domingo, 1 de febrero de 2026

 VOCES entre VOCES

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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.


  Señora de compras


  Jacobo A. Rauskin

  Quiere Doña Foránea

  comprar hoy una hamaca.

  Qué lástima, qué pena,

  hamacas hoy no vende Don Folclor.

  Comprar quiere hoy Doña Foránea,

  sin servilletas, un mantel.

  Mala idea no es

  pero manteles hoy no vende Don Folclor.

  Doña Foránea quiere

  carretas, bueyes, flamboyanes,

  ranchitos unipersonales

  y trenzas y rodetes

  al sol, al sol en la jubilosa mañana

  y en mil cacharros de cerámica.

  Para decirlo de otro modo,

  Doña Foránea quiere el día de ayer.

  ¿Y por qué no se lleva

  una buena docena de postales,

  tarjetas donde todavía vive

  el Paraguay de antes?

  Viejas postales rejuvenecidas,

  postales antañonas retocadas,

  arcaizantes postales desteñidas.

  Las venden, las liquidan en la calle,

  a medio dólar cada una

  a un maravedí la docena.

  (En las circunstancias actuales,

  no es el maravedí

  moneda más imaginaria

  que el peso, que el real o el guaraní).

  Jacobo Rauskin nació en Villarrica, Paraguay, el 13 de diciembre de 1941. Es en la década del sesenta que comienza a leer sus poemas en reuniones, en radios y tertulias literarias. Publicó un par de
plaquettes pero fue en 1971 que apareció su primer poemario, Casa perdida, que es una exploración de los enigmas de la vida cotidiana, un estilo que lo define aún en el presente. Su trayectoria literaria está sembrada de numerosas publicaciones como "Naufragios" (1984), "El jardín de la pereza" (1987). Posteriormente fueron apareciendo los premios de reconocimiento a su obra, en 1989 ganó el premio La República por su libro "La noche del viaje", el de El Lector en 1991 por "La canción andariega"; el Premio Municipal de Literatura de 1994 por "Fogata y dormidero de caminantes". En dos oportunidades obtuvo el Premio Roque Gaona de la Sociedda de Escritores del Paraguay por "Adiós a la cigarra" y "Doña ilusión". Casado con un hija, Rauskin se ha ganado la vida en numerosos empleos. Fue, entre otras cosas, traductor, profesor de idiomas, periodista, corredor de seguros y empleado de una compañía algodonera. Actualmente es asesor del Teatro Municipal de Asunción, y miembro de la Academia Paraguaya de la Lengua Española. Su libro "Espantadiablos" fue galardonado con el Premio nacional de Literatura en 2007.

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TEMAS TERTULIA 6-2-2026

BLANCO

LO ÚNICO QUE TENEMOS

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.


TEXTOS TERTULIA 30-1-2026

GUERRAS

UN DIA CUALQUIERA

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

Colaboración gráfica: Victoria Blanco.

GUERRAS

Los dos bloques llevaban tres años y medio de guerra infernal. No quedaban ya soldados mayores de veinte años, ya pronto sería una guerra de niños. Hasta las bestias miraban asombradas la inexplicable bestialidad de los hombres. Los medios de comunicación del frente eran ya sólo palomas mensajeras, pues las bombas magnéticas habían inutilizado los que se creía avanzados sistemas informáticos, y hasta la electricidad llegó a ser un lujo. Era, como siempre, una cuestión de codicia y orgullo entre líderes insensibles y desquiciados lo que hacía imposible detener la carnicería: ambos habían jurado por su honor que nunca darían el primer paso para solicitar la paz o detener el conflicto, del que esperaban salir victoriosos. Daniel, a sus ocho años, era plenamente consciente de la situación: pronto su único hermano mayor vivo, de apenas quince años, sería llamado a filas como antes lo habían sido sus otros dos hermanos mayores, ya enterrados en alguna fosa común del frente. Daniel había criado y domesticado dos palomas, a las que más de una vez tuvo que evitar con ruegos que no terminaran en la paupérrima olla familiar. Haciendo uso de su natural habilidad para la copia, que tan buenos resultados le había dado en las pocas clases de dibujo a las que pudo asistir, escribió dos mensajes idénticos: “DEN ORDEN DE ALTO EL FUEGO INMEDIATO, NOSOTROS YA LA HEMOS DADO”.

