VOCES entre VOCES
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PARA ENVIAR TEXTOS O PROPONER TEMAS:
LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.
"Le
pregunté a mi amiga...", de Plestia Alaqad (Palestina, 2001)
Le
pregunté a mi amiga:
¿No
puede esperar tu llanto?
Me
respondió con los ojos llenos de lágrimas:
No,
no tendré tiempo para llorar mañana.
La
vida es una carrera
y
estoy cansada
de
perseguir al tiempo que está matando todo lo que va quedando de mí.
En
mi contra corre el tiempo y yo corro contra él…
no
puedo parar ni siquiera a tomar un respiro
¿Por
culpa del tiempo? Es que no se detiene nunca.
Le
dije: estoy cansada, como tú
pero
de esperar por un tiempo que no pasa
por
un correo que no llega
por
un teléfono que no suena
el
tiempo está matando cualquier esperanza que viva dentro de mí.
Plestia
Alaqad,
incluido en Revista
Descontexto (12
de octubre de 2025, Chile, versión de Juan
Carlos Villavicencio).
https://franciscocenamor.blogspot.com/
TEMAS
TERTULIA 26-6-2026
LOBOS
ABISMO
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEXTOS
TERTULIA 19-6-2026
MARGINACIÓN
EL
INFINITO
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Colaboración
gráfica: Victoria Blanco.
MARGINACIÓN
Don
Alberto reside en su mansión en La Moraleja, una de las
urbanizaciones más exclusivas, o sea caras, de Madrid. Tiene 83
años, una hija que hace cuentas sobre su herencia, un yerno que hace
cuentas sobre las cuentas de su suegro, y un nieto que le mira con
asco porque, a sus estupendos siete años, ya sabe que lo viejo es
feo y desagradable y aún no se ha enterado de que, si tiene mucha
suerte, llegará algún día a ser un viejo feo y desagradable como
su abuelo.
Al
servicio de don Alberto
se encuentran diecisiete personas entre mayordomos, cocineros, ama de
llaves, chófer, jardineros, etc. etc. Todas le conocen y le temen,
por lo que rehúyen su presencia. Don Alberto amasó su fortuna en la
postguerra española: mientras elevaba la mano derecha, dejaba que la
izquierda se escurriera disimuladamente en el bolsillo público sin
nada que temer, salvo la molestia de tener que hacer, en caso de ser
descubierto, las llamadas pertinentes y un par de regalos caros.
Siempre ha sido un hombre de orden en todos los caóticos sentidos de
la palabra.
Semanalmente
recibe la visita de su escasa familia, visita tan parecidas unas a
las otras como el gesto despectivo que han heredado tanto su hija
como su nieto. La hija le pregunta sobre su tensión sanguínea y el
yerno sobre un consejo para invertir en Bolsa. El nieto se mantiene
distante, temiendo el momento final en que tendrá que acercarse a su
abuelo para darle el repulsivo beso de despedida. Los tres desean su
muerte de formas diferentes pero igualmente mal disimuladas.
Don
Alberto está casi tan sólo como los cuerpos que sembró por las
cunetas de su comarca, donde gracias a la guerra y el estraperlo,
pasó de ser el gandul del pueblo a ser un señor, si no respetado,
sí tan temido como para añadirle un don a su nombre. Morirá dentro
de tres años y medio, en medio de una terrible agonía similar a la
de su idolatrado generalísimo. Un honor sin duda merecido. En su
entierro sólo su hija parecía llorar, pero en realidad escondía un
colirio dentro del pañuelo con el que fingía secarse las lágrimas,
se parecía mucho a su padre.
El
tío Alberto también tiene 83 años, cuatro hijas y catorce nietos.
Vive en una chabola del extrarradio de Usera, al sur de Madrid. En su
vida ha hecho casi de todo y casi todo legal. Es gitano y patriarca
de su clan: su palabra fue en otro tiempo respetada por todos, hoy
día por casi todos. Como ningún dios quiso mandarle hijos, la casa
llena de mujeres le ha enseñado sobre la igualdad de género más
que ninguna universidad, pero sus ideas son compartidas sólo por las
gitanas y algunos gitanos jóvenes, la mayoría de los hombres piensa
que barre para casa cuando dice que primero tiene que estar la
voluntad de la mujer para elegir marido y que todo padre debe
respetar esa decisión porque cualquier gitano es y debe ser, antes
que nada, una persona libre. Más de un problema ha tenido el tío
Alberto por sus ideas raras, pero a su edad, ya nadie le cuestiona,
más que nada porque en los últimos años tiene la costumbre de
hacer que no oye cuanto contradice su opinión.
