domingo, 5 de julio de 2026

 VOCES entre VOCES

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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.

"Laberinto", de Verónica Volkow (México, 1955)


Con mi vida escribo

la huella de una estrella,

un laberinto que encendida ando.

Sumergida en la sombra

mirada plena.


Hay un vuelo que abre

la luz en lo interno

un caminar sensible,

y cuidado

del corazón despierto.


Verónica Volkow, incluido en Poetas latinoamericanas. Antología crítica  (Escuela de Estudios LiterariosUniversidad del Valle, Colombia, 2009, selec. de Carmiña Navia Velasco).

Otros poemas de Verónica Volkow

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TEMAS TERTULIA 10-7-2026

MÚSICA

DÉJAME ESCRIBIR

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.



TEXTOS TERTULIA 3-7-2026

GRILLOS GRILLADOS

EXULANSIS

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

Colaboración gráfica: Victoria Blanco.

GRILLOS GRILLADOS
Como un barquito de hoja de palma cayendo por una cascada
Como una aguja con complejo de roma
Como un historiador con amnesia retrógrada
Como una espía que solamente supiera ser ella misma

Tiembla el gato al saberse mencionado por la bruja
Tiemblan las papas de emoción
Al ver su conquista mundial ni voluntaria ni esperada
Y una pluma que nunca llegó a saborear la tinta
Le devuelve una mirada triste a un lápiz astillado

Sujeta la desesperanza un lazo ceniciento
En algún lugar entre la espalda y las costillas
Mecen al son de una nana olvidada
Ramas de un ciprés amarillo

Capítulo cinco en Madrid, toma tres
Por las olas imitadas y los tsunamis inventados
Salta uno mar adentro,
Mas no de cabeza

En ese lugar entre las gaitas y las castañuelas
Donde caos y orden conviven
Nada está alterado pero todos se alteran
Y pocos reciben la belleza
De las cornisas que rascan el cielo.

Sara Vi Ta

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GRILLOS GRILLADOS

Busca otros que canten para ensayar y mejorar tu canto”, me habían dicho mis padres. “Ya eres mayor y debes comenzar tu vida, pero no olvides que te queda mucho por aprender”.

Les oía a lo lejos, con sus cantos extraños, afónicos y desacompasados, y pensé que sería una buena oportunidad para practicar y, sobre todo, para enseñarles. Al acercarme comprobé el enorme tamaño de sus cuerpos: eran verdaderos gigantes. Uno me sujetó con dos de los garfios de sus patas mientras yo, cerrando los ojos, suplicaba para no ser su alimento. Me dejó otra vez en el suelo entre un gran alboroto de otros gigantes: “Es un grillo, es un grillo ...” ¿Qué significará grillo?

Cuando ya me creía a salvo, otra sombra, más pequeña pero más rápida, me revolcó por el suelo con un golpe de su pata, al tiempo que se oía: “¡Cuidado, el gato, que se come al grillo! Me refugié en una cueva y decidí abandonar ese extraño bosque de árboles de metal y gigantes ruidosos.

Mis padres nunca me advirtieron que buscar compañeros de canto fuera tan peligroso . . .

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EXULANSIS

Esta semana, de la mano del creador del blog en el que participo, me ha llegado una palabra que desconocía: exulansis.

«La exulansis es la tendencia a renunciar y dejar de hablar de una experiencia importante o un sentimiento profundo, debido a la frustración de notar que los demás no son capaces de comprenderlo o empatizar con ello» (palabra acuñada por John Koenig en su proyecto The Dictionary of Obscure Sorrows).

Aún no la recoge el diccionario de la R.A.E. Tiempo al tiempo.

Sin que pueda explicarme cómo, ha surgido la magia y la palabrita en cuestión ha abierto mi comprensión sobre el porqué nunca, ni de niña, me gustó pertenecer a grupos.

