VOCES entre VOCES
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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.
5 poemas de Palabras sedimentarias, de Mª Carmen Ruiz Guerrero
Dice Jesús Aguado que “los poemas de este libro se van probando palabras que estallan como epifanías (ninguno de sus textos carece de algún descubrimiento esencial), encuentros, revelaciones”.
En Zenda reproducimos cinco poemas de Palabras sedimentarias (La Garúa), de Mª Carmen Ruiz Guerrero.
***
AVISO
Si
abro la boca y ves una hebrita
en la punta de la lengua,
no
tires,
no tires, es una advertencia.
Si la desoyes y empiezas
a
recoger la cuerdita,
como si levaras anclas,
ay de ti.
Cuántos
metros y metros
y más metros
de cuerdita empapada,
de
palabras ensartadas
que querían salir y no.
Y yo te diré:
te
dije, te avisé, te advertí
y no me escuchaste. Y la hebrita
que
no termina y que ya es una maraña
en el suelo justo a tus pies, y
que aún crece,
y crece, la hebrita, que no se detiene.
Y la
boca abierta y las palabras
desparramadas, desparramándose,
las
palabras libres, fuera de mí.
***
SALVAJE SOLO
Empecé
detestando las vallas
en los campos, los cercados
en la
montaña. Vino después el horror
por los postes de la luz, por
los
cables que interrumpían el cielo.
Ya no soporto los
caminos,
la navaja de la carretera sobre
la tierra animal. Ni
la huella descalza
debería profanar la hierba.
***
MUDANZA
¿Cuántas
camisas hay colgadas
en el armario? ¿Cuánto tiempo
llevan ahí
con su parda rigidez,
en hilera?
Hoy te he visto vestirte y
desvestirte
varias veces,
ponerte una sobre otra. Desafías
su
natural quebradizo.
No has cambiado tanto, la misma piel
que ya
no es la misma.
Solo verlas una junto a otra
te da vértigo,
como aquel tiovivo en la plaza
los días de feria.
Ya pasó y
aún continúa, gira y gira
sin detenerse.
La camisa de la
chicharra, su pasado
desechado, tú lo guardas.
***
VERDADES A MEDIAS
No
se puede caminar
con los ojos cerrados.
(No es verdad).
No
se puede tener sed
con la fuente en la puerta.
(No es verdad).
No
se puede cantar
con la voz silenciada.
(No es verdad).
***
PALABRAS SEDIMENTARIAS
Fui
el cauce de aquellas palabras
que fluían insensatas en su
alegría.
Fui la corriente. Fui el río.
Llegó la tormenta y
las arrojó
contra las orillas. Dibujan curvas,
curvas de
palabras sedimentarias.
Ondulan, se mecen, las lame
el agua
sujetas al fondo. Vencida,
yo soy su lecho.
—————————————
Autora: Mª Carmen Ruiz Guerrero. Título: Palabras sedimentarias. Editorial: La Garúa. Venta: Todos tus libros.
BIO
Mª Carmen Ruiz Guerrero (Murcia, 1976) estudió Filología Hispánica en la Facultad de Letras de Murcia y es profesora de Lengua castellana y Literatura desde el año 2000. Recibió una mención especial en el VI Certamen Municipal de Creación Joven 1998 en la modalidad de poesía (categoría 20-29 años). En octubre de 2019 publicó su primer poemario, Solo esto (Poesía en des-orden), editado en forma de caja y en el que la memoria baila desordenada con las palabras y con el tiempo. En este proyecto la acompañan Cristóbal Sánchez, con el diseño, y Enrique Escolar, con las ilustraciones. Algunos de sus poemas han aparecido en las revistas El Papagayo Verde y Luminaria y en los fanzines Carne para el Perro (Letras de Contestania) y Manifiesto Azul (Colectivo Iletrados). En septiembre de 2023 publica en La Garúa Brocal y voraz. Es una de las poetas seleccionadas por Isabelle G. Molina para la reciente Poesía en femenino: Antología de autoras murcianas, publicada por la Universidad de Murcia en marzo de 2025.