Al
tio Alberto le cuida una de sus hijas, la más joven, que comparte
chabola con su marido y tres criaturas. Dos de las otras tres hijas
le visitan al menos una vez al mes para llevarle lo poco que
consiguen reunir de comida, ropa y demás. Para los nietos pequeños
y los bisnietos, lo mejor del tío Alberto
es cuando cuenta la historia del mundo, que tan bien se sabe. Sólo
uno de los niños, el que tanto le recuerda a si mismo por parecer el
más espabilado, le pregunta desconfiado al final de cada historia: ¿
Y todo eso es verdad, abuelo? “Claro”, contesta fingiendo
indignación el tío Alberto, “¿Es que has conocido algún gitano
mentiroso . . . ? El niño agacha la cabeza y repasa la lista de
mentiras en que ha pillado a sus padres y amigos en la última
semana, y, como gitanillo despierto que es, calla.
El
tío Alberto también morirá dentro de poco más de tres años, y a
pesar de su edad, habrá muchas lágrimas sinceras en su velorio.
Del
tío Alberto dicen que es un ejemplo de marginación, pero su
marginación no incluye soledad, abandono, hipocresía ni tristeza.
De
Don Alberto se dice, sin embargo, que no es un marginado, ni social
ni económico. Es, simplemente, una persona antes destructiva y hoy
patética y sola que vive al margen de sentimientos y emociones, al
margen, en definitiva, de la vida.
Si
pudiéramos, ¿a quién deberíamos socorrer primero?
Nekovidal
– nekovidal@gmail.com
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INFINITO
Cada
pregunta abre una puerta al infinito, cada respuesta la cierra un
instante.
En
el infinito, hasta la NADA tiene un peso.
Sabrina
Chakour
LO
INFINITO
Hoy
lo he visto desde mi balcón, pasaba despacito por el mismo paso de
cebra en el que casi me llevó por delante hace unos días; fue bueno
que solo me diera con el retrovisor y que mi cuerpo tuviera la
capacidad de mantener el equilibrio a pesar del golpe, tal vez eso le
haya servido para evitar arrollar a otra persona.
Claro
está que, como en todo acontecimiento, para que las cosas
sucedieran, tuvieron que darse muchas «casualidades».
Una
receta médica me obligaba a ir a la farmacia y decidí hacerlo al
final de la jornada, después de resolver varios asuntos. Volvía a
casa después de un día intenso y cavilando sobre la intensidad aún
mayor que me esperaba al día siguiente.
Miré,
claro que miré, pero no sé si llegué a ver.
Él
venía en diagonal desde la rotonda en dirección a la callejuela que
veo desde mi balcón y que tiene un paso de cebra; supongo que miró
a izquierda y derecha y aceleró para salvar los coches.
No
se fijó en que yo ya estaba cruzando la calle.
Sonó
fuerte el golpe. Perdí el equilibrio; no quería caerme. Por fortuna
supe utilizar la inercia y girar sobre mi propio cuerpo. Paró el
vehículo. Acabé de cruzar. Salió el conductor. Nos aproximamos.
Creo que nunca había sentido dos corazones latir con el mismo
idéntico ritmo; el sobresalto había coordinado nuestras
frecuencias. Él me dijo que yo no había mirado bien. Yo, que él
iba muy fuerte.
Ambos
entendimos que los dos, mano a mano, habíamos estado a punto de
provocar una situación grave. Intercambiamos los números de
teléfono por si algo ocurría. Se ocupó de preguntar. A los tres
días dimos por cerrado el asunto sin más consecuencias.
Hoy,
mientras pensaba en cómo relatar el accidente, iba tomando
conciencia de lo infinito de las combinaciones que se pueden dar en
la vida y lo infinito de los resultados que se pueden obtener. Pero,
con todo, lo realmente infinito que he podido reconocer es el orgullo
del ego -al menos del mío- que en lugar de pensar que posibilidades
hay de que lo malo (el atropello) me salvara de algo peor, se le ha
ocurrido que gracias a mí se iban a evitar posibles futuros
accidentes.
Si
hasta ahora el concepto de infinito se me escapaba, con esta
demostración egoica me queda claro que algunas cosas son tan
infinitas como el horizonte y que, por mucho que me acerque, nunca
llegaré a tocar la línea.
19/junio/2026
– Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
INFINITO
Como
chispitas de luz que nacen en derredor y no se esfuman enseguida. Que
tampoco crecen; solamente son, solamente están, y solamente las
miras como con el asombro de un niño que viera una luciérnaga
encenderse por primera vez.
