En
la humanidad, suele ser al revés.
Sabrina
Chakour
ABISMO
Seguramente
todos habéis recibido en alguna ocasión un meme de un texto con las
letras desordenadas, a falta de alguna palabra, o con un par de ellas
mal escritas, por ejemplo “chocoalte”, y no habéis tenido
problema alguno para rellenarlo o interpretarlo; esto se debe a que
nuestro cerebro es tan bueno en lo suyo que coloca todo siguiendo la
norma aprendida o, dicho de otra forma, como está acostumbrado a
verlo.
Es
una capacidad excelente, aunque, como todo en la vida, cuando se
aplica de manera aleatoria o a campos que no le corresponden la cosa
se complica.
Quien
está acostumbrado a decir «la mandaba rosas por primavera»
(permitidme este cariñoso guiño a Cecilia), podrá leer mil veces
«le mandaba…» y no lo verá; quien desde niño coloca una «s»
final a la segunda persona del singular del pretérito perfecto,
aunque lo escuche bien dicho en miles de ocasiones, no lo oirá.
Tengo un montón de ejemplos más, pero sé que el buen manejo del
idioma es mi obsesión y ya ha quedado claro el concepto, así es que
pasaré al factor humano, otro de mis intereses al que, de maneras
muy variadas y rebuscadas, se extrapola esa maravillosa capacidad de
rellenar o interpretar.
Voy
a meternos a todos en el saco y ¡sálvese quien pueda!
Conocemos
a una persona con la que empatizamos; sería bueno que, apoyados en
esa emoción escucháramos, viéramos, sintiéramos al ser humano que
tenemos frente a nosotros para hacernos una idea de quién es, de
cómo piensa y de si existe algún tramo de camino que podamos
recorrer codo con codo. Pero nuestro «cerebro armador de textos» se
nos anticipa y, sin que tomemos conciencia de ello, capta un rasgo,
una forma de caminar, un tono de voz, una altura o un estilo de
vestir que le invitan a organizar una idea del otro según los datos
que tiene archivados.
Y,
como el que no quiere la cosa, comenzamos a relacionarnos no con la
persona que hemos conocido, ni siquiera con la sensación que hemos
recibido de su energía, sino con la imagen que de ella ha inventado
nuestra sesera y que, sin duda alguna, contendrá una parte que en
nada coincidirá con la identidad de quien tenemos al lado.
Mientras
nuestro imaginario no choca con la realidad, todo va bien; pero el
día en que sobreviene una situación en la que la realidad no encaja
con lo que esperábamos encontrar, nos entra mucha desazón, tanta
como cuando no podemos encontrar la palabra adecuada de esos memes, o
nuestros ojos se van al «chocoalte», o no podemos comprender el
contenido; y también mucha inquietud, la misma que si no logramos
obviar que Cecilia dice «la» y nuestro amigo del alma «vinistes».
Y
ese día que, además hemos amanecido con menos fuerza vital que de
costumbre, y hemos pasado la jornada inquietos, y hemos hecho el -a
veces ineludible- esfuerzo de vivir… sin querer, sin venir a
cuento, sin que pase algo llamativo, nos enfadamos muchísimo solo
porque alguien no es como nosotros hemos imaginado que era y no nos
queda más remedio que montar una historia -también con trozos
inventados- para convencernos de que tenemos razones de sobra para
enfadarnos.
Después
de esto, si no cogemos el toro por los cuernos y afrontamos la parte
de responsabilidad que tenemos en el asunto, la diferencia entre la
realidad y nuestro imaginario se convertirá, inevitablemente, en un
abismo insalvable y perderemos a esa persona para siempre.
27/junio/2026
– Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
ABISMO
Ahuyentar
la sombra del asombro
Jazmines
que resurgen evocados
Fragancia
perseguida,
Muerte
esquiva
Perdimos
rostros y nos reencontramos
Ante
la decadencia engañada
Por
unos minutos cansados pero vivos
Involuntaria
esperanza que nos visita
Desde
la cúpula de un cielo medio abierto
Perecen
los espejos ante los nadies
Se
cierran las sendas inmóviles
En
este contrabando de abrazos
No
quisimos marcharnos lejos
Donde
el valor pudiera agazaparse
Donde
el miedo supiera alzar el vuelo
No
quisimos
No
pudimos
Rendirnos
al abrigo de un amor perdido
Sara
Vi Ta
https://iderinaweb.wordpress.com
ABISMO
El
abismo más peligroso
no
es el que se abre bajo tus pies,
sino
el que se abre dentro de tu pecho.
