domingo, 1 de marzo de 2026

 VOCES entre VOCES

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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.


5 poemas de Los cantos rotos, de Juan José Vélez Otero

07 Feb 2026 Laura di Verso

Un niño enterrado en la arena de su pecho le pide auxilio entre sollozos. El caminante, colmado y solitario, lo escucha en silencio, buscando las palabras que puedan rescatar a los pájaros que hay debajo de la tierra. Los cantos rotos es un coro de voces sublimes, terrenales y divinas, que celebran bacanales y desdichas. Un libro conmovedor fraguado por un servidor de la poesía, por un poeta verdadero

En Zenda reproducimos cinco poemas de Los cantos rotos (Visor), de Juan José Vélez Otero.

***

CANTOS

Salen voces por todas las rendijas,
de entre todas las grietas salen voces
y se extienden por todo el universo,
florecen en las bocas y en los púlpitos.
Está toda la luz llena de voces,
de cantos terrenales y de cantos divinos,
también en el desierto suenan voces,
cantos, voces, clamor de bacanales
y cantos de desdichas, cantos fúnebres;
cantos llenos de sol y cantos rotos.

***

ÁNGELES

Tu ángel de la guarda fracasó
y Dios le echó una bronca y lo mandó a otro cielo
a purgar sus dislates con los ángeles tontos.
En el aljibe oscuro de este mundo
bebes el agua santa del Señor
y soplas gusarapos de ángeles caídos
y te limpias las lágrimas de espaldas a otros ojos
cuando te asaltan toda la tristeza
de la niñez y el tufo de los sueños
que nunca sucedieron.

***

CLEMENCIA

Han vuelto a renacer, cuando la tarde
transcurre, los recuerdos. Son contornos
de vida en las paredes, son sueños desechados,
ya fósiles del tiempo, ya leña en los crepúsculos.
Hay un mar de esqueletos y amonites
detrás de las montañas,
un océano antiguo donde agita la ausencia
sus olas en desorden, su galerna aterida,
el lubricán clemente
que alumbra con sus teas los caminos vacíos.

***

FUGA

Vivir en los espejos no es el mejor remedio
contra los estropicios de la melancolía.
Ensilla tu caballo y ordena que te abran
las puertas del jardín y de palacio.
Sal fuera, compra vino,
mira el sol cómo dora los hombros de los jóvenes,
no pienses nunca más en el Leteo,
pasea entre las flores, besa, olvida
el pavor que te asalta cuando cierras los ojos,
la incertidumbre atroz cuando los abres.

***

ECOS

La luz de la memoria es un relámpago
que nos ciega el cristal del desamparo, enciende
las murallas sitiadas de los años de entonces,
los mares de los atlas que congregan los ecos
silbantes en las grutas de los días cumplidos.
En la distancia, el vértigo y los nombres
que ya desaprendimos con la edad,
la noche contagiosa de los ciegos,
la momia de este pájaro que entona el canto sordo
del miedo a lo que queda por llegar.

—————————————

Autor: Juan José Vélez Otero. Título: Los cantos rotos. Editorial: Visor. Venta: Todos tus libros.

BIO

Juan José Vélez Otero (Sanlúcar de Barrameda, 1957), licenciado en Filología Inglesa, ha ido combinando su labor literaria con la docencia. Entre sus libros destacan Ese tren que nos lleva (Madrid, 1999); La soledad del nómada (Madrid, 2004); El sonido de la rueca (Córdoba, 2005); El solar (Madrid, 2007); Otro milagro de la primavera (Valencia, 2010); Dióxido de carbono (Granada, 2016); Pasmo (Granada, 2019) o Cuando todos soñábamos con Ornella Muti (Granada, 2022). Con los libros anteriores ha obtenido, entre otros, los premios Feria del Libro de Madrid, el Ciudad de Cáceres, Rosalía de Castro, Aljabibe de Poesía o el José de Espronceda. Como traductor ha vertido al español la obra de autores norteamericanos y británicos

https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-los-cantos-rotos-de-juan-jose-velez-otero/



TEMAS TERTULIA 6-3-2026

CLAVELES

RUMORES

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.



TEXTOS TERTULIA 27-2-2026

JUEGOS

LUZ

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

Colaboración gráfica: Victoria Blanco.