Las dos palomas sobrevolaron los campos calcinados y en apenas ocho horas se detuvo el ya cotidiano traqueteo de la artillería y pronto comenzaron las celebraciones en las ciudades cubiertas de escombros.

Los líderes transmitieron idéntico mensaje:”Hemos vencido, ellos han claudicado y rogado la paz”.

Aún pasaron tres días hasta que se descubrió el engaño: ninguno de los mandos militares había enviado el mensaje, era una falsificación, posiblemente de los servicios secretos del enemigo, decían. Los jefes militares de ambos bandos intentaron volver a la contienda, pero, tanto en la población civil como en los agotados soldados, la euforia de los últimos días se transformó en inmensa indignación y las órdenes, incluso bajo la estricta disciplina militar, fueron masivamente desoídas. Era imposible volver al combate, a la guerra, al odio: ya todos habían recordado el casi olvidado sabor de la paz y sabían que no habían sido las palomas quienes se habían equivocado.

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GUERRAS

SER EL POTUS

Si eres misógino, machista, mentiroso compulsivo, desequilibrado, desquiciado, narcisista, ególatra, violento, supremacista blanco,

ultraconservador, hipócrita, ultra-religioso, ultranacionalista, paranoide, amoral, siniestro, estafador y delincuente pero eres multimillonario llegarás a ser el Puto Amo.

(Potus: President of the Unted States)

UN DÍA CUALQUIERA

Creo que los acontecimientos, sobre todo los que más nos sacuden, siempre están fuera de nuestra voluntad, no así la manera de responder ante ellos; hay dos formas básicas de hacerlo: por reacción y por acción.

La primera es la más habitual por común; se adueña de nuestro comportamiento, ya que a base de costumbre y práctica acabamos adoptando una forma de ser y vivimos en automático bajo sus órdenes: vamos a almuerzos que no nos apetecen, asistimos a eventos que nos son ajenos, sonreímos en las reuniones familiares cuando nos apetecería gritar, brindamos con individuos de los que no sabemos absolutamente nada y, sin embargo, agendamos episodios similares con una periodicidad exhaustiva… porque así está mandado.

La segunda, la actuación por acción, se usa menos por ardua; consecuencia de la búsqueda de la verdadera identidad, nos pone delante una esencia ajena a los hábitos, absolutamente legítima -muy competente, aunque poco maleable- y nos obliga a responsabilizarnos de las consecuencias de todo cuanto decidimos hacer; aquí no hay «porque así está mandado», solo hay un proceder en coherencia con lo que se es y se siente.

Hace mucho tiempo que supe de estas dos formas de afrontar la vida y, casi al mismo tiempo, comencé el trabajo de búsqueda interior; este parecía no dar frutos o los daba diminutos, poco dulces, hasta que un día cualquiera, tras años y años de ser políticamente correcta, actuar para agradar, callar para no molestar, asentir para no interferir, retirarme para dejar espacio, algo cambió y puso a vibrar una de esas cuerdas del corazón que cuando se afinan cambian el ritmo de los latidos. Y me agradó la música que salió de mí. Ese era mi compás, esa era mi cadencia.

Ocurre que cuando uno de los instrumentos ajusta su pauta la orquesta se incomoda, pero la actuación por acción cuenta con ello y asume las consecuencias. Y continué caminando al paso del nuevo son, de a poquitos, midiendo mi capacidad de resistencia ante los resultados, abrigándome el corazón con la seguridad que da no actuar desde el miedo.

Ciertamente los acontecimientos que nos sacuden ocurren de sopetón, pero no es menos cierto que, del mismo modo que los velocistas evidencian sus cientos de horas de entrenamiento en unos pocos segundos en la pista, la capacidad de responder desde la verdad interior presupone haber llevado a cabo un trabajo de fondo constante y consciente.