O
como si de repente una ráfaga de viento nos trajera desde el sur de
atrás un mar de semillas de dientes de león que nos envolviera. Te
quedas inmóvil, no sabes el tiempo que el aire sabrá mantener esa
belleza de lo efímero. Sostienes el aliento, surgen interrogantes;
pero te nace una sonrisa desde algún lugar entre fuera y dentro que
te recuerda que lo que verdaderamente quieres no es otra cosa sino
sentir.
Y
mientras, bailan pájaros de Robe entre ventanas abiertas a un cielo
naranja, componiendo una sinfonía que crees empezar a oír a lo
lejos.
O
quizás no tan lejos.
Sara
Vi Ta
https://iderinaweb.wordpress.com
MICRORRELATOS,
AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Ansiedad
Anticipatoria: vivir con miedo a lo que aún no ha pasado
Te contamos de qué manera la ansiedad anticipatoria te hace
aferrarte a miedos a lo hipotético.
La
ansiedad suele asociarse al aquí y ahora, a un peligro inmediato o a
una amenaza concreta. Sin embargo, una de sus formas más
persistentes y silenciosas es la ansiedad anticipatoria: el malestar
que aparece antes de que algo ocurra, cuando el peligro todavía no
se ha materializado o, incluso, cuando es poco probable que lo haga.
Este
tipo de ansiedad no se alimenta tanto de hechos como de hipótesis,
de escenarios futuros que la mente construye y que el cuerpo vive
como si ya fueran reales. Comprenderla no solo resulta clave para la
clínica, sino también para entender cómo funciona la relación
entre emoción, cognición y tiempo.
¿Qué
es exactamente la ansiedad anticipatoria?
Desde
una perspectiva psicológica, la ansiedad anticipatoria se define
como un
estado de activación emocional y fisiológica que surge al imaginar
o prever una posible amenaza futura.
No depende tanto del evento en sí como de la expectativa que se
genera alrededor de él. No se teme solo lo que va a pasar, sino la
incertidumbre de no saber exactamente cómo, cuándo o con qué
consecuencias ocurrirá.
Este
tipo de ansiedad está presente en múltiples trastornos:
el trastorno
de pánico, donde el miedo principal es a sufrir un nuevo ataque;
la ansiedad generalizada, dominada por la preocupación constante; la
ansiedad social, centrada en el temor a la evaluación negativa; o
las fobias, donde la anticipación suele ser más perturbadora que la
exposición misma. En todos los casos, la mente se adelanta al futuro
y el organismo responde como si la amenaza fuera inminente.
El cerebro frente a la amenaza
que aún no existe
Los avances en neurociencia han
permitido observar qué ocurre en el cerebro cuando una persona
anticipa un posible peligro. Estudios con resonancia magnética
funcional muestran una activación repetida de estructuras como la
amígdala, la ínsula anterior, la corteza cingulada anterior y
diversas áreas prefrontales. Estas regiones participan en la
detección de amenaza, la valoración del riesgo, la regulación
emocional y la toma de decisiones.
Ahora
bien, lo relevante es que esta
red se activa incluso cuando el estímulo amenazante todavía no ha
aparecido. El cerebro parece tratar la posibilidad como si fuera una
realidad inminente.
Cuanto mayor es la reactividad anticipatoria en estas áreas, mayor
suele ser el malestar subjetivo, la intensidad de los síntomas y la
interferencia en la vida cotidiana. La anticipación, por tanto, no
es un fenómeno menor, sino un potente generador de sufrimiento
psicológico sostenido.
La incertidumbre como motor del
malestar
Uno
de los elementos centrales de la ansiedad anticipatoria es la
incertidumbre. No se trata solo de miedo a un resultado negativo,
sino de la dificultad para tolerar no saber qué va a pasar. Modelos
teóricos actuales señalan que el
ser humano tiende a sobreestimar la probabilidad de que ocurran
eventos negativos y a magnificar sus consecuencias.
Al mismo tiempo, le cuesta actualizar estas predicciones cuando la
realidad desmiente de forma repetida sus temores.
Este sesgo hacia lo negativo
convierte el futuro en un territorio hostil. La mente se orienta a
vigilar constantemente posibles amenazas, lo que mantiene al
organismo en un estado de alerta prolongado. A largo plazo, este
patrón agota los recursos emocionales, incrementa la evitación y
refuerza el propio problema, ya que la persona deja de exponerse a
situaciones que podrían desconfirmar sus miedos.
Artículo
relacionado: "Tipos
de Trastornos de Ansiedad y sus características"
Ansiedad anticipatoria y
trastorno de pánico
En el trastorno de pánico, la
anticipación juega un papel especialmente relevante. Tras haber
experimentado un ataque, muchas personas comienzan a temer no solo
nuevos ataques, sino también las consecuencias que creen que podrían
derivarse de ellos. Esta expectativa genera un estado de
hipervigilancia corporal constante, donde cualquier sensación física
es interpretada como una señal de peligro.