https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-palabras-sedimentarias-de-ma-carmen-ruiz-guerrero/
TEMAS TERTULIA 1-5-2026
CAMINO
LA LUZ DEL INVIERNO
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEXTOS TERTULIA 24-4-2026
DILEMAS
QUIJOTES
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
DILEMAS
Hace unos días me enteré de que, además del aislamiento que provoca no comprender íntegramente las conversaciones, la merma auditiva conlleva una complicación menos conocida: el olvido definitivo de algunas palabras, o lo que es lo mismo, la pérdida de parte del vocabulario. Al no oír ciertos sonidos, el cerebro decide que no existen y consecuentemente la argumentación se dificulta y se empobrece; algo similar a lo que pasa cuando se aprende un idioma extranjero y no se utiliza habitualmente.
Como ya sabéis mi vicio de darle vueltas a todo -mejor dicho, a casi todo-, he comparado esta disminución del lenguaje provocada por la incapacidad de escuchar correctamente, con la escasez de conceptos que pudiera traer consigo (no lo aseguro, simplemente lo planteo) el hecho de escuchar, hablar o leer solo lo que esté acorde a nuestras ideas. Si no nos atrevemos a salir del círculo de personas que hablan como nosotros, piensan como nosotros y se mueven como nosotros, llegará un momento en el que ni siquiera se nos pase por la cabeza que haya otras formas de pensar o de vivir igual de dignas que la propia.
He bautizado esto como sordera conceptual.
Veréis, yo voy viviendo -me gusta el gerundio, me recuerda que la vida es una construcción constante- de la manera más coherente y honesta que puedo, ajustando las velas según los cambios externos e internos y, por supuesto, pensando que mi forma es una buena forma de hacer, aunque no la única ni la mejor. Un día por semana quedo con una amiga inglesa para tomar un café mientras practicamos ella el español y yo el inglés, ambas con conciencia de la dificultad que supone hablar de lo cotidiano en un idioma ajeno, pero satisfechas de los avances. Lo mismo me pasa con las ideas diferentes a las mías, me ayudan a procesar nueva información para quedarme con lo que logro entender y descartar o dejar en barbecho el resto. Me da un poco de trabajo, pero amplía mi visión del mundo y de la condición humana.
Por eso, cuando me topo con personas aferradas a su pensamiento e incapaces de mirar las cosas desde otra perspectiva y de hacer un análisis mínimamente objetivo de los hechos -ya sé que la objetividad es una utopía, pero el intento cuenta-, opto por no entrar en discusiones bizantinas que solo conducirían a un exceso de cortisol -ahora tan de moda- y lejos de soportar subidas de tono (estas personas suelen estar convencidas de que levantando la voz la razón se pone de su parte) actúo en defensa propia y digo que sí a todo, como hago con los ordenadores.
Y aquí viene mi dilema. ¿Sería más digno exponer mi punto de vista o está bien diluirme de la forma que lo hago? No sé, solo sé que dar la razón al tuntún me deja malestar en el alma, pero arriesgarme a escuchar ladridos no me parece un buen plan.
25/abril/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
DILEMAS
No
fue un robo, fue un hurto
Un poquito de corazón, un poquito de
alegría
No hubo violencia, no hubo embustes
No pasa nada, hay
corazones como de lagartija
Hoy
el cielo está en escala de grises
Algunos lo llamarán bruma
El
ricino aún no se ha marchitado
Esperar al destino es un consuelo
triste
Nos
resguardamos ansiando exponernos
Nos ocultamos rezando ser
visibles
No es por vosotros,
Es por nosotros
“Los
chicos de hoy en día…”
Resbalan esas palabras por labios
Que
ya no se consideran dignos
De llamarse, de besar, de sentirse
“chicos”
Secos,
¿el qué? ¿Los corazones?
