VOCES entre VOCES
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PARA ENVIAR TEXTOS O PROPONER TEMAS:

LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.
"Libertad IV", de Andrée Chedid (Egipto, 1920-2011)
La
piel mineral de los tiranos
Envuelve el espacio
Alisa sus escamas
Sobre las ciudades avaras de puertas
Sobre las bocas enyesadas
Sin embargo
más desnuda que la hierba
y preñada de primavera
LA VIDA
Trama a lo lejos la debacle de los ídolos
Reanima el destello del agua
Sobre las tinieblas de la sangre
.............................................................................
Sin embargo
más desnuda que rayo
cargado de albas y de soplos
LA VIDA
Denuncia los festines del miedo
Condena las noches en arma
Y nombra
para estremecer de dulzura
todos nuestros claros inconfesados
Nombra la palabra abierta.
¡Respira!
Respira ya en cada uno.
Andrée Chedid, incluido en Diwan africano. Poetas de expresión francesa (Editorial Arte y literatura, La Habana, 1988, selec. y trad. de Rogelio Martínez Furé).
Otros poemas de Andrée Chedid
Comunicado (II), Discordancias, El aparte, Vivir
FUENTE: https://franciscocenamor.blogspot.com/
TEMAS TERTULIA 9-10-2026
HUECOS Y ESPACIOS
PENSANDO
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Colaboración gráfica: Victoria Blanco.
TEXTOS TERTULIA 2-10-2026
OLORES Y PERFUMES.
CIRCUNSTANCIAS.
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
OLORES Y PERFUMES
Cuenta la leyenda que en aquel reino, del que hoy sólo quedan restos de alguna muralla en otro tiempo inexpugnable, cierto rey, tras reunir en una colección todos los perfumes que los mortales habían creado, oyó hablar de una esencia destilada por los dioses, de la que se decía que era el verdadero olor de la sabiduría, el olor que concedía a quien lo captara la posibilidad de conocer todas las respuestas a todas las preguntas. Obsesionado con su nuevo propósito, redactó el rey un bando ofreciendo poder y fortuna a quien lo encontrara y llevara a su presencia.
Entre los tentados por la oferta se encontraba un joven y ambicioso monje, que se presentó ante su maestro a fin de solicitar su permiso y bendición para la empresa que se había propuesto iniciar.
El monje expuso las que decía eran las razones que le impulsaban a emprender el viaje: dinero para restaurar el viejo monasterio y alimentos para los peregrinos que cada día acudían a sus puertas. Nada dijo del reconocimiento y poder personal que esperaba conseguir.
El maestro, conocedor de la naturaleza humana, le dejó partir, sustituyendo su bendición por un consejo: “Cuidate de no acabar buscando cuanto ya tienes, exponiéndote a perderlo en el camino”.
El joven monje partió exultante, creyendo que las palabras del maestro eran un elogio hacia su persona.
Como todos los demás hombres que salieron en busca de la mágica esencia, el monje pasó mil penurias, tomó mil caminos errados y pensó en desistir en varias ocasiones.
Cierto día, tras una larga marcha, se encontraba descansando a la sombra de unos sauces, cuando se le acercó un anciano que, tendiéndole un pequeño recipiente, le dijo: “Sé lo que buscas. Es esto, tómalo.”
Asombrado, el monje abrió el frasco con la intención de oler inmediatamente la esencia que muy posiblemente transformarían en insignificantes todas las recompensas ofrecidas por el rey, pues poseyendo sabiduría tendría, entre otras muchas cosas, una enorme fortuna. Comprobó decepcionado que dentro del recipiente no había nada, y a nada olía su interior. Se sintió engañado, a pesar de haber sido un regalo, pero el suceso le dió base para crear una fábula que le sirviera de disculpa ante su maestro por abandonar una búsqueda que ya creía baldía.
Regresó a su monasterio y fingiendo alegría al presentarse ante su mentor, le narró lo sucedido, pero omitiendo que ya había abierto el frasco.
“Abrámoslo,
maestro, y seremos los hombres más sabios del mundo”, dijo, al
tiempo que quitaba el tapón sin esperar la respuesta.
Aparentando sorpresa tendió a su maestro el pequeño frasco: “No hay nada ...” dijo.
“Luego
has conseguido tu objetivo, ése es el verdadero olor de la
sabiduría”, respondió el anciano.
