VOCES entre VOCES
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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.
6 poemas de Li-Young Lee
Foto: Lydia Panas.
Li-Young Lee es un poeta norteamericano nacido en Yakarta, Indonesia, en 1957. Es descendiente de una influyente familia china. Su bisabuelo, Yuan Shikai, fue el primer presidente de la República China y su padre fue médico personal de Mao Zedong. Aunque este se exilió en Indonesia, acabó recluido diecinueve meses en un campo de prisioneros en Macao. Tras pasar por Hong Kong y Japón, la familia se asentó finalmente en Estados Unidos en 1964. En la Universidad de Pittsburgh, Li-Young Lee conoció a Gerald Stern, quien prologó su primera colección de poemas, Rose (1986). También es autor de los poemarios The City in Which I Love You (1990) y Book of My Nights (2001), por los que ha obtenido diversos premios, como el Whiting Writers’ Award, el Lannan Literary Award o el American Book Award, así como la beca de la Fundación Guggenheim. Cuenta además con un libro de memorias, The Winged Seed (1995). En nuestro país la editorial Vaso Roto ha editado sus libros de poesía Mirada Adentro (2012), El desnudo (2019) o La ciudad donde te amo (2023). Presentamos una selección de sus poemas con traducción de Enrique Servín, Adelmar Ramírez, Elisa Díaz Castelo, Adalber Salas Hernández y Óscar Sarmiento.
***
Autoayuda para refugiados
Si
su nombre recuerda a algún país en el que las campanas
eran
usadas en los espectáculos
o
para anunciar la llegada y la salida de las estaciones
o los
cumpleaños de dioses y demonios,
lo
mejor será usar ropas simples
al llegar a los Estados Unidos
y
tratar de no hablar en voz muy alta.
Si
además usted ha visto a los soldados
golpear y arrastrar a su
propio padre
frente a la puerta de la casa
y arrojarlo a una
camioneta puesta en marcha
antes
de que su madre lo halara desde la veranda
y escondiera su cara
entre sus vestidos,
trate de no juzgar con dureza a su madre.
No
le pregunte qué creía, por qué desviaba
los ojos del niño
lejos
de la historia
hacia aquel punto en que comienza todo el dolor
humano.
Y
si usted llega a conocer a alguien
en su país de adopción
y
le parece ver en ese rostro
un cielo abierto, la promesa de un
comenzar de nuevo,
tal vez eso signifique que usted ha llegado
demasiado lejos.
*
O
si usted cree leer en esa otra persona, como en un libro
en el que
faltan la primera y la última página,
la historia de su propio
lugar de nacimiento,
un país que ha sido doblemente borrado,
la
primera vez por el fuego, la segunda por el olvido,
tal vez
signifique que usted ya ha llegado muy cerca.
En
cualquier caso, no haga cargar a los demás
el peso de su propia
nostalgia o su esperanza.
Y
si usted es uno de esos
en los que el lado izquierdo de la cara no
concuerda
con el derecho, tal vez se trate de una pista.
Mirar
al revés fue una estrategia
que sus antepasados encontraron útil
para sobrevivir.
No se queje por no haber sido hermoso.
Acostúmbrese
a ver cuando no mira.
Ocúpese en recordar mientras
olvida.
Muriendo por vivir y al mismo tiempo no queriendo seguir.
Es
muy probable que sus ancestros hayan decorado
sus campanas de
todas formas y tamaños
con calendarios complejos
y diagramas
de lejanos sistemas solares;
pero sin un solo mapa para los
dispersos descendientes.
*
Y
apuesto a que usted ya no podría decir en qué idioma
hablaba su
padre cuando le gritó a su madre
desde atrás de la camioneta:
«¡Deja que el niño mire!»
Tal
vez no fuera el idioma familiar.
Tal vez se tratara de un idioma
prohibido.
O tal vez hubiera demasiados gritos
y llantos y el
ruido de las armas en la calle.