JUEGOS

JJC - Juan Jiménez Caballero

LUZ

Herméticamente cerrado estaba su corazón
Hasta que una noche, un pájaro carpintero cualquiera
Vino a tocar, rítmico e incansable
Contra una coraza que parecía más hierro que madera

Llegó el invierno; el pájaro emigró
Pero en algún momento, alguna semilla
Caída del cielo o traída por el viento
Se coló sigilosamente en esa pequeña oquedad

Y llegó marzo, y llegó abril; llegaron las lluvias de todos los años
Pero esta vez había extraviado el paraguas
Que siempre tuvo para protegerse de lo improtegible
Se dejó mojar hasta inundar lo estéril

Y asomó lo nunca visto en treinta años
Un tierno brote, más pequeño que vulnerable
Ofreciendo su ser al mundo, sin saber
Si sería éste cegadoramente luminoso
O si por el contrario
Los ciegos
Serían
Los demás…

Sara Vi Ta

https://iderinaweb.wordpress.com

LUZ

ATRAPANDO LA LUZ DEL INVIERNO


Al principio yo también creía en dioses.

Esperaba paciente que su luz me impregnara e hiciera de mi el espejo en que reflejar su grandeza.

Adoré, con la debilidad que crea la dependencia, a mis padres, mis profesores y esas personas tan serias a los que todos temían y respetaban.

Era aquel tiempo incierto pero dulce de la infancia, en que nada sabía, pero no sufría, porque ni sabía que no sabía, ni sospechaba siquiera que se pudiera llegar a saber o a creer que se sabe.

Siguiendo el curso de la naturaleza, en mi adolescencia rompí todos los ídolos, y con la candidez de la juventud, coloqué, sin saberlo, a otros en su lugar.

Luché con ira contra la ira, contra el dolor sembrando dolor, contra la intransigencia de la injusticia siendo intransigente ante ella. Creía, sin la menor duda, justa la ira de los justos.

Cometí cuantos errores pueda cometer un ser humano, sólo el azar hizo que mis manos no se mancharan de sangre. Conocí casi todos los placeres que esta vida puede regalar y sufrí casi todos los dolores que el destino pueda deparar, el peor, sin duda, la muerte de seres queridos.

Era torpe como todos los creyentes, obsesionado con vencer, sin sospechar siquiera donde se encontraba mi enemigo, sin sospechar que todos nuestros enemigos lo son tan sólo porque les concedemos tal puesto en nuestra vida y en nuestra mente.

Era un ciego intentando alcanzar la luz golpeándola con su bastón blanco.

El tiempo fue aclarando mis pensamientos algo más rápido que mi pelo, fue domando tanta energía, enseñándome a no desperdiciar la vida, enseñándome, poco a poco, a vivir. . .

A mis padres, hermanos y amigos pude verles, al fin, como personas en toda su magnitud y miseria, ni mejores ni peores que yo mismo.

Aprendí a mirar con un mínimo de comprensión tanto al arrogante, como al codicioso, al iracundo o al que se engaña a si mismo hablando de paz, amor y fraternidad, mientras autojustifica sus egoísmos y mezquindades. Aprendí a mirar las ideas por las que en otro tiempo hubiera dado la vida, como unas ideas más en un mar de ideas que a diario dan a luz nuestras mentes.

Aprendí, casi, a perdonar y casi, a perdonarme a mi mismo.

En todo encontré luz y sombra: En la sombra de nacer sin una tierra a la que pudiera llamar mía, la luz de sentir que mi patria era todo el planeta; en la sombra de haber padecido la soledad, la cálida luz de la amistad; en la sombra de la muerte, el aprecio constante y creciente por la vida . . .

Ya hace mucho que no creo en los dioses que son predicados y representados por mortales. Tiempo ha que escucho indiferente el murmullo de las plegarias vacías que llenan los templos. Una diminuta chispa de luz me hizo comprender un día que hay tantos dioses como seres humanos, y que ninguno es mejor o peor que otro, mientras su existencia no siembre dolor.