Sabrina
Chakour
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS
PAPALAGUI.
Las
5 etapas del duelo (cuando un familiar fallece)
Cuando perdemos a una persona allegada, podemos pasar por estas fases
de duelo emocional.
La
pérdida de alguien querido es una de las experiencias que más dolor
psicológico produce. Sin embargo, dentro de esta clase de
experiencias dolorosas existen matices, formas diferentes de vivir el
duelo tanto en lo emocional como en lo cognitivo.
Esta idea es la que
desarrolló la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en su teoría de las
5 etapas del duelo, publicada en el año 1969 en el libro On death
and dying". Esta idea sirve para entender mejor el modo en el
que se sienten las personas en fase de duelo y
cómo tienden a actuar.
El modelo de Elisabeth Kübler-Ross
Elisabeth
Kübler-Ross fue una psiquiatra suizo-estadounidense nacida en 1926
que se especializó en los cuidados paliativos y
en las situaciones cercanas a la muerte. Después de trabajar durante
años en contacto con pacientes en estado terminal, desarrolló el
famoso modelo de Kübler-Ross en el que establece 5 etapas de duelo.
Aunque el nombre de esta teoría pueda parezca indicar
lo contrario, Kübler-Ross no llegó a la conclusión de que después
de la muerte de un ser querido se pasa por cinco fases que siempre se
van sucediendo en orden, de forma secuencial.
Lo que hizo esta investigadora fue, más bien, definir
cinco estados mentales que actúan como referencia para entender cómo
se va produciendo la evolución del doliente, desde el momento en el
que sabe que su ser querido ha muerto hasta que acepta esta nueva
situación.
Eso
significa que no todas las personas en fase de duelo tienen por qué
atravesar las 5 etapas,
y que aquellas que atraviesan no aparecen siempre en el mismo orden.
Sin embargo, Elisabeth Kübler-Ross consideró que estas etapas sí
eran útiles como sistema de categorías para poder conceptualizar de
un modo relativamente simple todos los matices del modo en el que se
gestiona el duelo, una fase que en algunos casos se expresa a través
de la labilidad
emocional.
Las 5 etapas del duelo
De forma resumida, las 5 etapas del duelo tras la muerte
de alguien querido son descritas por Elisabeth Kübler-Ross de la
siguiente manera.
1. Etapa de la negación
El
hecho de negar la realidad de que alguien ya no está con nosotros
porque ha muerto permite amortiguar el golpe y
aplazar parte del dolor que nos produce esa noticia. Aunque parezca
una opción poco realista, tiene su utilidad para nuestro organismo,
ya que ayuda a que el cambio de estado de ánimo no sea tan brusco
que nos dañe.
La negación puede ser explícita o no explícita, es
decir, que aunque nos expresemos verbalmente aceptando la información
de que el ser querido ha muerto, a la práctica nos comportamos como
si eso fuese una ficción transitoria, es decir, un papel que nos
toca interpretar sin que nos lo creamos del todo.
En otros casos, la negación es explícita, y se niega
de manera directa la posibilidad de que se haya producido la muerte.
La
negación no puede ser sostenida de manera indefinida,
porque choca con la realidad que aún no se ha llegado a aceptar del
todo, así que terminamos abandonando esta etapa.
2. Etapa de la ira
La
rabia y el resentimiento que aparecen en esta etapa son
fruto de la frustración que
produce saber que se ha producido la muerte y que no se puede hacer
nada para arreglar o revertir la situación.
El
duelo produce una tristeza profunda que sabemos que no puede ser
aliviada actuando sobre su causa, porque la muerte no es reversible.
Además, la
muerte es percibida como el resultado de una decisión, y por eso se
buscan culpables.
Así, en esta fase de la crisis lo que domina es la disrupción, el
choque de dos ideas (la de que la vida el lo deseable y la de que la
muerte es inevitable) con una carga emocional muy fuerte, por lo que
es fácil que se den estallidos de ira.