El monje, sorprendido ante la respuesta, esperó boquiabierto la explicación del anciano:
“La esencia de la sabiduría ha de ser por todos admitida como tal, y sólo será posible si coincide con un concepto en que todos coincidan, y sólo en la nada coinciden las personas, que guardan en su naturaleza la paradoja de ser iguales pero irrepetibles, idénticas en su esencia pero únicas en sus vivencias. El olor de la sabiduría ha de ser un aroma que evite el juicio, pues habiendo juicio hay prejuicio, y ambos conducen al dolor”.
Y prosiguió: “Ha de saber, pero no ha de juzgar, ha de enseñar sin reprender, ha de amar sin condición, ha de estar en todo pero no ser nada, siendo así eterno . . . Por todo ello sólo en la ausencia de olor se puede encontrar el perfume perfecto, la esencia de la sabiduría . . .”
Y
leyendo en la sorprendida mirada del alumno cuanto realmente había
sucedido en su periplo, agregó:
“Pero hay otro olor que has traído de tus viajes y que permanece en tus actos, un olor tosco a ignorancia, una especie de extraña fe en el engaño, y ese olor nauseabundo no lo podrás tapar con ningún perfume de los que crean los hombres”.
“Desde hoy deberás buscar fuera de los muros de este monasterio y volver cuando sepas apreciar, si no el intangible olor de la sabiduría, al menos las esencias más dulces creadas por el ser humano: el respeto, la fraternidad, y el amor hacia toda forma de vida.”
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CIRCUNSTANCIAS
Ayer, a media mañana, estaba dándome un baño en las aguas cristalinas de octubre; hoy, a la misma hora aproximadamente, he salido a caminar con el paraguas como compañía. Ahora, pasada la una de la tarde, cae una lluvia que se prevé -solo se prevé- intensa en las próximas horas.
Insisto en el verbo porque, en realidad, nunca se sabe qué va a pasar. Se futurizan los acontecimientos venideros basándose en hechos pasados y, aunque es cierto que casi todo sigue una pauta y que es necesario mantener la referencia para no perder comba, no es buena comida instalarse en el síndrome del espejo retrovisor, esto es considerar el futuro como un calco del pasado, sin dar a las circunstancias su fuerza de mando
Yo, ayer, es decir, a la vuelta de la esquina, tras disfrutar de ese magnífico baño del que he hablado al principio, me despedí de las personas del entorno playero con un «hasta mañana» que, hoy, no sé si será pasado mañana, la próxima semana o… nunca.
Pero si el síndrome del retrovisor no es bueno, tampoco lo es el de la meta móvil, esa línea del horizonte que se aleja a cada paso que damos; lo mejor, creo yo, es organizar un triángulo no equilátero entre lo que fue, lo que pensamos que será y lo que las circunstancias permitan, dejando siempre, pero siempre, siempre, posibilidad de ajustar el tamaño de los lados a nuestras capacidades.
Parece sencillo. Por experiencia sé que no lo es. Toca salir de las costumbres y ellas, como dice el refrán, se hacen leyes.
02/octubre/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
CIRCUNSTANCIAS
Bordeo los límites de mis espacios
Por fuera y por dentro
Volteando
una nostalgia demasiado conocida
Como flores que esconden
misterios
Quiero
enmarcar sonidos, no palabras
Recordar el cuarto trasero donde
escondimos
Pobres descubrimientos que no encajaban
En un mundo
que alberga más miedos que esperanzas
Tentáculos
que presionan insecticidas
Nuevos mayas que celebran un
diciembre
Marcado por comunismos obsoletos
Y por pantanos
diseccionados de mentira
Quedarse
es siempre una opción segura
Torpedeada solo por preguntas
incómodas
Solo queremos navegar en canoas, ¿tan malo
es?
Inclinan sus cabezas bajo el peso de las dudas
Hurgan
en heridas propias y ajenas
Dromedarios con complejo de
camellos
Pavos plebeyos ansiando realeza
Vendidos por agentes
pasivos del mercado negro
Caminas
con calma, ya no de puntillas
Oteas el mundo desde un avión
transatlántico
Ya no quieres prevenirte de dagas ni cuchillas
Y
buscas un nuevo lugar para el pánico
Sara Vi Ta
https://iderinaweb.wordpress.com

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
¿Y si estamos buscando mal la felicidad?
