sábado, 20 de mayo de 2017

VOCES entre VOCES

TEMAS TERTULIA 26-5-2017

EL VIENTO QUE SE LLEVA NUESTRAS IDEAS
LO QUE IBA A PASAR EN EL AÑO 2000
LAS SOMBRAS


"No hay cálculos más errados que los del egoísmo". (Concepción Arenal)








Él es como usted,
                             y como yo,
                                               completamente igual.

Hijo de campesinos de la tribu Batleta
en Kasai, vino a Stanleyville a una misión cristiana
para aprender los nombres y las fechas extranjeros.
No se encontró a sí mismo en los mapas de Europa.
Él fue un adolescente, sufrió, enfermó, tuvo miedos,
fue alegre y sencillo como el amor que trajo
un día a casa, pequeño y suficiente.
En los diarios usted ha visto su nombre.
Los que gritan la última noticia pregonan su nombre,
que es como el suyo y el mío, igual al nombre de los hombres.

Los hechos fueron éstos:

Su madre lo está llamando. Es una violeta Usumbara
que adorna en la ciudad las ventanas extranjeras.
Su madre es como un lirio azul del Cabo
y está llamándolo para siempre
como el viento en su camisa
y la lluvia en su pecho.
Cuando su padre vuelva habrán transcurrido
mil quinientos años.
Querrá narrar los días
de su tribu, y él estará aprendiendo en la misión cristiana
los nombres extranjeros.
Estará recordando su casa. Su casa al mediodía,
su padre diciendo:
«Fueron mil quinientos años, de selvas y desiertos
para que ahora aprendas, hijo».
Su madre lo está llamando
desde aquel día de 1925, cuando su padre dijo:
«Se llamará Patricio.»

Éstos fueron los hechos:

En la cárcel de Thysville los presos de la Costa de Oro
hablaban en lenguas Ewe-Akan, Yoruba, Nupe, Ibo, Edo.
¿Qué hacían estos hombres en la cárcel
recogedores de algodón extranjero y metal?
Entre los presos una mujer suplica: «un pase».
El carcelero los despierta.
Todos en África solicitan pases. Piden pases en lenguas extranjeras.
«Han sido mil quinientos años, hijo», y todavía es necesario un pase
para andar por casa, salir al patio, mirar el río y la montaña.
Para volver al bosque y encontrar que la cesta de caucho
es más grande que el sitio donde los hombres
comen, duermen y mueren. Entre los presos una mujer gritaba:
«denme para morir un pase».

Los hechos fueron éstos:

En el archivo belga congolés está su nombre, el mismo
que su padre quiso para él.
En los archivos de todos los Tratados, de las Organizaciones
donde se trama, ordena y ejecuta la muerte.

Éstos fueron los hechos:

Stanleyville, su casa, su mujer lo acaricia; él ha estado
mirándole a los ojos y piensa en los ojos cerrados de su madre.
Su mujer quiere bailar, ir de paseo con él y con sus hijos.
Su mujer está apretada a él, desnuda.
Conoce a su mujer, él que es un hombre exactamente igual a usted y a mí.
Ha escrito cartas, versos, estuvo en la Asamblea,
leyó un artículo sobre el desarme.
Mirando a su mujer piensa otras cosas, después adormecido
siente cómo es de generoso el pueblo que ama, sabe su sencillez,
sufre su suerte.
Lo matarán allí en la cárcel.
Le gustaría sentir el viento en su camisa,
la llovizna en su pecho.
Sentir a su mujer midiéndose en su cuerpo.
Ver su casa de niño, oírle las canciones a su madre,
y a su padre decir: «Han sido mil quinientos años, hijos.»
Sabe que va a morir porque es un hombre
exactamente igual,
                              que usted,
                                              que yo.
Esto no importa, por toda la frontera
se extiende como un río la línea defensiva de su pueblo.
Ahora él, uno por uno, se repite los nombres de los que matan
a su pueblo y sabe que son menos los asesinos
que las fuerzas que están en la frontera.
Él era como usted,
                               como yo, un hombre.

Éstos fueron los hechos.

Pablo Armando Fernández, incluido en Nueva poesía cubana (Ediciones Península, Barcelona, 1970, ed. de José Agustín Goytisolo).Otros poemas de Pablo Armando Fernández
AcechoPotestad


"La profesión de escritor hace que las carreras de caballos parezcan un negocio estable."(John Steinbeck)


TEXTOS TERTULIA 19-5-2017
¿QUÉ QUEDA?
ABANDONO
OLOR A CAFÉ



¿QUÉ QUEDA?