Así, es por eso que aparece una fuerte sensación de
enfado que se proyecta en todas las direcciones, al no poder
encontrarse ni una solución ni alguien a quien se le pueda
responsabilizar completamente por la muerte.
Aunque una parte de nosotros sepa que es injusto, la
rabia se dirige contra personas que no tienen la culpa de nada, o
incluso contra animales y objetos.
3. Etapa de la negociación
En
esta etapa se intenta crear una ficción que permita ver la muerte
como una posibilidad que estamos en posición de impedir que ocurra.
De algún modo, ofrece
la fantasía de estar en control de la situación.
En
la negociación, que puede producirse antes de que se produzca la
muerte o después de esta, fantaseamos con la idea de revertir el
proceso y buscamos estrategias para hacer que eso sea posible. Por
ejemplo, es frecuente intentar negociar con entidades divinas o
sobrenaturales para hacer que la muerte no se produzca a cambio de
cambiar el estilo de vida y "reformarse".
Del mismo modo, el dolor es aliviado imaginando que
hemos retrocedido en el tiempo y que no hay ninguna vida en peligro.
Pero esta etapa es breve porque tampoco encaja con la realidad y,
además, resulta agotador estar pensando todo el rato en soluciones.
4. Etapa de la depresión
En
la etapa de la depresión (que no es en sí el
tipo de depresión que se considera trastorno mental, sino un
conjunto de síntomas similares), dejamos
de fantasear con realidades paralelas y volvemos al presente con una
profunda sensación de vacío porque
el ser querido ya no está ahí.
Aquí aparece una
fuerte tristeza que no se puede mitigar mediante excusas ni mediante
la imaginación, y que nos lleva a entrar en una crisis
existencial al considerar la irreversibilidad de la muerte y
la falta de incentivos para seguir viviendo en una realidad en la que
el ser querido no está. Es decir, que no solo hay que aprender a
aceptar que la otra persona se ha ido, sino que además hay que
empezar a vivir en una realidad que está definida por esa ausencia.
En esta etapa es normal que nos aislemos más y que nos
notemos más cansados, incapaces de concebir la idea de que vayamos a
salir de ese estado de tristeza y melancolía.
5. Etapa de aceptación
Es
en el momento en el que se acepta la muerte del ser querido cuando se
aprende a seguir viviendo en un mundo en el que ya no está, y se
acepta que ese sentimiento de superación está bien.
En parte, esta fase se da porque la huella que el dolor emocional del
duelo se va extinguiendo con el tiempo, pero también es necesario
reorganizar activamente las propias ideas que conforman nuestro
esquema mental.
No es una etapa feliz en contraposición al resto de
etapas del duelo, sino que al principio se caracteriza más bien por
la falta de sentimientos intensos y por el cansancio. Poco a poco va
volviendo la capacidad de experimentar alegría y placer, y a partir
de esa situación las cosas suelen volver a la normalidad.
Un ciclo para pasar a sentirse mejor
Tal
y como hemos visto, el duelo puede adoptar muchas formas, haciendo
que el sentimiento de pérdida se vaya transformando a medida que va
madurando nuestra manera de experimentar esa vivencia. La clave está
en el modo en el que aprendemos a convivir
con la idea de que aquello que amábamos ya no volverá a estar
presente,
ya fuese una persona, un objeto o una parte de nuestro propio cuerpo.
Para
superar estas pérdidas, que en
un inicio suelen ser sentidas a través de una sensación de
desesperanza y desasosiego,
hay que llegar a asumir que a partir de ese momento nos tocará vivir
en un mundo distinto, uno en el que aquello que añoramos ya no está.
Eventualmente, es posible reconciliarse con esta
realidad y seguir hacia adelante manteniendo una salud mental
equilibrada y sana, ya sea habiendo recurrido a psicoterapia o sin
haberlo hecho, en caso de que no haya hecho falta. Prácticamente
ningún hecho es lo suficientemente terrible como para que no podamos
superarlo de un modo u otro, esforzándonos e invirtiendo tiempo en
ello. La evidencia empírica muestra que en la gran mayoría de los
casos se da una recuperación anímica tras eventos intensamente
dolorosos como la muerte de un ser querido.
Referencias bibliográficas:
Abengózar, Mª. C. (1994). Cómo vivir la muerte y el duelo. Una
perspectiva Clínico-Evolutiva de Afrontamiento. Universidad de
Valencia. Valencia.
Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y de la muerte.
Ediciones Martínez Roca.
Kübler-Ross, E. (1992) Los niños y la muerte. Ediciones
Luciérnaga. Barcelona.
Lee, C. (1995) La muerte de los seres queridos. Plaza & Janés
Editores. Barcelona.
Lenz, A. S., Henesy, R.; Callender, K. (2016). Effectiveness of
Seeking Safety for Co-Occurring Posttraumatic Stress Disorder and
Substance Use. Journal of Counseling & Development. 94 (1): 51 -
61.
McLean, C.P..; Foa, E.B. (2011). Prolonged exposure therapy for
post-traumatic stress disorder: a review of evidence and
dissemination. Expert Rev Neurother. 11 (8): 1151 - 63.
McRitchie, R., McKenzie, K., Quayle, E., Harlin, M., Neumann, K.
(2014). How adults with intellectual disability experience
bereavement and grief: a qualitative exploration. Death Studies,
38(3), 179 - 185.
Miles, J.;
Bailey-McKenna, M.C. (2017). Giving Refugee Students a Strong Head
Start: The LEAD Program. TESL Canada Journal. 33: 109 - 128.
Arturo
Torres. (2016, diciembre 6). Las 5 etapas del duelo (cuando un
familiar fallece). Portal Psicología y Mente.
https://psicologiaymente.com/clinica/etapas-del-duelo
https://psicologiaymente.com/clinica/etapas-del-duelo
"Lanat Abad / El lugar de los condenados", de Solmaz Sharif (Irán, 1983)
este terreno sórdido al que
ahora
sólo vienen las madres
donde sólo las madres guardan fosos sin nombre
*
y luego, con misericordia
*
Agujeros quemados en las puertas de metal
de sus celdas solitarias,
*
apenas hay espacio
para que tres dedos atraviesen
para que un limón se cuele
para que un oído escuche
para que un ojo luego el otro
observen el pasillo
observen a encerrado y celda
*
agujeros sin cubierta
para que cuando llegue el guardia a verme,
yo lo vea.
Tócame, él me dijo.
*
Y, desde aquél agujero
Lo toqué.
Solmaz Sharif, incluido en Círculo de poesía (México, 15 de enero de 2017, trad. de Sergio Eduardo Cruz).
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TEMAS TERTULIA 3-7-2026
GRILLOS GRILLADOS
EXULANSIS
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEXTOS TERTULIA 26-6-2026
LOBOS
ABISMO
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Colaboración gráfica: Victoria Blanco.
LOBOS
Había sido el único superviviente de una camada de lobeznos. Su madre había sido abatida por los cazadores y para Juan, que era agricultor y odiaba a los jabalíes, un lobo, mientras no se hiciera vegetariano, nunca sería su enemigo.
Encontró a sus cuatro hermanos congelados por la ventisca y aplastados por los cascos de algún caballo salvaje. Rodeado de sus cuerpos estaba el pequeño lobezno, que Juan cobijó bajo su zamarra al tiempo que le daba nombre: ”Eres duro, carajo, el viento no ha podido contigo, te llamaré Ventarrón”.
El animal fue creciendo en la granja, huyendo ocasionalmente al bosque, del que siempre retornaba rompiendo el pronóstico de los vecinos de Juan: “Ese no vuelve, es lobo, y cualquier día te pegará un bocado.” “Volverá, volverá, en la naturaleza la gratitud siempre es correspondida, el hombre es el único que a veces lo olvida”. Y siempre volvía. En el pueblo y los alrededores, Ventarrón fue trazando su mapa de amigos y enemigos: quienes le dejaban vivir y quienes le apedreaban aprovechando la ausencia de Juan.
Sólo al cabo de cinco años, siendo ya un lobo de aspecto temible, empezó a ser respetado por todos cuando localizó a un niño caído en una poza del bosque antes que el mejor sabueso de los cazadores. El padre del niño, un cazador rudo y malhumorado advirtió entonces: “Al que haga daño a este animal, le pego un tiro”.
Pero había un miedo transformado en ira que Ventarrón nunca pudo superar: los caballos, posiblemente por la muerte de sus hermanos.
Ventarrón se lanzaba a morder las patas de cualquier equino que se acercara por la granja, y era la única ocasión en que hacía caso omiso a la llamada de Juan.