Cuando la exulansis se da entre dos personas se debe a la incapacidad, la desgana o el desinterés de quien escucha y ahí no hay problema, una situación normal de la vida. Es en el grupo donde adquiere su mayor potencial, y no hace falta que el grupo sea grande.

Es ese momento en el que estás en reunión con varias personas y te dispones a contar algo de tu vida, a hablar de un tema que tienes entre manos o sencillamente a exponer tu manera de pensar, y de pronto surgen miradas cómplices buscando apoyo mutuo para hacer unidad contra ti, miradas que son más elocuentes que una conversación de horas y a las que, para más inri, no puedes responder aunque te lijen el alma.

Voy a ir un poco más allá en el tema.

Es posible que la exulansis proceda de alguien con quien tienes una relación prácticamente inexistente y el contacto, que se reduce a reuniones ineludibles, sea obligado y protocolario, por lo que en ese caso la exulansis viene rodada y hasta casi podría decirse que es congruente.

Pero, a veces, esa búsqueda de complicidad ocular incluye a una persona con quien aparentemente tienes una buena relación y en privado te trata bien, entonces te sorprende que en público cambie de actitud y haga causa común con quienes pretenden desacreditarte o, incluso, ridiculizarte; en ese contexto la provocación de exulansis es tan sórdida e innoble que solo queda tomarla como un insulto directo y no obviar su peligro porque, ten por seguro que si alguien no puede tratarte en público de la misma forma que te trata en privado, cuando te des la vuelta… bien, lo que se dice bien, no hablará de ti.

Es por eso que yo, aunque de tarde en tarde participo en actividades grupales, me desmarco –como siempre me desmarqué– de los grupos, pues más pronto que tarde acaba apareciendo la exulansis en la fiesta y siempre llega como invitada de honor.

04/julio/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»



EXULANSIS

He vivido algo tan único, tan excepcional, que me hace rico en experiencias pero pobre en palabras.

Exulansis: estar solo en tu propia verdad, porque algunas verdades son demasiadas grandes para ser compartidas, tan grandes que el lenguaje mismo se queda corto para explicarlas.

Sabrina Chakour


EXULANSIS

No dejan de crecer y enriquecerse los idiomas, hace poco ha nacido un nuevo sinónimo de miedo o cadena mental: exulansis. Expresar la incapacidad o renuncia a la expresión me parece entre genial y sublime.

Bienvenida al mundo de las ideas.

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MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.


La persona humana, su razón de ser

Por José Marcelo Ruiz

La  lectura detenida del discurso del Papa León XIV en el Congreso de los Diputados me ha motivado a una reflexión que deseo compartir. Me he tomado un tiempo de maduración con objeto de dejarla escrita.

 Las palabras que más pronuncia y se detiene a comentar en su discurso son: dignidad, libertad, justicia, persona humana, conciencia moral y ética. Me quedo con la pregunta que nos hace y que nos interpela: “Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?”

Dar respuesta a esa pregunta, a la que os invito a plantearnos, es ahondar en el concepto de dignidad con el objetivo de tomar conciencia de ella; llevándola a su finalidad para  dar sentido a nuestra vida y a la razón de ser de la persona humana.

 Hay que concebir la dignidad de la persona como el valor intrínseco, inalienable y universal que posee todo ser humano por el simple hecho de existir. Este valor no depende de condiciones sociales, económicas, físicas o intelectuales, y constituye el pilar fundamental de los derechos humanos y de una sociedad justa y respetuosa.

Una dignidad que defendemos cuando combatimos las injusticias sociales y económicas, los sistemas políticos totalitarios, las guerras… La llevamos a cabo actuando, en nosotros mismos, con coherencia y responsabilidad; y en la sociedad haciendo uso de la libertad, de la justicia, y siempre conducido por una buena conciencia ética y moral que favorezca el bien común.

 Cuando Papa León XIV habla de ‘las leyes’, antepone la dignidad de la persona a ley, y dice: “Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse”.