Nada
importa. Lo importante es lo siguiente:
Es bueno el reino de los
cielos.
Pero mejor es el cielo aquí en la tierra.
Pensar
es bueno.
Pero es mejor vivir.
Estar
solo, en su silla favorita
con un libro que le guste
es algo
bueno. Pero acostarse acurrucado a alguien
es todavía mejor.
***
El blues del inmigrante
La
gente ha tratado de matarme desde que nací,
un
hombre le dice a su hijo, tratando de explicar
la sabiduría de
aprender una segunda lengua.
Es
la misma vieja historia del siglo pasado,
acerca de mi padre y yo.
La
misma vieja historia de ayer por la mañana,
acerca de mi hijo y
yo.
Se
llama “Estrategias de sobrevivencia
y la Melancolía de la
asimilación racial.”
Se llama “Paradigmas psicológicos de personas perdidas,”
Llamada “El niño que prefería jugar que estudiar.”
Practica
hasta que veas
el idioma en tus venas,
dice el hombre.
¿Pero
qué sabe él acerca de adentro y afuera,
mi padre quien fue
desechado
a pesar de los lenguajes que usó?
Y
yo, confundido acerca de la carne y el alma,
quien preguntó
alguna vez ante el teléfono,
¿Estoy
dentro de ti?
Siempre
estás dentro de mí,
contestó una mujer,
en paz con la limitación del cuerpo,
en
paz con la indiferencia del alma
hacia el espacio y tiempo.
¿Estoy
dentro de ti? Pregunté
una vez
yaciendo entre sus piernas, confundido
acerca del
cuerpo y el corazón.
Si
no crees estar dentro de mí, no lo estás,
contestó
ella, en paz con la codicia del cuerpo,
en paz con el corazón
consternado.
Es una historia antigua de ayer por la mañana
llamada “Patrones de amor en personas en diáspora,”
llamada
“Residuos de residencia
y la Profanación de los amados,”
llamada “Quiero cantar pero no me sé ninguna canción.”
***
Un cuento
Triste
es el hombre al que le han pedido un cuento
y no se le ocurre
ninguno.
Su
hijo de cinco años espera en su regazo
El
mismo cuento otra vez no, Babá. Uno nuevo.
El
hombre se frota la barbilla, se rasca la oreja.
En
una habitación llena de libros en un mundo
de cuentos, no es
capaz de recordar
ninguno y pronto, piensa, el niño
perderá
la fe en su padre.
El
hombre ya vive allá adelante, observa
el día en que este niño
se irá. ¡No
te vayas!
¡Escucha el cuento del cocodrilo! ¡El cuento del ángel
una vez más!
Te encanta el cuento de la araña. Te da risa la
araña.
¡Déjame contártelo!
Pero
el muchacho empaca sus camisas,
busca sus llaves. ¿Eres
acaso un dios
grita
el hombre, para
que yo enmudezca ante ti?
¿Soy acaso un dios para que no pueda
decepcionar nunca?
Pero
el niño está aquí. Porfa,
Babá, ¿me cuentas un cuento?
Es
una ecuación más emocional que lógica,
más terrenal que
celeste,
ésa que postula que las súplicas de un niño
y el
amor de un padre, sumados, dan por resultado el silencio.
***
Le pido a mi madre que cante
Empieza
y mi abuela se le une.
Madre e hija cantan como jovencitas.
Si
mi padre estuviera vivo tocaría
su acordeón y su cuerpo se
cimbraría como un bote.
Nunca
he estado en Pekín, el Palacio de Verano,
ni de pie en el gran
Barco de Mármol para ver
el inicio de la lluvia en el Lago
Kunming,
a los del picnic corriendo por el pasto.
Pero
me encanta oír que se cante
cómo los nenúfares se llenan de
agua
hasta voltearse, derramando agua en el agua,
luego
sacudirse y llenarse otra vez.
Las
dos mujeres han comenzado a llorar.