Este
círculo es particularmente incapacitante. El miedo a tener miedo
provoca que el sistema nervioso se mantenga activado,
lo que a su vez facilita la aparición de nuevos episodios de pánico.
La anticipación se convierte así en un verdadero catalizador del
trastorno.
Infancia, adolescencia y
aprendizaje del miedo futuro
La
ansiedad anticipatoria no es exclusiva de los adultos. En niños y
adolescentes se observa de forma clara en contextos como la escuela,
las separaciones o las situaciones sociales nuevas. La
respuesta anticipatoria ante amenazas inciertas se asocia con mayor
activación emocional, evitación y dificultades académicas o
relacionales.
Estas etapas del desarrollo son
especialmente sensibles porque en ellas se consolidan patrones de
afrontamiento. Cuando la anticipación se vuelve excesiva, el niño
aprende a relacionarse con el futuro desde el miedo en lugar de desde
la exploración. A largo plazo, esto puede sentar las bases de un
estilo ansioso persistente en la vida adulta.
Cuando anticipar duele más que
vivir la experiencia
Uno de los aspectos más
paradójicos de la ansiedad anticipatoria es que, en muchas
ocasiones, el sufrimiento previo es mayor que el que se experimenta
durante el propio evento. Personas que temen una intervención
médica, una exposición social o un examen suelen vivir días o
semanas de intenso malestar, mientras que la experiencia real
resulta, en comparación, mucho más manejable.
Este
fenómeno se explica en parte por la
rumiación anticipatoria,
es decir, la repetición constante de pensamientos negativos sobre lo
que podría salir mal. Estas cadenas de pensamiento no solo aumentan
la ansiedad, sino que también generan una huella emocional que se
reactiva posteriormente, prolongando el malestar incluso después de
que la situación haya pasado.
Ansiedad anticipatoria,
evitación y deterioro funcional
La
anticipación del peligro suele ir acompañada de conductas de
evitación. Evitar
reduce la ansiedad a corto plazo, pero refuerza la creencia de que la
situación era realmente peligrosa.
Con el tiempo, el repertorio de situaciones evitadas puede ampliarse,
empobreciendo la vida personal, social y profesional de quien lo
padece.
Este mecanismo explica por qué
la ansiedad anticipatoria está estrechamente ligada al deterioro
funcional. No solo se sufre por lo que se teme, sino también por
todo lo que se deja de hacer para no enfrentarse a ese temor.
¿Cómo se aborda el problema en
terapia?
Desde
la intervención psicológica, la ansiedad anticipatoria se
aborda ayudando
a la persona a modificar su relación con el futuro.
Las terapias
cognitivo-conductuales trabajan sobre la sobreestimación
del peligro, la intolerancia a la incertidumbre y los patrones de
evitación. Las terapias contextuales, como la Terapia de Aceptación
y Compromiso, se centran en reducir la lucha con el malestar
anticipatorio y recuperar una vida guiada por valores, incluso cuando
la ansiedad está presente.
También se ha estudiado el uso
de técnicas de biofeedback como estrategia para reducir la
activación fisiológica previa a situaciones estresantes, mostrando
efectos positivos sobre el control emocional. En todos los enfoques,
el objetivo no es eliminar por completo la anticipación, sino
devolverle su función adaptativa sin que domine la experiencia
vital.
Vivir con el futuro sin que el
futuro gobierne tu vida
La ansiedad anticipatoria
muestra hasta qué punto el ser humano no solo vive en el presente,
sino también en lo que imagina que va a ocurrir. Cuando la mente se
instala de forma permanente en un futuro amenazante, el presente
queda atrapado por el miedo. Comprender este fenómeno permite no
solo tratar mejor los trastornos de ansiedad, sino también
reflexionar sobre cómo nos relacionamos con la incertidumbre, el
control y el tiempo.
Aprender
a vivir con lo que aún no ha pasado sin quedar paralizado por ello
es uno
de los grandes desafíos psicológicos de nuestra época. La ansiedad
anticipatoria recuerda que el sufrimiento no siempre proviene de los
hechos, sino, muchas veces, de las historias que la mente construye
sobre ellos.
Referencias
bibliográficas
Hur J, Smith JF, DeYoung KA, Anderson AS, Kuang J, Kim HC, Tillman
RM, Kuhn M, Fox AS, Shackman AJ. Anxiety and the Neurobiology of
Temporally Uncertain Threat Anticipation. J Neurosci. 2020 Oct
7;40(41):7949-7964. doi: 10.1523/JNEUROSCI.0704-20.2020. Epub 2020
Sep 21. PMID: 32958570; PMCID: PMC7548695.