No, muy típico
Secos los sueños,
secos los deseos
Seca la música, secos los ojos
La
vejez que no halla su lugar en este domingo
Amarillean los tejidos
sosteniendo las almas frágiles
Yo no había ordenado construir
este pantano
No soplaba el viento al nacer este aeropuerto
Se
amplifican los tubos y los cambios
Al mil por ciento, elevados a
la Unión Soviética caída
Dudan
las facultades de sus dueños
Dudan las capacidades de sus
contenedores
Dudan los talentos de no terminar en el banco
Dudan
los dones de no volver a ser Juanes
A
favor de todo pronóstico, las tarjetas vocearon
Cánticos de
Zeus, súplicas de lavatorio
La torpeza mora en el parque
Haciendo
cola en la entrada del sanatorio
Siempre
hablamos de abismos, no podemos evitarlo
Somos el felpudo de las
lechugas
No le importaba su opinión a mi dictador
Paciencia,
punto y aparte
Paciente, punto y final
Sara Vi Ta
https://iderinaweb.wordpress.com

QUIJOTES
EN UN LUGAR DEL FUTURO
En un punto o lugar del cercano futuro, de cuyo nombre por razones obvias no puedo acordarme, apareció, víctima de un accidente espacio temporal, provocado por las todavía primitivas máquinas del tiempo, uno de los tantos personajes que creíamos de ficción, pero que resultó ser tan real como la estrella que nos alumbra, un personaje que, ya en la época que le tocó vivir, se encontraba un tanto marginado entre sus contemporáneos pues, negándose a padecer un presente que sentía lleno de injusticias, decidió abandonar la comodidad de su hogar para recorrer el mundo intentando subsanarlas.
Fue a caer este pobre hombre a principios del siglo XXI. Le acompañaban su escudero Sancho, su jamelgo Rocinante y el estoico Rucio, que a Sancho cargaba sobre su lomo.
Tras una semana deambulando por los campos, arribaron todos ellos a una gran ciudad, y he aqui algunos diálogos y aventuras que vivieron:
“Sin duda, amigo Sancho, todo esto es artificio y traza de los malignos hechiceros que me persiguen. Mira a que sitio tan triste nos han traído, que el mismo infierno parece: mira el semblante de esos hombres, sin un gesto, sin una sonrisa que denote que tienen alma, por eso será que llevan al cuello una soga atada, como presagio de su condena.”
“No, mi señor, he observado que a la soga la llaman corbata y la tienen por símbolo de nobleza, pues quienes la portan son aquellos que no viven de su sudor, sino del ajeno.”
“Extraña costumbre que no hace sino confirmar mis sospechas. Observa esas altas torres que no es posible haya construido ser humano alguno, y esas luces que brillan sin que ningún fuego las alimente, y esos niños hechizados, que el que no ataca o vocifera a sus padres está bajo el poder de esos extraños artilugios que portan en sus manos, del que no separan la vista durante horas, mientras los golpean con los dedos como llamando a una puerta que no puede llevarles sino a la necedad o a la locura”.
“Todo esto es tan contra natura que no puede ser sino venganza de Fristón, ofendido y envidioso por los entuertos que deshice y las injusticias que reparé.”
“Mas lo peor es sin duda esas ruidosas bestias de metal que ensucian el aire con venenosos humos mientras galopan, todas entre ellas mismas entreveradas, y los pobres condenados que dentro padecen su cautiverio. En esto apreciarás la crueldad a que pueden llegar magos y hechiceros cuando se sienten ofendidos en su vil arrogancia.”
“Y mira aquellos follones y malandrines, que con estruendosos pitidos se plantan en medio de las bestias de metal y fingen dirigirlas, cuando no hacen sino enturbiar más el ánimo de los pobres condenados que van dentro. Oh, Sancho amigo, grandes maldades debieron cometer para merecer tan cruel castigo. Por mi fe que en el mismo averno estamos.”