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Todos queremos ser felices, pero pocas ideas resultan tan difíciles de definir. Para algunas personas, la felicidad está en la calma; para otras, en el reto, los vínculos, la libertad o el sentido. La investigación psicológica apunta a que quizá el problema empiece cuando intentamos reducirla a una única receta. Más que perseguir un estado emocional permanente, puede ser más útil entender qué ingredientes sostienen una vida satisfactoria y por qué esos ingredientes no son iguales para todo el mundo. |
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— Pol Bertran |
El problema de la felicidad: por qué no existe una única forma de llegar a ella |
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La felicidad es una de esas ideas que todo el mundo reconoce y casi nadie define igual. Para algunas personas significa calma; para otras, entusiasmo. Hay quien la encuentra en una familia estable, quien necesita proyectos difíciles, quien la asocia con libertad y quien la experimenta precisamente cuando deja de perseguirla de forma consciente. El problema no es que unas estén equivocadas y otras tengan razón. Es que la felicidad probablemente no sea una única experiencia psicológica, sino una combinación cambiante de placer, sentido, vínculo, autonomía y capacidad para afrontar una vida que también contiene sufrimiento. |
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Esa diversidad explica por qué las recomendaciones universales sobre cómo “ser feliz” suelen resultar insatisfactorias. La gratitud puede ayudar a una persona y convertirse en una obligación artificial para otra. Un gran proyecto profesional puede aportar propósito en una etapa y agotamiento unos años después. Incluso aquello que nos hacía felices a los veinte puede tener poco que ver con lo que valoramos a los cuarenta. Tal vez la pregunta más interesante, entonces, no sea cuál es la receta de la felicidad, sino qué necesidades humanas aparecen una y otra vez detrás de formas muy diferentes de vivirla. |
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La psicología lleva décadas diferenciando, con distintos modelos y matices, entre al menos dos grandes maneras de entender el bienestar. Una se aproxima a la felicidad desde lo hedónico: experimentar emociones agradables, reducir el sufrimiento y sentir satisfacción con la propia vida. La otra pone el foco en lo eudaimónico: vivir de acuerdo con los propios valores, crecer, encontrar sentido, construir vínculos y desarrollar nuestras capacidades. |
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La distinción importa porque una vida valiosa no siempre resulta agradable en el momento. Aprender una habilidad difícil puede generar frustración. Criar hijos implica preocupación y renuncias. Mantener una relación profunda exige conversaciones incómodas. Entrenar para una meta deportiva puede significar madrugar cuando preferiríamos seguir durmiendo. Sin embargo, muchas de estas experiencias pueden acabar contribuyendo a una sensación de plenitud mucho más estable que una sucesión de pequeños placeres. |
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Aquí aparece uno de los errores más frecuentes de nuestra cultura del bienestar: confundir felicidad con ausencia de emociones desagradables. Una persona psicológicamente sana puede sentirse triste, enfadada, insegura o frustrada y, aun así, considerar que su vida merece la pena. De hecho, intentar eliminar continuamente cualquier emoción negativa puede acabar convirtiendo la propia felicidad en una fuente de ansiedad. |
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La investigación sobre regulación emocional ha mostrado repetidamente que aceptar la presencia de emociones desagradables suele ser más adaptativo que convertirlas inmediatamente en algo que debemos corregir. Quizá una buena vida no sea aquella en la que logramos permanecer felices, sino aquella en la que la tristeza, el miedo o la decepción no nos impiden seguir participando en aquello que consideramos importante. |
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Existe una razón por la que tantas personas describen sus aficiones, profesiones o proyectos como fuentes importantes de bienestar. Los seres humanos no solo disfrutamos alcanzando objetivos: también podemos obtener satisfacción del proceso de perseguirlos. |
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Cuando una actividad exige suficiente esfuerzo como para mantenernos concentrados, pero no tanto como para resultar imposible, puede aparecer lo que la psicología conoce como estado de flow: una experiencia de absorción en la que disminuye la conciencia del tiempo y de uno mismo. Puede ocurrir pintando, programando, escalando, tocando un instrumento, practicando un deporte o resolviendo un problema complejo. Lo relevante no es tanto qué actividad realizamos como la combinación de desafío, competencia y atención sostenida. |