Helbig-Lang S, Lang T, Petermann F, Hoyer J. Anticipatory Anxiety
as a Function of Panic Attacks and Panic-Related Self-Efficacy: An
Ambulatory Assessment Study in Panic Disorder. Behavioural and
Cognitive Psychotherapy. 2012;40(5):590-604.
Schlatter,
S.;Schmidt, L.; Lilot, M. Guillot, A.;Debarnot, U. (2021).
Implementing biofeedback as a proactive coping strategy:
Psychological and physiological effects on anticipatory stress,
Behaviour Research and Therapy, Volume 140.
Avance
Psicólogos. (2025, diciembre 9). Ansiedad Anticipatoria: vivir con
miedo a lo que aún no ha pasado. Portal Psicología y Mente.
https://psicologiaymente.com/clinica/ansiedad-anticipatoria-miedo-aun-no-pasado
https://psicologiaymente.com/clinica/ansiedad-anticipatoria-miedo-aun-no-pasado
"Le pregunté a mi amiga...", de Plestia Alaqad (Palestina, 2001)
Le
pregunté a mi amiga:
¿No puede esperar tu llanto?
Me respondió con los ojos llenos de lágrimas:
No, no tendré tiempo para llorar mañana.
La vida es una carrera
y estoy cansada
de perseguir al tiempo que está matando todo lo que va quedando de mí.
En mi contra corre el tiempo y yo corro contra él…
no puedo parar ni siquiera a tomar un respiro
¿Por culpa del tiempo? Es que no se detiene nunca.
Le dije: estoy cansada, como tú
pero de esperar por un tiempo que no pasa
por un correo que no llega
por un teléfono que no suena
el tiempo está matando cualquier esperanza que viva dentro de mí.
Plestia Alaqad, incluido en Revista Descontexto (12 de octubre de 2025, Chile, versión de Juan Carlos Villavicencio).
https://franciscocenamor.blogspot.com/
TEMAS TERTULIA 26-6-2026
LOBOS
ABISMO
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEXTOS TERTULIA 19-6-2026
MARGINACIÓN
EL INFINITO
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Colaboración gráfica: Victoria Blanco.
MARGINACIÓN
Don Alberto reside en su mansión en La Moraleja, una de las urbanizaciones más exclusivas, o sea caras, de Madrid. Tiene 83 años, una hija que hace cuentas sobre su herencia, un yerno que hace cuentas sobre las cuentas de su suegro, y un nieto que le mira con asco porque, a sus estupendos siete años, ya sabe que lo viejo es feo y desagradable y aún no se ha enterado de que, si tiene mucha suerte, llegará algún día a ser un viejo feo y desagradable como su abuelo.
Al servicio de don Alberto se encuentran diecisiete personas entre mayordomos, cocineros, ama de llaves, chófer, jardineros, etc. etc. Todas le conocen y le temen, por lo que rehúyen su presencia. Don Alberto amasó su fortuna en la postguerra española: mientras elevaba la mano derecha, dejaba que la izquierda se escurriera disimuladamente en el bolsillo público sin nada que temer, salvo la molestia de tener que hacer, en caso de ser descubierto, las llamadas pertinentes y un par de regalos caros. Siempre ha sido un hombre de orden en todos los caóticos sentidos de la palabra.
Semanalmente recibe la visita de su escasa familia, visita tan parecidas unas a las otras como el gesto despectivo que han heredado tanto su hija como su nieto. La hija le pregunta sobre su tensión sanguínea y el yerno sobre un consejo para invertir en Bolsa. El nieto se mantiene distante, temiendo el momento final en que tendrá que acercarse a su abuelo para darle el repulsivo beso de despedida. Los tres desean su muerte de formas diferentes pero igualmente mal disimuladas.
Don Alberto está casi tan sólo como los cuerpos que sembró por las cunetas de su comarca, donde gracias a la guerra y el estraperlo, pasó de ser el gandul del pueblo a ser un señor, si no respetado, sí tan temido como para añadirle un don a su nombre. Morirá dentro de tres años y medio, en medio de una terrible agonía similar a la de su idolatrado generalísimo. Un honor sin duda merecido. En su entierro sólo su hija parecía llorar, pero en realidad escondía un colirio dentro del pañuelo con el que fingía secarse las lágrimas, se parecía mucho a su padre.