Más de una coz se llevó a lo largo de su vida el valiente Ventarrón, pero ayer, cuando con sus doce años a cuestas, pretendía expulsar de la granja a una joven y nerviosa potranca, recibió una coz de la que no se pudo recuperar. La yegua se llamaba Brisa.
Nekovidal – nekovidal@gmail.com
ARTES LIBRES – www.arteslibres.net
www.arteslibresdeandalucia.com
LOBOS
Llamar "lobo" a un hombre cruel es el insulto más grande que se le puede hacer a un lobo.
En la manada, el lobo más fuerte protege al más débil.
En la humanidad, suele ser al revés.
Sabrina Chakour
ABISMO
Seguramente todos habéis recibido en alguna ocasión un meme de un texto con las letras desordenadas, a falta de alguna palabra, o con un par de ellas mal escritas, por ejemplo “chocoalte”, y no habéis tenido problema alguno para rellenarlo o interpretarlo; esto se debe a que nuestro cerebro es tan bueno en lo suyo que coloca todo siguiendo la norma aprendida o, dicho de otra forma, como está acostumbrado a verlo.
Es una capacidad excelente, aunque, como todo en la vida, cuando se aplica de manera aleatoria o a campos que no le corresponden la cosa se complica.
Quien está acostumbrado a decir «la mandaba rosas por primavera» (permitidme este cariñoso guiño a Cecilia), podrá leer mil veces «le mandaba…» y no lo verá; quien desde niño coloca una «s» final a la segunda persona del singular del pretérito perfecto, aunque lo escuche bien dicho en miles de ocasiones, no lo oirá. Tengo un montón de ejemplos más, pero sé que el buen manejo del idioma es mi obsesión y ya ha quedado claro el concepto, así es que pasaré al factor humano, otro de mis intereses al que, de maneras muy variadas y rebuscadas, se extrapola esa maravillosa capacidad de rellenar o interpretar.
Voy a meternos a todos en el saco y ¡sálvese quien pueda!
Conocemos a una persona con la que empatizamos; sería bueno que, apoyados en esa emoción escucháramos, viéramos, sintiéramos al ser humano que tenemos frente a nosotros para hacernos una idea de quién es, de cómo piensa y de si existe algún tramo de camino que podamos recorrer codo con codo. Pero nuestro «cerebro armador de textos» se nos anticipa y, sin que tomemos conciencia de ello, capta un rasgo, una forma de caminar, un tono de voz, una altura o un estilo de vestir que le invitan a organizar una idea del otro según los datos que tiene archivados.
Y, como el que no quiere la cosa, comenzamos a relacionarnos no con la persona que hemos conocido, ni siquiera con la sensación que hemos recibido de su energía, sino con la imagen que de ella ha inventado nuestra sesera y que, sin duda alguna, contendrá una parte que en nada coincidirá con la identidad de quien tenemos al lado.
Mientras nuestro imaginario no choca con la realidad, todo va bien; pero el día en que sobreviene una situación en la que la realidad no encaja con lo que esperábamos encontrar, nos entra mucha desazón, tanta como cuando no podemos encontrar la palabra adecuada de esos memes, o nuestros ojos se van al «chocoalte», o no podemos comprender el contenido; y también mucha inquietud, la misma que si no logramos obviar que Cecilia dice «la» y nuestro amigo del alma «vinistes».
Y ese día que, además hemos amanecido con menos fuerza vital que de costumbre, y hemos pasado la jornada inquietos, y hemos hecho el -a veces ineludible- esfuerzo de vivir… sin querer, sin venir a cuento, sin que pase algo llamativo, nos enfadamos muchísimo solo porque alguien no es como nosotros hemos imaginado que era y no nos queda más remedio que montar una historia -también con trozos inventados- para convencernos de que tenemos razones de sobra para enfadarnos.
Después de esto, si no cogemos el toro por los cuernos y afrontamos la parte de responsabilidad que tenemos en el asunto, la diferencia entre la realidad y nuestro imaginario se convertirá, inevitablemente, en un abismo insalvable y perderemos a esa persona para siempre.