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Hay además algo profundamente protector en ser principiante durante mucho tiempo. Tener una actividad que nunca terminamos de dominar nos obliga a convivir con el error, mantiene abierta la curiosidad y desplaza temporalmente la atención fuera de nosotros mismos. En una cultura obsesionada con optimizar cada minuto, quizá hacer algo simplemente porque nos interesa y porque siempre queda algo nuevo que aprender sea una forma infravalorada de bienestar. |
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Esto ayuda también a entender por qué la jubilación, alcanzar una gran meta profesional o conseguir aquello que llevábamos años deseando no garantiza necesariamente una felicidad permanente. Adaptamos nuestras expectativas con enorme rapidez. Lo extraordinario termina volviéndose cotidiano. Por eso, muchas fuentes de bienestar funcionan mejor cuando no son únicamente destinos, sino procesos que siguen generando retos, relaciones y experiencias nuevas. |
Casi todos los caminos terminan pasando por otras personas |
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Podemos imaginar muchas vidas felices diferentes, pero es difícil encontrar modelos de bienestar humano en los que las relaciones no ocupen un lugar central. Décadas de investigación longitudinal han asociado los vínculos sociales de calidad con mayor bienestar psicológico y físico. Pero tampoco aquí importa simplemente “tener gente alrededor”. Lo relevante es sentir que pertenecemos a algún lugar, que podemos confiar en determinadas personas y que nuestra existencia importa para alguien más. |
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Parte de la paradoja de la felicidad es que pensar demasiado en nuestra propia felicidad puede alejarnos de ella. Cuando la atención está permanentemente dirigida a evaluar si estamos suficientemente satisfechos, realizados o felices, cada experiencia se convierte en una especie de examen. En cambio, cuidar a un amigo, participar en una comunidad, criar a un hijo o trabajar por algo que consideramos valioso desplaza momentáneamente la pregunta “¿cómo me siento yo?” hacia “¿qué estoy haciendo con otros?”. |
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Eso no significa vivir únicamente para los demás ni convertir el sacrificio en virtud. La autonomía también forma parte del bienestar. Sentir que podemos tomar decisiones coherentes con nuestros valores, asumir responsabilidad sobre nuestra vida y mantener límites saludables es igualmente importante. Quizá la tensión entre pertenencia y libertad sea una de las grandes tareas psicológicas de la adultez: necesitamos a otras personas sin dejar de sentir que nuestra vida sigue siendo nuestra. |
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Y ahí las comparaciones pueden convertirse en una trampa. Si existe más de un camino hacia el bienestar, utilizar la vida ajena como medida de nuestra felicidad tiene poco sentido. Lo que para alguien representa libertad (viajar continuamente, por ejemplo) puede producir inseguridad en otra persona que valora profundamente la estabilidad. El problema no es desear cosas diferentes; es asumir que deberíamos desear aquello que parece hacer feliz a los demás. |
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Existe una intuición paradójica que aparece tanto en la filosofía como en la psicología: aceptar que la vida incluye pérdida, incertidumbre y límites puede hacer que determinadas experiencias positivas resulten más valiosas, no menos. |
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Esto no significa romantizar el sufrimiento. El trauma no es una herramienta de crecimiento ni existe para enseñarnos una lección. Muchas experiencias dolorosas dejan consecuencias profundas y duraderas. Pero reconocer la fragilidad de las cosas que valoramos puede modificar nuestra manera de relacionarnos con ellas. |
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Sabemos que las relaciones terminan, las etapas cambian, el cuerpo envejece y muchas de las cosas que hoy forman nuestro mundo desaparecerán algún día. Podemos intentar mantener esa realidad fuera de nuestra conciencia o utilizarla como recordatorio de que precisamente por ser temporales ciertas experiencias importan. |
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Quizá por eso algunas personas encuentran bienestar no intentando construir una vida permanentemente feliz, sino desarrollando la capacidad de estar presentes en una vida inevitablemente imperfecta. Disfrutar cuando toca disfrutar, tolerar cuando toca esperar, pedir ayuda cuando algo nos supera y conservar suficiente curiosidad, humor y juego como para que todo no se convierta en un proyecto de mejora personal. |
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La felicidad no parece tener una llave maestra. Hay puertas que se abren mediante las relaciones, otras mediante el desafío, la autonomía, el sentido, el cuerpo, la gratitud o simplemente el placer de hacer algo absurdo porque nos divierte. |
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Y probablemente esa sea una buena noticia. Si no existe una única manera correcta de ser feliz, tampoco tenemos por qué vivir intentando copiar la felicidad de otra persona. |
FUENTE: PSICOLOGÍA Y MENTE
https://psicologiaymente.com/?utm_source=newsletter&_bhlid=0cab18b67f194c410e2526166e15e766760fd16c

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