El tío Alberto también tiene 83 años, cuatro hijas y catorce nietos. Vive en una chabola del extrarradio de Usera, al sur de Madrid. En su vida ha hecho casi de todo y casi todo legal. Es gitano y patriarca de su clan: su palabra fue en otro tiempo respetada por todos, hoy día por casi todos. Como ningún dios quiso mandarle hijos, la casa llena de mujeres le ha enseñado sobre la igualdad de género más que ninguna universidad, pero sus ideas son compartidas sólo por las gitanas y algunos gitanos jóvenes, la mayoría de los hombres piensa que barre para casa cuando dice que primero tiene que estar la voluntad de la mujer para elegir marido y que todo padre debe respetar esa decisión porque cualquier gitano es y debe ser, antes que nada, una persona libre. Más de un problema ha tenido el tío Alberto por sus ideas raras, pero a su edad, ya nadie le cuestiona, más que nada porque en los últimos años tiene la costumbre de hacer que no oye cuanto contradice su opinión.
Al tio Alberto le cuida una de sus hijas, la más joven, que comparte chabola con su marido y tres criaturas. Dos de las otras tres hijas le visitan al menos una vez al mes para llevarle lo poco que consiguen reunir de comida, ropa y demás. Para los nietos pequeños y los bisnietos, lo mejor del tío Alberto es cuando cuenta la historia del mundo, que tan bien se sabe. Sólo uno de los niños, el que tanto le recuerda a si mismo por parecer el más espabilado, le pregunta desconfiado al final de cada historia: ¿ Y todo eso es verdad, abuelo? “Claro”, contesta fingiendo indignación el tío Alberto, “¿Es que has conocido algún gitano mentiroso . . . ? El niño agacha la cabeza y repasa la lista de mentiras en que ha pillado a sus padres y amigos en la última semana, y, como gitanillo despierto que es, calla.
El tío Alberto también morirá dentro de poco más de tres años, y a pesar de su edad, habrá muchas lágrimas sinceras en su velorio.
Del tío Alberto dicen que es un ejemplo de marginación, pero su marginación no incluye soledad, abandono, hipocresía ni tristeza.
De Don Alberto se dice, sin embargo, que no es un marginado, ni social ni económico. Es, simplemente, una persona antes destructiva y hoy patética y sola que vive al margen de sentimientos y emociones, al margen, en definitiva, de la vida.
Si pudiéramos, ¿a quién deberíamos socorrer primero?
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INFINITO
Cada pregunta abre una puerta al infinito, cada respuesta la cierra un instante.
En el infinito, hasta la NADA tiene un peso.
Sabrina Chakour
LO INFINITO
Hoy lo he visto desde mi balcón, pasaba despacito por el mismo paso de cebra en el que casi me llevó por delante hace unos días; fue bueno que solo me diera con el retrovisor y que mi cuerpo tuviera la capacidad de mantener el equilibrio a pesar del golpe, tal vez eso le haya servido para evitar arrollar a otra persona.
Claro está que, como en todo acontecimiento, para que las cosas sucedieran, tuvieron que darse muchas «casualidades».
Una receta médica me obligaba a ir a la farmacia y decidí hacerlo al final de la jornada, después de resolver varios asuntos. Volvía a casa después de un día intenso y cavilando sobre la intensidad aún mayor que me esperaba al día siguiente.
Miré, claro que miré, pero no sé si llegué a ver.
Él venía en diagonal desde la rotonda en dirección a la callejuela que veo desde mi balcón y que tiene un paso de cebra; supongo que miró a izquierda y derecha y aceleró para salvar los coches.
No se fijó en que yo ya estaba cruzando la calle.
Sonó fuerte el golpe. Perdí el equilibrio; no quería caerme. Por fortuna supe utilizar la inercia y girar sobre mi propio cuerpo. Paró el vehículo. Acabé de cruzar. Salió el conductor. Nos aproximamos. Creo que nunca había sentido dos corazones latir con el mismo idéntico ritmo; el sobresalto había coordinado nuestras frecuencias. Él me dijo que yo no había mirado bien. Yo, que él iba muy fuerte.
Ambos entendimos que los dos, mano a mano, habíamos estado a punto de provocar una situación grave. Intercambiamos los números de teléfono por si algo ocurría. Se ocupó de preguntar. A los tres días dimos por cerrado el asunto sin más consecuencias.
Hoy, mientras pensaba en cómo relatar el accidente, iba tomando conciencia de lo infinito de las combinaciones que se pueden dar en la vida y lo infinito de los resultados que se pueden obtener. Pero, con todo, lo realmente infinito que he podido reconocer es el orgullo del ego -al menos del mío- que en lugar de pensar que posibilidades hay de que lo malo (el atropello) me salvara de algo peor, se le ha ocurrido que gracias a mí se iban a evitar posibles futuros accidentes.