Cuando el Pontífice define el concepto de una ‘sociedad justa’, da prioridad a la dignidad en su definición: “Toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana. Tal dignidad precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento”. Porque “la forma social de la dignidad es el bien común. Y el peligro que padece el bien común’ es cuando deja de ser horizonte compartido, la acción pública corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos”.

 Como Papa, le hemos oído hablar con una extraordinaria sensibilidad humana, apelando a la conciencia y a la ética. Al estar presente en  el ‘Parlamento’ dirigiéndose a los diputados,  podemos ver en él la figura de un Jefe de Estado. Pero ya sea el humanista o el Jefe de Estado ha manifestado una gran valentía y compromiso denunciando el drama trágico migratorio. ¡Tú cómo persona eres libre de elegir!  Pero dicha actitud une a creyentes y no creyentes.

Pues bien, León XIV acogiéndose al principio de aplicación de la dignidad humana afirma que el trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional”. Y continúa argumentando que es una cuestión eminentemente ética y jurídica:“Cuando una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”. Expresa que dar respuesta a este trágico drama pasa por aplicar la justicia social, y dice: De ahí nace una doble exigencia de justicia social: ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración; y promover, al mismo tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida, entre ellas las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática”.

Y como dice el poeta: “Yo no quiero símbolo ni bandera que haga frontera. / No creo en el infierno, si el infierno lo haces tú, tirano, con el dolor ajeno. Yo me rebelo. / … No creo en el cielo: si el cielo del que me hablas, no es para vivirlo en esta tierra que piso, quiero y amo”.



Este artículo se ha publicado en NOTICIAS 24- DIGITAL, el 23 de junio 2026. Mi agradecimiento personal al director del medio D. Francisco Gálvez por su interés por los temas culturales, de opinión y pensamiento.

https://josemarcelopoeta.wordpress.com/2026/06/25/la-persona-humana-su-razon-de-ser/




domingo, 28 de junio de 2026

 VOCES entre VOCES

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LA PRIMERA VÍCTIMA DE LA GUERRA ES SIEMPRE LA VERDAD.

 "Lanat Abad / El lugar de los condenados", de Solmaz Sharif (Irán, 1983)

este terreno sórdido al que

ahora

sólo vienen las madres

donde sólo las madres guardan fosos sin nombre

*

y luego, con misericordia

*

Agujeros quemados en las puertas de metal

de sus celdas solitarias,

*

apenas hay espacio

para que tres dedos atraviesen

para que un limón se cuele

para que un oído escuche

para que un ojo luego el otro

observen el pasillo

observen a encerrado y celda

*

agujeros sin cubierta

para que cuando llegue el guardia a verme,

yo lo vea.

Tócame, él me dijo.

*

Y, desde aquél agujero

Lo toqué.

Solmaz Sharif, incluido en Círculo de poesía (México, 15 de enero de 2017, trad. de Sergio Eduardo Cruz).

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TEMAS TERTULIA 3-7-2026

GRILLOS GRILLADOS

EXULANSIS

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.


TEXTOS TERTULIA 26-6-2026

LOBOS

ABISMO

MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS PAPALAGUI.

Colaboración gráfica: Victoria Blanco.


LOBOS

Había sido el único superviviente de una camada de lobeznos. Su madre había sido abatida por los cazadores y para Juan, que era agricultor y odiaba a los jabalíes, un lobo, mientras no se hiciera vegetariano, nunca sería su enemigo.

Encontró a sus cuatro hermanos congelados por la ventisca y aplastados por los cascos de algún caballo salvaje. Rodeado de sus cuerpos estaba el pequeño lobezno, que Juan cobijó bajo su zamarra al tiempo que le daba nombre: ”Eres duro, carajo, el viento no ha podido contigo, te llamaré Ventarrón”.