Toda vida está hecha de miles de días cualquiera, pero en el instante en que alguna de las cuerdas del corazón aprende a vibrar con su auténtico acento, ese día cualquiera se transforma en un día brillante y la vida pasa a ser la más luminosa de las galaxias.

31/enero/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»

UN DIA CUALQUIERA

Ermitañismo. Tañen las campanas de la ermita del exilio voluntario, de la renuncia al mundo.

Se tiñen de azul grisáceo o de gris azulado los recovecos de una gruta excavada en el interior del alma, a la espera de un rayo de luz que les permita existir. O ser vistos. ¿No es lo mismo? No, dicen que no.

Fuentes de aguardiente dejan de correr con la llegada de la vigésima glaciación. Se interrumpe el flujo de memoria al tropezar con una goma de borrar en forma de “deterioro cognitivo”. Yo era, yo soy, yo…

No seré.

Sara Vi Ta

https://iderinaweb.wordpress.com



UN DIA CUALQUIERA

Un giro más, un guiño más de nuestra estrella, y la absurda ilusión de que los ciclos siempre esperarán por nosotros.

La necesidad de dejar para mañana cuanto hemos decidido que no podemos hacer hoy.

La inefable creencia en que todo, tal vez, tenga algún sentido.

La espera sin pausa, la pausa sin sentido, a la espera de la pausa eterna.

El aprendizaje de la espera.

El error de la espera.

Un día más.

Nekovidal – nekovidal@gmail.com

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UN DIA CUALQUIERA

Hablar claro y con transparencia

Hablar con claridad y transparencia exige tomarse el tiempo necesario para expresarse de forma sencilla, precisa y directa, con el objetivo que el lector ó oyente entienda el mensaje sin ambigüedades. Ser honesto, ofreciendo  la información completa sin ocultar datos relevantes para generar confianza y comprensión. Evitar caer en la simplicidad  y en la velocidad  al dar la noticia.

Expongo el significado de hablar claro y con transparencia para que reflexionemos sobre la importancia que tiene informar con veracidad. Pensar sobre el daño que produce dar  una noticia sesgada y no constatada. Porque les importan más competir por la audiencia que hacer bien el trabajo;  esto conduce a  la confusión, a equívocos, a la desinformación.

La palabra ‘información’, en su concepto etimológico, se remite a desarrollarla con laboriosidad, es decir, dar forma algo ‘informe’;  por lo tanto, dedicarle un tiempo, pensar cómo hacerlo. Porque el error es la urgencia de hacer declaraciones rápidas y optar por la irreflexión y la simplicidad.

 Argumenta la filosofa y escritora Victoria Camp en su  capítulo dedicado a este tema “CLARIDAD,  TRANSPARENCIA, TIEMPO”, y recogido en su libroLa sociedad de la desconfianza: “Se equivocan en competir, y con el público que aún lee periódicos  y no quiere nutrirse sólo de ‘poscast’ y ‘tuist’. Y se equivocan también dando por supuesto que la mejor forma de atraer al público es trasladándoles la confrontación y  bronca contantes a que se reduce, lo vemos en el discurso político. Un discurso que ya sólo consigue aburrir y ser rechazado por falta de interés y por repetición incesante del mismo tono y las descalificaciones”. Concluye diciendo: “Lo que sobra es el ruido de una pseudoinformación que no aclara nada y que sólo añade falta de credibilidad”.

Mi reflexión pasa por plantear cómo actuar ante tales circunstancias. Ante la vorágine de noticias, lo cierto es que  nos exige muchísima formación, prudencia y tiempo para distinguir entre una noticia veraz y otra no constatada. El peligro es caer en la apatía y en desinterés, así como en el olvido  por los temas sociales y políticos que a todos nos  incumben y benefician.

Las constituciones políticas democráticas reconocen el derecho a la libertad de expresión para que todas las personas puedan expresar y difundir libremente sus ideas y opiniones, y a su vez se reconocen el derecho de la ciudadanía a recibir información veraz por parte de quienes tienen el poder y medios para transmitir información. Me pregunto: ¿Por qué no hay medidas más efectivas que controlen la  desinformación y los bulos? Y éstas sean sancionadas con eficacia.