Si hasta ahora el concepto de infinito se me escapaba, con esta demostración egoica me queda claro que algunas cosas son tan infinitas como el horizonte y que, por mucho que me acerque, nunca llegaré a tocar la línea.
19/junio/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
INFINITO
Como chispitas de luz que nacen en derredor y no se esfuman enseguida. Que tampoco crecen; solamente son, solamente están, y solamente las miras como con el asombro de un niño que viera una luciérnaga encenderse por primera vez.
O como si de repente una ráfaga de viento nos trajera desde el sur de atrás un mar de semillas de dientes de león que nos envolviera. Te quedas inmóvil, no sabes el tiempo que el aire sabrá mantener esa belleza de lo efímero. Sostienes el aliento, surgen interrogantes; pero te nace una sonrisa desde algún lugar entre fuera y dentro que te recuerda que lo que verdaderamente quieres no es otra cosa sino sentir.
Y mientras, bailan pájaros de Robe entre ventanas abiertas a un cielo naranja, componiendo una sinfonía que crees empezar a oír a lo lejos.
O quizás no tan lejos.
Sara Vi Ta
https://iderinaweb.wordpress.com
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Ansiedad Anticipatoria: vivir con miedo a lo que aún no ha pasado
Te contamos de qué manera la ansiedad anticipatoria te hace aferrarte a miedos a lo hipotético.
La ansiedad suele asociarse al aquí y ahora, a un peligro inmediato o a una amenaza concreta. Sin embargo, una de sus formas más persistentes y silenciosas es la ansiedad anticipatoria: el malestar que aparece antes de que algo ocurra, cuando el peligro todavía no se ha materializado o, incluso, cuando es poco probable que lo haga.
Este tipo de ansiedad no se alimenta tanto de hechos como de hipótesis, de escenarios futuros que la mente construye y que el cuerpo vive como si ya fueran reales. Comprenderla no solo resulta clave para la clínica, sino también para entender cómo funciona la relación entre emoción, cognición y tiempo.
¿Qué es exactamente la ansiedad anticipatoria?
Desde una perspectiva psicológica, la ansiedad anticipatoria se define como un estado de activación emocional y fisiológica que surge al imaginar o prever una posible amenaza futura. No depende tanto del evento en sí como de la expectativa que se genera alrededor de él. No se teme solo lo que va a pasar, sino la incertidumbre de no saber exactamente cómo, cuándo o con qué consecuencias ocurrirá.
Este tipo de ansiedad está presente en múltiples trastornos: el trastorno de pánico, donde el miedo principal es a sufrir un nuevo ataque; la ansiedad generalizada, dominada por la preocupación constante; la ansiedad social, centrada en el temor a la evaluación negativa; o las fobias, donde la anticipación suele ser más perturbadora que la exposición misma. En todos los casos, la mente se adelanta al futuro y el organismo responde como si la amenaza fuera inminente.
El cerebro frente a la amenaza que aún no existe
Los avances en neurociencia han permitido observar qué ocurre en el cerebro cuando una persona anticipa un posible peligro. Estudios con resonancia magnética funcional muestran una activación repetida de estructuras como la amígdala, la ínsula anterior, la corteza cingulada anterior y diversas áreas prefrontales. Estas regiones participan en la detección de amenaza, la valoración del riesgo, la regulación emocional y la toma de decisiones.
Ahora bien, lo relevante es que esta red se activa incluso cuando el estímulo amenazante todavía no ha aparecido. El cerebro parece tratar la posibilidad como si fuera una realidad inminente. Cuanto mayor es la reactividad anticipatoria en estas áreas, mayor suele ser el malestar subjetivo, la intensidad de los síntomas y la interferencia en la vida cotidiana. La anticipación, por tanto, no es un fenómeno menor, sino un potente generador de sufrimiento psicológico sostenido.
La incertidumbre como motor del malestar
Uno de los elementos centrales de la ansiedad anticipatoria es la incertidumbre. No se trata solo de miedo a un resultado negativo, sino de la dificultad para tolerar no saber qué va a pasar. Modelos teóricos actuales señalan que el ser humano tiende a sobreestimar la probabilidad de que ocurran eventos negativos y a magnificar sus consecuencias. Al mismo tiempo, le cuesta actualizar estas predicciones cuando la realidad desmiente de forma repetida sus temores.
Este sesgo hacia lo negativo convierte el futuro en un territorio hostil. La mente se orienta a vigilar constantemente posibles amenazas, lo que mantiene al organismo en un estado de alerta prolongado. A largo plazo, este patrón agota los recursos emocionales, incrementa la evitación y refuerza el propio problema, ya que la persona deja de exponerse a situaciones que podrían desconfirmar sus miedos.