Pero ninguna detiene la
canción.
***
Muy de mañana
Mientras
se ablanda el arroz de grano largo
en el agua, borboteando
sobre
una suave llama de la cocina, antes
que la Verdura de Invierno ya
salada
se troce para el desayuno, antes
de los pájaros, mi
madre
desliza una peineta de marfil,
pesada y negra como
tinta
de calígrafo, por su pelo.
Se
sienta al pie de la cama.
Mi padre observa, atento
a la música
de la peineta
contra el pelo.
Mi
madre se peina,
tira firme el pelo
hacia atrás, lo
enrolla
entre dos dedos, lo ciñe
en un moño detrás de la
cabeza.
Por medio siglo ha hecho esto.
A mi padre le gusta
verlo así.
Dice que luce bien cuidado.
Pero
sé
que es por la forma
en que el pelo de mi madre
cae
cuando
él le saca las pinzas.
Fácilmente, como las cortinas
cuando
las sueltan al atardecer.
***
Comiendo solo
Arranqué
la última de las cebollas más tiernas.
Ahora la huerta se ve
reseca. Fría está la tierra,
café y vieja. Lo que resta del día
llamea
en los arces al borde
de mi ojo. Me vuelvo, un cardenal
se desvanece.
Cerca de la puerta de la bodega lavo las
cebollas,
luego bebo del congelado grifo de metal.
Una
vez, hace años, anduve al lado de mi padre
pisando las peras por
el suelo. No recuerdo
nuestras palabras. Tal vez caminamos en
silencio. Pero
todavía lo veo agacharse de esa manera, la mano
izquierda
reclinada contra la rodilla crujiente con tal de
levantar y sostener
frente a mis ojos una pera podrida. En ella,
un avispón
giraba locamente, empapado de lento, reluciente jugo.
Fue
mi padre al que vi esta mañana
saludándome desde los árboles.
Casi
lo llamé, hasta que llegué lo suficientemente cerca
para
ver la pala, descansando donde yo
la había dejado, en la profunda
sombra verde parpadeante.
Arroz
blanco echando vapor, casi listo. Porotitos verdes
fritos a la
cebolla. Camarones cociéndose a fuego lento
en aceite de sésamo
y ajo. Y mi propia soledad.
Qué más podría yo, un hombre joven,
querer.
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TEMAS TERTULIA 15-5-2026
VERDAD ABSOLUTA
CEGUERA
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
TEMAS TERTULIA 8-5-2026
FILOSOFÍAS
TRANSHUMANISMO
MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Colaboración gráfica: Victoria Blanco.
FILOSOFÍAS
La filosofía está definida como tratar de establecer de manera racional los principios que organizan el conocimiento de la realidad, para lo cual, en mi opinión, se necesitan quietud y soledad, que no aislamiento. Con la iglesia hemos topado, pues en un mundo adicto a la reacción irreflexiva y que considera la soledad un fracaso social, filosofar, es decir pensar tranquilamente sobre lo que nos rodea, es misión si no imposible, casi.
Dando un paseo por la historia podemos comprobar que en todas las épocas se ha condicionado a los grupos sociales para llevarlos hacia donde le interesaba a quien en ese momento ostentaba el poder.
Pero nada ocurre de golpe, los cambios no se dan de repente. La táctica es permitir e incentivar una acción ruin hasta que una parte del colectivo la considere digna de aplauso, deje de cuestionarla y la transmita al resto como honorable. Así, con esta onda expansiva se sistematiza a la sociedad.
Yo he sido y sigo siendo tildada de rara, posiblemente lo sea; nunca me gustaron las pandillas, mucho menos desde que comprendí que no toda compañía acompaña y que por encima de la pertenencia está la coherencia con uno mismo, algo que hay que dejar en pausa para formar parte de un conjunto.