El animal fue creciendo en la granja, huyendo ocasionalmente al bosque, del que siempre retornaba rompiendo el pronóstico de los vecinos de Juan: “Ese no vuelve, es lobo, y cualquier día te pegará un bocado.” “Volverá, volverá, en la naturaleza la gratitud siempre es correspondida, el hombre es el único que a veces lo olvida”. Y siempre volvía. En el pueblo y los alrededores, Ventarrón fue trazando su mapa de amigos y enemigos: quienes le dejaban vivir y quienes le apedreaban aprovechando la ausencia de Juan.

Sólo al cabo de cinco años, siendo ya un lobo de aspecto temible, empezó a ser respetado por todos cuando localizó a un niño caído en una poza del bosque antes que el mejor sabueso de los cazadores. El padre del niño, un cazador rudo y malhumorado advirtió entonces: “Al que haga daño a este animal, le pego un tiro”.

Pero había un miedo transformado en ira que Ventarrón nunca pudo superar: los caballos, posiblemente por la muerte de sus hermanos.

Ventarrón se lanzaba a morder las patas de cualquier equino que se acercara por la granja, y era la única ocasión en que hacía caso omiso a la llamada de Juan.

Más de una coz se llevó a lo largo de su vida el valiente Ventarrón, pero ayer, cuando con sus doce años a cuestas, pretendía expulsar de la granja a una joven y nerviosa potranca, recibió una coz de la que no se pudo recuperar. La yegua se llamaba Brisa.

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LOBOS

Llamar "lobo" a un hombre cruel es el insulto más grande que se le puede hacer a un lobo.

En la manada, el lobo más fuerte protege al más débil.

En la humanidad, suele ser al revés.

Sabrina Chakour

                                                           

ABISMO

Seguramente todos habéis recibido en alguna ocasión un meme de un texto con las letras desordenadas, a falta de alguna palabra, o con un par de ellas mal escritas, por ejemplo “chocoalte”, y no habéis tenido problema alguno para rellenarlo o interpretarlo; esto se debe a que nuestro cerebro es tan bueno en lo suyo que coloca todo siguiendo la norma aprendida o, dicho de otra forma, como está acostumbrado a verlo.

Es una capacidad excelente, aunque, como todo en la vida, cuando se aplica de manera aleatoria o a campos que no le corresponden la cosa se complica.

Quien está acostumbrado a decir «la mandaba rosas por primavera» (permitidme este cariñoso guiño a Cecilia), podrá leer mil veces «le mandaba…» y no lo verá; quien desde niño coloca una «s» final a la segunda persona del singular del pretérito perfecto, aunque lo escuche bien dicho en miles de ocasiones, no lo oirá. Tengo un montón de ejemplos más, pero sé que el buen manejo del idioma es mi obsesión y ya ha quedado claro el concepto, así es que pasaré al factor humano, otro de mis intereses al que, de maneras muy variadas y rebuscadas, se extrapola esa maravillosa capacidad de rellenar o interpretar.

Voy a meternos a todos en el saco y ¡sálvese quien pueda!

Conocemos a una persona con la que empatizamos; sería bueno que, apoyados en esa emoción escucháramos, viéramos, sintiéramos al ser humano que tenemos frente a nosotros para hacernos una idea de quién es, de cómo piensa y de si existe algún tramo de camino que podamos recorrer codo con codo. Pero nuestro «cerebro armador de textos» se nos anticipa y, sin que tomemos conciencia de ello, capta un rasgo, una forma de caminar, un tono de voz, una altura o un estilo de vestir que le invitan a organizar una idea del otro según los datos que tiene archivados.

Y, como el que no quiere la cosa, comenzamos a relacionarnos no con la persona que hemos conocido, ni siquiera con la sensación que hemos recibido de su energía, sino con la imagen que de ella ha inventado nuestra sesera y que, sin duda alguna, contendrá una parte que en nada coincidirá con la identidad de quien tenemos al lado.