“Mas también pudiera ser, reflexionó Don Quijote, puesto que cautivos somos todos del malvado Fristón, que sean buenas gentes condenadas sin más delito que la mala fortuna de haberse cruzado en el camino de tan vil encantador. Liberémoslos, Sancho, y rompiendo su maleficio podremos tal vez liberarnos nosotros, haciendo de paso el bien suficiente para que hoy sea un dia digno de un buen caballero andante y su fiel escudero, que eres tú Sancho, aunque a veces no parezcas apreciar la dignidad de tu oficio”.
“Mire vuesa merced que por la velocidad endiablada a la que van, varios corceles deben llevar dentro tan extrañas criaturas, y no será menester ponerse en su camino, no vaya vuesa merced a sufrir accidente semejante al de los molinos . . . “
“Calla, Sancho, que este es el día en que se ha de ver el bien que me tiene guardada mi suerte y se ha de demostrar el valor de mi brazo, que nunca fue el miedo compañero de ningún caballero andante”.
Y diciendo esto arremetió Don Quijote con tal fuerza contra un Nissan Primera que circulaba por la plaza, que a duras penas pudo el conductor evitarle. Pero menos suerte tuvo un Mercedes que venía a continuación, pues enristrando Don Quijote su lanza, tomó la estrella de la marca como punto de mira y fue como alma que lleva el diablo a encajar su lanza y su cabeza en el parabrisas del automóvil cuyo aterrorizado conductor, a punto de caer inconsciente, acertó a preguntar:
“¿Esto es de alguna película que están rodando?”
“¿Película, decís, incauto, ¿qué es eso? ¿sinónimo de encantamiento o hechicería? Dejad de hablar y corred para recobrar la libertad que injustamente os fue arrebatada, que yo os defenderé de los esbirros de Fristón.”
Desmontado del pobre Rocinante, que una vez más había pagado las consecuencias del ímpetu de su amo, saltaba Don Quijote de lado a lado del automóvil empuñando la espada y pinchando y cortando con ella a los airbags que se iban desplegando uno a uno, mientras gritaba:
“De nada te servirán tus malas artes, Fristón, que por muchos odres o vejigas de carnero que pongas en mi camino, he de liberar a este condenado y con ello romperé el maleficio que a esta extraña tierra me tiene atado”.
En esto estaba cuando fueron llegando ambulancias y coches policiales hasta rodear la rocambolesca escena que nuestro incomprendido Caballero de la Triste Figura había creado.
Media hora después ya se encontraba el pobre Sancho declarando en una comisaría sin comprender la mitad de las preguntas que le hacían, e intentando explicar que nada malo pretendía su señor, sino liberar a los cautivos de las endiabladas criaturas.
Don Quijote, ya internado a las pocas horas en un centro psiquiátrico, no dejaba de vociferar:
“Vente a mi, Fristón, que un caballero solo soy, y de solo a solo quiero probar tus fuerzas y quitarte la vida en pena de la que das a todos estos pobres cautivos. ¿Crees poder engañarme vistiendo de blanco inmaculado, cual si ángeles celestiales fueran, a éstos, tus malditos esbirros?”
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MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Efecto Pratfall: ¿cómo influyen los errores en el atractivo?
Nuestro atractivo puede verse influido de un modo extraño cuando cometemos errores ante otros.
Cuando cometemos un fallo importante la percepción que tienen de nosotros las personas que han sido testigos de ello se modifica. Sin embargo, no se trata de que resultemos menos atractivos a nivel personal si metemos la pata, sino que el mecanismo por el que nuestro grado de agradabilidad y de respetabilidad cambia es algo menos intuitivo que esto.
En este artículo describiremos las variables que intervienen en el efecto Pratfall, el fenómeno por el cual las personas atractivas que se equivocan tienden a gustar más que antes a los demás, mientras que con las personas poco atractivas lo son todavía menos cuando cometen un error grave. Veamos en qué consiste exactamente este efecto psicológico.
¿Qué es el efecto Pratfall?
El psicólogo americano Elliot Aronson, conocido por sus investigaciones sobre la teoría de la disonancia cognitiva, describió en el año 1966 el efecto Pratfall, un fenómeno psicológico que consiste en un aumento o una reducción del atractivo interpersonal de un individuo después de que éste cometa un error.