Quiero creer que queda lo que no poseímos,
los besos que nos dimos cubriéndonos de mimo
y aquello que expresamos sin apenas decirlo.
Queda, yo así lo creo, lo que hemos compartido.
Y lo que no quisimos compartir por no herirnos
se acuna en un columpio de vaivén infinito.

En las nubes rojizas que despiden la tarde
queda la esencia intacta de los días vividos
entre risas y juegos pactados o reñidos.
Queda también el tono de momentos mezquinos,
de los distanciamientos para evitar batallas,
templar los caracteres, minimizar perjuicios.

Creo y quiero que quede lo que hemos sentido,
-cómo yo te admiraba si miraba tu paso,
cómo tú me cantabas y nada era lo mismo-
antes de que olvidaras darme un beso en la noche
o de que presintieras que tendrías un hijo
y dejaras de verme con tu amor infinito.

Pues todas esas cosas en aparente olvido,
momentos que se dejan al borde de la nada
para alcanzar, acaso, otros bien merecidos,
suave trecho de vida prendido en nuestras almas
que siempre, pese a todo y a veces, defendimos…
es eso lo que queda, lo que las dos vivimos.


Madrid, 17 mayo 2017 – Victoria Blanco


¿QUÉ QUEDA?

Si fallece una persona anciana consideramos que ha completado su ciclo vital, recorrido su camino, y que la muerte será ya más un descanso que un final triste pero, si una persona joven fallece rompiendo el aparente ciclo natural de la vida, ¿qué queda?
Su cuerpo será un puñado de cenizas dos días después o alimento de gusanos durante dos años, entonces, ¿qué queda?, ¿algo más que cenizas y memoria provisional en quienes le conocieron y mañana también serán cenizas?
Pero cada sonrisa, cada gesto, cada acto de generosidad, grandeza o simple cortesía, quedará en la mente de cuantos se cruzaron en su camino y también, de alguna forma, en la de sus hijos y descendientes en una telaraña de consecuencias infinitas, imprevisibles e inimaginables.
En ese sentido, ese joven, nosotros, cualquier persona, todos, somos indiscutiblemente eternos.

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¿QUÉ QUEDA?

Ya sé amor
que a veces nos duele,
nos llueven libros de mármol
sobre la frente.
Pero, no te rindas.
La esperanza se escribe,
vive en hojas de navaja
entre tus dientes.

Sí, escupe tiros de tu boca.
Mírate con amor.
Eres lo único,
imprescindible de tu vida...
Por humana imperfecta.
Por imperfecta hermosa.
Delira tu flor.

Hoy, no quiero
payasos tristes.
Ni melancolía en mi pasos.
Hoy ven y bórrame a besos
rastros de mi derrota.

J.J.C. - Juan Jiménez Caballero


¿QUÉ QUEDA?

Hace años leí que todos llevamos en nuestro cuerpo, como mínimo, un átomo que formó parte del cuerpo de Julio César.
Tardé un rato en darme cuento que eso significaba que, en realidad, todos llevamos en nuestro cuerpo un átomo de todos los seres humanos que nos han precedido, del primero al último, salvo el que haya fallecido hace poco y haya optado por el enterramiento en vez de la incineración, el billete de retorno material más rápido.
Ya sabemos en qué queda nuestro cuerpo, sobre nuestra mente, alma, espíritu y demás, ya hay sobrada literatura para todos los gustos y lo único que podemos afirmar sin temor a equivocarnos es que en el otro lado no tienen todavía servicio postal ni internet.