Mientras nuestro imaginario no choca con la realidad, todo va bien; pero el día en que sobreviene una situación en la que la realidad no encaja con lo que esperábamos encontrar, nos entra mucha desazón, tanta como cuando no podemos encontrar la palabra adecuada de esos memes, o nuestros ojos se van al «chocoalte», o no podemos comprender el contenido; y también mucha inquietud, la misma que si no logramos obviar que Cecilia dice «la» y nuestro amigo del alma «vinistes».

Y ese día que, además hemos amanecido con menos fuerza vital que de costumbre, y hemos pasado la jornada inquietos, y hemos hecho el -a veces ineludible- esfuerzo de vivir… sin querer, sin venir a cuento, sin que pase algo llamativo, nos enfadamos muchísimo solo porque alguien no es como nosotros hemos imaginado que era y no nos queda más remedio que montar una historia -también con trozos inventados- para convencernos de que tenemos razones de sobra para enfadarnos.

Después de esto, si no cogemos el toro por los cuernos y afrontamos la parte de responsabilidad que tenemos en el asunto, la diferencia entre la realidad y nuestro imaginario se convertirá, inevitablemente, en un abismo insalvable y perderemos a esa persona para siempre.

27/junio/2026 – Vicki Blanco para «VOCESentreVOCES»

ABISMO

Ahuyentar la sombra del asombro
Jazmines que resurgen evocados
Fragancia perseguida,
Muerte esquiva
Perdimos rostros y nos reencontramos
Ante la decadencia engañada
Por unos minutos cansados pero vivos
Involuntaria esperanza que nos visita
Desde la cúpula de un cielo medio abierto
Perecen los espejos ante los nadies
Se cierran las sendas inmóviles
En este contrabando de abrazos
No quisimos marcharnos lejos
Donde el valor pudiera agazaparse
Donde el miedo supiera alzar el vuelo
No quisimos
No pudimos
Rendirnos al abrigo de un amor perdido

Sara Vi Ta

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ABISMO

El abismo más peligroso

no es el que se abre bajo tus pies,

sino el que se abre dentro de tu pecho.

Sabrina Chakour


MICRORRELATOS, AFORISMOS Y OTRAS COSAS DE LOS 


PAPALAGUI.


Las 5 etapas del duelo (cuando un familiar fallece)

Cuando perdemos a una persona allegada, podemos pasar por estas fases de duelo emocional.

La pérdida de alguien querido es una de las experiencias que más dolor psicológico produce. Sin embargo, dentro de esta clase de experiencias dolorosas existen matices, formas diferentes de vivir el duelo tanto en lo emocional como en lo cognitivo.

Esta idea es la que desarrolló la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en su teoría de las 5 etapas del duelo, publicada en el año 1969 en el libro On death and dying". Esta idea sirve para entender mejor el modo en el que se sienten las personas en fase de duelo y cómo tienden a actuar.

El modelo de Elisabeth Kübler-Ross

Elisabeth Kübler-Ross fue una psiquiatra suizo-estadounidense nacida en 1926 que se especializó en los cuidados paliativos y en las situaciones cercanas a la muerte. Después de trabajar durante años en contacto con pacientes en estado terminal, desarrolló el famoso modelo de Kübler-Ross en el que establece 5 etapas de duelo.

Aunque el nombre de esta teoría pueda parezca indicar lo contrario, Kübler-Ross no llegó a la conclusión de que después de la muerte de un ser querido se pasa por cinco fases que siempre se van sucediendo en orden, de forma secuencial.

Lo que hizo esta investigadora fue, más bien, definir cinco estados mentales que actúan como referencia para entender cómo se va produciendo la evolución del doliente, desde el momento en el que sabe que su ser querido ha muerto hasta que acepta esta nueva situación.