La dirección del efecto depende del grado de competencia que otras personas atribuyeran previamente a quien se ha equivocado. Así, quienes eran percibidos como muy competentes a nivel general tenderán a gustar más al resto de personas después de cometer un error, mientras que si el nivel de competencia es medio el atractivo se reducirá.
En el contexto del efecto Pratfall el concepto “atractivo” es entendido como una combinación entre agradabilidad y respetabilidad. Así, una persona puede resultar atractiva a los demás por ser inusualmente cordial, pero también por ocupar un puesto con un elevado nivel de prestigio o por ser muy inteligente.
La palabra “pratfall” es un término inglés que puede traducirse libremente como “error” aunque, de hecho, el significado se acerca más a la expresión coloquial “caerse de culo”: hace referencia a un fallo de cierta gravedad que tiende a resultar vergonzante para la persona que lo comete.
El efecto Pratfall se ve influido por variables muy distintas, entre las que destacan el nivel de autoestima del observador, su género y la gravedad del fallo cometido. Más adelante explicaremos de qué modo contribuye cada uno de estos factores al aumento o a la reducción del atractivo interpersonal.
El estudio de Elliot Aronson
El propio Aronson llevó a cabo el experimento a partir del cual surgió su hipótesis del efecto Pratfall. En dicho estudio los sujetos experimentales, todos ellos estudiantes universitarios de sexo masculino, escucharon una de dos entrevistas grabadas en que el mismo actor interpretaba a dos personajes distintos.
Uno de estos hombres era un hombre muy inteligente, había tenido una vida destacable a nivel personal y profesional y contestaba correctamente a la mayoría de preguntas del entrevistador. El otro personaje se equivocaba en la mayoría de respuestas, era particularmente poco inteligente y no había logrado grandes cosas en su vida.
Al final de las entrevistas los dos hombres cometían fallos humillantes (“pratfalls”). Estos tuvieron efectos opuestos en función del personaje: mientras que los sujetos experimentales valoraban más positivamente al hombre inteligente después del error, su opinión del segundo empeoraba aún más.
Posteriormente se han llevado a cabo investigaciones similares a la de Aronson. Aunque los resultados se han replicado de modo general, también se han podido determinar de forma clara algunos matices importantes que intervienen en este fenómeno.
Hallazgos
La investigación de Aronson y otras posteriores que siguieron la misma línea han encontrado algunas peculiaridades llamativas con respecto al efecto Pratfall. Estas tienen que ver principalmente con variables de carácter psicosocial. Hay que tener en cuenta, por otra parte, que este fenómeno se enmarca en el ámbito de la psicología social.
Uno de los aspectos más característicos del efecto Pratfall es que no está claro que tenga lugar en las mujeres en el mismo grado que en los hombres. Estos hallazgos se asocian a algunas investigaciones relativamente antiguas, por lo que la influencia del rol de género puede ser menor hoy en día en muchos lugares.
Estos estudios sugirieron el atractivo personal de alguien que comete un error grave tendería a disminuir para las mujeres independientemente de si la perciben como una persona inteligente y/o agradable o si no lo hacen.
La magnitud del fallo también es muy importante. Las personas atractivas que cometen errores leves pasan a serlo un poco menos, mientras que si el fallo es grave gustarán más al resto de personas pero también perderán una parte muy pequeña de su respetabilidad. Por contra, quienes no son atractivos lo serán aún menos tras equivocarse sea cual sea la gravedad.
Otra variable relevante es la autoestima de la persona que observa el error: si es elevada preferirá a una persona competente que no cometa ningún fallo a otra que sí lo haga. En este sentido es muy significativo el efecto de comparación social; según algunas hipótesis, el efecto Pratfall se debería a la capacidad de empatizar con la persona que se equivoca.
Arturo Torres. (2017, julio 13). Efecto Pratfall: ¿cómo influyen los errores en el atractivo?. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/social/efecto-pratfall
https://psicologiaymente.com/social/efecto-pratfall

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