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ABANDONO

Turry llevaba una vida realmente perra, era uno más de los miles de animales domésticos abandonados cada día por el ser humano a lo largo y ancho del planeta. Su vida no había sido muy dura al principio, criado por su raza, fue separado de su madre y hermanos unos meses después de nacer y en esos primeros meses no había conocido el maltrato ni el hambre.
Pero luego, cual Lázarillo de Tormes, en su vida se fueron sucediendo uno tras otro  los diferentes amos y grupos humanos que le acogieron,  sin que sus habilidades le sirvieran de mucho para evitar cada nuevo abandono, casi siempre en estaciones de servicio.
Aprendió con presteza a llevar y traer cosas, a vigilar la casa con diligencia, incluso a buscar socorro en caso necesario, pues al oír la palabra “avisa” salía corriendo a buscar alguien a quien indicaba donde se encontraba la persona supuestamemente herida o necesitada de ayuda. Pero ninguna de estas habilidades consiguieron evitar que fuera una y otra vez abandonado, sin que acertara a entender la razón última, pues aún comprendiendo el lenguaje humano mucho más de lo que éstos creían, las razones eran tan peregrinas como un viaje de un mes de la familia o la manía de algunos de sus componentes porque no obedecía constantemente a sus caprichosos requerimientos o el esfuerzo que suponía sacarle cada día unos minutos de paseo, o la simple crueldad o brutalidad de uno de los componentes del grupo.
Poco a poco fue aprendiendo a leer las señales que presagiaban un nuevo abandono y sabía que mañana se volvería a repetir, sólo la más pequeña de la familia le abrazaba con ojos tristes repitiéndole: “No te preocupes, Turry, me ha dicho papá que te va a llevar a un sitio donde tendrás muchos amiguitos y donde podré ir a visitarte”. Pero Turrysabía que no era cierto, a pesar de la ingenua  sinceridad de la pequeña . . .
A la mañana siguiente le encerró su último amo en el maletero del automóvil cuyos olores tanto le recordaban momentos de felicidad en compañía de su amiguita y, una vez más, fue abandonado en una estación de servicio a las afueras de la ciudad.
Vió alejarse el automóvil sin un gesto de despedida siquiera y, resignado, comenzó, como en ocasiones anteriores, su largo peregrinar por el arcén de la carretera en busca de lo que el destino le quisiera deparar.
Ya estaba anocheciendo cuando sintió un olor que le era familiar, y luego unos gritos lejanos, siguió andando hasta ver, en el fondo de un barranco, el vehículo de su última familia y en su interior, aprisionado, el que había sido su amo y supuesto amigo que, con la cara ensangrentada, le gritó insistentemente al verlo: “Avisa, avisa, avisa . . .” Turry dudó, su naturaleza canina le decía que debía hacerlo, que debía hacer todo lo posible por defender a su manada, a su grupo, a su familia, incluso poniendo en peligro su propia vida si fuera necesario, pero algo en su interior le frenaba, algo que no conseguía indentificar, algo fuera de su naturaleza, algo que había aprendido con los humanos . . .
Confuso, agachó la cabeza y continuó su camino, con la esperanza de encontrar, en alguna parte, un grupo humano al que poder llamar, al fin, su familia.

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ABANDONO

Adeus América

Puso en el reproductor de música “Adeus América” en la versión de Bossacucanova. Le dolía la garganta y, a pesar de que pensaba suicidarse de aquí a un rato, se tomó una pastillita de Bucometasana. Se vio meneando ligeramente el cuerpo al ritmo de la bossa y se extrañó lo suyo. ¡A cuento de qué ese meneito a estas alturas de la película!
Le vino a la cabeza un poema de Joan Brossa:

Un hombre estornuda.
Pasa un coche.
Un tendero echa la puerta metálica.
Pasa una mujer con un garrafón lleno de agua.
Me voy a dormir.
Eso es todo.”

En pleno bailecito, el niñito rubio y malvado, con sus gafas redondas, lo cogió con sus dedos por la cintura y lo puso encima de la televisión de plasma, como si hiciera una gracia. Todo el mundo lo podía ver al entrar en la casa. La tele estaba al lado de la puerta de entrada.

Eso precipitó el acontecimiento. Se lanzó al abismo como el que se lanza a una piscina, con los brazos por delante. ¿Qué porqué se suicidó? No podía soportar su última reencarnación en un muñequito de Playmobil. Más concretamente en Supermán. Pero para suicidarse se vistió de Clark Kent.

José Luis Álvarez


ABANDONO

...Y ves como todos los demás,
danzando, se van
a su mundo de cristal.

José María Rico


ABANDONO
A A
B Bandazos
A Andamos
N Nadando
D Dormidos
O O
N Negando
O Obsesionados

ABANDONO
A Abrimos
B Bucles
A Atemporales
N Nacidos
D De
O Oscuras
N Naderías
O Obtusas

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