Eso significa que no todas las personas en fase de duelo tienen por qué atravesar las 5 etapas, y que aquellas que atraviesan no aparecen siempre en el mismo orden. Sin embargo, Elisabeth Kübler-Ross consideró que estas etapas sí eran útiles como sistema de categorías para poder conceptualizar de un modo relativamente simple todos los matices del modo en el que se gestiona el duelo, una fase que en algunos casos se expresa a través de la labilidad emocional.

Las 5 etapas del duelo

De forma resumida, las 5 etapas del duelo tras la muerte de alguien querido son descritas por Elisabeth Kübler-Ross de la siguiente manera.

1. Etapa de la negación

El hecho de negar la realidad de que alguien ya no está con nosotros porque ha muerto permite amortiguar el golpe y aplazar parte del dolor que nos produce esa noticia. Aunque parezca una opción poco realista, tiene su utilidad para nuestro organismo, ya que ayuda a que el cambio de estado de ánimo no sea tan brusco que nos dañe.

La negación puede ser explícita o no explícita, es decir, que aunque nos expresemos verbalmente aceptando la información de que el ser querido ha muerto, a la práctica nos comportamos como si eso fuese una ficción transitoria, es decir, un papel que nos toca interpretar sin que nos lo creamos del todo.

En otros casos, la negación es explícita, y se niega de manera directa la posibilidad de que se haya producido la muerte.

La negación no puede ser sostenida de manera indefinida, porque choca con la realidad que aún no se ha llegado a aceptar del todo, así que terminamos abandonando esta etapa.

2. Etapa de la ira

La rabia y el resentimiento que aparecen en esta etapa son fruto de la frustración que produce saber que se ha producido la muerte y que no se puede hacer nada para arreglar o revertir la situación.

El duelo produce una tristeza profunda que sabemos que no puede ser aliviada actuando sobre su causa, porque la muerte no es reversible. Además, la muerte es percibida como el resultado de una decisión, y por eso se buscan culpables. Así, en esta fase de la crisis lo que domina es la disrupción, el choque de dos ideas (la de que la vida el lo deseable y la de que la muerte es inevitable) con una carga emocional muy fuerte, por lo que es fácil que se den estallidos de ira.

Así, es por eso que aparece una fuerte sensación de enfado que se proyecta en todas las direcciones, al no poder encontrarse ni una solución ni alguien a quien se le pueda responsabilizar completamente por la muerte.

Aunque una parte de nosotros sepa que es injusto, la rabia se dirige contra personas que no tienen la culpa de nada, o incluso contra animales y objetos.

3. Etapa de la negociación

En esta etapa se intenta crear una ficción que permita ver la muerte como una posibilidad que estamos en posición de impedir que ocurra. De algún modo, ofrece la fantasía de estar en control de la situación.

En la negociación, que puede producirse antes de que se produzca la muerte o después de esta, fantaseamos con la idea de revertir el proceso y buscamos estrategias para hacer que eso sea posible. Por ejemplo, es frecuente intentar negociar con entidades divinas o sobrenaturales para hacer que la muerte no se produzca a cambio de cambiar el estilo de vida y "reformarse".

Del mismo modo, el dolor es aliviado imaginando que hemos retrocedido en el tiempo y que no hay ninguna vida en peligro. Pero esta etapa es breve porque tampoco encaja con la realidad y, además, resulta agotador estar pensando todo el rato en soluciones.

4. Etapa de la depresión

En la etapa de la depresión (que no es en sí el tipo de depresión que se considera trastorno mental, sino un conjunto de síntomas similares), dejamos de fantasear con realidades paralelas y volvemos al presente con una profunda sensación de vacío porque el ser querido ya no está ahí.

Aquí aparece una fuerte tristeza que no se puede mitigar mediante excusas ni mediante la imaginación, y que nos lleva a entrar en una crisis existencial al considerar la irreversibilidad de la muerte y la falta de incentivos para seguir viviendo en una realidad en la que el ser querido no está. Es decir, que no solo hay que aprender a aceptar que la otra persona se ha ido, sino que además hay que empezar a vivir en una realidad que está definida por esa ausencia.