Mis dioses, que nunca exigen adoración, aunque siempre solicitan compañía, son de este mundo, son los hijos de esa especie contradictoria, que con ímpetu adolescente, es incapaz de cuidar el espacio que habita, de ser responsable de sus actos, de sospechar siquiera el lugar donde se encuentra dentro su caótica juventud evolutiva . . .

Esa especie que, impregnada por igual de luz y de sombra, es capaz de los más creativos y destructivos actos, pero tan entrañable en su alocada inocencia, en sus utópicos ideales, que siempre consigue alcanzar, en su desordenado crecimiento . . .

Pasó el tiempo, y ya en el invierno, aquella chispa primigenia se transformó poco a poco en la llama de una vela, diminuta, pero suficiente para ver que no existía en lo humano ni un ápice de maldad o bondad, tan sólo miedo, amor, fantasía y necesidad.

Tras medio siglo con los ojos abiertos, sigo preguntándome:

¿Qué es la luz? Y no me inquieta la pregunta, tan sólo me sorprende ese empeño nuestro en intentar atrapar cuanto desconocemos, rindiendo homenaje, sin saberlo, a lo más humano de nuestra naturaleza humana: la curiosidad.

Todos atrapados por la duda de si habrá primavera tras el último invierno, si todo esto tiene sentido, o es sólo un absurdo cuento, por la duda de si todo no se quedará, al final, en apenas cien años de soledad.

Porque aquí estamos todos, incluso quienes no lo sospechan, reunidos bajo el anhelo común de atrapar la luz, bajo el estigma de la sombra de nuestros miedos, todos tan diminutos como todopoderosos, tan frágiles como eternos, y apenas consolados por el calor fraterno de cuanto compartimos.

Nekovidal - nekovidal@gmail.com

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MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

La Teoría del Internet Muerto

Quizás no lo sabes, pero "Internet murió hace diez años"

Pol Bertran
13 de enero de 2026

La Teoría del Internet Muerto suena a conspiración: bots, actividad falsa y una red cada vez menos humana. Pero su éxito no se explica por la tecnología, sino por una sensación compartida: Internet ya no se siente real. Y ahí está el problema de fondo. Cuando lo auténtico y lo artificial se mezclan hasta volverse indistinguibles, la duda deja de ser saludable y pasa a erosionar la confianza, la convivencia y nuestra relación con la verdad. Esta newsletter explora ese punto de ruptura.

Pol Bertran

¿Ha muerto Internet? ?ᅡᅠ

La llamada Teoría del Internet Muerto suele presentarse como una conspiración extravagante: la idea de que Internet ya no está poblado mayoritariamente por personas, sino por bots, algoritmos y sistemas automatizados que simulan actividad humana. En su versión más extrema, incluso se habla de un plan deliberado de manipulación cultural a gran escala. Pero si dejamos a un lado el tono conspirativo, queda algo mucho más inquietante y real.

Los datos son claros: a principios de los años 2000, menos del 5 % del tráfico web era automatizado; hoy, la cifra se acerca peligrosamente al 50 % del tráfico global. Casi la mitad de lo que ocurre en Internet ya no es humano. Y aunque Internet no esté “muerto” en sentido literal, sí está cambiando de una forma que tiene consecuencias profundas para nuestra psicología colectiva.

De una red humana a un ecosistema optimizado ?

Internet no nació como un producto cultural ni como un mercado de atención. Nació como una solución técnica a un problema militar: cómo mantener la comunicación si partes de la red eran destruidas. Esa lógica distribuida (si una ruta falla, se busca otra) fue lo que permitió que creciera sin un centro de control.

Cuando la web lo volvió accesible al gran público, surgió algo nuevo: comunidades, foros, blogs, espacios imperfectos pero humanos. Había ruido, sí, pero también presencia. La sensación dominante era clara: al otro lado había alguien.

El punto de inflexión llegó cuando Internet dejó de ser un lugar que exploras para convertirse en un entorno que te administra información. Con la publicidad masiva y la economía de la atención, el objetivo ya no fue conectar personas, sino retenerlas el máximo tiempo posible. Y ahí la automatización pasó de ser una herramienta útil a convertirse en el motor del sistema.