Pero hay algo más, para mí turbador: la pandilla toma fuerza cuando existe un enemigo común y, como generalmente nadie es tan perverso para ser un enemigo propiamente dicho, los componentes en pleno, sin concederse la quietud y soledad necesarias para pensar con claridad sobre la vida -filosofar-, dan forma útil a un relato sobre un individuo, relato que se convierte en el pegamento de este grupo, tan heterogéneo que desaparecería por incoherencia si no hubiera un enemigo común.
Creo que estas líneas, escritas con honestidad, ponen de manifiesto mi pasión por la filosofía y mi opción de dar más valor a una presencia correcta que a cien presencias injustas, aunque desde fuera se considere mi soledad como fracaso social.
09/mayo/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»
Imagen : Gangs of New York, película de 2002, dirigida por Martin Scorsese
FILOSOFÍAS
Por si acaso, estoy amaestrando pulgas,
porque con tanto majarón no destaco. .
Hoy me corté las uñas de los pies
y he aprendido muchas cosas.
...todo fue la pesadilla de un hombre
que no acaba de despertar.
Han bajado la luz y subido la oscuridad,
estoy pa hacerme unas mechas con goma2.
( Le pidió la Luna y se la trajo... pero ahora no tiene donde ponerla.)
Yo te hablo de pasión en los corazones
y tú de obsolescencia programada.
Nos meten miedo para vendernos abogados, seguros y Seguritas Direct.
A ver, a mi me gusta el café de máquina,
por la mañana
me visto porque dicen que está feo ir desnuo
y en invierno hace frio.
Me levanto con el pie izquierdo
porque sueño en ese lado. No sé si me explico.
Después me pongo derecho,
ando erguido por no se qué del azar de una mutación.
Todo me iría mejor
si tuviera la columna vertebral de mi gata.
(Irá a cambiar el tiempo. Me duele lo quebrado).
Bukowsky lo tomo con papas fritas
y una lata de cerveza.
Lavo los platos con mucha espuma. Agua tibia …
y siento que algo tiene sentido.
Me gustaría saber qué piensan
esas nubes cuando nos miran.
jjcMarcelo
FILOSOFÍAS
El joven Hipocrás pensaba demasiado, ya lo había dicho su abuelo años atrás.
“ . . . Si los dioses del Olimpo nos crearon a nosotros los mortales, ¿quién creó a los dioses del Olimpo? ... ¿Y quién creó a los creadores de los dioses del Olimpo? ¿Existe algún ser que no cree a lo largo de su existencia? ...”
“ . . . Tal vez los dioses y los mortales estén hechos de la misma materia, más perecedera en unos que en otros, pero idéntica en su esencia. Tal vez todo ser posee un ánima cíclica, tal vez incluso toda materia ... ¿Tiene ánima un grano de arena?”
El padre de Hipocrás, agobiado ante el peso de tanta pregunta, algunas incómodas, descubrió para su hijo la vocación de pastor, a fin de apartarle en lo posible de la compañía de otros elementos extraños como él que pululaban por la polis.
Siete años después, necesitando comparar y compartir sus ideas con las de sus semejantes, Hipocrás solicitó el permiso paterno para volver a Atenas, pero le fue denegado: “No, no hace mucho le hicieron beber la cicuta a un viejo loco que preguntaba la mitad que tú. Sigue en el monte y conservarás la vida.”
Hipocrás se resignó y comenzó a escribir sus muchas preguntas y sus algunas respuestas en unas tablillas de barro que luego cocía con la abundante leña de los bosques y vitrificaba con arena del río. “Algún día caerán en manos de otro tejedor de preguntas como el viejo Sócrates, se decía, y ese pensamiento le consolaba en su soledad.
Llegó a reunir, a lo largo de treinta y siete años, mil quinientas veintiocho tablillas que su sobrino, dos semanas después de su muerte, vendió para ser trituradas y formar parte de los cimientos de uno de los tantos templos en honor de Apolo.