La sociedad democrática reconoce y acoge todas las tendencias de ideas políticas y sociales, las cuales están reconocidas en los partidos políticos. Y si el peligro que puede sufrir la democracia es caer en la falta de convivencia, debido a actitudes negativas: antisociales, discriminatorias… Las cuales van en contra del sistema democrático. Mi siguiente pregunta: ¿Cómo evitar tales actitudes? ¿Y actuar contra ellas?

  Ante estas premisas y preguntas te invito a pensar sobre ellas. Porque como personas sociables y ciudadanos de un país y del mundo que somos; debemos encontrar las respuestas y actuar.

Para concluir, he de decir: Que me preocupa la salud democrática, y hay que cuidarla. 

Este artículo se ha publicado en el periódico NOTICIAS 24 DIGITAL (Comarca de la Axarquía), el 26 de enero de 2026 Mi agradecimiento personal al director del medio, D. Francisco Gálvez, por su interés por los temas culturales, de opinión y pensamiento.

https://www.noticias24digital.com/

https://josemarcelopoeta.wordpress.com/2026/01/26/hablar-claro-y-con-transparencia/


MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

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LA PROPAGANDA CINEMATOGRÁFICA DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

El cine (informativo, documental y de ficción) supuso un nuevo recurso que todos los

gobiernos intentaron utilizar como propaganda, como arma persuasiva. De hecho, fue la gran

innovación técnica, junto a la radio, aunque los medios impresos siguieran usándose mucho.

En ese plano, el bombardeo de panfletos supone otra nueva técnica propagandística. La gran

diferencia radicaba en el enorme aumento cuantitativo. En este ensayo discutiré sobre la gran influencia y manipulación que ejerció el medio cinematográfico durante la Primera Guerra

Mundial. También me parece interesante analizar la evolución de las mentalidades y del uso

que los estados hicieron del cine durante esa guerra.


El cine dejó de considerarse un medio de ocio para llegar a constituir un instrumento de

gran influencia. Un instrumento para subir la moral de las (propias) tropas y ciudadanos de la

retaguardia, para aminorar los ánimos del enemigo y para captar el apoyo de los países

neutrales (o para que siguiesen en su posición neutral). Sin embargo, los gobiernos no adoptaron la actitud de aprovecharse del cine desde un primer momento. A lo largo de la

Primera Guerra Mundial se distinguen tres grandes fases en la evolución de la propaganda y

de la intervención en los flujos informativos. En la primera, desde principios de la guerra hasta 1915, predominaba la censura y las oposiciones que ello originaba en los medios de

comunicación. Los filmadores provocaban miedo e incertidumbre. Se impuso desde el principio una clara representación ficticia de la guerra. En la segunda etapa, de mediados de

1915 a mediados de 1917, se notaba ya cierta similitud entre información y propaganda. Los

medios tendían a ocultar los acontecimientos que pudiesen resultar perjudiciales a su país. Y en la tercera etapa, desde 1917, las instituciones propagandísticas se consolidaron con éxito, sobre todo en los países aliados.


De hecho, esas etapas, de distinta manera, se dan en toda la población: en los civiles (debo distinguir en este conjunto a los operadores de cámara) y en los militares. Todos ellos pasan de un estado alegre, eufórico, de orgullo, a la decepción, angustia e impotencia, paralelamente

al avance y distensión de la guerra. Los soldados se sienten, al marchar a la guerra, emocionados y orgullosos. Están sonrientes. Los que se quedan les felicitan, sienten que sus compatriotas van a desempeñar un papel importante para la nación, un papel honorífico. 


- 2 -


Por otro lado, los cámaras graban con entusiasmo, sintiendo que forman parte de lo que captan.