Los bots, inicialmente diseñados para indexar y ordenar la red, empezaron a competir por visibilidad, clics y relevancia. No porque tuvieran intención, sino porque el sistema recompensaba volumen, repetición y persistencia. El resultado fue un Internet cada vez más ruidoso y, paradójicamente, cada vez menos humano.

La conspiración como síntoma emocional ?

En 2021, un usuario anónimo puso nombre a una sensación compartida: la mayoría de Internet es falsa. La Teoría del Internet Muerto se viralizó no porque fuera científicamente sólida, sino porque expresaba algo que mucha gente ya sentía.

La psicología social conoce bien este mecanismo. Las teorías conspirativas no prosperan porque expliquen bien la realidad, sino porque organizan emocionalmente la incertidumbre. Ofrecen tres cosas poderosas: un relato, un culpable y un momento fundacional. En este caso, el “año cero” fue 2016, coincidiendo con informes que mostraban que el tráfico automatizado se acercaba al humano.

La conspiración no es el núcleo del problema; es la narrativa que intenta dar sentido a una experiencia difusa: la sensación de hablar en el vacío, de que muchas conversaciones suenan iguales, de que hay más actividad pero menos presencia real.

Cuando la verdad deja de ser estable ⚖️

Aquí es donde la cuestión deja de ser tecnológica y se vuelve profundamente psicológica. Durante años, aunque Internet estuviera lleno de ruido, existía un pacto implícito: una foto, un vídeo o un audio podían ser manipulados, pero partían de algo real. Ese pacto se está rompiendo.

Hoy no solo hay bots que inflan métricas o escriben comentarios. Hay sistemas capaces de fabricar realidad: imágenes, voces, textos y vídeos indistinguibles de los reales. Y esto introduce un problema radicalmente nuevo para la mente humana.

El mayor riesgo no es la mentira. La mentira ha existido siempre. El verdadero peligro es la indistinción entre verdad y falsedad. Cuando todo puede ser falso, la consecuencia psicológica no es que creamos cualquier cosa, sino que dejamos de creer en nada.

Desde la psicología cognitiva sabemos que el cerebro necesita certezas mínimas para orientarse. Cuando la fiabilidad de la información colapsa, aumenta la ansiedad, la desconfianza y el pensamiento tribal. En ese contexto, las personas no buscan verdad, sino confirmación emocional: aquello que encaja con sus creencias previas.

El impacto social de un Internet sin anclajes ?

Este fenómeno tiene efectos colectivos claros:

  • Erosión de la confianza social: si no podemos fiarnos de lo que vemos, tampoco de quienes lo comparten.

  • Refuerzo de burbujas cognitivas: la gente se repliega en comunidades donde la verdad se define internamente.

  • Fatiga epistémica: demasiada duda lleva a la apatía informativa.

Paradójicamente, cuanto más sofisticada es la tecnología, más primitivos se vuelven algunos de nuestros mecanismos psicológicos. Volvemos al pensamiento de “nosotros contra ellos”, no porque sea racional, sino porque reduce la incertidumbre.

La Teoría del Internet Muerto funciona aquí como metáfora. No describe un apagón digital, sino la muerte de la ventaja de lo real sobre lo falso. Internet no colapsará cuando esté lleno de bots; colapsará cuando la realidad ya no tenga más peso psicológico que la ficción.

No es el Internet lo que muere ?

Culpar a los bots es tentador, pero insuficiente. El problema no es que existan sistemas automatizados, sino el tipo de incentivos que gobiernan el ecosistema digital. Un sistema que premia volumen, velocidad y viralidad acabará expulsando lo humano, porque lo humano es lento, ambiguo y contradictorio.

Desde la psicología, el desafío es enorme: aprender a convivir con un entorno donde la percepción ya no garantiza verdad y donde la duda constante puede volverse patológica. La alfabetización digital del futuro no será solo técnica, sino emocional y cognitiva.

La pregunta de fondo no es si Internet está muerto. La pregunta es si seremos capaces de reconstruir confianza en un entorno donde lo real ya no se distingue automáticamente de lo artificial. Porque cuando eso ocurre, no muere Internet. Lo que empieza a desmoronarse es algo mucho más frágil: nuestra relación con la realidad compartida.


https://psicologiaymente.beehiiv.com/p/la-teor-a-del-internet-muerto



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