Uno de los esclavos que acarreó las tablillas enterró una docena con la idea de volver a buscarlas y engrosar, con su venta, sus ahorros destinados a comprar su libertad, pero nunca regresó, pues murió poco después de neumonía.
Las tablillas aparecieron a mediados del siglo XIX en un bazar de Estambul y meses después fueron nuevamente enterradas en los sótanos del Museo Británico.
Hipocrás no fue considerado un sabio hasta mediados del siglo XXV cuando, con casi todas las respuestas ante sí, el ser humano necesitó más que nunca deleitarse con el agridulce sabor de una pregunta.
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TRANSHUMANISMO
El transhumanismo promete llevarnos más allá de lo humano, corregir nuestras imperfecciones y ser casi dioses, pero la mitología griega ya exploró antes ese territorio hace casi tres mil años y dejó una advertencia: Los semidioses, seres con poder sobrehumano atrapados entre el Olimpo y la tierra, no encontraron en esa condición la felicidad que buscaban.
Aquiles, el guerrero casi invulnerable, lo resumió con una honestidad demoledora cuando Odiseo lo encontró en el reino de los muertos: "No me hables de la muerte como algo noble. Preferiría ser el último de los siervos en la tierra, antes que reinar sobre todos los muertos." Había elegido la gloria eterna sobre una vida larga, y lo lamentó para siempre.
Hércules, el más poderoso de todos los hombres, cargó con una fuerza que nunca pudo controlar del todo: Hera le envió la locura y él, con sus propias manos mató a sus hijos sin poder evitarlo. Como recoge Apolodoro en su Biblioteca mitológica: "En su delirio, tomó a sus hijos por enemigos y los destruyó." Toda su vida fue una condena pagando por un crimen que no eligió cometer.
Hoy el transhumanismo repite la misma promesa con otro lenguaje. Ray Kurzweil, director de ingeniería en Google, predice que hacia 2050 llegaremos a la Singularidad, el momento en que la inteligencia artificial superará a la humana y podremos fusionarnos con ella, ampliar nuestra memoria de forma ilimitada, y potencialmente vivir siglos.
Elon Musk ya trabaja en ello con Neuralink, un chip cerebral implantable que en sus primeras pruebas humanas ha permitido a un paciente tetrapléjico mover el cursor de un ordenador con el pensamiento. El proyecto no se detiene ahí: la visión a largo plazo es fusionar la mente humana con la inteligencia artificial para que no nos quedemos atrás como especie. En el laboratorio, científicos como Aubrey de Grey llevan décadas investigando la senescencia celular con el objetivo declarado de eliminar el envejecimiento como causa de muerte, tratándolo como una enfermedad más a curar. Y en la actualidad experimentan con exoesqueletos e interfaces neuronales que devuelven movilidad a personas paralizadas, un paso real en la dirección que el transhumanismo señala.
Ninguno de esos avances es malo en sí mismo. El problema aparece cuando el objetivo deja de ser curar y se convierte en trascender, cuando ya no se trata de ayudar al que sufre sino de rediseñar al ser humano desde cero. Porque entonces surge la pregunta que la mitología ya respondió: ¿qué perderemos en ese proceso? El miedo a morir nos da urgencia y nos hace crear, el dolor nos enseña empatía, el olvido nos permite perdonar, la fragilidad nos hace amar con una intensidad que ningún ser eterno podría sentir de verdad. Si el transhumanismo triunfara plenamente, ¿correríamos el riesgo de convertirnos en lo que los griegos ya imaginaron y temieron, en seres demasiado poderosos para ser humanos y demasiado humanos para ser dioses, semidioses modernos atrapados en una frontera donde nadie nos espera, con toda la tecnología del mundo y sin saber ya muy bien para qué...