En esta etapa es normal que nos aislemos más y que nos notemos más cansados, incapaces de concebir la idea de que vayamos a salir de ese estado de tristeza y melancolía.

5. Etapa de aceptación

Es en el momento en el que se acepta la muerte del ser querido cuando se aprende a seguir viviendo en un mundo en el que ya no está, y se acepta que ese sentimiento de superación está bien. En parte, esta fase se da porque la huella que el dolor emocional del duelo se va extinguiendo con el tiempo, pero también es necesario reorganizar activamente las propias ideas que conforman nuestro esquema mental.

No es una etapa feliz en contraposición al resto de etapas del duelo, sino que al principio se caracteriza más bien por la falta de sentimientos intensos y por el cansancio. Poco a poco va volviendo la capacidad de experimentar alegría y placer, y a partir de esa situación las cosas suelen volver a la normalidad.

Un ciclo para pasar a sentirse mejor

Tal y como hemos visto, el duelo puede adoptar muchas formas, haciendo que el sentimiento de pérdida se vaya transformando a medida que va madurando nuestra manera de experimentar esa vivencia. La clave está en el modo en el que aprendemos a convivir con la idea de que aquello que amábamos ya no volverá a estar presente, ya fuese una persona, un objeto o una parte de nuestro propio cuerpo.

Para superar estas pérdidas, que en un inicio suelen ser sentidas a través de una sensación de desesperanza y desasosiego, hay que llegar a asumir que a partir de ese momento nos tocará vivir en un mundo distinto, uno en el que aquello que añoramos ya no está.

Eventualmente, es posible reconciliarse con esta realidad y seguir hacia adelante manteniendo una salud mental equilibrada y sana, ya sea habiendo recurrido a psicoterapia o sin haberlo hecho, en caso de que no haya hecho falta. Prácticamente ningún hecho es lo suficientemente terrible como para que no podamos superarlo de un modo u otro, esforzándonos e invirtiendo tiempo en ello. La evidencia empírica muestra que en la gran mayoría de los casos se da una recuperación anímica tras eventos intensamente dolorosos como la muerte de un ser querido.

Referencias bibliográficas:

  • Abengózar, Mª. C. (1994). Cómo vivir la muerte y el duelo. Una perspectiva Clínico-Evolutiva de Afrontamiento. Universidad de Valencia. Valencia.

  • Bayés, R. (2001). Psicología del sufrimiento y de la muerte. Ediciones Martínez Roca.

  • Kübler-Ross, E. (1992) Los niños y la muerte. Ediciones Luciérnaga. Barcelona.

  • Lee, C. (1995) La muerte de los seres queridos. Plaza & Janés Editores. Barcelona.

  • Lenz, A. S., Henesy, R.; Callender, K. (2016). Effectiveness of Seeking Safety for Co-Occurring Posttraumatic Stress Disorder and Substance Use. Journal of Counseling & Development. 94 (1): 51 - 61.

  • McLean, C.P..; Foa, E.B. (2011). Prolonged exposure therapy for post-traumatic stress disorder: a review of evidence and dissemination. Expert Rev Neurother. 11 (8): 1151 - 63.

  • McRitchie, R., McKenzie, K., Quayle, E., Harlin, M., Neumann, K. (2014). How adults with intellectual disability experience bereavement and grief: a qualitative exploration. Death Studies, 38(3), 179 - 185.

  • Miles, J.; Bailey-McKenna, M.C. (2017). Giving Refugee Students a Strong Head Start: The LEAD Program. TESL Canada Journal. 33: 109 - 128.

Arturo Torres. (2016, diciembre 6). ​Las 5 etapas del duelo (cuando un familiar fallece). Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/etapas-del-duelo

https://psicologiaymente.com/clinica/etapas-del-duelo