27/junio/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
ABISMO
Ahuyentar
la sombra del asombro
Jazmines
que resurgen evocados
Fragancia
perseguida,
Muerte
esquiva
Perdimos
rostros y nos reencontramos
Ante
la decadencia engañada
Por
unos minutos cansados pero vivos
Involuntaria
esperanza que nos visita
Desde
la cúpula de un cielo medio abierto
Perecen
los espejos ante los nadies
Se
cierran las sendas inmóviles
En
este contrabando de abrazos
No
quisimos marcharnos lejos
Donde
el valor pudiera agazaparse
Donde
el miedo supiera alzar el vuelo
No
quisimos
No
pudimos
Rendirnos
al abrigo de un amor perdido
Sara Vi Ta
https://iderinaweb.wordpress.com
ABISMO
El abismo más peligroso
no es el que se abre bajo tus pies,
sino el que se abre dentro de tu pecho.
Sabrina Chakour
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS
PAPALAGUI.
Las 5 etapas del duelo (cuando un familiar fallece)
Cuando perdemos a una persona allegada, podemos pasar por estas fases de duelo emocional.
La pérdida de alguien querido es una de las experiencias que más dolor psicológico produce. Sin embargo, dentro de esta clase de experiencias dolorosas existen matices, formas diferentes de vivir el duelo tanto en lo emocional como en lo cognitivo.
Esta idea es la que desarrolló la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en su teoría de las 5 etapas del duelo, publicada en el año 1969 en el libro On death and dying". Esta idea sirve para entender mejor el modo en el que se sienten las personas en fase de duelo y cómo tienden a actuar.
El modelo de Elisabeth Kübler-Ross
Elisabeth Kübler-Ross fue una psiquiatra suizo-estadounidense nacida en 1926 que se especializó en los cuidados paliativos y en las situaciones cercanas a la muerte. Después de trabajar durante años en contacto con pacientes en estado terminal, desarrolló el famoso modelo de Kübler-Ross en el que establece 5 etapas de duelo.
Aunque el nombre de esta teoría pueda parezca indicar lo contrario, Kübler-Ross no llegó a la conclusión de que después de la muerte de un ser querido se pasa por cinco fases que siempre se van sucediendo en orden, de forma secuencial.
Lo que hizo esta investigadora fue, más bien, definir cinco estados mentales que actúan como referencia para entender cómo se va produciendo la evolución del doliente, desde el momento en el que sabe que su ser querido ha muerto hasta que acepta esta nueva situación.
Eso significa que no todas las personas en fase de duelo tienen por qué atravesar las 5 etapas, y que aquellas que atraviesan no aparecen siempre en el mismo orden. Sin embargo, Elisabeth Kübler-Ross consideró que estas etapas sí eran útiles como sistema de categorías para poder conceptualizar de un modo relativamente simple todos los matices del modo en el que se gestiona el duelo, una fase que en algunos casos se expresa a través de la labilidad emocional.
Las 5 etapas del duelo
De forma resumida, las 5 etapas del duelo tras la muerte de alguien querido son descritas por Elisabeth Kübler-Ross de la siguiente manera.
1. Etapa de la negación
El hecho de negar la realidad de que alguien ya no está con nosotros porque ha muerto permite amortiguar el golpe y aplazar parte del dolor que nos produce esa noticia. Aunque parezca una opción poco realista, tiene su utilidad para nuestro organismo, ya que ayuda a que el cambio de estado de ánimo no sea tan brusco que nos dañe.
La negación puede ser explícita o no explícita, es decir, que aunque nos expresemos verbalmente aceptando la información de que el ser querido ha muerto, a la práctica nos comportamos como si eso fuese una ficción transitoria, es decir, un papel que nos toca interpretar sin que nos lo creamos del todo.
En otros casos, la negación es explícita, y se niega de manera directa la posibilidad de que se haya producido la muerte.
La negación no puede ser sostenida de manera indefinida, porque choca con la realidad que aún no se ha llegado a aceptar del todo, así que terminamos abandonando esta etapa.
2. Etapa de la ira
La rabia y el resentimiento que aparecen en esta etapa son fruto de la frustración que produce saber que se ha producido la muerte y que no se puede hacer nada para arreglar o revertir la situación.