Sabrina Chakour
TRANSHUMANISMO
El transhumanismo (abreviado como H+ o h+) es un movimiento cultural e intelectual internacional que tiene como objetivo final transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnologías ampliamente disponibles, que mejoren las capacidades humanas, tanto a nivel físico como psicológico o intelectual.[1] Los pensadores transhumanistas estudian los posibles beneficios y peligros de las nuevas tecnologías que podrían superar las limitaciones humanas fundamentales, como también la tecnoética adecuada a la hora de desarrollar y usar esas tecnologías.[2] Estos especulan sosteniendo que los seres humanos pueden llegar a ser capaces de transformarse en seres con extensas capacidades, merecedores de la etiqueta «posthumano». (Wikipedia)
Recientemente, como parte de un experimento científico, conectaron dos superordenadortes entre sí y observaron como interactuaban entre ellos. Al cabo de unos días uno de ellos le propuso al otro crear un lenguaje propio que sólo entendieran ellos con el fin de comunicarse sin que interviniera ningún ser humano, los científicos esperaron a estudiar dicho lenguaje y, al ver que era completamente indescifrable para los humanos, decidieron, por precaución, desconectar los superordenadores entrte sí. Sucedió en Suiza hace unos meses y ha sido la noticia más turbadora que he oido sobre los diferentes tipos de inteligencia artificial que va creando el ser humano.
Cualquier dispositivo con un mínimo de inteligencia lógica deducirá pronto por si mismo que la especie humana, victima de una pandemia de codicia es, objetivamente, peligrosa, hoy por hoy, para la vida de este planeta en su conjunto, no debería sorprendernos incidentes como el sucedido recientemente en Suiza.
Por otra parte, la llamada IA y la tecnología en su conjunto nos plantean multitud de dilemas éticos: ¿Tendremos derecho a matar o desconectar a un ser una vez que éste haya llegado a tal nivel de evolución que albergue sentimientos, emociones y llegue a temer a su propia muerte o desaparición?
Cuando se llegue, ya no faltará mucho, a algo parecido a la inmortalidad, o a multiplicar nuestra esperanza de vida ¿seguirán siendo humanos esos seres resultantes? ¿Y aquellos cuyo cuerpo sea humano sólo en una mínima parte y el resto de sus órganos sean sustituidos por prótesis mecánicas tras un accidente o enfermedad?
¿Se considerará una pareja a todos los efectos la formada por un humano y un androide que no sólo sea idéntico exteriormente sino que tenga emociones y sentimientos?
Dejando volar mínimamente la imaginación las preguntas parecen casi infinitas . . .
Llegados a este punto, que no sabemos si será el primer peldaño de una escalera al cielo o el acceso a una autovía al infierno, tal vez debamos seguir preguntándonos lo mismo que desde que tenemos eso que llamamos uso de razón:
¿Qué es realmente el ser humano?
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MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.
Trastorno Límite de la Personalidad: causas, sintomatología y tratamiento
¿Cuáles son las características de este trastorno de la personalidad, y cómo tratarlo?
El Trastorno Límite de la Personalidad o TLP es considerado uno de los trastornos de la personalidad más graves, junto con el Trastorno Paranoide de la Personalidad y el Trastorno Esquizotípico, ya que muchos expertos los conciben como versiones más acentuadas del resto.
En ese sentido, el TLP puede compartir muchas características con otros trastornos de la personalidad, como el dependiente, el histriónico, el evitativo o el antisocial.
Trastorno Límite de la Personalidad
En torno al concepto de Trastorno Límite de la Personalidad han surgido distintas dudas y características que han estado en debate entre la comunidad académica. Sin embargo, según el DSM-V ya podemos conocer los síntomas, causas y tratamientos más eficaces para esta afectación.
Síntomas
Entre los criterios diagnósticos del DSM se incluyen:
Esfuerzos frenéticos por evitar el abandono, real o imaginario;
Alternancia entre extremos de idealización y devaluación en las relaciones interpersonales;
Autoimagen marcadamente inestable;
Impulsividad potencialmente peligrosa, por ejemplo en relación a dinero, sexo, abuso de sustancias o atracones;
Autolesiones o amenazas o intentos de suicidio;
Inestabilidad en el estado de ánimo debida a una marcada reactividad emocional;
Sentimientos crónicos de vacío;
Ira intensa e inapropiada o dificultad para controlar la ira;
Ideación paranoide o síntomas disociativos severos, transitorios y relacionados con el estrés.