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Ansiedad anticipatoria y trastorno de pánico
En el trastorno de pánico, la anticipación juega un papel especialmente relevante. Tras haber experimentado un ataque, muchas personas comienzan a temer no solo nuevos ataques, sino también las consecuencias que creen que podrían derivarse de ellos. Esta expectativa genera un estado de hipervigilancia corporal constante, donde cualquier sensación física es interpretada como una señal de peligro.
Este círculo es particularmente incapacitante. El miedo a tener miedo provoca que el sistema nervioso se mantenga activado, lo que a su vez facilita la aparición de nuevos episodios de pánico. La anticipación se convierte así en un verdadero catalizador del trastorno.
Infancia, adolescencia y aprendizaje del miedo futuro
La ansiedad anticipatoria no es exclusiva de los adultos. En niños y adolescentes se observa de forma clara en contextos como la escuela, las separaciones o las situaciones sociales nuevas. La respuesta anticipatoria ante amenazas inciertas se asocia con mayor activación emocional, evitación y dificultades académicas o relacionales.
Estas etapas del desarrollo son especialmente sensibles porque en ellas se consolidan patrones de afrontamiento. Cuando la anticipación se vuelve excesiva, el niño aprende a relacionarse con el futuro desde el miedo en lugar de desde la exploración. A largo plazo, esto puede sentar las bases de un estilo ansioso persistente en la vida adulta.
Cuando anticipar duele más que vivir la experiencia
Uno de los aspectos más paradójicos de la ansiedad anticipatoria es que, en muchas ocasiones, el sufrimiento previo es mayor que el que se experimenta durante el propio evento. Personas que temen una intervención médica, una exposición social o un examen suelen vivir días o semanas de intenso malestar, mientras que la experiencia real resulta, en comparación, mucho más manejable.
Este fenómeno se explica en parte por la rumiación anticipatoria, es decir, la repetición constante de pensamientos negativos sobre lo que podría salir mal. Estas cadenas de pensamiento no solo aumentan la ansiedad, sino que también generan una huella emocional que se reactiva posteriormente, prolongando el malestar incluso después de que la situación haya pasado.
Ansiedad anticipatoria, evitación y deterioro funcional
La anticipación del peligro suele ir acompañada de conductas de evitación. Evitar reduce la ansiedad a corto plazo, pero refuerza la creencia de que la situación era realmente peligrosa. Con el tiempo, el repertorio de situaciones evitadas puede ampliarse, empobreciendo la vida personal, social y profesional de quien lo padece.
Este mecanismo explica por qué la ansiedad anticipatoria está estrechamente ligada al deterioro funcional. No solo se sufre por lo que se teme, sino también por todo lo que se deja de hacer para no enfrentarse a ese temor.
¿Cómo se aborda el problema en terapia?
Desde la intervención psicológica, la ansiedad anticipatoria se aborda ayudando a la persona a modificar su relación con el futuro. Las terapias cognitivo-conductuales trabajan sobre la sobreestimación del peligro, la intolerancia a la incertidumbre y los patrones de evitación. Las terapias contextuales, como la Terapia de Aceptación y Compromiso, se centran en reducir la lucha con el malestar anticipatorio y recuperar una vida guiada por valores, incluso cuando la ansiedad está presente.
También se ha estudiado el uso de técnicas de biofeedback como estrategia para reducir la activación fisiológica previa a situaciones estresantes, mostrando efectos positivos sobre el control emocional. En todos los enfoques, el objetivo no es eliminar por completo la anticipación, sino devolverle su función adaptativa sin que domine la experiencia vital.
Vivir con el futuro sin que el futuro gobierne tu vida
La ansiedad anticipatoria muestra hasta qué punto el ser humano no solo vive en el presente, sino también en lo que imagina que va a ocurrir. Cuando la mente se instala de forma permanente en un futuro amenazante, el presente queda atrapado por el miedo. Comprender este fenómeno permite no solo tratar mejor los trastornos de ansiedad, sino también reflexionar sobre cómo nos relacionamos con la incertidumbre, el control y el tiempo.
Aprender a vivir con lo que aún no ha pasado sin quedar paralizado por ello es uno de los grandes desafíos psicológicos de nuestra época. La ansiedad anticipatoria recuerda que el sufrimiento no siempre proviene de los hechos, sino, muchas veces, de las historias que la mente construye sobre ellos.
Referencias bibliográficas
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https://psicologiaymente.com/clinica/ansiedad-anticipatoria-miedo-aun-no-pasado


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