Muchos comprenden el importante papel que desempeñará su arte, el cine, un arte moderno

en una guerra moderna. Al principio les tenían prohibido ir al frente, por lo que ya se temía

que la única muestra de la guerra fuese la ficción. Por eso los filmadores se unieron para

conseguir formar un servicio civil cinematográfico de los ejércitos. Hablaban “de la exactitud

científica de la cámara, del cinematógrafo como lenguaje de verdad pura”. Consideraban al

cine como a una ciencia, como a un conjunto de conocimientos exactos que no podían faltar a

la verdad. Pero las cosas no iban a cambiar mucho, ya que las autoridades, los militares, no

sólo facultaban a los operadores, sino que eran también sus jefes. Y los militares, lógicamente, obedecen a los intereses de sus respectivos gobiernos.

Los filmadores debían moverse rápidamente y con habilidad para obtener distintos ángulos. Aunque el frente estuviese en paz, se hacían algunas reconstrucciones para hacer

notar el peligro. En las batallas ficticias se le facilitaba el trabajo a los cámaras: no corrían peligro alguno y además podían tomar mejores planos. Podían poner así en uso técnicas

entonces casi revolucionarias como el travelling o el uso de distintos ángulos (sobre todo picado o contrapicado). En definitiva, el uso del lenguaje de cine como otro medio de

propaganda. Creo conveniente advertir, al menos a mi manera de ver, la estrecha relación entre la manera de captar tomas de los profesionales del cine y el lenguaje cinematográfico.

Los operadores de cámara se dieron cuenta pronto, al ver situaciones reales, de soldados con un futuro incierto, que ese sanguinario conflicto que les aguardaba sería “una guerra que

permanecería lejos de las cámaras”. Aunque valorasen a sus tropas como a “un heroico regimiento“ y a los prisioneros de guerra que habían conseguido capturar como a un “rebaño humano” y “botín de guerra”, como si de objetos se tratasen, su actitud era distinta de la de los ciudadanos de la retaguardia. A los cámaras no les estaba permitido acceder a los campos de batalla, y sobre todo filmarlos. Debían permanecer con su trípode allí donde les indicasen.

Pero se daban cuenta de la manipulación a la que estaban siendo sometidos los civiles que no vivían la guerra en sus propias carnes. La retaguardia se emocionaba ante ofensivas ficticias (siempre victoriosas, claro está), ante una guerra basada en el engaño y en la distorsión a través de interesados planos. Muchos filmadores se sentían culpables. Habían pasado de sentirse parte de una heroica misión, de unos soldados en busca de la justicia, a formar parte de una sucia y sangrienta estratagema política dirigida por sus gobiernos.

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El uso de imágenes para captar la atención y mantener la moral de la vanguardia y retaguardia sigue siendo vital, aunque lo que predomine en el presente sea la censura y la desinformación. A principios del siglo XX, cuando reinaba el analfabetismo también en los países industrializados, el uso de las imágenes fue una novedad que se hizo imprescindible.

La ignorancia sobre la lectura (aún más entonces), sobre la interpretación de las imágenes, es abundante. Ese “analfabetismo” es aún mayor si se trata de imágenes en movimiento, como es el caso que estoy tratando en este ensayo, el del cine y su función propagandística en la Gran Guerra.

Los contenidos propagandísticos que se le hacía llegar a la retaguardia eran efectivos.

Ensalzaban el patriotismo y la aversión al enemigo. Y surtió efecto. De hecho, la deserción dentro del ejército francés fue tan solo de un 1%, frente al 30% de 1870. La propaganda no se ejercía sólo a través de los medios de comunicación (de masas). El desfile de prisioneros era otro procedimiento para demostrar la eficacia de la ofensiva victoriosa; y con el que las muchedumbres se desahogaban insultándolos y humillándolos. Un truco importante para quitarles relevancia a los cautivos al ser filmados era usar el plano picado, desde arriba, al contrario que con sus tropas. Rememorar de ese modo “su” derrota y “nuestra” victoria no estaba en manos del cámara. Las órdenes eran claras, y en un ejército nada se cuestiona. En tiempos guerra, aún menos.

Considero que los que grababan la guerra, o mejor dicho, eran conscientes de que no la estaban grabando, eran afortunados. Su capacidad crítica era superior a la de la mayoría.