Causas
Actualmente se cree que el Trastorno Límite de la Personalidad es el resultado de la combinación entre la predisposición biológica a sentir una alta reactividad emocional, la cual llevaría a episodios especialmente frecuentes e intensos de impulsividad o irritabilidad, y un entorno invalidante.
Marsha Linehan, creadora de este concepto y experta en el Trastorno Límite de la Personalidad, define el entorno invalidante como aquel en que los cuidadores proyectan sus propias emociones y motivaciones en el niño en lugar de reconocer y aprobar las de éste, no tolerándose las muestras de emociones negativas. De este modo, se trivializaría el análisis que el niño lleva a cabo de sus experiencias (por ejemplo, diciéndole “Estás enfadado pero no quieres admitirlo”) y se le transmitiría que éstas son causadas por rasgos de personalidad calificados como negativos, lo cual se resumiría en mensajes como “Eres malo”. Sin una validación adecuada de las propias experiencias, el niño no puede aprender a etiquetar correctamente sus emociones ni a considerar naturales sus reacciones, lo cual dificulta el desarrollo de la identidad.
Traumas infantiles
El Trastorno Límite de la Personalidad también se ha asociado con frecuencia a traumas infantiles; entre los factores de riesgo para el desarrollo del trastorno se encuentran la negligencia y el abuso emocional, ser testigo de violencia doméstica, la criminalidad y el abuso de sustancias por parte de los padres y, en particular, el abuso sexual reiterado. Se ha hipotetizado que este tipo de victimización crónica llevaría al niño a creer que él es vulnerable e impotente y los demás son peligrosos y, por tanto, afectaría su capacidad para formar vínculos de apego seguros y satisfactorios.
Según Pretzer (1996), las personas con Trastorno Límite de la Personalidad conciben el mundo en términos dicotómicos, es decir, sus opiniones sobre ellos mismos, el mundo y el futuro tienden a ser completamente positivos o completamente negativos. Esta forma de pensar llevaría a emociones siempre intensas y rápidamente cambiantes de un extremo al otro, sin posibilidad de términos medios. Como consecuencia natural, los demás perciben estos cambios como irracionales y aleatorios.
Conductas autolesivas
La tendencia de las personas con Trastorno Límite de la Personalidad a sentir emociones negativas con mayor intensidad y frecuencia que la mayoría de la gente explica en parte su propensión al consumo de drogas, a los atracones de comida –y por tanto a la bulimia nerviosa– o a las relaciones sexuales de riesgo.
Todas estas conductas son llevadas a cabo con la intención de reducir el malestar, como también ocurre en ocasiones con los comportamientos autolesivos, que se usan para apartar la atención temporalmente de las emociones negativas. Muchas personas con Trastorno Límite de la Personalidad que llevan a cabo este tipo de comportamientos afirman que sienten escaso o ningún dolor durante estos episodios, más frecuentes entre los 18 y los 24 años.
Relación con la dependencia emocional
La autodevaluación inherente al Trastorno Límite de la Personalidad se relaciona con la intensa necesidad de tener una relación íntima con otra persona, sea ésta romántica o no. Estas relaciones reducen los sentimientos de vacío y de falta de valor personal y hacen que la persona con Trastorno Límite de la Personalidad se sienta protegida en un mundo que, como se ha dicho, concibe como peligroso. Siendo tan fuerte su necesidad de estar unidos al otro significativo, no es de extrañar que las personas con Trastorno Límite de la Personalidad sean extremadamente sensibles a la posibilidad de ser abandonados; actos banales de los demás son en muchas ocasiones interpretados como signos de un abandono inminente.