El duelo produce una tristeza profunda que sabemos que no puede ser aliviada actuando sobre su causa, porque la muerte no es reversible. Además, la muerte es percibida como el resultado de una decisión, y por eso se buscan culpables. Así, en esta fase de la crisis lo que domina es la disrupción, el choque de dos ideas (la de que la vida el lo deseable y la de que la muerte es inevitable) con una carga emocional muy fuerte, por lo que es fácil que se den estallidos de ira.
Así, es por eso que aparece una fuerte sensación de enfado que se proyecta en todas las direcciones, al no poder encontrarse ni una solución ni alguien a quien se le pueda responsabilizar completamente por la muerte.
Aunque una parte de nosotros sepa que es injusto, la rabia se dirige contra personas que no tienen la culpa de nada, o incluso contra animales y objetos.
3. Etapa de la negociación
En esta etapa se intenta crear una ficción que permita ver la muerte como una posibilidad que estamos en posición de impedir que ocurra. De algún modo, ofrece la fantasía de estar en control de la situación.
En la negociación, que puede producirse antes de que se produzca la muerte o después de esta, fantaseamos con la idea de revertir el proceso y buscamos estrategias para hacer que eso sea posible. Por ejemplo, es frecuente intentar negociar con entidades divinas o sobrenaturales para hacer que la muerte no se produzca a cambio de cambiar el estilo de vida y "reformarse".
Del mismo modo, el dolor es aliviado imaginando que hemos retrocedido en el tiempo y que no hay ninguna vida en peligro. Pero esta etapa es breve porque tampoco encaja con la realidad y, además, resulta agotador estar pensando todo el rato en soluciones.
4. Etapa de la depresión
En la etapa de la depresión (que no es en sí el tipo de depresión que se considera trastorno mental, sino un conjunto de síntomas similares), dejamos de fantasear con realidades paralelas y volvemos al presente con una profunda sensación de vacío porque el ser querido ya no está ahí.
Aquí aparece una fuerte tristeza que no se puede mitigar mediante excusas ni mediante la imaginación, y que nos lleva a entrar en una crisis existencial al considerar la irreversibilidad de la muerte y la falta de incentivos para seguir viviendo en una realidad en la que el ser querido no está. Es decir, que no solo hay que aprender a aceptar que la otra persona se ha ido, sino que además hay que empezar a vivir en una realidad que está definida por esa ausencia.
En esta etapa es normal que nos aislemos más y que nos notemos más cansados, incapaces de concebir la idea de que vayamos a salir de ese estado de tristeza y melancolía.
5. Etapa de aceptación
Es en el momento en el que se acepta la muerte del ser querido cuando se aprende a seguir viviendo en un mundo en el que ya no está, y se acepta que ese sentimiento de superación está bien. En parte, esta fase se da porque la huella que el dolor emocional del duelo se va extinguiendo con el tiempo, pero también es necesario reorganizar activamente las propias ideas que conforman nuestro esquema mental.
No es una etapa feliz en contraposición al resto de etapas del duelo, sino que al principio se caracteriza más bien por la falta de sentimientos intensos y por el cansancio. Poco a poco va volviendo la capacidad de experimentar alegría y placer, y a partir de esa situación las cosas suelen volver a la normalidad.
Un ciclo para pasar a sentirse mejor
Tal y como hemos visto, el duelo puede adoptar muchas formas, haciendo que el sentimiento de pérdida se vaya transformando a medida que va madurando nuestra manera de experimentar esa vivencia. La clave está en el modo en el que aprendemos a convivir con la idea de que aquello que amábamos ya no volverá a estar presente, ya fuese una persona, un objeto o una parte de nuestro propio cuerpo.
Para superar estas pérdidas, que en un inicio suelen ser sentidas a través de una sensación de desesperanza y desasosiego, hay que llegar a asumir que a partir de ese momento nos tocará vivir en un mundo distinto, uno en el que aquello que añoramos ya no está.
Eventualmente, es posible reconciliarse con esta realidad y seguir hacia adelante manteniendo una salud mental equilibrada y sana, ya sea habiendo recurrido a psicoterapia o sin haberlo hecho, en caso de que no haya hecho falta. Prácticamente ningún hecho es lo suficientemente terrible como para que no podamos superarlo de un modo u otro, esforzándonos e invirtiendo tiempo en ello. La evidencia empírica muestra que en la gran mayoría de los casos se da una recuperación anímica tras eventos intensamente dolorosos como la muerte de un ser querido.
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