Aunque sintiesen, como sus conciudadanos, aversión hacia el enemigo y, lógicamente, simpatía por su país, tenían el privilegio de poder “ir más allá”. Si conseguían acercarse a los prisioneros de guerra y sacar un primer plano de ellos, se daban cuenta de que, antes que enemigos, eran también personas. En tiempos de guerra todos somos conscientes de que las condiciones cambian, pero sólo los que la viven de cerca se dan cuenta de la magnitud de las mutaciones. Todos nos insensibilizamos, pero no todos somos conscientes de ello. Algunos se dan cuenta de que nada volverá a ser igual, otros sólo tratan de seguir adelante.

Los estados no reflejaban en el cine sólo su poder bélico y económico para persuadir a los países neutrales (para que siguiesen equidistantes o para que se uniesen a su causa). 

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También querían dar una buena imagen. No querían que pensasen que maltrataban a las poblaciones de los territorios ocupados. La atroz propaganda se encargaba de contrarrestar esas tentativas.

Muchas veces no se sabía bien quién era el que estaba ejerciendo la contrapropaganda, quién respondía a quién. El abuso de la atrocity propaganda hizo que en el futuro se cuidasen mucho ese tipo de informaciones, por miedo a despertar la desconfianza del público. La reacción contra el abuso de todo tipo de propaganda desembocó en su estudio científico en el periodo de entreguerras.

Los filmadores se hacían preguntas esenciales: ¿debo grabar escenas de muerte, propias de una pesadilla? ¿Para qué, si nunca van a ser difundidas, si van a ser censuradas de inmediato?

¿Acaso los ciudadanos están interesados en verlas, o simplemente intentan evadirse de la realidad? Todas esas preguntas sin salida y una manipulación cada vez más desvergonzada les

hacía sentir extraños, solos, incomprendidos. La acogida de los montajes era excepcional, y los medios de comunicación estaban confabulados para darles la mayor veracidad posible. El cinematógrafo no era lo que debía ser. No estaba cumpliendo su función: la de una herramienta para transmitir la realidad. Era un utensilio a merced de los estados para mezclar realidad y ficción, sacándole el máximo partido posible como medio de propaganda masiva.

La misión era convertirlo en “un arma de guerra en todos los terrenos”.

Al final, la población de los vencedores saltan de júbilo y los vencidos no tienen más remedio que resignarse. Pero no pienso que los cámaras de los países vencedores estuviesen tan felices como sus compatriotas. Habían ganado, pero sabían lo que era una guerra: juego sucio, crueldad y muerte, mucha muerte. Los cámaras de los países vencidos sentían que habían filmado la derrota. Su deshonestidad había perdido entonces todo su sentido. El cine fue un arma de propaganda sin precedentes. Algunos consiguieron manejarla mejor que otros.

Los estados temían al principio este nuevo medio de comunicación de masas, pero se dieron cuenta de que podían usarlo para su beneficio, y así lo hicieron. En vez de reflejar los horrores de la guerra, reconstruyeron la realidad a su antojo. La retaguardia pasó del entusiasmo a evadirse y esperar el fin de la guerra. Los soldados sólo podían aguantar. Su verdadera vida cotidiana nunca se mostraría. Y los operadores de cámara se dieron cuenta de que “lo fundamental era haber plasmado la huella de la vida de todos esos muertos, como jirones de la Historia”. Lo poco que les dejaron plasmar.

Mayo Antonio Vidal Tanaka

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BIBLIOGRAFÍA

CLASES DE HISTORIA [en línea]. Resumen de la Primera Guerra Mundial.

&lt; http://www.claseshistoria.com/1guerramundial/propaganda.htm &gt;

&lt; http://www.claseshistoria.com/1guerramundial/retaguardia.htm &gt;

[22 de marzo de 2007]


I.G.: «&#39;La noche temática&#39; reflexiona sobre las dos guerras mundiales» en El País, 11 febrero 2006.

EL PAÍS [en línea]. Artículo sobre la programación televisiva.

&lt; http://www.elpais.com/articulo/Pantallas/noche/tematica/reflexiona/guerras/mundiales/elpep

urtv/20060211elpepirtv_3/Tes &gt; [22 de marzo de 2007]