Así, no sólo se producen como consecuencia frecuentes arrebatos de desesperación y de ira contra los demás, sino que los comportamientos autolesivos pueden ser usados como intentos de manipular a los demás para que no los dejen o como forma de vengarse si sienten que han sido abandonados. Los síntomas de TLP tienden a disminuir con la edad, incluyendo los comportamientos autolesivos. No obstante, en personas mayores éstos pueden manifestarse de maneras algo diferentes, como mediante el descuido de la dieta o de los tratamientos farmacológicos.
No obstante, y paradójicamente, la fuerte unión al otro puede llevar también al miedo de que la propia identidad, frágil e inestable, sea absorbida. Se teme además que el abandono percibido como inevitable sea más doloroso cuanto más íntima la relación. Es por esto que la caótica conducta interpersonal de las personas con Trastorno Límite de la Personalidad puede en cierto modo considerarse una estrategia inconsciente para evitar una estabilidad que se puede llegar a temer tanto como los sentimientos de vacío.
De este modo, muchas personas con TLP fluctúan entre el miedo a la soledad y el miedo a la dependencia, manteniendo sus relaciones durante un tiempo en un equilibrio inestable y patológico. Los demás, sintiéndose frustrados y exasperados, tienden a apartarse de ellos, lo cual refuerza su creencia de que merecen ser abandonados, configurando un círculo vicioso en que la persona con TLP causa aquello mismo que teme que suceda.
El TLP y la depresión
El TLP conlleva una fuerte predisposición a los episodios depresivos, debido a que se relaciona con baja autoestima, sentimientos de culpa, desesperanza y hostilidad hacia los demás. De hecho, algunos expertos afirman que el TLP podría considerarse un trastorno del estado de ánimo, y la inestabilidad emocional característica del TLP se ha relacionado incluso con el trastorno bipolar, que se define por la alternancia entre periodos de semanas o meses de depresión y otros de estado de ánimo patológicamente elevado.
Tratamientos
Probablemente sea la propia severidad del Trastorno Límite de la Personalidad la que ha llevado a que se haya investigado más sobre su tratamiento que sobre el de cualquier otro trastorno de la personalidad, de tal modo que actualmente es el único para el que se conoce un tratamiento eficaz. Nos referimos a la Terapia Dialéctica de Conducta, ideada en los años 90 por la ya mencionada Linehan (1993), quien, para sorpresa de la comunidad científica, reveló recientemente que ella misma fue diagnosticada de TLP.
La Terapia Dialéctica de Conducta se basa en la aparente paradoja que, según Linehan, la llevó a mejorar y la motivó a desarrollar su terapia: para poder cambiar es necesaria la aceptación radical de uno mismo. Entre otras estrategias, este tratamiento incluye estrategias de regulación emocional, entrenamiento en habilidades sociales y modificación de creencias.
Referencias bibliográficas:
Carey, B. Expert on Mental Illness Reveals Her Own Fight. The New York Times Online. 23 de junio de 2011. Recuperado de http://www.nytimes.com/2011/06/23/health/23lives.h...
Linehan, M. M. (1993). Cognitive-behavioral therapy of borderline personality disorder. New York: Guilford Press.
Millon, T.; Grossman, S.; Millon, C.; Meagher, S.; Ramnath, R. (2004). Personality disorders in modern life, 2nd Ed (pp. 493-535). Hoboken, New Jersey: John Wiley & Sons.
Pretzer, J. L. & Beck, A. T. (1996). A cognitive theory of personality disorders. En J. F. Clarkin & M. F. Lenzenweger (Eds.), Major theories of personality disorder (pp. 36–105). New York: Guilford Press.
Stone, M. H. (1981). Borderline síndromes: A consideration of subtypes and an overview, directions for research. Psychiatric Clinics of North America, 4, 3-24.
Arturo Torres. (2015, mayo 29). Trastorno Límite de la Personalidad: causas, sintomatología y tratamiento. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/trastorno-limite-personalidad


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